Julia, la farmacéutica (11): Primera noche en el palacete

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-Me decía usted, Julia, que se disponían a bajar a cenar.

-Pues sí. Pancracio, ya sabe, quien me alquiló para ir a ese viaje conmigo como novios por unos días, me tomó de la mano. Yo tenía insertado el enorme tapón anal y bajé las escaleras como pude, intentando ser elegante, eso sí.

-¿Le dolía, Julia? ¡Es que no tenía que haberle hecho caso!

-A ver, él me lo pidió, era un capricho suyo. Yo recibí mucho dinero por esos días y no podía negarme. Además, me daba morbo y me excitaba llevar el plug gigante y complacerle.

-Ya, entiendo. Bueno, ¿y cómo fue la cena?

-Muy bien. Verá, don carpintero:

“Cuando llegamos al comedor, vi que allí había cuatro señores esperándonos. Yo quedé muy sorprendida porque pensaba que sería una cena íntima, como si fuéramos novios de verdad. Pero no. Pancracio me los presentó. Primero al señor mayor.

-Él es Alejandro, Juli. Él es mi tío.

-¡Oh, tu tío!

-Señorita, es un placer –me toma la mano y me la besa–Sobrino, me dijiste que tu novia era muy guapa, pero no esperaba que fuera tan, tan atractiva.

-Gracias, señor Alejandro.

-Alejandro, hija.

-Pues Alejandro, señor.

-Él es el esposo de la hermana de mi madre, marido de mi tía, Matilde.

-Ah.

-Ella no está aquí estos días.

-Matilde está de viaje, con nuestros nietos.

-Entiendo.

-Te presento a Mario.

-Mucho gusto, señorita –me da dos besos.

-Encantada.

-Mario es el hermano de Alejandro. También como un tío para mí. Y este caballero es don Romero.

-Señorita –me besa la mano muy caballerosamente.

-Don Romero es uno de los mejores amigos de mi tío ¿verdad, tío?

-Es mi mejor amigo.

-Pues eso.

-Siéntese entre nosotros dos, señorita –me sugiere muy amablemente el tío de mi novio.

“El señor Alejandro me acompaña a un lugar de la mesa hasta una silla entre él y su hermano. Temo sentarme por si me va a doler el tapón, pero consigo una posición que no es nada dolorosa. Poco a poco, voy notando que el plug va entrando más en mi ano, centímetro a centímetro. Un par de criados, un muchacho que después supe que se llama Eduardo y una mujer de mediana edad, Clara, nos sirven la cena con mucha profesionalidad. La comida está riquísima. Y el vino, fantástico. Aunque no tengo mucha hambre, voy probando los distintos platos que nos sirven. Todos deliciosos. De vez en cuando miro a Pancracio y le mando un guiño o le doy un besito en el aire. Él me sonríe. Me habría gustado sentarme con él, pero también estoy a gusto con sus tíos, que son muy amables y atentos.

“Cuando ya llevamos casi media hora de cena, veo que Bárbara, la criada joven, camina apresurada hasta la cocina. Está muy sonrojada. El mayordomo, que hasta entonces estaba en el comedor, se va tras ella. Al cabo de un momento, aparece también Anselmo y se une a los criados que nos sirven el manjar y el vino. Se ve tranquilo y relajado.

“La conversación en la mesa es muy entretenida. Los cuatro son muy amables y educados conmigo. La verdad es que me siento como una princesa, con todos esos señores tan elegantes y con tantos criados. Por lo que oigo, me doy cuenta de que el palacete es del señor Alejandro y de la señora Matilde, los tíos de Pancracio y que él viene de vez en cuando a verlos y a pasar unos días. En un momento dado, el señor Alejandro celebra que soy la más atractiva de todas las novias que ha tenido su sobrino y “mucho más que su exesposa”, añade. Pancracio convida a brindar por esas palabras y su tío, después, brinda “por Juli, la más guapa de las parejas de mi sobrino!” y todos le dan la razón.

“Es Bárbara quien nos sirve los postres. Le guiño un ojo, pero ella disimula. Ya no tiene las mejillas tan coloradas, pero se la ve algo triste, incluso parece que ha estado llorando. Pienso que quizá la habrán regañado por no haber sido puntual para la cena. Después supe el porqué de su disgusto. ¡Me cae bien esa chica! Aunque no me duela, debo reconocer que el tapón me molesta y ya no sé cómo sentarme. Quizá esos señores se han dado cuenta de que lo llevo puesto, por poco que me hayan mirado el culo, lo habrán notado. En todo caso, nadie ha hecho comentario alguno. Tampoco los criados, claro, aunque esos lo sabrán seguro porque Anselmo y Bárbara lo habrán contado a todos. En fin.

“El señor Alejandro me felicita por lo bien que huelo. Le dice a su hermano:

-¡Huele a Juli, Mario, verás que la fragancia de esta chica enamora!

-¡Hum, sí hueles de maravilla, Juli! –exclama Mario cuando acerca su cara a mi cuello.

-¡Muchas gracias, caballeros!

-¡Verás, Romero, ven, huele a la novia de Pancracio!

Y sí, el amigo del señor Alejandro se levanta y me huele el cuello con placer.

-¡Un encanto! –creo que aprovecha para mirarme el escote, pero no me importa.

-¡De verdad que te felicito por tu buen gusto esta vez, sobrino!

“Después de tomar cafés y licores, don Anselmo dice que ya vayamos a la habitación, que estaremos cansados de todo el día de viaje. Y es cierto, la verdad. Aunque supongo que poco descansaremos Pancracio y yo en nuestra primera noche de novios. La verdad es que me hace una cierta ilusión. Noto que me excito al pensarlo. Pero no mojo las bragas, no, porque no llevo. Espero que mi flujo no manche el vestido porque noto que mi coño rezuma. El enorme plug, aparte de llenarme el culo, da la sensación de que también me llena la vagina. Espero que tan solo llegar a la habitación, mi novio me permita sacármelo de una vez. Nos despedimos hasta mañana.

“Cuando me doy la vuelta para ir en dirección a la escalera, noto una mano en mi nalga. Me giro y veo que es la del amigo del señor Alejandro. Le sonrío, pero le hago un gesto como de reñirle, como queriendo decir “chico malo”. Por suerte, Pancracio no se ha dado cuenta, no sé cómo se la habría tomado. Subimos las escaleras abrazados.

-Ha estado usted genial, Juli. ¡Ha enamorado a todos!

-¿Tú crees, cariño?

-¡Por supuesto! ¿No se ha fijado cómo la miraban?

-Pues no. Pero me alegro de haberles gustado. Sobre todo, si eso a ti te complace.

-Me complace, Juli.

“Al llegar a nuestras habitaciones, le pregunto:

-Amor, ¿en cuál pasaremos la noche?

-Usted en la suya y yo en la mía.

-¿Cómo? Pero…

-Esta noche, cada uno en su habitación.

-No entiendo.

-Mañana será otro día. No se preocupe.

-A ver, por lo menos, podemos pasar un rato juntos, ¿no? Y después, si quieres…

-Hoy, no. ¡Buenas noches!

-¡Cariño!

-No se disguste, verá cómo lo va a entender.

-¿Tan cansado estás?

-No es eso, Juli.

-Pues entonces… no sé, ¿tanto te disgusto?

-De verdad que no.

-Es porque… allí en el restaurante… con el dueño… o antes en los lavabos con ese señor…

-No, no, no se coma la cabeza. Eso me encantó. ¡Estoy muy contento con usted, de verdad!

-¿Es que no te gusto? A ver, ya sé que soy bastante mayor para ti, pero…

-Me gusta mucho, Juli. Incluso demasiado. ¡Buenas noches!

“Me da un besito en los labios y se cierra en su habitación. No entiendo nada. Me siento rechazada. Por un momento tengo celos de Bárbara. Pienso que quizá él, al verla tan joven y bonita, no sé, al compararla conmigo, que tengo más del doble de la edad de la chica… Es cierto que si vine con él a estas minivacaciones era por el dinero, pero, una vez aquí, yo pensaba que él querría disfrutar conmigo, tener placer y darme placer.

-Es cierto, Julia, no se entiende que gastara tanto dinero con usted si luego él…

-Después lo entendí todo, don carpintero.

-¿A sí?

-Sí, ya verá, espere qué le cuente. ¿Qué hora es?

-Las dos y cuarto.

-¿Ya? ¡Uy, qué tarde! Bueno, aún tengo tiempo de contarle qué más pasó.

-Sí, cuente, cuente, Julia.

“Me fui desconcertada a la habitación. Por un momento pensé volver con Pancracio, llamar a la puerta y pedirle, casi suplicarle que pasáramos, al menos, un rato juntos, pero mi orgullo pudo más y me resistí. Así que me conformé pensando que por lo menos podría dormir toda la noche y descansar. Lo primero que hice fue quitarme el vestido. En el espejo me miré el culo y me sorprendí al ver que tenía prácticamente todo el plug dentro. Unas horas antes me habría parecido un auténtico milagro. No entendí el porqué de tanta insistencia con que me pusiera el tapón si luego… Pero por lo menos, ahora podría quitármelo. Por un momento temí que él me dijera que debía llevarlo toda la noche.

Estuve tentada de hacerme algunas fotos en que se viera el tapón e incluso mandarle una a mi esposo. Pero lo descarté. Quizá él pensaría mal ¡Y con razón, pobre! En todo caso, cuando estuviera con él de vuelta, quizá algún sábado, jugaríamos con él en mi ano, al menos la punta. Dejaría que me quitara el tapón y se sorprendiera al ver su tamaño y como me quedaba de abierto el ano, él, al que tanto le gusta mi culo. Decidí llamarle y darle las buenas noches. En ese momento, habría deseado que él estuviera allí conmigo. Me dijo que estaba viendo la televisión. Le oí bastante serio, casi triste.

Después se pusieron los niños y me mandaron abrazos y besos. Y me preguntaron que cuándo volvería y les dije que aún faltaban algunos días. Me puse algo triste cuando me dijeron que me añoraban y que me querían. En fin.

“Cuando colgué, me tumbé en la cama, de espaldas, y separé las piernas. Decidí ir sacando el tapón poco a poco. Temía que me doliera mucho si no iba con precaución. Cuando ya tenía unos pocos centímetros fuera, oí unos pasos. Me alegré al pensar que era Pancracio que decidía venir a pasar la noche conmigo. Pero enseguida me di cuenta de que era el taconeo de unos zapatos de mujer. Me encendí de rabia al pensar que quizá era la chica, Bárbara, que iba a la habitación de mi novio, que él le dijo que fuera a acostarse con él. Me sentía rechazada y humillada. Me levanto de la cama y pego una oreja a la puerta de la habitación. Los pasos se van acercando. Sin pensarlo, casi grito:

-¡Hola! ¿Quién anda ahí?

-¡Soy yo, Bárbara, señora!

-¿Y qué haces rondando por aquí?

-Yo… señora… ¿Puedo pasar?

-Sí, claro, entra. ¿A qué vienes? Ibas a la habitación de mi novio, ¿verdad? –la increpo, sonrojada y disgustada, solo con el sostén y el tapón casi por entero en el culo.

-¡No, señora!

-¡Él te dio que fueras a acostarte con él!

-Se equivoca, señora –y empieza a sollozar.

-¡Ahora no llores! Sé que tú no tienes la culpa.

-Es que no iba a esa habitación, de verdad que no.

-Vale, va le, te creo.

-El señor Gaspar me dijo que viniera a esta habitación, señora.

-¿El señor Gaspar?

-Sí, el mayordomo.

-A sí.

-Me dijo –aun sollozando- que viniera a ver si a usted le falta algo.

-No, no, gracias. Pero no llores, niña. No debería haberte gritado.

-Si no me ha gritado, señora. Usted es muy amable.

-¿Entonces? ¿Por qué estás tan triste?

-Ay, señora. Es por… cuando usted se fue a cenar…

-¡Vi que os lo pasabais bien con el criado!

-Sí, bueno, la verdad es que, al principio, él me dijo que… que me trataría bien.

-¿Es que acaso no se portó bien contigo?

-Al principio. Yo, la verdad es que estaba excitada y me daba morbo que él me metiera el tapón en el culo y también, debo reconocerlo, de seguir con la mamada que usted empezó.

-¡Su polla es muy sabrosa!

-Sí, es cierto.

-Pues ya está, no pasa nada, está bien.

-A ver…

-Veros me puso tan cachonda que de buena gana me habría quedado con vosotros y hacer un trío.

-¡Señora, qué cosas dice!

-Es la verdad, niña. Así ¿qué pasó?

-Es que Anselmo, hace un par de años, cuando yo acababa de cumplir los dieciocho… bueno, nos enrollamos algunas veces.

-Hija, ¡eres bárbara!

-Bueno, es que él, ya llevaba tiempo insinuándose y eso, pero yo le decía que no. Es que no me gustaba, la verdad, y yo era casi una niña.

-Pero dices que al final…

-Sí, cuando ya cumplí los dieciocho, un día, pues nos enrollamos. Al principio era muy amable y cariñoso, pero en unos meses él no me trataba bien. Es que es muy celoso y muy mandón. Él quería que fuéramos novios, pero yo, de ninguna manera. Es que era muy joven y él, no me gusta. La cosa fue empeorando y más cuando supo que yo, bueno, que tenía algún amigo con el que… lo que usted llama “follamigos”. Yo le dije que si él quería, podíamos seguir, a ver, teniendo sexo, pero como uno más. Parecía que aceptaba porque me decía que él no podía estar sin mí y eso. Y seguimos teniendo relaciones de vez en cuando. Pero cada vez me trataba peor.

-¡Vaya!

-Y la última vez, hace un año o así, bueno, él estaba muy cariñoso y amable, pero cuando estábamos follando y vio que yo me corrí unas cuantas veces y gemía y casi gritaba de placer, él eyaculó dentro de mí, cuando habíamos quedado que se correría fuera y yo me quejé, él empezó a llamarme de todo, que si era una puta, y que me lo hacía con todos como una guarra, me agarró fuerte el cuello mientras iba bombeando mi chocho muy duramente… y lo peor es que aunque estaba asustada, no pude resistir correrme de nuevo e incluso lancé… bueno… no sé si usted sabe…

-¿Squirt?

-Sí, eso es. ¿Sabe usted lo que es?

-Sí, hija, la verdad es que, desde hace un tiempo, a menudo tengo eyaculaciones vaginales.

-Pues yo solo esa vez. Cuando él se dio cuenta, aún se enfadó más y me insultó. Que era una guarra y que me meaba de gusto… dijo que le diría al mayordomo que me echara, que en esta casa no se aceptaban putas.

-¡Qué desagradable! ¿Y lo hizo?

-Por suerte, no. Me habrían despedido. El señor Gaspar se habría enfadado mucho conmigo si hubiera sabido que me lo montaba con el criado. Y más cuando el señor Gaspar quería, desde muy jovencita… bueno, ya sabe… acostarse conmigo. Y yo nunca lo he permitido. Desde ese día, yo casi no me hablo con Anselmo, solo lo justo.

-Se entiende.

-Sí. Él siempre ha sido muy amable desde ese día, me ha pedido disculpas, que si tuvo un mal momento… Pero yo no lo perdono. Sé de que se enfada cuando me viene a buscar un amigo o si se entera de que he estado con alguno.

-Pero hoy…

-Pues sí. La situación, lo de su tapón… y el que usted me regaló… cuando vi que él le metió ese tan grande… y al ver que usted le hacía la mamada…

-Pero no pasa nada, hija.

-Es que, al cabo de un rato en que yo se la chupaba y él ya me había metido el tapón entero en el culo, él me dijo que me iba a follar, que quería ver qué sensación daba meterla en mi vagina cuando estaba tan presionada por el plug. Yo le dije que no, que se corriera de una vez, incluso si quería, dentro de mi boca y que, si lo deseaba, me tragaría su lefa. Y él que no, que quería follar mi coño prieto. Yo le dije que se hacía tarde y que nos iban a regañar. Como no terminaba de correrse y, lo reconozco, yo estaba muy caliente, le permití que me la metiera.

Al principio, le costó porque el plug dificultaba la penetración, pero me la fue metiendo y enseguida hasta el fondo y allí empezó un mete y saca y yo me corrí no sé cuántas veces. Le pedí que por favor no eyaculara dentro y me dijo que no me preocupara. Con una mano jugaba con el tapón en mi culo y con la otra me acariciaba el clítoris. Y yo venga a tener orgasmos. Cuando por fin él estaba a punto de correrse va y me dice: “¡Toma, guarra, cerda, verás como te lleno el coño de mi leche caliente, puta, que eres una puta!”

-¡Qué cerdo!

-¡Un cabrón! Y me siguió insultando y humillando y eyaculando en mi vagina. Y me dijo que tenía suerte que se hacía tarde que si no me la habría metido en mi culo de puta y yo le contesté que eso nunca y él dijo que cuando quisiera y siempre que quisiera. Cuando por fin terminó, me puse las braguitas y corrí escalera abajo. El señor Gaspar vino a reñirme y me dijo que debía hablar muy seriamente conmigo y que después fuera a su habitación.

-¿Y vas a ir?

-Pues claro. Y no sé qué excusa darle. No puedo decirle que estaba follando con un criado.

-No, claro. Eso, no.

-Y además, estoy muy preocupada. Es que, precisamente, estos días… son esos días del ciclo en que…

-No me digas.

-Sí, es que, ¡imagínese que quedo embarazada! Cuando le dije a Anselmo que hoy era uno de los días más fértiles de mi ciclo me dijo que no le viniera con cuentos, que si estaba preñada ni yo sabría de qué hombre era.

-¡Qué desagradable!

-Sí. Me dijo que si estaba preñada me echarían de la casa por puta, que era lo que soy. Es verdad que, bueno, que me lo monto con más de uno, pero precisamente, cuando sé que puedo quedar embarazada, nunca dejo que se corran dentro.

-Mira, hija, cuando dejes que te la metan por el culo, se terminará este problema de que te preñen.

-¡Señora, qué cosas dice!

-Es la verdad.

-Mire, todavía llevo el tapón en el culo –se da la vuelta, se sube la faldita y aparta algo sus braguitas para que yo lo vea bien.

-Lo tienes todo dentro.

-Sí, me gusta la sensación.

-Tienes un culo muy bonito. Bueno, ¿y qué haces aquí? Yo estoy también algo triste. Si quieres, puedes quedarte aquí conmigo y nos consolamos. A mí no me gustan las mujeres, pero ya te digo, dormimos juntas y nos abrazamos y, si lo deseas, nos podemos dar placer.

-Es que solo vine porque el señor Gaspar me pidió que viniera a ver si usted quería algo y que le dijera que por favor, no se quitara el plug.

-¿Cómo? Así que él también sabe que…

-Bueno, todos lo sabemos.

-¿Y el señor de la casa, también?

-Claro. Él más que nadie.

-Pues sí que… bueno, ¿quieres quedarte o qué?

-No puedo, ya le dije que debo ir a la habitación del mayordomo.

-A sí. Pero si quieres, después puedes venir y quedarte.

-Temo que no podrá ser. Es que creo que el señor Gaspar… él… querrá… temo que me diga que me va a echar si no… seguro que querrá algo…

-Pero tú puedes negarte.

-Lo sé, pero no quiero que me echen. Ya le contaré. Debo irme. Ah, también me dijo que dentro de un rato vendrá también Anselmo a prepararla para la noche.

-¿Cómo? ¿A mí? ¿Pero por qué? Si ya me voy a acostar. Pensaba quitarme el plug y…

-No, eso no, uy, se iban a enfadar. Bueno, yo me voy. ¡adiós, señora!

-Me has dejado en ascuas, hija.

“Al cabo de unos minutos llama a la puerta Anselmo. Yo le recibo con una bata muy hermosa, bastante transparente, con solo el sostén y el plug enorme en el culo. Me dice que tiene órdenes del señor de la casa y que por favor le deje hacer. Me quita la bata muy delicadamente. Comprueba con la mano entre mis nalgas que tengo el plug completamente en el ano. Me dice que me ponga a cuatro patas en la cama, con en culo en pompa. Me ata las muñecas con un suave pañuelo de seda. Me venda los ojos con otro pañuelo. Me dice si quiere que me quite el sostén, le digo que no. Y se va de la habitación.

“Me quedo así unos minutos hasta que se abre la puerta y alguien entra. No sé quién es hasta que oigo la voz del señor Alejandro.

-Estás perfecta, Juli. Estoy sorprendido. Habíamos intentado esto con todas la novias que ha tenido mi sobrino y también con su exmujer, pero con ninguna habíamos podido llegar tan lejos. Y tú, que eres con diferencia la más sexy y elegante, estás cumpliendo todas las fases. Algunas ni se quisieron poner el primer tapón.

-No entiendo.

-Mira, guapa, tanto a mi sobrino como a mí, nos gustan ciertas cosas. Y verte así, con el tapón, en pompa, los brazos atados al cabezal, con los ojos vendados, tan dispuesta, tan expuesta… es que no me lo puedo creer. Pasa, pasa, Pancracio.

-Eh, ¿tu también aquí?

-Pues claro, Juli. Está usted irresistible.

-No sé qué decir.

-Oye, guapa, ¿estás dispuesta a seguir adelante?

-Ay, no sé, a ver… Si él, mi novio, quiere…

-Sí quiero, sí, Juli.

-Entonces, vale, adelante –al decir eso, noto que el flujo invade mis labios vaginales.

-Pues tú, Pancracio, empieza a grabar. Te felicito, de verdad, por esta novia, ¡la mejor!

En unos segundos, alguien me quita de golpe en tapón, oigo “ohs” de admiración y aplausos. Alguien intenta volver a introducírmelo, pero noto que apenas me entra la punta. Me lo quitan y enseguida una polla hasta el fondo de mi culo. Oigo varias voces distintas y me van penetrando diferentes vergas. Estoy muy cachonda y aunque quiero evitarlo, al cabo de unos diez minutos que se van turnando en mi ano, empiezo a tener orgasmo tras orgasmo. Uno me quita el sostén y empieza a chuparme las tetas. No sé cuántas veces me corro hasta que el primero me llena el culo con su esperma caliente.

Aunque supongo que son cuatro los que me han ido dando por culo, noto que son cinco las veces que se corren en mis entrañas. Después supe que Pancracio eyaculó el primero en mi culo y otra vez, después, el último. Saber eso me reconfortó porque pensé que sí que le gustaba y que, de alguna manera, me quería.

Don Alejandro me felicitó y también a su sobrino por una novia tan especial y se fueron satisfechos. Me dejaron allí atada y con su leche empapando mi ano hasta que al cabo de unos minutos llegó Anselmo y me desató. Me quitó la venda y me dijo que había hecho muy feliz a su dueño…

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