La amiga de mi hija: Final

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Valen seguía con sus pies casi sobre mi cintura; yo aprovechaba para darle masajes y caricias con la excusa de calentarlos. Mi verga, caliente y en estado de semierección, los rozaba con disimulo. Ella, tranquila, continuaba con su celular en la mano. Cuando se encendía la pantalla al llegar algún mensaje, la luz dejaba ver su entrepierna con una bombachita de color claro. En esa posición no podía ocultar mucho, pero la penumbra nocturna hacía que la situación fuera muy íntima.

—Valen, tengo miedo de que se despierte Agus. Voy a ver si sigue dormida.

—Estaba súper dormida, pero bueno, quizás ya se despierte y se asuste al no verme en el cuarto. Te acompaño.

Valen salió delante de mí. La oscuridad en el patio apenas era quebrada por la luz de la cocina.

—Guíame porque no veo nada —pidió, situándose delante de mí.

—Tranquila, yo te guío así no te chocas con nada —dije, tomándola desde atrás por la cintura.

La tomé de manera suave pero firme. Noté los bordes de su ropa interior en su cintura. Valen seguía caminando delante de mí sin problemas. Llegamos a la puerta de la cocina, se detuvo y casi me la llevo por delante; con mi cintura golpeé sus muslos y su cola.

—Perdón, me frenaste de golpe —dije.

—¡Jaja! No pasa nada, si sos un dulce —dijo Valen, sacando cola.

Entramos por fin. Fui a la habitación de mi hija, me asomé y vi que Agus dormía profundamente. Volví a la cocina; ahí estaba Valen con su inseparable celular.

—Pobre celular, no le das descanso —bromeé.

—Listo, se quedó sin batería, ya no jodo más —dijo Valen sonriendo.

—Bueno, te doy un beso y me voy a la cama —dije.

—Sí, yo igual —dijo acercándose a recibir mi beso.

Me acosté con la pija al palo. no podía dejar de pensar en el cuerpo de la amiga de mi hija: sus pies, sus piernas, esa cola, sus tetitas, su carita bonita. Empecé a masturbarme suavemente. Me desnudé por completo en la oscuridad de mi cuarto.

Al rato, con mi verga a full en mis manos, escuché la voz de Valen en la puerta de mi habitación.

—Perdón, espero no estés durmiendo. Estoy re molesta, pero no te pregunté dónde enchufo mi celular para cargarlo.

—Ya me levanto y te digo en la cocina dónde lo enchufas.

Me puse solo el bóxer, con la pija al palo, y me dirigí a la cocina. Con las luces apagadas, ahora me esperaba Valen con el celular y el cargador en la mano.

—Perdón, no estabas dormido por suerte, si no me muero. Perdón.

—No pasa nada, todavía no me dormía.

Me acerqué, tomé su celular y el cargador, y le indiqué dónde conectarlo en un enchufe sobre la mesada.

—Ese enchufe carga bien, no vas a tener problema.

—Gracias, sos un sol, yo re molesta —dijo mientras se apoyaba sobre la mesada para enchufar el teléfono.

Detrás de ella imaginaba, en la penumbra, sus piernas abiertas y esa colita divina en una colaless diminuta. Me acerqué por atrás mientras ella continuaba inclinada, mirando si el aparato comenzaba a cargar.

—Empezó a cargar, parece —pregunté muy cerca de ella, apoyando ahora mi pelvis en su cola y mirando sobre su espalda.

—Sí, sí, está cargando. Está bien enchufado, sí, parece —dijo mostrándome la pantalla.

Me apoyé más sobre su cola con mi verga erguida; mi bóxer apenas contenía mi erección. Ella seguía tranquila, arqueando más su cintura e invitándome a que la siguiera apoyando. La tomé por la cintura y acomodé mi verga entre sus cachetes.

—Sí, sí, lo tenés bien enchufado —dije presionando sobre su cola.

—Me parece que sí… ¿o querés probar vos de enchufármelo mejor todavía? —dijo.

—Está perfecto —respondí mientras subía lentamente su remera para dejar su bombachita al descubierto.

—Re bien enchufado, sí. Lo voy a dejar cargando toda la noche, total acá no creo que moleste.

—No molesta para nada. Tranquila, déjalo ahí.

—Sos un dulce, la hora que es y yo todavía molestando —dijo Valen mientras sacaba cola.

—Sí, es tarde, pero no es molestia. Estaba desvelado como vos.

Salimos de esa posición. Valen giró hacia mí y me abrazó; mi verga estaba a punto de explotar dentro de mi bóxer.

—Sí, sí, noté que estás desvelado —bromeó Valen, rozando mi miembro.

—Perdón, perdón, es que me levanté de golpe cuando me llamaste para cargar el celu y supongo que estaba así, casi durmiendo ya. Nos pasa a los hombres —dije.

—Sí, todo bien. Cuando miramos pelis en el sillón con papá casi siempre le pasa igual —dijo Valen con complicidad.

Me dio un beso en la mejilla, me abrazó fuerte y se fue al cuarto. Con la pija al palo fui al baño; dejé la puerta entreabierta para que pudiera escucharme. Me pajeé y enseguida comenzaron a brotar los chorros. Me dejó con las ganas, ya tendré una oportunidad, pensé mientras caían las últimas gotas.

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