Julia, la farmacéutica (10): Preparándose para la cena

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-A ver, don carpintero, aunque reconozco que usted me gusta, entienda que soy una mujer casada. Y que quiero a mi marido.

-Bueno, sí, Julia, ya sé; sin embargo, usted…

-Sé por dónde va, pero una cosa es el trabajo y otra muy distinta…

-Ya. Es que usted me gusta mucho. Y como… bueno…

-De verdad, si estuviera soltera, no le digo yo que no me complacería acostarme con usted. E incluso salir juntos. ¡Ser novios y todo, ja, ja, ja!

-Me agrada oír eso, pero…

-Pues sí, estoy casada. Y con mis hijos, a los que adoro. Soy una buena esposa y somos muy felices. Y más ahora que no nos falta el dinero.

-Pero igual que está con otros hombres, usted y yo…

-Siempre que pague, como parte de mi trabajo. Desearía que usted consiga tener suficiente dinero y…

-Con mis hijas, es muy difícil que disponga de ahorros. Además, usted es muy cara.

-¡Oh! ¿De verdad cree que cobro demasiado? ¿Por quién me ha tomado? ¿Por una puta barata? ¿Por una cualquiera?

-¡No se enfade, Julia, ¡yo no quería decir eso!

-¡Usted sabe que don Boscos se queda con una buena parte del dinero!

-Sí, sí, perdone, Julia. Yo, no…

-¡Me voy a ir!

-¡No, por favor, quédese!

-¡Hoy le digo a mi esposo que no puedo ir a comer a casa por cuestiones de trabajo para que usted pueda almorzar conmigo en este bar y va usted y me ofende!

-¡No, Julia! Le agradezco que hayamos podido pasar el mediodía juntos.

-¡Soy una tonta! ¡No debía haberle hecho caso!

-Julia, va, no pienso que usted cobre demasiado, no, de verdad. Es más, si yo tuviera dinero le pagaría el doble del precio que pide. ¡Creo que se merece eso y más!

-Ahora no quiera arreglarlo.

-De verdad, Julia. ¡Solo pienso en usted! ¡La deseo, la quiero!

-Soy una mujer casada.

-¡Es usted muy atractiva! ¡Irresistible!

-No es cierto. No soy una jovencita. Aunque, bueno, sé que muchos hombres… que me ven como una MILF.

-Una muy deseable MILF.

-Gracias. Supongo que sí, por eso tantos hombres pagan tan bien por mis servicios especiales.

-Pues claro que sí.

-Aparte de encontrarme sexy, creo que también les agrada que sea tan desinhibida. Que disfrute con el sexo. Y que les haga disfrutar.

-Seguro que sí, Julia. Oiga, así… ¿Qué más pasó en esos días de vacaciones como novia?

-¡Uy, eso sí que fue un servicio especial!

-¡Cinco días con un novio de pega!

-Pero es que además… ¿Le conté que el primer día en los baños del restaurante…?

-Sí, sí, me lo explicó.

-¿Y que, después de comer, con el dueño del restaurante…?

-Que dejó que él… que…

-¡Sí, sí! ¡Después estuvo tan agradecido que no nos cobró la comida!

-Me dijo que al anochecer llegaron a la casa donde ustedes pasarían esos días como novios.

-Pues sí. Eso más que una casa es un palacete. Pensé que tenía suerte de que mi novio de broma fuera tan rico y que le gustara ganar su dinero conmigo, él que podría estar con cualquier pivón.

-¡Seguro con ninguna mujer como usted!

-¿Pero qué dice? ¡Si podía tener a cualquier modelo, joven y bonita!

-Está claro que él la eligió a usted, Julia.

-Sí, eso sí, así es. Bueno ¿le cuento cómo nos fue?

-Lo estoy deseando.

“Cuando bajamos del coche, vi que nos venía a recibir un hombre, joven y apuesto.

-Juli, no le dije que la casa dispone de servicio – me explica Pancracio.

-¡Oh! ¡Genial!

-Verá que usted no tendrá que hacer nada, porque hay varios criados, cocinero, etc. Hola, somos Pancracio y mi novia Juli. ¿Tú eres?

-Soy Anselmo, señor. ¡Bienvenidos! ¡Señora! – me toma la mano y me hace una especie de reverencia.

-¡Oh! ¡Gracias!

-Señorita, si no te importa, Anselmo.

-Ah, disculpe, sí, señorita.

-Verá que aquí serás como una reina – me cuenta mi novio mientras Anselmo va a aparcar el coche.

En la puerta nos espera otro hombre. Después supe que era el señor Gaspar, el mayordomo.

-Bienvenidos, señores. Debo informarles de que la cena se servirá a las nueve de la noche. Ahora, la señorita Bárbara los acompañará a sus habitaciones.

Una chica joven y muy guapa nos saluda con una pequeña reverencia y subimos con ella al piso de arriba.

-Esta es su habitación, señor, y esta, la suya, señora.

-Señorita – la corrige Pancracio.

-Ah, señorita, perdone.

-No pasa nada. Es que somos novios, no casados.

-Disculpen. Me sabe mal haberla llamado señora, señorita.

-Tranquila, Bárbara. ¡Muchas gracias! – la chica se retira.

-Oye, cariño, pero… ¿Dos habitaciones? Yo pensaba que… si vamos de novios…

-Dos habitaciones nos darán más comodidad, más independencia.

-Pero… a ver… yo creía que…

-No se preocupe, podemos estar juntos en una de las dos y separados cuando más nos convenga.

-Ya, entiendo. Bueno, vale.

-Ahora, Juli, si quiere, puede descansar, darse un baño, lo que desee. Verá que, en la cama, hay un vestido de noche para usted, muy elegante, así como unas joyas que debe ponerse. También encontrará unos zapatos de talón. Ah, y ropa interior de encaje, muy fina. Pero, por favor, no se ponga las bragas.

-Sí, como desees, amor. ¡Oh, sí, qué vestido más bonito!

-Es para esta noche. Y se lo podrá quedar.

-¡Gracias, cariño!

-Y también las joyas.

-Oh ¿de verdad? Eres muy generoso, Pancracio.

-Usted se lo merece, Juli.

-Verá que en el tocador tiene maquillaje y de todo. Debe maquillarse como toda una dama, muy fina y elegante.

-Para ti lo que desees, cariño. Oh, ¿y eso? Pero…

-Sí, es otro plug.

-¡Pero si es…!

-¿Le gusta, Juli?

-Bueno, a ver, es… como una joya… muy bonito, sí, pero es que es… ¡Enorme!

-Más largo y grueso que el que lleva puesto, sí.

-No creo que lo use, no me iba a entrar de ninguna manera.

-Debe ponérselo esta noche, para la cena.

-Pero ¡es imposible! ¡Pancracio!

-En el baño encontrará usted lubricante, vaselina y otros productos que la van a ayudar a meterse el tapón en el culo.

-No, imposible. Si quieres, continuaré con este que llevo puesto.

-Juli, usted debe introducirse el de encima de la cama. Si viera que no puede o que le cuesta, avise a un criado.

-¡No! ¡Pero qué vergüenza!

-Ellos están aquí para eso. Para servir en todo lo que deseemos.

-Ya, pero…

-O avise a la chica. A Bárbara. A quien quiera. Pero cuando a la nueve menos cinco nos reencontremos para la cena, usted debe llevar el tapón en el culo.

-Cariño, es que, en el caso de que me lo pudiera insertar, con este vestido tan bonito, pero tan fino, es que se me iba a transparentar. Además, el brillante del extremo es muy grande, un pedrusco, y va a abultar, se va a notar en el vestido. Todos verán que lo llevo metido en el ano.

-Ahí está la gracia, Juli. Venga, no hablemos más.

-¡No puede caber de ningún modo! ¡Además, sería muy incómodo!

-Usted misma, Juli. Ya sabe lo que deseo que haga. Hasta la cena, Juli.

-¿No me das ni un beso?

-Claro que sí, churri – me da un besito en los labios y cuando me dispongo a abrir la boca, da media vuelta y se mete en su habitación.

“Me di un baño relajante. Después me horroricé al ver el grosor y la longitud del tapón que mi novio de pega quería en mi culo. Me tumbé en la cama y separé mis piernas. Saqué el plug que llevaba insertado desde hacía veinticuatro horas e intenté aprovechar la obertura de mi ano para meterme el otro, pero qué va, no pude ni introducir la punta. Me levanté y tomé cremas, vaselina, aceite y lubricantes, aunque no había manera que me entrara ni un milímetro.

Pensé que quizá me cabría en la vagina, mucho más flexible. No sé si eso habría satisfecho a Pancracio. Quizá si le pedía que me ayudara, él podría… pero me dejó muy claro que no debíamos vernos hasta la hora de la cena. Ya eran las siete y media, así que decidí maquillarme y vestirme. No creo que se enfadara conmigo por no llevar el tapón. Iría sin bragas, como me pidió, y con el primer plug en el culo y ya está.

Cuando ya estoy vestida y maquillada, decido llamar a casa, a ver cómo están mis niños y hablar con mi esposo, que no nos hemos dicho nada en todo el día. Pero entonces oigo que llaman a mi puerta. Pienso que será mi novio de pega, aunque todavía falta más de una hora para las nueve.

-Señorita ¿necesita ayuda? – una voz de hombre.

-¿Eh? ¿Cómo? No, no, gracias.

-Su novio me pidió que viniera a ver si usted necesita de mis servicios.

-No , todo bien.

-Él dijo que quizá usted necesitaría de alguien que la pudiera ayudar a… a prepararse para la cena.

-No, ya estoy casi a punto.

-¿Así usted pudo…? Ya sabe…

-Bueno… yo…

-Si usted no puede sola, yo puedo ayudarla.

-No, casi estoy a punto.

-¿Así, le digo al señor que usted pudo meterse el…?

-Sí, bueno, no. Oiga, espere. ¿Podría venir la chica un momento a mi habitación?

-¿Quién?

-La que nos acompañó a nuestras habitaciones cuando llegamos.

-¿Bárbara?

-Sí, eso es, Bárbara. ¿Podría venir a mi habitación?

-Por supuesto. Pero si es para ayudarla con el plug, ella no tiene experiencia. En cambio, yo…

-Que venga ella, por favor. Es para otro servicio.

“Estaba abochornada. Me moría de vergüenza. No sé por qué Pancracio tuvo que explicar lo del enorme tapón a un criado. Seguro que él lo contará a todos los del servicio y estarán pendientes mirando mi culo a través del vestido. Se reirían de mí, a mis espaldas. Bárbara llama a la puerta y, cuando entra, le explicó la situación.

-Señora, yo no… me sabe mal, pero yo nunca… -la chica abre unos ojos como platos cuando ve el tapón y le cuento para qué es y le pido que me ayude – ¿y dice que es para que usted se lo meta en… en…?

-Sí, hija, en el culo.

-Pero es imposible.

-Ya, es lo que yo pienso. ¿A ver, me ayudas a intentarlo? Quizá entre las dos…

-Sí, lo que usted desee, pero es que no…

-Mira, este otro plug tan bonito, lo he llevado puesto toda la pasada noche y todo el día.

-Oh, este es grande también. Y muy bonito.

-Te gusta, ¿verdad? Mira, si consigues que me pueda meter el otro, este te lo voy a regalar.

-Oh, gracias, pero yo no…

-¿Tienes novio, niña?

-No, no, soy muy joven todavía, señora.

-¿Cuántos años tienes?

-Yo, veinte, señora.

-Uy, cuando yo tenía tu edad ya había tenido varios novios. Y a los veinte, ya salía con el que es mi actual marido.

-¿Su marido? Pero antes, su novio me dijo que ustedes… que no están casados.

-¿Pancracio? Ah, sí, es verdad, con él somos novios, bueno, solo estos días. Yo estoy casada con mi esposo, con otro, con mi marido – ella me mira con cara de sorpresa y de no entender nada – Así que tú con veinte años y sin novio.

-Sí, señora. Bueno, tengo un amigo…

-Ah, ya, vale, un amigo con derecho a roce ¡ja, ja, ja!

-¿Qué quiere decir?

-¡Que sois follamigos, vaya!

-No, bueno, a ver, sí, nos vemos los fines de semana y… pero antes he tenido varios amigos, él no es el primero.

-Ya. Mira, venga, ayúdame a poner el tapón y tú te quedas el otro. Verás cómo se queda tu follamigo cuando te lo vea en el culo.

-No, yo no… a ver, el nunca… es cierto que… a ver… a veces, bueno, a menudo, follamos con Manuel, pero no es nada serio.

-¿Y nunca te ha dado por culo?

-¡Claro que no, señora! Yo no querría eso y él tampoco, no, no, de ninguna manera.

-Seguro que a él le encantaría metértela por detrás, hasta el fondo.

-No, señora, no creo, no.

-Hija, se te ve un culo muy bonito. Así, con esa faldita.

-Gracias, señor… señorita. Pero… ya le digo, nunca me ha pedido hacerlo… eso de… bueno… de follarme el culo… además, yo no se lo habría permitido.

-Así que tu novio no te la mete por el culo. ¿Ni él no ningún otro chico? ¿Nunca?

-No, no. Bueno, no, pero Óscar, un amigo con el que me veo a veces, sí que… ay, me da vergüenza… quiero decir que él, que Óscar bueno, a veces insinúa que le gustaría encularme.

-Es muy natural. Es que tienes un culo muy apetitoso.

-¡Ay, señora! Óscar, cuando estamos desnudos, o yo solo en braguitas… él, sí, dice que le gusta mucho mi culo y… medio en broma… no me lo pide ni me lo exige, no. A él le gusta follarme en perrito, eso sí, y alguna vez veo que la saca de mi chocho y la acerca a mi ano, presiona un poco el glande en mi agujerito, pero ya está, no pasa de ahí, se… señorita.

-Eso es que desea encularte, hija.

-¿Sí? ¿Usted cree?

-¡Pues claro! A muchos hombres les da morbo y es una fantasía para ellos.

-Es cierto que Óscar… bueno, a él le gusta correrse en mis nalgas, entre ellas…

-Es que desea metértela por detrás, Bárbara.

-Yo nunca dejaría que él…

-Mira, va, que se hace tarde. Tú me ayudas con el plug enorme y te quedas con el otro. I te presentas un día delante de Óscar o del otro chico, del follamigo…

-De Manuel.

-Eso, sí, del medio novio.

-No, yo nunca me pondría eso delante de ellos. Si acaso, a ver, hay un chico que… que… bueno… ese me gusta especialmente…

-¿A sí?

-Sí, señora. Es Iván.

-Vale, pues un día, te metes el plug en el culo, te pones en pompa delante de ese Iván y verás como…

-No, no, Iván tiene novia.

-¡Ah, vaya!

-Sí, con él solo nos hemos enrollado alguna vez. Nos besamos y nos tocamos. Le he masturbado tres o cuatro veces. Pero él no… Le he hecho un par de mamadas… me dice que la chupo muy bien y se corre en… bueno… un día en mi cara y otro día en mi boca… me pidió que me tragara su esperma y yo le hice caso… pero él…

-Ya, sigue con su novia ¿verdad?

-Sí.

-Mira, ya verás, un día en que os veáis, te presentas con una faldita corta como esta que llevas y con el plug insertado en el ano, le das la espalda, te arremangas la falda y…

-No, no, señora, él pensaría que yo, que soy una cerda.

-Bueno, tú misma. Mira, va, ayúdame y métete el tapón con el chico que quieras.

-La verdad es que si supiera que Iván iba a quererme a mí si le dejara follarme el culo, sí dejaría que lo hiciera.

-Y que dejara a su novia, claro. Seguro que darte por culo le iba a encantar y no podría estar sin ti.

-Ay, señora, no sé… también me sabría mal por Sonia, su novia. Es que ella es una de mis mejores amigas.

-Entiendo.

-Quizá con Erik… ahora pienso que… él tiene una fijación en mi culo.

-Pues con ese Erik.

-Erik siempre me dice que tengo el mejor culo que ha visto. Y mire que él ha visto muchos culos. Él es mayor. Tiene más de cuarenta años. Hace un tiempo, nos acostamos varias veces, pero él está casado y…

-Ya.

-Pero todavía, algunas veces, cuando podemos, nos vemos y follamos.

-¡Caray, hija! Tú no tienes novio ¡pero veo que no pasas hambre!

-Me gusta el sexo, señora.

-Pues mira, ya somos dos, ja, ja, ja. Ya verás cuando Erik vea el plug en tu culo y dejes que te lo folle bien. ¡Va a dejar a su mujer y todo!

-No, no, yo no querría eso. A mí me gusta Iván, ya le digo. Con Érik me gusta follar porque él es muy buen amante, me da mucho placer, pero no querría nada más con él.

-Vale, va, tú misma, venga ayúdame.

-Ahora pienso que… bueno, el señor Gaspar…

-¿Quién?

-El mayordomo de la casa.

-¡Ah! Ese señor.

-Sí. Él siempre… bueno… se está insinuando.

-¡Pero si es muy mayor!

-Ya sé, pero él siempre… me dice que él puede ayudarme a prosperar en la casa y eso. Que si le dejo… hacerme ciertas cosas…

-¡Un viejo verde!

-Sí, así es. A veces he dejado que me manosee los pechos por encima de la ropa o pellizcarme el culo…

-¡Qué cerdo!

-Sí. También le he dejado tomarme fotos levantando algo la falda, o bajando el escote. Él me da propinas. Le he hecho un par de estriptis y me ha grabado con el móvil. Pero nunca me he quitado las bragas ante él.

-Pues mira, un día te metes el tapón y le haces un estriptis. Y te quitas las bragas. Verás qué propina te va a dar.

-¿Usted cree, señora?

-¡Seguro!

-¡Venga, va! Yo me tumbo de espaldas, me arremango el vestido, ya voy sin bragas.

-Sí, antes me fijé que… cuando ustedes llegaron…

-¿Te diste cuenta? No llevaba bragas porque mi novio me lo pide. ¿Y viste que llevaba el plug?

-Sí, sí. Bueno, es que todos, el servicio quiero decir, todos nos dimos cuenta de que usted iba sin bragas y con un tapón anal.

-¡Pues vaya!

-Lo estuvimos comentando. Pero bueno, todos dijeron que usted era muy guapa. Y que tenía un culo irresistible.

-¿A sí?

-Sí, sí, que para la edad que… ay, no… quiero decir…

-Entiendo. Bueno, venga, me tumbo en la cama, me abro de piernas y levanto el culo. ¿Así, ves? Mira, me abro el ojete… va, rocíamelo con alguna de esos potingues, venga.

“La chica hace lo que puede. Y yo también, pero no hay manera.

-A ver, insértame el otro, sí, sí, hasta el fondo, uy, hum, sí, vale, muy bien, Bárbara, muévelo en mi ano, sí, haz como rotaciones… uf, ¿sabes que me estoy excitando?

-Yo también, señora.

-Muévelo, va, ahora lo vas a sacar y enseguida me metes el otro.

-Vale, sí.

-¡Ahora!

-A ver… no, no, ni la punta.

-Aprieta, aprieta.

-No, es que es imposible.

-Oh, y ahora llaman a la puerta. ¿Quién es?

-Soy Anselmo, señorita. ¿Ya solucionaron el problema?

-Pues no, la verdad.

-¿Quiere que entre y les ayude?

-¡Ay, no sé, qué vergüenza! Bueno, pasa, pasa, Anselmo.

El criado demuestra tener experiencia en esas cosas. Me separa más las piernas y me unta con gran cantidad de vaselina. Pone el enorme tapón en el suelo y le pide a Bárbara que lo sostenga en vertical. Me pide que me ponga encima del tapón y me acerque a él, como si me sentara, poco a poco. Cuando noto la punta en mi agujerito y Bárbara le avisa, Anselmo empuja mis hombros hacia abajo.

-¡Ay, oh!

-Ha entrado, señorita, tiene varios centímetros dentro.

-Sí, ay, ya lo noto.

-¿Le duele?

-No, bueno, parece que me vaya a reventar el agujero, pero no.

-¿Quiere usted que lo metamos más adentro?

-Sí, sí, a ver.

-¡Vale, ahora!

-¡Oh!

-¡Lo tiene usted hasta la mitad!

-¡Parece imposible! -se asombra Bárbara.

-A ver, prueba, Anselmo de… ay ¡sí, sí, así! ¡Ah!

Con la habilidad del criado, consigo meterme el plug hasta tres cuartas partes. Bárbara aplaude y todo.

-¿Le duele, señorita? – me pregunta con unos ojos como platos.

-No, la verdad es que no. A ver, no es nada cómodo, pero no me duele, no.

Me bajo el vestido. Me miro al espejo y claro, se me ve un gran bulto por detrás.

-Anselmo, te mereces una buena propina.

-No, gracias, señorita. Yo cumplo con mi deber.

-Anselmo, ¡has estado genial! – exclama la chica.

-Veo que tú también te has puesto cachondo, ¿verdad? – le pregunto señalando su bragueta.

-Sí, señora, no puedo negarlo.

-Mira, ven, te mereces un premio.

Bajo su cremallera y le saco su miembro completamente erguido.

-Qué polla más apetecible. Me gustaría probarla. ¿Quieres que la pruebe, Anselmo?

-Yo… si usted lo desea, señora… pero su novio…

-No te preocupes por él.

Me pongo en cuclillas y le lamo la verga, se la beso, le doy mordisquitos. Veo que crece y me introduzco su glande en mi boca. Su líquido preseminal va rociando mi lengua. Entonces llaman a la puerta. Es Pancracio.

-Juli, ¿está a punto? Ya es la hora para la cena.

-Sí, cariño, ahora salgo – le contesto con el pene del criado en la boca. – Oye, Bárbara, ¿Qué te parece si tú…? Antes me dijiste que te habías excitado ¿verdad?

-La verdad es que sí. Esto muy cachonda, señora.

-¿Por qué no continúas tú con la mamada?

-¡Sí, sí, por favor! – suplica el chico.

-No, Anselmo, ya sabes que no… te dije que nunca más.

-Pero, Bárbara. Te pedí disculpas.

-Uy, ya veo que… ¿pero es que también te lo montas con Anselmo, hija?

-No, ya no.

-Yo debo irme. Me sabe mal porque tienes una polla muy sabrosa. Venga, Bárbara, chúpasela un poco, se lo merece. Mira, Anselmo, he regalado el plug a la chica. A ella le gustaría que le enseñaras a metérselo en el culo.

-Por mí sí – dice el criado.

-Pues va – le digo a la chica.

-Me da morbo, señorita. Ay, no sé. ¿Me vas a tratar bien, Anselmo?

-Sí, ya te dije me perdonaras, que ese día tuve un mal momento.

Me arreglo el vestido y el maquillaje. La chica se estira en la cama y él le quita las bragas, le separa las piernas, descubre un sexo empapado, le da varios lametazos, recoge su flujo y le unta bien el ano con él, luego le escupe en el agujero varias veces, le acerca su verga a la boca, ella lo besa y lo chupa y él le ensarta poco a poco el tapón en su culo cada vez más abierto. Yo estoy muy cachonda y me habría quedado para participar en la escena, pero debo salir a cenar para que mi novio no se enfade conmigo. Salgo y camino incómoda y excitada al notar intensamente el tapón. Pancracio dice que estoy muy guapa, me da dos besos, me hace dar media vuelta y me felicita al notar el plug en mi culo.

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