Julia, la farmacéutica (7)

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He comido rápido y he vuelto a la farmacia. Estoy pendiente de si veo llegar a la farmacéutica y sí, al cabo de un rato, ella aparece, con su andar elegante y a un tiempo coqueto. Me acerco a ella cuando está abriendo para entrar.

-¡Oh, usted por aquí otra vez!

-Hola, Julia. Como usted va a estar unos días fuera…

-Sí, mañana ya no vengo a la farmacia. Y hasta el lunes.

-Ya. Es que quería saber qué más pasó ese día, el del servicio tan, tan especial.

-Venga, entre usted rápido. Me dijo don Boscos que esta tarde se quedaría un rato más en casa, hará una siesta algo más larga. Se lo sugerí yo. Y así podremos estar un rato usted y yo aquí, sin que él se enfade. Se ve que está cansado, pobre.

-Ya, no me extraña. Después de lo de ayer cuando cerraron la farmacia…

-Pues sí. Se excedió “castigándome” y él ya es bastante mayor. Y como a primera hora no suelen venir muchos clientes, yo sola me basto.

-Oiga, Julia, ya que estamos solos, no cree usted que podríamos…

-¿Qué?

-Sabe que usted me gusta mucho. Podríamos… O por lo menos usted podría… -me acaricio el paquete.

-¿Acaso ya tiene el dinero, don carpintero?

-No, Julia, hasta el viernes o así no…

-¡Pues entonces, nada! ¿Por quién me ha tomado? ¡No olvide que soy una mujer casada!

-Claro que no. Pero usted, aquí en la farmacia…

-A ver, una cosa es que… que gane algo de dinero con mis servicios especiales y otra muy distinta que… así, por las buenas… ¡Yo no soy de esas, no se confunda!

-Usted es una mujer respetable.

-Pues claro que sí. Venga, entremos a la salita y le termino de contar lo del servicio especial y se va usted enseguida.

-Sí, sí.

-Desde aquí sabré si entra alguien a la farmacia. Vaya, precisamente viene ese señor. Espere, qua ahora vuelvo.

Julia se desabrocha un par de botones de la bata y sale a atender al cliente. Temo que no se trate de uno de sus servicios especiales y yo me tenga que marchar, pero no. Vuelve conmigo enseguida.

-Ese caballero hace tiempo que viene a la farmacia. Pero solo compra medicinas. Se le ve bastante adinerado y me gustaría que fuera un cliente especial – se vuelve a abrochar los botones de la bata.

-¿Usted le ha preguntado si él…?

-No, no. Iba a pensar que soy una fulana. Noto que le gusto. Hoy mismo me he fijado que me miraba disimuladamente el escote…

-Ya.

-Pero nada. Seguro que debe de ser un hombre casado. No sé. Pero bueno, más de un cliente especial tiene esposa.

-Ya.

-A ver si con el tiempo…

-Julia, así… ¿Qué más pasó en esa fiesta? Me contó usted esta mañana que… que uno de los hombres… cuando él…

-A sí. El señor Rapáez. Un caballero. Cuando sentados en mi regazo, él y don Cosme mamaban mis pechos, el pobre va y enseguida se corre en mi cuerpo. Quedó muy avergonzado y me dijo que lo sentía y que me daría un dinero extra.

-Pero usted le dijo que no hacía falta.

-Es que no me importó. En el fondo, es un halago. Quiere decir que yo le gustaba mucho. Y chupar mi teta le excitó.

-A mí me encantaría – digo mirándole el pecho.

-Cuando usted disponga de dinero. Así que yo le dije al señor que “no tiene importancia. ¡Mire si me ha gustado!” y recogí el semen de mi cuerpo y lo fui sorbiendo. A mis admiradores les encantó cuando acerqué mis pezones a la boca y los lamí y chupé. Todos aplaudieron. Entonces Gustavo dije que se acercaba la parte final de la fiesta y me invitó a ir al baño a lavarme antes de empezar la siguiente fase.

“Pero yo le digo que no me importa y pregunto a mis admiradores si prefieren que me lave. Todos sonríen y dicen que no hace falta, que les gusto así. Fueron muy amables y educados. A ver, sí, oigo que alguno dice “con lo puerca que es seguro que le agrada estar sucia ante todos” y otro que decía “es que vaya guarra está hecha” y cosas así, pero no me enfado porque es que, según cómo, tienen razón. No es que sea una marrana, pero tener el pecho húmedo de esperma delante de todos me dio morbo, me excitó, aunque sí, me sentía una cerda, por qué negarlo.

“La nueva fase consiste en que yo debo escoger a uno de los caballeros y hacerle una felación ante todos, a cuatro patas, y enseñando el culo a los demás, en pompa. Así que escojo a un señor que se ve algo tímido y que tiene un buen mango y cumplo obediente las instrucciones. Tendrá unos cuarenta años o así y su polla es muy sabrosa. Después supe que se llama Pancracio. Enseguida se le humedece el glande, redondo y grueso, y yo lo sorbo y lo lamo. Mientras se la chupo, voy meneando el culo y noto que vuelvo a humedecer mi vulva.

Me gusta saber que los ojos de todos están absortos con mis nalgas, mi coño mojado y mi ano, que noto caliente. Juego con mi lengua y me gusta el sabor de ese pene así que me agrada que tarde bastante en correrse. Gimo y suspiro, porque me sale de dentro, pero también porque estoy segura de que esto les agrada. Chupo con fruición mientras con la mano masajeo el pene del señor. Con la mirada le indico que me agrada el sabor de su miembro y que deseo probar su leche caliente.

“Cuando al cabo de unos minutos lanza su semen a mi boca, no dejo que se aparte ni saque su polla porque las instrucciones decían que debo tragármelo todo. Y lo cierto es que además lo deseo. El número termina cuando me doy la vuelta y abro la boca para enseñar a todos que me he bebido todo el esperma de Pancracio. Ellos aplauden y me vitorean. Es un público agradecido. Sí que oigo alguna palabrota como “guarra” o “cerda” y que vaya mamona estoy echa y que soy una chupapollas y eso, pero no me lo dicen a mí sino riendo entre algunos de ellos. Y, a ver, ¿ser una mamona o una chupapollas no es nada malo, verdad, don carpintero?

-Pues claro que no, mujer. Al contrario.

-Hasta hace poco tiempo solo había probado una verga en mi vida, la de mi marido. Ahora, bueno, con tantas experiencias, me considero una buena mamona, y creo que chupo muy bien las pollas. Y me gusta mucho.

-Es muy normal. ¿Y la cosa terminó ahí, Julia?

-No, faltaba lo mejor. Yo improvisé algo que creí gracioso y dije “Estoy muy contenta de haber escogido a ese señor para hacerle una mamada porque su polla es muy sabrosa y su esperma aún más. ¡Gracias caballero!” y recibí más aplausos y olés mientras él decía algo como “Gracias a usted, la chupa muy bien, señora, y vaya suerte tiene su marido”. Yo miré a Raúl, pero él me hizo que no con la cabeza como diciéndome que tranquila y que no le diera importancia.

-Vaya, Julia, pues sí que… ahora entiendo que usted dijera que era un servicio muy especial.

-¿Ve? Pero espere, que aún hay más, ya le digo.

-¿Así, todavía siguió la fiesta?

-Pues claro, si no, no creo que hubieran pagado tanto.

-Ya. ¿Y qué más pasó?

-Lo que yo había deseado desde hacía horas.

-¿Y qué, qué era?

-Pues cada uno debía poner un papelito con su nombre en un sombrero que fue pasándoles Gustavo y después yo debía sacar uno de los papeles.

-¡Oh!

-Por un lado, yo deseaba sacar el papelito de Raúl, pero por otro tenía miedo de que así fuera.

-Ya, entiendo.

“Y no, por suerte o por desgracia, el nombre que leí era “Roca”. Gustavo explicó que, como remate final de la fiesta, el señor Roca y yo pasaríamos a la habitación de al lado y que él tendría derecho a pedirme lo que deseara, cualquier cosa. Me hizo gracia ver como el pene del señor Roca aumentó su tamaño y se puso casi vertical al ver que el nombre que saqué era el suyo. Gustavo dijo que yo debía ser muy obediente y complaciente y yo contesté que por eso no se preocupara, que sería una buena chica y muy mimosa. Todos aplaudieron.

El señor Roca era bastante mayor, entre sesenta y setenta años, no sé, pero aún atractivo. Si le soy sincera, yo esperaba que el deseo de ese señor fuera follarme y así quedar satisfecha de una vez. Así que, con ganas de ir a la habitación con él, me acerqué, andando muy sexy, le tomé una mano y nos dirigimos a la habitación. Nos detuvimos un momento cuando Tadeo, el más joven, exclamó:

-Por favor, Juli ¿no podría quedarse aquí, no ir a la habitación de al lado mientras usted y Roca… bueno, hacen lo que sea. Así todos veríamos cómo… bueno, me gustaría ver qué… cómo… lo que él le pide y…

-No puede ser, Tadeo – exclama Gustavo – con el señor Boscos quedamos en que ella tendría intimidad en esa parte, no sabemos qué querrá hacer Roca con ella. Pero me imagino que no es nada que no quisiéramos hacer cualquiera de nosotros.

Se oyeron algunas voces que decían “seguro que la querrá follar” o “Roca le dará porculo a la milf” y cosas así. Tadeo dijo a Gustavo:

-A ver. Si a la milf no le importa hacer lo que sea delante de todos, el farmacéutico no tiene por qué enterarse ¿verdad Juli?

-Bueno, yo, no sé. Porque… ¿Qué desearía usted que hagamos, señor Roca? – pregunto muy ingenua y pícara.

-Yo… hablando claro… ¡quiero metérsela bien al fondo a la milf! – todos aplauden y le felicitan. Oigo que alguno dice “seguro que es lo que la puta desea” y otro le contesta “pues claro, con lo cochina que es” y también “a ella le gustaría follar aquí delante de todos” y cosas así. Pero es que es la verdad. Me hago la sorprendida y exclamo:

-¡Oh! – y pregunto muy coqueta e ingenua – ¿Y por dónde quiere usted meterla hasta el fondo, señor? ¿Por cuál de mis agujeritos?

Todos aplauden y me vitorean. Y el señor Roca contesta:

-¡Por todos, por todos!

-Oh, señor, temo que por todos ¡su pollón no va a caber!

-Verá como sí. Venga ¡vayamos a la habitación!

-Espera, Roca, quizá a la milf… -exclama Raúl, mi primo- Quiero decir que ella, a lo mejor, querría quedarse aquí, delante de todos. ¿Es así, Juli?

-No, bueno, es que… no… aquí con ustedes… -yo no sabía qué decir poque me daba morbo follar ante tantos hombres, pero me daba corte reconocerlo delante de Raúl– creo que mejor que no.

-A ver, hija, creo que no nos importara pagarte más dinero si nos dejas ver como follas – dijo el señor Rapáez.

-No, no es por eso… yo… es que…

-Venga, primita, ¡seguro que estás deseando que todos veamos lo bien que follas y cómo te le mete hasta el fondo!

-Raúl ¡no digas eso, por favor.

-¡Pero si tienes el coño chorreando solo de pensarlo!

-No es verdad. ¡Oh! – el flujo empapa mi chichi y me resbala por los muslos – ¿Ay, tanto se nota?

-Pues sí, pero es muy natural. Esta situación nos excita a todos. ¡Mira cómo tenemos las pollas!

“Todas las vergas muestran una erección imponente. Incluso Rapáez, que se corrió encima de mí, y Pancracio, que hace un momento eyaculó en mi boca, vuelven a tenerla muy empinada. El señor Roca me toma de la mano y exclama:

-Venga, va, vamos a la habitación, que me muero de ganas.

-Espere, señor, a ver… no sé, quizá… -le contesto – no sé.

-Roca, la milf quiere que todos veamos cómo folláis.

-No, no es eso. Sí, vayamos a la habitación, señor Roca.

-Juli, mire, cada uno le daremos… va sí, cien euros extra si usted deja que todos veamos lo que hacen con Roca. – propone Rapáez.

-No, vamos señor Roca.

-Venga, pues ¡te daremos quinientos euros si follas delante de todos! – exclama mi primo.

-¿Quinientos euros? Pero ¿cada uno?

-Sí, va, acéptalo.

-¡Vale la pena pagar ese dinero! – exclama uno.

-¡Yo pagaría más por ver cómo se la endiña a la milf! – contesta otro.

-Bueno, sí, nos vamos a la habitación. Pero dejamos la puerta abierta. Quien quiera mirar, que mire – les explico y todos aplauden.

“Acerco la mano del señor Roca a mi cintura y camino muy sensual y salimos de la sala.

“Roca me besa en la boca, me tumba de espaldas a la cama, se pone encima de mí, me separa los brazos por encima de mi cabeza, me besa profundamente y noto que un obús entra fácilmente en mi vagina. Veo con satisfacción que totos están en la puerta mirando la escena. Procuro que mis admiradores vean bien cómo su amigo me penetra. La polla de Roca entra y sale con fuerza mientras me agarra ahora los pechos. Me lame los labios, me besa el cuello, huele mis axilas. No puedo evitar gemir y casi chillar de tanto placer. Miro a todos y me halaga ver que sus miembros están muy empinados. Acerco un dedo a mi clítoris para aumentar mi gusto.

Y enseguida tengo un orgasmo y ahora sí grito de placer. Roca no cesa en su metisaca y parece que voy a morir. Los hombres no se quedan en la puerta y están cerca de la cama. Estoy segura de que desde donde están pueden sentir mi olor a sexo. Me agrada ver que Roca resiste y todavía no se corre, de manera que yo sigo sintiendo placer y me corro un par de veces más. Cada uno de mis orgasmos recibe aplausos de los caballeros. Veo que todos masajean sus vergas y que parece que vayan a explotar. Yo me muerdo los labios cuando experimento otro orgasmo y les miro, cierro los ojos y me relamo. Reconozco que me gusta que todos me vean follar. Parece imposible que por sentir tanto placer gane tanto dinero. Mis suspiros y gemidos llenan la habitación.

“El señor Roca saca el pene de mi vagina y lo acerca a mis labios. Huelo la fragancia de mi chichi y de su polla. Me imagino que está a punto de correrse y quiere hacerlo en mi boca. Yo me arrodillo en la cama y le beso la punta del prepucio y luego la lamo. El sabor es único. Él presiona mis labios y yo le ofrezco mi boca.

-Córrase, señor Roca, lo estoy deseando – le digo mientras me acaricio el clítoris empapado y le chupo la verga.

-Todavía no, guapa, todavía no – me folla la boca mientras le hago una buena mamada. Yo le miro a los ojos cómo suplicando que me llene con su leche, pero él resiste. También miro a los otros que se están masturbando mirando cómo chupo la polla a su amigo. Raúl es el que está más cerca, casi me toca con la punta de su pene. Me avergüenza que vea lo que hago, pero no se lo puedo negar. Ha pagado mucho dinero por estar ahí. Solo espero que no cuente nada a mi esposo ni a la familia.

Al cabo de unos minutos, Roca saca su pene de mi boca.

-¿No quiere llenarme de semen la boca, señor? ¿Quiere lanzar su lefa a mi cara? ¿O quizá mejor a mis pechos?

-¡Mira, verás lo que quiero, puta!

Me acomoda a cuatro patas, hace que me sostenga con mis antebrazos y levanta mi culo. Todos se mueven para ver bien mi sexo y mi ano, que sé empapados. Por un momento temo que voy a tener un orgasmo al sentirme tan expuesta, así en pompa y ante tantas vergas erguidas, segura que todas querrían penetrarme.

-¿Qué va a hacerme usted, señor Roca?

-¡Ya te dije que quería metértela por todos los agujeros, cerda!

-¿Oh, por el culo también? – todos aplauden y dicen que sí – ¡Pero es que no me va a caber!

-¡Verás cómo sí me cabe, guarra! ¡Además, estoy seguro que te va a gustar que te de porculo!

“Y sí, si me cabe. Y sí, me gusta. Me la mete de golpe, sin ninguna delicadeza. Sentirla en el fondo de mis entrañas me da placer y no puedo evitar lanzar chorros de squirt mientras tengo un gran orgasmo. El señor Roca me folla con fuerza, la mete y la saca, siento sus huevos en mis nalgas, sé que todos pueden ver mi ano muy abierto cuando él la saca. No sé cuántas veces me corro.

“Al cabo de no sé cuántos minutos, el señor Roca se corre en mis nalgas y mi espalda. Todos le vitorean mientras continúan masturbándose. Yo no me creo lo que oigo que les digo:

-Caballeros, si quieren pueden correrse en mis nalgas también. Bueno, y en la parte de mí que deseen. Creo que son muy generosos y yo debo serlo con ustedes.

Como se puede imaginar, don carpintero, todos se acercan y, en unos instantes, siento chorros de esperma en mis labios, en mis pechos, en mis nalgas, en mi espalda, en mi frente y nariz, de nuevo en mis nalgas, otra vez en mis labios… Yo sigo a cuatro patas, en pompa y meneando mis caderas voluptuosamente mientras me oigo decir “gracias” y “son ustedes muy amables” y cosas así y ellos gimen y me lanzan piropos y algunas palabras soeces.

-Vaya, pues sí que fue un servicio muy especial.

-Muy, muy especial, ya ve. Todos se portaron bien conmigo. Ninguno se fue sin darme el dinero extra. Fueron unos caballeros.

-Ya veo.

“Después de ducharme y vestirme, me despido de todos con un par de besitos. Al marcharme, mi primo sale detrás de mí y me dice:

-Oye, Julita, lo que he visto, lo que has hecho, ha sido demasiado.

-¿Es que acaso no te ha gustado? ¿Te ha perecido mal?

-Bueno, no, al contrario. Es solo que…

-Te sabe mal por tu primo ¿verdad?

-A ver, es que… sí, pobre.

-Él no tiene por qué enterarse ¿verdad?

-No, claro que no. Yo no se lo diré. Es que, a ver, yo… ¿podemos ir a a algún sitio tú y yo?

-¿Cuándo? ¿Ahora? ¿Por qué, Raúl?

-Es que… quiero follarte, necesito follarte ¡prima!

-¿Pero qué dices? ¡No!

-Me he quedado con las ganas. ¡Y sé que a ti te gustaría!

-No, no. Aunque no lo creas, soy fiel a mi esposo. De alguna manera.

-¡Pero si te has pasado la tarde con esos hombres! ¡Desnuda! Dejando que…

-¡Es parte de mi trabajo!

-He visto cómo te ha gustado.

-No lo creas, he simulado, es solo una interpretación.

-¿Pero qué dices? ¡Todo ese flujo y las eyaculaciones vaginales no se pueden simular!

-Eso no es cosa tuya. Adiós, Raúl.

-De adiós nada. Espera. Mira, te voy a pagar, lo que me pidas.

-Debo ir a mi casa. Me espera mi familia.

-Pues iré contigo y explicaré lo que he visto, lo que haces.

-No te atreverás.

-Si no dejas que te folle, sí lo haré.

-¡Nunca pensé que fueras tan mala persona!

-¡Ni yo que tú seas tan puta!

Le doy una buena bofetada, sin pensarlo.

-Oh, lo siento, Raúl.

-No, me he pasado, Julita. Perdona.

-Va, olvidemos todo. Debo marcharme a casa.

-Sí, lo comprendo. A ver, mira, cuando tanga algo de dinero, tú y yo…

-¡Es que eres el primo de mi esposo!

-Te pagaré bien.

-No digas nada a la familia. Cuando puedas pagarlo, vienes a la farmacia. Es allí donde… bueno, ya sabes.

-Sí, de acuerdo ¡Hasta muy pronto, primita!

“Nos despedimos con un par de besos. Los días siguientes estaba nerviosa temiendo que Raúl le contara todo a mi esposo, pero no. Tampoco ha venido más a la farmacia. Desde esa tarde, solo nos hemos visto una vez, en una fiesta familiar. Él vino con su esposa y actuó como si nada. Y y también. Bueno, eso es todo. Y ahora, ya puede marcharse, don carpintero.

-Julia, es que lo que me ha contado, me ha puesto a cien. ¿No podría usted…?

-Nada, no podría nada. Mire, la próxima semana viene usted con el dinero y entonces, pues haremos lo que usted pueda pagar.

-¿Y por qué no un adelanto?

-De ninguna manera. Venga, va, que va a venir don Boscos y se va a enfadar. ¡Váyase!

-Así que mañana usted ni vendrá a trabajar.

-No, no. A ver, es cosa de mi jefe.

-¿Pero por qué no vendrá usted a la farmacia hasta el lunes?

-Bueno, oficialmente, voy a un congreso de farmacia desde mañana hasta el domingo.

-¡Ah!

-Eso es lo que he contado a mi marido. Mi esposo se disgustó, pero lo ha aceptado. Le sabe mal estar unos días sin mí, pobre. Y creo que le duele especialmente que no esté el sábado. Ya sabe, es el día que él…

-Sí, ya, es cuando… ¿pero es cierto que usted va a ir a un congreso de farmacia?

-Pues no. En realidad, bueno, uno de los caballeros, Pancracio, que se ve que es muy rico, pues… bueno, que me ha contratado durante cinco días. Él es a quien le hice la mamada.

-¿A sí? Pero…

-Él es un hombre divorciado. Y, bueno, le hace ilusión hacer un viaje conmigo. Como pareja.

-Oh, pues debe de pagar mucho dinero ¿no?

-¡Muchísimo! Aunque don Boscos se va a quedar un veinte por ciento. A ver, en cierta manera es lo justo, porque el se tendrá que hacer cargo de la farmacia. Me dijo que estos días iba a venir su mujer a ayudarlo.

-Entiendo. Ya me contará como ha ido el viaje.

-Supongo que irá bien. Pancracio se ve un buen hombre, un caballero. Y la verdad, tengo ganas de estar unos días fuera de casa, desconectar. Seguro que él querrá tener sexo conmigo. Me pidió algo muy especial: me dio un tapón anal, muy bonito, con un brillante, pero muy grueso, y me pidió que me lo insertara ya esta noche y no me lo quite hasta que lleguemos mañana al punto de destino. Yo nunca me he metido uno en el culo y no sé si me entrará ni si será muy incómodo. Pero no puedo negarme, él paga muchísimo dinero y todos los gastos del viaje, claro. Uy, mire, ahí viene el señor Lúquez. Debe usted marcharse, don carpintero.

Nos despedimos con dos besos. Cuando salgo oigo que Julia saluda al hombre que ha entrado:

-Señor Lúquez ¿qué tal? Oh, ¿estas flores son para mí? ¡Qué amable es usted siempre conmigo! El señor Boscos está a punto de llegar y podremos pasar enseguida a la salita. Mientras esperamos, yo me voy quitando las braguitas y el sostén. Me desabrocho algunos botones de la bata, para que usted pueda…

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