La magia de fornicar en “luna de miel”: Imitando el arte de la vida felina (1/8)

1
345
T. Lectura: 3 min.

Voy a relatar la historia de una noche de pasión desmedida. Lo haré en ocho partes cuyos subtítulos son: el primero la que leerán a continuación:

“Imitando el arte de la vida felina”, narra el momento de cómo “rompimos el hielo” con una breve plática de la teoría de la degustación sexual.

“La vida erótica del campesino”, narra que la tierra es el cuerpo de la mujer, un espacio de nutrición y vida que espera ser “trabajada” ser arada preparada y penetrada y finalmente sembrada de semen.

“Aprendiz de fotógrafa”, es la historia de cómo la mujer aprendió a tomar fotos eróticas de su hombre.

“El arte de desnudarse”, ella se desnuda frente a la cámara para deleite del fotógrafo.

“Arar y surcar su desnudo cuerpo…” es el relato de cómo su hombre, imita al campesino prepara el cuerpo de ella para arar y sembrarla, digo penetrarla.

“Sembrar en su surco”, narra el acto sexual de penetración vaginal

“Degustar la flor de maíz”, relata la forma en que fue sometida al cunnilingus hasta el orgasmo.

“Despedida e intercambio de recuerdos”, finalmente es el relato de despedida y el descubrimiento entre ambos, ser afines a una fantasía: el fetichismo.

Así que va el primero de los relatos:

Imitando el arte de vida felina:

El tercer encuentro sexual con mi amiga Yamileth ocurrió a finales de la primavera de luna llena en una cabaña campestre ubicada en un bosque de la sierra madre sur de México. Nos preparamos para permanecer un fin de semana desconectados de la rutina diaria y disfrutar de la sexualidad con las comodidades que nos ofrecía el refugio rústico e íntimo.

La cabaña de amplio espacio, sala alfombrada con chimenea, techos altos con vigas de madera, una gran habitación con acabados rústicos de amplias ventanas con vista al entorno natural fue elegida para ser nuestro “nido sexual”. Una vez que nos instalamos, salimos a recorrer los senderos privados del bosque y vegetación natural.

Frente al conjunto habitacional se encontraba una gran milpa. Yamileth abrazo un árbol de pino, no me resistí a tomar una foto con mi cámara digital Canon Rebel, y es que, como dije en la anterior narración, soy aficionado a la fotografía. A mi amiga le gustó la idea de registrar nuestro paseo y empezó a modelar junto a los árboles y luego se tumbó al suelo tapizado de hojarasca, me invitó hacer lo mismo y me arrebató la cámara y empezó a tomarme fotos. Fue allí donde inició el primer beso apasionado, abrazados en el piso, jugueteamos a besos un rato y procedimos a regresar a la cabaña.

La chimenea ya estaba encendida, un pequeño fuego a base de leña iluminaba el espacio interior y en la mesa snacks servicio de frutas secas y una botella de mezcal (destilado tradicional mexicano elaborado del corazón del maguey -agave- cocido. Su nombre proviene del náhuatl mexcalli, que significa “maguey cocido”). Serví las copas de la bebida, una para ella y otra para mí. Agarré mi copa, ella hizo lo mismo. A manera del rito de brindis romántico, me dirigí a mi amiga Yamileth:

Esta noche voy a devorarte. Pero antes vamos a jugar una actividad lúdica inspirada en la “filosofía felina”. Voy a estimular mi instinto explotador natural para saber quien soy y quien eres en el sexo, y esto consiste en que primero voy a observar, oler, degustar, oír y tocar cada rincón de tu cuerpo y finalmente te llevare a la cima del placer a la explosión cósmica en nuestros cuerpos. Y como dijiste esta vez me toca, te guiaré y harás lo que te vaya indicando con mis movimientos, o mejor dicho actuaremos “a tientas” para llegar a la cima de nuestra “luna de miel”. Ella asintió con una sonrisa de complicidad. Habíamos entablado la confianza y sintonía emocional. Estábamos conectados.

Arrimé la copa a mi nariz para apreciar el aroma del agave. Le di un sorbo, el líquido cubrió toda mi boca y lengua, así dejé reposar el trago unos segundos. Cerré mi boca, lo mismo hicieron mis ojos. Al tragar, expulsé el aire por la nariz. Mi cerebro construye mil imágenes pues asoció el aroma del agave con el “trasudado vaginal” (fluido fisiológico claro y acuoso que emana la vagina durante la excitación). Le dije a ella: mi mente está imaginando el aroma del agave y me conduce a la fragancia de tu vagina. Un suspiro sensual y suave fue su respuesta. Estaba despertando su deseo y el mío.

Ella bebió su mezcal, repitiendo lo que yo había hecho. Aun con la fragancia de ese elixir en nuestra boca, sellamos el inicio de nuestro encuentro sexual con un prolongado beso suave que nos relajó pero aumentó la frecuencia cardiaca. Nos acomodamos en el suelo sobre los cojines en posición de piernas cruzadas mirándonos de frente.

Continuará con el relato dos: “La vida erótica del campesino”.

Loading

1 COMENTARIO

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí