La gerente de RH (6): Iniciando una relación enfermiza con mi jefa

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Me fui a casa, aun con el aroma de la entrepierna de la licenciada Georgina pegado a mi nariz. No sabía cómo sentirme. Me han pasado cosas ricas a lo largo de mi vida y de las cuales he escrito aquí, en mis relatos, pero ni siquiera hubiera pensado que esto me sucedería. He leído muchos relatos, pero parecen que solo relatan historias porno y siento que les falta erotismo, incluso de muchos llegue a pensar que ya estaban fantaseado demasiado, pero como dice el dicho, cada uno habla de la feria como le va en ella. Y ahora, justo ahora, me estaba empezando a ir de lujo en la feria.

Ni siquiera pude dormir. Llegué a casa y me metí a bañar con el pretexto de que me sentía muy engentado. No fue raro para mi mujer. Mientras me duchaba no dejaba de pensar en que seguía ahora. ¿Cómo ver a mi jefa? ¿Cómo comportarme con ella? ¿Cómo sería nuestra relación con todo esto?

Muchas preguntas, ninguna respuesta. Estaba en un dilema moral y es difícil que esto me suceda. Amaba a mi esposa con todo el corazón. Ya más de 10 años de matrimonio lo respaldaban, pero lo que ocurría con esta chica, con esta mujer más joven que yo y sobre todo, pareciera que con las mismas perversiones me estaba sobrepasando.

En casa el sexo era rico y frecuente, pero en general no variaba mucho. Cuando conocí a mi esposa, en una plática que tuvimos de fantasías y de que nos gustaría hacer o de aquello que nos daba curiosidad quise decirle la fascinación que siento por el aroma de la entrepierna de una mujer o de poder besarle los pies mientras la penetro o de intentar algún trio o algún juego de roles, pero no alcancé a llegar ni al principio de mis fantasías.

Ella me dijo que le gustaba todo sencillo, realmente nada fuera de lo común y pensaba que aquellas personas que son más liberales son porque no aman a su pareja. Para ser muy honesto le dije lo mismo (no quería que pensara mal de mi en ese momento) pero supe que no podría contarle nunca mis más oscuras fantasías. Pasó el tiempo y se fue apagando ese fuego lujurioso de experimentar… hasta ahora.

No sé si sea la adrenalina de lo nuevo, la expectativa de lo desconocido o la calentura por una mujer más Joven y de un cuerpo escultural con un rol de poder, pero lo que si se, es que me estaba perturbando.

Sali de bañarme y mi esposa ya estaba acostada, me acomodé junto a ella y le di su beso de buenas noches. Se quedó dormirá muy rápido. Me quedé cavilando y recordando por un par de horas. No supe a qué hora me quedé dormido, pero desperté antes de que sonara la alarma, para ser exacto 3 horas antes. Seguía aun ansioso así que me levanté, me puse un pants y me subí a hacer ejercicio a la azotea. Ya más tranquilo bajé a ducharme, me alisté para salir de casa.

Al llegar al paradero me logré sentar en el camión y después de unos 20 minutos de recorrido el transito se hizo caótico. Me metí al wase para ver la ruta y decía que había un accidente y que el tiempo de llegada a santa fe era de 70 minutos. Eso ya era después de mi hora de entrada.

Sin dudarlo le escribí a mi jefa, a su teléfono personal para reportarme con ella y de paso para ir sondeando en que línea llegar a la oficina. No me gustan las sorpresas.

-Hola licenciada, muy buen día, soy Hugo. Perdón que le escriba a su teléfono personal, estoy atorado en el tráfico y no avanza nada el camión, espero no tardar mucho en llegar, mil disculpas.

Le di enviar al mensaje y me quedé sosteniendo el teléfono por cualquier cosa. Pasaron unos minutos y nada, ninguna respuesta. Abría la app y parecía que no le habían llegado los mensajes. Cada 30 segundos desbloqueaba la pantalla para ver si había algo, pero nada. Ya estaba perdiendo la esperanza cuando sentí vibrar el teléfono y abrí de inmediato la notificación.

-Hola, señor Hugo, no se preocupe, lo entiendo. A veces así pasa pero qué bueno que me avisa, yo apenas voy saliendo de bañarme, quizá llegue un poco tarde también.

-Wow, quien pudiera estar ahí para versa justo saliendo de bañarse. – Me aventuré a decir. No sé porque sentí ganas de coquetear con ella, de hacerle ver como es que me traía.

-¿De verdad le gustaría? Ay don Hugo, que atrevido es. Me gusta que sea así.

No supe como interpretar su comentario, se escuchaba tan tierno y provocador al mismo tiempo que no contesté. Tenía el chat abierto cuando de pronto me llegó una foto. Estaba la licenciada Georgina sentada en su cama, con su toalla rodeándole el cuerpo, podía ver su pelo mojado escurriendo por su cuello, su rostro sin nada de maquillaje, totalmente perfecto. Una sonrisa angelical pero una mirada que inspiraba a dejar el pudor de lado.

-Pero por dios, que hermosa está jefa. Así natural es una musa para cualquier fantasía.

-Don Hugo, salió poeta también, jijiji. Que bueno que le guste, pero recuerde que todo esto es entre nosotros, nadie debe de enterarse jamás. Tenemos una imagen que cuidar.

-No se preocupe por eso licenciada es nuestro secreto.

-Quiero mostrarle algo. Espere un momento.

Estaba ansioso por ver que me iba a mandar. De reojo pude darme cuenta de que el señor de al lado de mi asiento iba muy pendiente de mi conversación y sobre todo de la imagen que estaba en mi pantalla.

Por un momento sentí enojo de que fuera fisgoneando mi teléfono pero al mismo tiempo sentí ese morbo de que también mirara el culazo que me estaba comiendo, (falsa soberbia masculina, esa innecesaria necesidad de demostrar superioridad sobre otros machos) pero de cualquier manera no tape el teléfono ni hice nada. Lo deje así, seguía admirando la foto hasta que llegó la siguiente notificación. Era un pequeño video de apenas 10 segundos. 10 lujuriosos segundos donde se veía ella, aun envuelta en la toalla, pero con su tanga del día anterior en la mano. Estaba la imagen muy cerca. Ella no dejaba de mirar hacia la cámara, como si me estuviera mirando directo a los ojos.

Llevó su tanga a la altura de su nariz y la olió profundo, para después sacar su lengua y recorrer ese pedazo de tela embarrado de mi semen y sus jugos. De verlo se me puso el pene durísimo. No pude evitar la erección inmediata. Voltee de reojo y el señor que estaba hipnotizado en mi pantalla se giró de inmediato, haciéndose el disimulado. Respiré hondo, levanté la mirada y me di cuenta que el camión ya había avanzado. No me percaté en qué momento se hizo fluido el tránsito vehicular. Estaba mas que excitado.

-Pero mi jefa tan preciosa, que excitante es verla comiendo esa lechita, pero ya ha de estar seca, ¿no le gustaría tenerla más fresca el día de hoy?

-Sabe delicioso, a este paso voy a querer mi dosis todos los días. Pero recuerde que usted está para hacer lo que le pida, como se pida y cuando se lo pida. ¿sigue estando de acuerdo?

-¿Dónde firmo? Pero por supuesto mi licenciada.

-Vale, muy bien. Pues vaya con cuidado, lo veo mas tarde.

-Con cuidado licenciada.

Apagué la pantalla y guardé el celular. Estaba demasiado ansioso como para distraerme en cualquier otra cosa. Ya estaba como a 15 minutos de bajarme del camión. Decidí cerrar los ojos y enfocarme en mis pensamientos. Por un momento me llegó la culpa, ese golpe de conciencia de todo lo que estaba arriesgando por tan poco. En perspectiva esta aventura era demasiado excitante pero inmensamente efímera. Estaba al contentillo de mi jefa. Esto se podría acabar en cualquier momento.

Me llegó a pasar cuando tuve sexo con algunas lectoras. Después del golpe de euforia todo se enfría y se acaba. Ellas buscan algo mas en otros lados y la rueda sigue girando. Esto me daba aún más incertidumbre. Esto no era algo de una vez. A esta mujer la veía diario, todo el día y era totalmente diferente a lo que había vivido en otras ocasiones.

Vi la hora, ya iba 20 minutos retrasado y apenas iba a bajar del camión. Tan luego bajé, salí corriendo rumbo a la oficina. Llegué y vi que todo estaba normal. Para mi buena suerte aun no llegaba mi jefa. Me senté de inmediato en mi lugar, aun con la frente sudorosa de la carrera, pero ya listo. Me acomodé lo mejor posible, tratando de estar lo mas presentable que se pudiera.

Le mandé mensaje a la licenciada para decirle que ya estaba en la oficina. Nuevamente no contestó.

A los pocos minutos se abrió el elevador y salió ella. Hoy traía una coleta nada más, una blusa color negro con un escote bastante ajustado. Parecía incluso como si fuera corset. Una falda entubada negra que llegaba debajo de sus rodillas, unas zapatillas de tacón de aguja, bastante altas que le hacían lucir aún más sus deliciosas piernas.

Me quede mirándola, mis ojos estaban fijos en los de ella. Pude captar a la distancia su perfume, esa fragancia que embriagaba mis sentidos. Respire muy profundo y todo parecía detenerse, como si el tiempo se pusiera en pausa con esa imagen.

Ella sonrió y me guiño el ojo.

-Buenos días, mi querido señor Hugo. Voy a mi oficina, le podría encargar si me lleva un café por favor.

-Hola licenciada, muy buen día para usted también, claro que si, en seguida se lo llevo.

La fui siguiendo por las cámaras hasta verla entrar a su oficina. Realizó su ritual de siempre. Cuando ya la vi acomodada y revisando sus correos, me dispuse a ir al comedor para prepararle su café. De camino hacia su oficina pude darme cuenta de que las chicas que se sientan regularmente en los cubículos cercanos a la oficina de la jefa no se encontraban. No recordaba que hoy tenían capacitación de brigadas. Eso quería decir que esa ala de la oficina estaría sola.

Toqué la puerta, con una seña me indicó que podía entrar a su oficina. Entré, cerré la puerta, le deje el café en su escritorio. Me quede mirándola.

-Siéntese señor Hugo.

-Si jefa.

-Dígame, cuanto personal hay hoy en la oficina.

-Hoy solo se encuentra la señora de limpieza, los de contabilidad y dos chicas de ventas. El demás personal se fue a capacitación de brigadas licenciada.

-¿y cree usted que alguien se acerque por aquí ahorita?

-Francamente no. Los de contabilidad están en su lugar, en junta de cierre de mes y por lo que supe, son juntas muy largas. La señora de limpieza está terminando la recepción y procura no acercarse para acá nunca y las de ventas no tardan en irse.

-Que eficiente. Ya conoce todo el movimiento de la oficina.

Se me quedó mirando y la vi tomar una pluma como para apuntar en su agenda, pero la tiro debajo del escritorio.

-Por favor, agáchese y páseme la pluma por favor. Con esta falda me es difícil agacharme.

-Claro que sí licenciada.

Ella se reclino por completo en su silla, me agaché e hice ambas sillas frente a su lugar a un lado. Puse ambas rodillas en el piso y me fui por debajo del escritorio, mi mirada estaba ya en esos pies tan deliciosos, en esas pantorrillas perfectamente delineadas. La pluma estaba justo entre ambos tacones. Me acerque aún mas y en ese momento ella abrió las piernas, pero como la falda estaba algo ajustada, con ambas manos la recorrió hacia arriba para que sus piernas pudieran abrirse libremente. Para mi sorpresa no traía ropa interior. Comencé a sudar, tenía mi cabeza justo en medio de sus rodillas.

Mi mirada se clavó fijamente en esos labios tan bien formados, completamente depilada. Toda su piel olía delicioso. Tomé la pluma con una mano y le dije

-Ya la encontré licenciada.

-Está bien, guárdela en su camisa. Quiero que avance un poco más. Acerque su cara, ¿le gusta lo que ve?

-Se ve deliciosa licenciada. Se antoja besarla.

-Aun no, solo acerque su nariz, quiero sentir como recorre todos mis labios con su nariz.

Obedecí, avancé un paso más y mi cara fue quedando mas y mas cerca de su vagina hasta que la punta de mi nariz topó con sus labios. Respiré profundo, bajé lo más que pude, como si buscara su culo, solo llegué al borde de sus nalgas. Seguí recorriendo de nuevo hacia arriba hasta llegar al monte de venus, no me podía contener. Deseaba tanto probarla. Ya la verga me dolía del esfuerzo que hacía contra el pantalón. Quería romperlo, escapar por la bragueta y penetrar a esta deliciosa mujer.

Yo seguía en mi labor olfativa cuando vi que sus manos bajaron a la altura de sus ingles, comenzaron a rosas los bordes de sus labios y con amplia destreza abrió esos labios dejando escapar un aroma que saturó mis pulmones de inmediato. Respiré aún más profundo y dejé que la punta de mi nariz tocara su clítoris. Por instinto saque la punta de la lengua y la pase solo por encima de la vulva, escuche un pequeño gemido y acto seguido me sujetó de la cabeza fuertemente pegando mi boca a su vagina. Me abracé de sus piernas y dejé que mi lengua viajara libremente por ese campo de deseo y placer.

Toda mi barba se estaba llenando de sus fluidos y de ese elixir que fluía de su intimidad. Sentía en mi lengua como estada durito su clítoris. Conforme avanzaba ella presionaba aún más mi cabeza contra su pelvis. Le abrí bien las piernas y llevé un dedo hacia la entrada del paraíso, empecé acariciando sus labios mientras mi boca seguía deleitándose con su clítoris. Después de unos minutos, decidí empezar a meterlo lento pero constante. Entró hasta el fondo, ella no me dijo nada. Empecé a penetrarla con los dedos mientras la masturbaba con mi boca. Realmente fueron solo unos minutos, pero para mí fue como una eternidad.

Sin avisar y sin darme tiempo de nada me aventó un chorro prominente que lleno mi boca, sin dudarlo me lo pase todo y pegué toda mi boca para beber de ella, para llenarme por completo de su miel. Mi lengua no dejaba de moverse frenéticamente sobre su clítoris, sus piernas temblaban, jadeábamos. Las rodillas me dolían, el cuello también, pero me sentía mas que excitado. Sentía una descarga de energía que me vigorizaba por completo. Ella me apartó y me pidió sentarme.

Tome asiento frente a ella mientras volvíamos a la realidad. Yo seguía respirando profundo mientras ella se acomodó la falda, tomó papel de su bolsa y se secó su entrepierna. Se asomó para ver si nadie nos había espiado y me dijo que tenía que irme a mi lugar. Que nos veíamos para la comida.

Sali de su oficina aun con la barba mojada, oliendo a su sexo. No quería perder ese aroma, pero no podía estar así en la oficina. Fui al baño a lavarme y estar listo para la hora de comida. Para todo aquello que me pidiera mi jefa.

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