Terminamos de comer en el bar y estamos la farmacéutica y yo agotando los últimos minutos del mediodía, antes de que ella deba volver al trabajo en la farmacia.
-Julia, ¿y qué más pasó en su viaje como novia de alquiler?
-Aún tengo tiempo de contarle algo más.
-¡Sí, por favor!
-Aunque me sorprendió lo que pasó en mi habitación, después descansé muy bien toda la noche. Por la mañana, me duché, me maquillé ligeramente, me vestí, y bajé a desayunar. Era algo tarde y en el comedor solo estaba Pancracio, mi novio de pega.
“Me saludó con un piquito y me acompañó a la mesa, que estaba llena de gran variedad de manjares apetitosos. Él se sentó conmigo, aunque ya había desayunado. Me dijo que estaba muy contento conmigo y que su tío, más. Me confesó que el dinero con que me pagaron y el viaje, el coche, el vestido, las joyas y todo lo pagaba su tío, que él, Pancracio, en realidad no era rico. Explicó que él siempre había fantaseado con ver a sus novias e incluso a su mujer montándoselo con otros hombres, pero que ninguna nunca había aceptado y no habían pasado de hacer algo de estriptis ante él y su tío o dejar que ambos las besaran o acariciaran por encima de la ropa y poco más.
Cuando Pancracio me vio esa tarde en casa de su amigo tan desinhibida se le ocurrió que quizá yo sería la mujer indicada. Debía engañar a su tío y hacerle creer que yo era su novia. Aunque sabía que le saldría muy caro, eso no sería ningún problema porque a su tío le encantaría pagar todo lo necesario si, por fin, podía compartir una pareja con él.
-Hice los tratos con su jefe, el farmacéutico, Juli, pero quedamos con él que no le diríamos que estos días de vacaciones no iba a estar usted solo conmigo, sino también con mi tío.
-Entiendo.
-Se habrá sentido usted engañada.
-Un poco sí. Me hacía ilusión que fuéramos novios por unos días.
-¡Es que eso es innegociable! ¡Somos novios!
-Pero…
-No se confunda. Si mi tío estuvo dispuesto a pagar tanto dinero, es porque él cree que usted y yo somos pareja.
-¿A sí?
-Sí, sí. A ver. Es que él puede estar con las chicas que desee, pero le da morbo montárselo con mi novia. Ya le digo, lo intentamos con otras parejas que tuve, pero no querían. Él no debe enterarse de que usted, en realidad es… bueno… que no…
-Que cobro por estar aquí y por dejar que tú y él… Pero entonces, el dinero que tú pagaste…
-Él cree que el dinero es para mí, Juli. Por dejar que mi novia esté con él delante de mí. Él no debe saber que usted cobra por estar aquí estos días. Él sabe que es algo que a mí siempre me ha dado morbo y tenemos una especie de trato: que voy a compartir mis novias con él, a cambio de su dinero. Sin embargo, hasta ahora nunca lo habíamos podido realizar. Se puso muy feliz cuando le dije que vendría a pasar unos días aquí con mi nueva novia y que esta vez, por fin, podríamos realizar nuestra fantasía.
-¿Y no le extrañó que yo fuera mayor que tú, casi diez años más?
-Cuando le envié una foto suya, usted le encantó. Al verle llegar ayer, sí se dio cuenta de que era toda una mujer, pero me dijo “¡No me extraña que te hayas enamorado de Juli! Aunque es mayor, es muy deseable y toda sexo!”
-Oh ¿eso te dijo?
-Sí. Cuando desde la ventana le vio aparecer a usted vestida de colegiala sexy, no se lo podía creer. Le encantó más que usted fuera una MILF disfrazada de niña de escuela que si en realidad hubiera sido una chica más joven. Le gustó tanto que invitó a su hermano y a su mejor amigo a cenar y a… bueno, ya sabe.
-¡Oh!
-La verdad es que estaba previsto de que la primera noche solo estuviéramos él y yo con usted.
-Ya.
-No le importó ¿verdad?
“Después de desayunar, nos fuimos mi novio y yo con el coche y pasamos el día fuera. Visitamos la comarca y almorzamos en un muy buen restaurante. Me sentía de verdad como su pareja. Apenas pensé en mi esposo y los niños. No vi a su tío hasta la hora de cenar. Después de darme un baño, maquillarme y ponerme con un nuevo vestido de noche que encontré encima de la cama, de color blanco muy elegante, Pancracio me vino a buscar y bajamos al comedor. Ahí estaba su tío, su hermano y su mejor amigo, pero, además, dos señores más. Me los presentó como dos muy buenos vecinos, Eduardo y don Jeremías.
Todos fueron muy agradables y educados conmigo. Pero cuando me iba a sentar, Alejandro contó a todos que hoy no iba a cenar con ellos en la mesa, que tendría mi cena algo más tarde en mi habitación. Me preguntó si me parecía bien y yo dije, algo resignada:
-Si usted lo dispone así, tío. Y si a mi novio le parece bien.
-Lo que mi tío diga, Juli.
-Pues vale, cariño. La verdad es que no tengo mucha hambre.
-Puedes retirarte, Juli.
-Pues, ¡buenas noches, caballeros!
Todos me dieron amablemente las buenas noches y me tuve que ir. No entendía el porqué. Me sentí excluida. Como estaba segura de que todos me miraban, caminé contorneándome muy sexy para ver si el señor Alejandro rectificaba y me invitaba a la mesa, pero no. Al llegar a las escaleras, vi a Bárbara y nos saludamos, ella con una pequeña reverencia. Le dije si me podía acompañar a la habitación, no tenía ganas de estar sola.
-No sé, señora. Le preguntaré al señor Gaspar si puedo.
-¿Al mayordomo? Dile que yo te lo pedí.
-Sí, señora.
-Y quizá me podrás traer algo de esa cena tan exquisita.
-No sé, me temo que no.
-A ver si puedes. Y llámame Juli.
-Sí, señora Juli.
-En fin. Vale, te espero, ven cuando puedas. Y tráeme algo de cena.
“Una vez en mi cuarto, no sabía si quitarme el vestido o no. Pensé que era una tontería haberme puesto tan elegante si solo era para bajar, presentarme y volver a subir. Así que, de momento, decidí seguir vestida. Aproveché para llamar a casa. Noté a mi esposo aún más serio que el día anterior. En cambio, los niños estaban alegres y contentos, aunque me dijeron que me echaban en falta.
“Al poco de terminar la llamada, Bárbara llama a la puerta. Me decepcionó ver que no me traía nada de comida.
-Me ha dicho el señor Gaspar que tenía órdenes de no traerle nada.
-Bueno, tampoco tengo mucha hambre.
-Me sabe mal.
-Oye, ¿y cómo fue ayer con el mayordomo? Ayer tuviste que ir a su habitación, ¿verdad?
-Sí, él me lo había ordenado. Me temía lo peor. Pero solo me riñó por haber llegado tarde para la cena. Se ve que Anselmo no le contó que él y yo habíamos estado… bueno, ya sabe. Y no me van a echar.
-Me alegro, Bárbara. ¿Y el mayordomo no te obligó a hacer nada como castigo?
-En realidad, no. Pero insinuó algo. Me dijo que estaba muy enfadado y que a ver qué podía hacer yo para que le pasase el enfado. Se conformó con que, me bajara un poco el escote y me subiera un poco la faldita, hasta verme un poco el sostén y las bragas. Lo malo fue que al ir para marcharme, se dio cuenta de que llevaba insertado el plug que usted me dio, señora.
-No me digas.
-Sí. Como quería marcharme muy rápido, se ve que al caminar se me levantó algo la falda y vio el bulto en mis braguitas.
-¿Y qué pasó?
-No, nada. Bueno, sí, me dijo que me acercara y… palpó mi culo por encima de las bragas. Y me preguntó que qué era eso.
-Ya.
-Cuando supo lo que era, me dijo que llevar eso era de fulanas, pero que le gustaba.
-¿A sí?
-Sí, eso dijo. Y que, si quería seguir teniéndolo contento, que a partir de ahora debía acortar un poco más la falda del uniforme.
-¿Todavía más?
-Sí.
-¿Y eso es todo?
-Sí. Bueno, no. Que siempre que estuviera de servicio, debía llevar el tapón insertado y… me da vergüenza… ir sin bragas.
-¡Oh!
-Sí. Yo le dije que no podía ser, que a los señores les molestaría si supieran que una de sus sirvientas no llevara bragas. Al final, quedamos que cuando estuviera la señora en casa, me podía poner las bragas y no llevar el plug.
-¿Y le vas a hacer caso?
-¡Qué remedio, señora! ¡Mire! – se levanta la faldita y me enseña el culo, sin bragas y con el brillante del plug entre las nalgas.
-¡Vaya! Oye, pero te queda muy bien. Tienes un culo realmente bonito.
-¡Gracias, señora! – y se baja la falda.
-Oye, y con Anselmo, ¿qué?
-Nada. Bueno. Él hoy ha querido disculparse por lo de ayer. Pero yo no le perdono.
-Eso es que ayer tuvo un mal momento.
-No, él es así. Creo que él está preocupado por si era verdad que podía haberme dejado embarazada. ¡Espero que no! Soy muy joven para tener un hijo. ¡Y menos con él!
-¿Y estarías segura de que, en caso de embarazo, sería de él? Quiero decir, que quizá podría ser de tu novio.
-No, ya le dije, que yo no tengo novio.
-Bueno, quiero decir, de tu amigo especial.
-¿De Manuel? No, no. Siempre que lo hacemos, él se pone el condón. Y nunca dejo que me la meta cuando estoy en estos días fértiles del ciclo. Es un buen muchacho. En todo caso, sería Erik quien…
-Erik, ¡el casado! El que tiene más o menos mi edad.
-Sí, señora, es que anteayer… nos vimos y… él es un muy buen amante… y cuando estoy con él, pierdo el mundo de vista. Y dejé que me la metiera hasta el fondo y, loca de tantos orgasmos, no pensé en nada y me llenó el coño con su lefa. Pero espero que no esté preñada. ¡Uy, llaman a la puerta!
-Soy Anselmo. ¿Puedo pasar?
-Será que me trae la cena. Ahora sí tengo hambre. ¡Pasa!.
-Yo me voy, señora.
“La chica se retira sin mirar al criado. Él, en cambio, no puede evitar mirarle el culo. Me pregunto si se da cuenta de que lleva la falda más corta y que va sin bragas.
-Vengo a prepararla para la noche.
-¿Cómo? ¿Y cuándo cenaré?
-Yo no lo sé, señora. Tengo instrucciones precisas de lo que debo hacer.
-Me imagino que como ayer, ¿no? – veo que trae un pañuelo de seda y me dispongo a ponerme en pompa encima de la cama. -Pero, por favor, no me introduzcas ese tapón enorme en el culo, Anselmo. Lo tengo muy sensible. Irritado, me duele algo.
-No, no verá. Mire, póngase usted de rodillas, así, verá que la alfombra es suave.
“Me venda los ojos y me baja el vestido hasta debajo del pecho. Me quita el sostén y luego las bragas. Yo me dejo hacer. Noto que me excito.
-Quédese así. Enseguida vendrá el señor Alejandro, señora.
-Oye, y tú… quiero decir… ¿No te pones cachondo al… bueno… al prepararme así?
-No, yo… bueno… es parte de mi trabajo.
-Ya, pero, a ver, eres un hombre, y ahora mismo me ves las tetas. Y con los ojos vendados. Y me has quitado las braguitas – mi coño rezuma-¿No te da morbo? Seguro que…
-Debo reconocer que usted es muy guapa, señorita. Debo irme.
“Y sí, se va, y al poco de que él sale de la habitación, entra el tío de mi novio.
-Juli, estás irresistible. Mi sobrino me ha contado que estás hecha una buena mamona y que te gusta mamar pollas.
-¿Eso le dijo?
-Sí, y mira, hemos pensado los dos que te encantaría que tu cena sea que nos corramos en tu boca.
-¡Oh!
-Te gusta la idea, ¿verdad?
-Bueno, no sé.
-Juli – toma la palabra mi novio – no disimule, sé que se muere por probar la verga de mi tío.
-Sí, sí, así es, don Alejandro —supongo que es lo que debo decir – Seguro que es muy sabrosa.
-Verás que sí. Como eres tan mamona, no tendrás solo nuestros miembros, sino también los de mis amigos y el de mi hermano. Mire, te lo iremos metiendo en la boca y tú, lamiendo y chupando, tendrá que adivinar de quién es cada polla. Si no lo adivinas al cabo de un minuto, el que te esté follando la boca te dará un cachete en el culo o un pellizco en las tetas, como cada uno escoja.
-¿Y si lo adivino?
-Entonces, podrás chupar la polla del caballero hasta que eyacule su esperma en tu boca y puedas bebértelo. Esa será hoy tu cena. Esa y la de todos los hombres que adivines.
-Juli, le recuerdo que los nombres son: Mario, don Romero, Eduardo y don Jeremías, además de mi tío Alejandro y yo.
-Ya. Será difícil. En fin, bueno, pues vale.
“Comienzo a mamar una polla tras otra y me voy llevando unos buenos pellizcos en los pechos y bastantes nalgadas. Aunque lamo, sorbo y huelo la verga que mamo, no soy capaz de adivinar de quién es cada una. Por fin, al cabo de más de diez minutos, y de más de diez mamadas, consigo adivinar que el pene que chupo es el de mi supuesto novio. Aún recuerdo algo el sabor y la textura de cuando se la chupé la primera vez que le conocí. Entonces, puedo continuar mamándolo con fruición, cada vez con más intensidad, hasta que en menos de cinco minutos él empieza a suspirar y a gemir.
-¡Ay, Juli, oh, por favor, me voy a correr, ay… oh!
-Sí, cariño, lléname la boca con tu leche, le deseo, sí, así, oh, ¡qué caliente y rica!
-¡Tome, tome, oh, ah!
-Sí, dámela toda, amor, oh, ah, ¡hum!
-¡Toda, sí!
“No sé si es por el hambre, pero me parece que el semen de Pancracio es muy sabroso. Después de que él se escurra completamente en mi garganta, otro caballero ocupa su lugar. Poco a poco, aunque me sigo llevando pellizcos y palmadas en las nalgas, voy adivinando de quién es cada verga y puedo ir chupándolas hasta que eyaculan en mi boca. ¡Estoy muy caliente, a cien! Y ellos también, porque cuando ya he conseguido que los seis me lancen su esperma y me lo pueda tragar, vuelven a empalmarse y se las vuelvo a mamar.
-Caballeros, si quieren, pueden tocarme y acariciarme. Es más, lo deseo. Es que estoy muy cachonda.
-No, hija, tú chupa y ya está – me ordena el dueño de la casa.
-Es que, por favor, el coño me chorrea.
-¡Abre la boca y chupa, mamona! – exclama el señor a quien le estoy habiendo la felación, de quien no adivino su nombre y me castiga con una palmada bastante fuerte en mi culo.
Más de uno se corre sin que adivine quién es, de tan excitados que están. Van diciendo que si la chupo tan bien, que lo buena mamona que soy, que vaya novia tienes, Pancracio, etcétera. No sé cuánto rato estoy chupando, pero bastantes horas, porque van repitiendo. Alguno consigue eyacular tres o cuatro veces, porque creo que me llenan la boca de esperma, por lo menos, unas quince veces.
-Pues sí que eres una buena mamona, sí, hija – me felicita el tío de mi novio.
-Gracias, señor – le contesto con un pene en la boca, poco más que morcillón.
-Ya está, Juli, puede quitarse la venda y levantarse. Creo que a ninguno de nosotros ya no se nos empina.
-Es que la chupa muy bien, señorita. Póngase bien el vestido. – dice el hermano del tío de Pancracio.
Al quitarme la venda, veo que todos tienen el pene flácido y arrugado.
-Oigan, caballeros, aunque veo que ustedes están muy satisfechos, yo… bueno… me gustaría que… alguno, si lo desea… -tomo mis pechos con ambas manos y se los ofrezco para que me los mamen.
-No, hija, ya nos vamos a ir – contesta don Alejandro.
-Esperen, si lo prefieren, miren cómo estoy – me subo el vestido y les muestro el chichi para que vean que lo tengo empapado.
-Bájese el vestido, Juli. Espero que usted no se haya quedado con hambre.
-Bueno, pues no, hambre no tengo. Pero… -me bajo el vestido resignada.
-¡Buenas noches, hija!
-Esperen, yo… es que… y tú, Pancracio ¿no te quedas tampoco?
-No, Juli. Es que me ha dejado usted seco.
-¿A sí?
-¡Me he corrido cuatro veces en tu boca!
-¡Oh! ¿Eso quiere decir que yo te gusto, verdad?
-Sí, mucho. Y, sobre todo, que la chupa usted muy bien.
-Estamos agotados, hija. Adiós.
“Y los seis señores se van de la habitación, don carpintero.
-¡Oh! ¿y la dejaron sola, Julia?
-Pues sí, ya ve.
-Si hubiera sido yo en lugar de ellos…
-No sé. Quizá usted habría hecho lo mismo.
-¡No! Yo habría pasado la noche con usted.
-Si se hubiera corrido tres o cuatro veces, me temo que…
-Ya, bueno, claro, eso sí, pero… así que tuvo usted se quedó sola.
-Sí, y caliente como una mona ardiendo.
“Me tumbé en la cama y decidí masturbarme. Pero no quise conformarme y me levanté. Me lavé la cara y me maquillé otra vez. Me arreglé el vestido y, aunque eran más de las dos de la mañana, salí de la habitación y me dirigí a la de Pancracio.
-Pancracio, cariño, no duermes todavía, ¿verdad?
-Juli, por favor, ya casi dormía, váyase a su habitación.
-No, abre, cariño. Solo un momento.
-¿Es que se ha quedado con hambre?
-Bueno, a ver…
-¡Pero si se ha tragado el semen de los seis y muchos hemos eyaculado varias veces!
-Sí, ya sé. No es eso. Abre.
-Buenas noches, Juli. Descanse. Mañana será otro día.
-¿No me dejas pasar, amor?
-Estoy agotado. ¡Hasta mañana!
“Me siento rechazada. Aunque entiendo que él habrá quedado exhausto con mis felaciones, por lo menos podría pasar la noche conmigo, abrazarme, besarme, tocarme, acariciarme, masturbarme… Muy triste, camino hacia mi habitación.
-Ah, es usted, señorita.
-¿Eh? ¡Ah! ¡Qué susto! Sí, Anselmo, soy yo.
-Es que oí ruido y subí a ver si pasaba algo o si alguien requería de mis servicios.
-Ya, no, ya me iba a mi habitación.
-¿No está con su novio, señorita?
-¿Eh?
-Perdone, no es cosa mía.
-No, pero es cierto, él desea que pasemos la noche en habitaciones distintas.
-Entiendo. Bueno, buenas noches.
-Buenas noches, Anselmo. Pero, espera. Oye, a ver, sí, acompáñame a mi habitación.
-Sí, señorita. ¿Desea usted algo?
-Oye, antes me dijiste que, me encuentras guapa, ¿verdad?
-Perdone, no debería…
-¿Y atractiva? ¿Me encuentras atractiva?
-Sí, señorita. Muy atractiva, ¿por qué negarlo?
-¿Y sexy? -cuando le pregunto eso, me muerdo los labios.
-Yo… a ver…
-Di, me encuentras sexy, ¿si o no? – levanto mis senos como ofreciéndolos bajo la ropa.
-Sí, señorita. Para su edad, yo creo que…
-¿Que soy una MILF?
-Sí, eso, una MILF.
-¿Pero una MILF muy sexy?
-Sí. ¡Mucho!
-¿Una MILF muy follable, ¿verdad?
-Yo, señora, no debo…
-¿Así que crees que soy muy follable? ¿Incluso para un chico joven como tú?
-Señorita, yo…
-Llámame Juli y acércate, Anselmo.
Hace lo que le digo. Le abrazo. Nos besamos. Le meto la lengua en la boca hasta el paladar. Le acaricio el paquete que parece que vaya a reventar su bragueta.
-¿Así que deseas follarme, Anselmo?
-Yo, a ver…
-¿Quieres follar a la novia del sobrino de tu señor? – le abro la cremallera del pantalón y le acaricio la verga aun dentro de sus calzoncillos.
-Señora, yo… no debo… su novio…
-Ven, ven a la cama, Anselmo.
“Me bajo el vestido hasta debajo de los pechos, me subo la falda hasta el ombligo y me queda como un cinturón. Me arrodillo en la cama y le saco el miembro por la bragueta.
-¿Quieres que te la chupe? —me relamo
-¡Señorita!
-¿Deseas follarme la boca como antes han hecho mi novio, su tío y los otros caballeros?
-¡Sí, por favor!
La mamo con fruición, pero esta vez estoy decidida a ser yo quien lleve la iniciativa. Así que al cabo de unos minutos, cuando parece que su pene está a punto de explotar, me tumbo en la cama, me abro de piernas y le digo.
-Venga, fóllame, Anselmo. ¿Te gusta mi coño? ¿Y mi culo, te gusta mi culo? – con un par de dedos separo un poco los labios de mi vulva y luego, con los mismos dedos, abro mi agujero trasero -Puedes escoger por dónde me vas a follar. Aunque el culo me duele algo. Pero, por ser tú y por tener esta polla tan deseable, puedes darme por culo si lo deseas.
-Yo, nunca, no he…
-¿Nunca has dado por culo a ninguna chica?
-No, no, la verdad.
-Pues hoy, si lo deseas, ¡vas encular a una señora! A la sobrina de tu señor.
-¿Y podré también follarle el coño?
-Sí, con la condición que hagas que me corra – me acaricio el clítoris y mi chocho chorrea.
-Claro que sí, señora.
-Y que me llenes el chocho y el culo con tu leche. ¡Los dos agujeros!
-Sí, señora Juli, lo deseo.
-¡Vale, y después también deberás llenarme la boca!
-Pues claro que sí.
-¡Y las tetas!
-También sus tetas, sí.
-¿Te correrás cuatro veces, Anselmo? ¿De verdad?
-Nunca me he corrido tantas veces con nadie, pero con usted… es que desde que ayer la vi llegar… vestida como una niña sexy… como una… como una putilla, perdón que se lo diga, y luego… al insertarle ese tapón gigante en el culo…y saber que… perdone pero es la verdad… que usted es tan…
-Tan cerda, sí, es verdad, venga, folla a esta cerdita.
“Y Anselmo demostró ser un muy buen amante, don carpintero. Aunque no se corrió cuatro veces, solo dos, primero en mi ano, casi al momento de empezar a darme por culo, y luego, en mi coño, al cabo de más de quince o veinte minutos de follármelo. Pero consiguió que yo tuviera orgasmo tras orgasmo. Estuvimos juntos hasta la madrugada, acariciándonos, besándonos… me comió el culo y el coño y me corrí varias veces en su cara… Un poco antes de las seis, me dijo que tenía que irse a trabajar, así que el pobre no durmió en toda la noche. Yo sí, me dormí satisfecha y no me desperté hasta más de las doce de la mañana.
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