La primera vez de Leia (una historia de Star Wars) (2)

1
879
T. Lectura: 8 min.

Este es un fanfic erótico sin fines de lucro. Star Wars y todos sus personajes pertenecen a George Lucas, Lucasfilm y The Walt Disney Company. Esta historia es puramente ficticia y no representa la visión oficial de la saga. Se trata de una fantasía adulta creada por una fan para fans.

Todos los derechos de los personajes y el universo pertenecen a sus respectivos dueños. Solo los eventos y descripciones explícitas de esta historia son creación mía.

May the force be with you….

Sentí una presión intensa, ardiente y dolorosa en mi entrada. Mi cuerpo se tensó, resistiéndose. Solté un gemido agudo cuando la gruesa cabeza de su verga forzó la abertura, rompiendo lentamente mi virginidad. Un dolor punzante y profundo me atravesó el vientre como un hierro caliente.

—¡Ahh! —grité, clavando las uñas con fuerza en sus hombros—. ¡Duele! ¡Lando, para… duele mucho!

Él no se detuvo. Siguió empujando centímetro a centímetro, abriéndome sin piedad. Podía sentir cada vena de su grosor raspando mis paredes internas apretadísimas. Un hilo caliente de sangre virgen bajó por mi muslo interno, mezclándose con mis fluidos y goteando sobre mi vientre desnudo.

—Qué panocha tan apretada y caliente —gruñó contra mi cuello, la voz temblorosa de placer—. Me estás estrangulando, Leia… tan virgen… tan mojada a pesar del dolor.

Cuando finalmente se enterró hasta el fondo con una última embestida fuerte, solté un gemido largo y tembloroso. Estaba completamente llena. Sentía su verga palpitando dentro de mí, ocupando cada centímetro. El dolor palpitaba con fuerza, pero debajo de él crecía un placer oscuro, intenso y prohibido que me llenaba de vergüenza y terror.

Lando se quedó quieto un momento, disfrutando la sensación, y susurró contra mis labios:

—Listo… Ya no eres virgen, princesa. Ahora eres mía.

Mi mente era un torbellino de culpa, rabia y autodesprecio. Han… perdóname. Acabo de traicionarte.

Pero mi cuerpo… mi cuerpo temblaba alrededor de su verga, contrayéndose involuntariamente, succionándolo más profundo.

ando se quedó enterrado hasta el fondo dentro de mí, respirando pesadamente contra mi cuello. Sentía su verga palpitando, gruesa y caliente, estirándome al límite. El dolor seguía allí, punzante y profundo en mi vientre, pero algo más empezaba a crecer debajo de él: un calor líquido, traicionero, que se extendía por toda mi pelvis.

—Respira, princesa… —susurró con voz ronca, casi burlona—. Ya estás cogida. Ahora disfrútalo.

Empezó a moverse. Lentamente al principio. Salió casi por completo y volvió a entrar con una embestida controlada pero profunda. Un gemido ahogado escapó de mi garganta. El dolor seguía presente, pero cada vez que entraba, algo dentro de mí se encendía. Mis paredes internas se contraían alrededor de su grosor, succionándolo, como si mi propio cuerpo lo estuviera abrazando.

No… no puedo estar sintiendo esto. Esto es una traición. Han está a unos pasillos de aquí…

Pero mi cuerpo no escuchaba. Mis caderas empezaron a moverse apenas, respondiendo a sus embestidas. La humedad era abundante; podía oír el sonido húmedo y obsceno cada vez que entraba y salía de mí. Mis jugos y la sangre virgen se mezclaban y chorreaban por mis muslos internos.

Lando aceleró el ritmo, cogiéndome con más fuerza contra la pared. Cada embestida hacía que mis pechos desnudos rebotaran y que mi vientre se contrajera visiblemente. Sus manos agarraron mis caderas con fuerza, clavando los dedos en mi carne.

—Mira cómo te estás mojando, zorra —gruñó contra mi oído, su voz baja y degradante—. Tu panocha virgen ya me está tragando entero. Tan apretada… tan caliente. Han nunca te cogió y yo ya te estoy abriendo como una puta barata.

Sus palabras me humillaron profundamente, pero solo consiguieron que me mojara más. Sentí cómo mis paredes se contraían con fuerza alrededor de su verga.

—No… no digas eso… —gemí, pero mi voz salió entrecortada, casi suplicante.

Lando soltó una risa baja y me levantó la otra pierna, sosteniéndome completamente en el aire, empalada en su verga. La nueva posición lo metió aún más profundo. Grité. El placer empezó a ganar terreno al dolor de forma brutal.

Empezó a cogerme con más fuerza, golpeando contra mí con un ritmo constante y profundo. Cada embestida hacía que su pelvis chocara contra mi clítoris hinchado. El placer se acumulaba rápido, demasiado rápido. Sentía un nudo caliente y tenso formándose en mi bajo vientre.

—Lando… espera… algo está… —jadeé, aterrorizada por lo que sentía venir.

—Vamos, princesa. Córrete en mi verga. Quiero sentir cómo tu panocha virgen me aprieta cuando te corras por primera vez.

No pude resistirlo más.

El orgasmo me golpeó como una explosión. Una oleada brutal de placer me atravesó el cuerpo entero. Mis paredes internas se contrajeron violentamente alrededor de su verga, una y otra vez, en espasmos rítmicos y poderosos. Un chorro caliente de mis jugos salió disparado, empapando su verga y chorreando por mis muslos y su uniforme. Mi espalda se arqueó contra la pared, mis pechos presionándose contra su pecho, y solté un grito largo y ahogado que intenté morder en su hombro.

Mi mente se quedó en blanco por unos segundos. Solo existía el placer devastador, las contracciones internas, el calor que me recorría en oleadas, y la vergüenza profunda de estar corriéndome tan fuerte mientras traicionaba a Han.

Lando no se detuvo. Siguió cogiéndome a través de mi orgasmo, prolongándolo, haciendo que mi cuerpo temblara y convulsionara en sus brazos.

—Buena puta… —gruñó satisfecho—. Mira cómo chorreas. Tu cuerpo ya sabe a quién pertenece ahora.

Todavía temblando, con lágrimas corriendo por mis mejillas y mi vagina contrayéndose alrededor de él, solo pude gemir débilmente mientras el placer seguía sacudiéndome en réplicas.

Lando no me dio respiro.

Apenas terminé de convulsionar alrededor de su verga, aún con las réplicas de mi primer orgasmo sacudiéndome el cuerpo, él ajustó su agarre en mis muslos y empezó a cogerme con más fuerza. Profundo. Brutal. El sonido húmedo y obsceno de su verga entrando y saliendo de mi vagina empapada resonaba en la pequeña antesala.

—Una vez no es suficiente, princesa —gruñó contra mi oído, su voz ronca y posesiva—. Ahora que ya te abrí, voy a usarte como la puta que estás descubriendo que eres.

Mis piernas temblaban colgando en el aire, sostenidas solo por sus manos fuertes. Cada embestida hacía que mi espalda golpeara la pared de piedra fría, contrastando con el calor ardiente de su cuerpo contra el mío. Mis pechos desnudos rebotaban con fuerza, los pezones duros y sensibles rozando contra su uniforme. Mi vientre se contraía visiblemente con cada golpe profundo.

Esto es una locura… estoy traicionando a Han… esto es asqueroso… pero por qué no puedo parar de…

—No… Lando… por favor… ya me corrí… —jadeé débilmente, pero mi voz se quebró en un gemido cuando él cambió el ángulo y empezó a golpear un punto especialmente sensible dentro de mí.

—Calla, zorra. Siente cómo tu panocha me aprieta. Ya no eres la princesa pura, líder de la Rebelión. Eres un agujero caliente que chorrea para mí.

Sus palabras me humillaron profundamente… y mi cuerpo respondió con traición absoluta. Sentí cómo otro orgasmo se empezaba a formar, más rápido y más intenso que el anterior. Mis paredes internas se contraían rítmicamente alrededor de su verga gruesa, succionándolo, ordeñándolo.

Lando debió notarlo, porque sonrió con crueldad y aceleró el ritmo, cogiéndome como un animal.

—Córrete otra vez, muñeca. Quiero sentir cómo me exprimes la verga con esa panocha virgen recién estrenada.

No pude resistirlo.

El segundo orgasmo fue aún más violento. Una ola de placer cegador me atravesó desde el centro de mi vientre hasta la punta de los dedos de los pies. Mis paredes internas se contrajeron con fuerza brutal, espasmos rápidos y profundos que apretaban su verga sin control. Un chorro caliente de mis jugos salió disparado, empapando su uniforme y chorreando hasta el suelo. Mi cabeza cayó hacia atrás contra la pared, la boca abierta en un grito silencioso que terminó convirtiéndose en un gemido largo y roto.

Todo mi cuerpo convulsionaba. Mis muslos temblaban sin control. Sentía mis jugos corriendo por mis piernas, mezclados con los restos de mi sangre virgen.

Pero Lando seguía cogiéndome sin piedad, prolongando el orgasmo hasta que pensé que me iba a desmayar.

—Esa es mi puta… —gruñó, tirando de mi cabello para obligarme a mirarlo—. Mira cómo te estás corriendo como una perra en celo. Dos veces ya. ¿Qué diría Han si te viera así?

La humillación fue como combustible. El tercer orgasmo llegó casi sin aviso, más corto, pero más intenso. Mi visión se nubló. Solo sentía contracciones violentas, placer puro que borraba cualquier pensamiento racional, y el sonido constante y mojado de su verga destrozándome por dentro.

Para cuando terminó el tercero, yo ya estaba llorando abiertamente. Lágrimas de placer, vergüenza y agotamiento corrían por mis mejillas. Mi cabello estaba pegado a mi cara por el sudor. La parte superior del traje de Boushh seguía arrugada alrededor de mi cintura, mis pechos enrojecidos y marcados por sus manos y su boca.

Lando redujo un poco la velocidad, pero siguió moviéndose dentro de mí, disfrutando cada contracción de mi vagina agotada.

—Mírate… —susurró con satisfacción oscura—. La gran Princesa Leia Organa, convertida en un simple agujero para coger. ¿Cuántos orgasmos más vas a darme antes de que te llene?

Lando me cogía con un ritmo implacable, sosteniéndome en el aire como si no pesara nada. Mis piernas colgaban flojas a los lados de sus caderas, temblando sin control. El traje de Boushh seguía hecho un desastre alrededor de mi cintura: la túnica superior arrugada y abierta, el ancho cinturón de cuero clavándose en mi piel sudorosa, la parte inferior bajada y torcida, dejando mi vagina completamente expuesta y usada.

Sentía cada embestida como un golpe profundo que me llegaba hasta el vientre. Mi interior estaba hinchado, sensible y empapado. Cada vez que entraba hasta el fondo, un sonido húmedo y obsceno resonaba entre nosotros.

—Lando… ya no puedo más… —gemí débilmente, la voz rota por los orgasmos anteriores.

Pero mi cuerpo seguía traicionándome. Mis paredes internas se contraían alrededor de su verga gruesa con cada embestida, succionándolo, ordeñándolo como si no quisiera dejarlo salir nunca.

Él soltó una risa baja y oscura, tirando de mi cabello para obligarme a mirarlo a los ojos.

—Mírate, puta. La princesa rebelde convertida en un simple agujero chorreante. Tres veces te has corrido en mi verga y todavía aprietas como si quisieras más. ¿Esto es lo que necesitabas, verdad? Que alguien te usara de verdad.

Sus palabras me humillaron hasta el alma… y provocaron otro espasmo fuerte dentro de mí. Gemí alto, casi sollozando, mientras un cuarto orgasmo más pequeño pero intenso me recorría el cuerpo. Mis jugos chorrearon de nuevo, bajando por sus bolas y goteando al suelo.

Lando aceleró bruscamente, cogiéndome con fuerza salvaje. Sus embestidas se volvieron más cortas, más profundas, más brutales. Podía sentir su verga hinchándose aún más dentro de mí.

—Voy a correrme, princesa —gruñó contra mi boca—. Y te voy a llenar como la zorra que eres.

Intenté negarme, pero solo salió un gemido roto. Mis uñas se clavaron en su espalda mientras sentía cómo su verga palpitaba violentamente.

Con un gruñido gutural, Lando se enterró hasta el fondo y explotó.

El primer chorro fue tan abundante y caliente que lo sentí como un golpe dentro de mi útero. Luego vino otro, y otro. Chorros gruesos y potentes de semen inundaron mi interior, llenándome por completo. Era tanto que empezó a salir alrededor de su verga, mezclándose con mis jugos y la sangre virgen, chorreando por mis muslos y goteando al suelo.

No se conformó con eso.

De repente salió de mí con un sonido húmedo y me bajó bruscamente al suelo. Mis piernas temblaban tanto que casi me caigo. Me empujó de rodillas frente a él.

—Boca abierta —ordenó.

Apenas tuve tiempo de reaccionar cuando me agarró del cabello y apuntó su verga todavía palpitante hacia mi cara. El segundo torrente salió disparado: gruesos hilos de semen caliente impactaron contra mi mejilla, mis labios, mi nariz y mi frente. Otro chorro cayó sobre mis pechos desnudos, resbalando por mis pezones y bajando hasta mi vientre. Sentí cómo me marcaba, cómo me cubría el rostro y el torso con su semen espeso y caliente.

Me quedé allí, de rodillas, temblando, con el traje de Boushh destrozado alrededor de la cintura, el rostro y los pechos cubiertos de semen, la vulva hinchada y chorreando una mezcla de sangre, mis jugos y su semen.

El silencio que siguió fue pesado. Solo se escuchaba mi respiración entrecortada y el goteo lento de sus fluidos cayendo al suelo.

Lando me miró desde arriba con una sonrisa satisfecha y oscura.

—Ahora sí… ya no eres virgen. Bienvenida a la realidad, princesa.

Me sentía degradada. Usada. Humillada. Y lo peor era que mi cuerpo todavía temblaba con pequeñas réplicas de placer.

El sonido de botas pesadas y gruñidos gamorreanos se acercaba por el pasillo.

Mi cuerpo seguía temblando sin control. Estaba de rodillas en el suelo sucio de la antesala, con el disfraz de Boushh completamente destrozado alrededor de mi cintura. Mis pechos desnudos subían y bajaban con respiraciones agitadas, cubiertos de gruesos hilos de semen que resbalaban lentamente por mis pezones y caían sobre mi vientre. Mi rostro ardía: sentía el semen caliente pegado en mi mejilla, en mis labios y goteando desde mi barbilla. Entre mis piernas, una mezcla espesa de sangre virgen, mis propios jugos y el semen de Lando chorreaba sin parar por la cara interna de mis muslos, formando un pequeño charco en el suelo.

Me sentía sucia. Usada. Destrozada.

¿Qué he hecho…? Han… Han está ciego y encerrado, y yo… yo acabo de dejar que Lando me coja. Me corrí para él. Varias veces. Como una puta.

Las lágrimas se mezclaron con el semen en mi rostro. La culpa era tan pesada que apenas podía respirar.

Lando se subió el pantalón con calma, ajustándose el uniforme de guardia como si nada hubiera pasado. Me miró desde arriba con esa sonrisa satisfecha y peligrosa.

—Recuerda, princesa… ahora ya no eres virgen. Jabba no te sacrificará tan fácilmente. Me debes una. —Se inclinó, pasó un dedo por mi mejilla recogiendo su propio semen y lo presionó contra mis labios—. Limpia bien antes de que entren.

Luego se puso el casco y salió por una puerta lateral sin mirar atrás.

Me quedé sola solo unos segundos. Intenté limpiarme desesperadamente con los restos de la túnica de Boushh, frotando mi rostro y pechos con la tela áspera. Pero era inútil. El olor a sexo, sudor y semen seguía impregnado en mi piel. Mi vagina palpitaba, hinchada y dolorida, chorreando todavía con cada pequeño movimiento.

La puerta principal se abrió de golpe.

Dos guardias gamorreanos entraron gruñendo. Me agarraron por los brazos sin miramientos y me levantaron. Apenas podía mantenerme en pie. Mis piernas temblaban violentamente. Sentí cómo más semen se escurría por mi muslo mientras me arrastraban fuera de la antesala.

Me llevaron a otra habitación. Allí me quitaron lo que quedaba del traje de Boushh sin ninguna delicadeza. Me bañaron rápidamente con agua fría que me hizo jadear, pero no fue suficiente para borrar las marcas. Luego me pusieron el famoso el traje de esclava dorado metálico. El metal frío rozó mis pezones aún sensibles y mis labios vaginales hinchado. La cadena dorada se cerró alrededor de mi cuello con un clic definitivo.

Mientras me arrastraban de vuelta hacia la sala del trono, solo podía pensar en una cosa:

Han nunca debe saberlo. Nunca.

Me empujaron al interior de la sala. Jabba soltó una risa gutural y babosa al verme. La cadena tiró de mi cuello y caí de rodillas a su lado.

Encadenada. Humillada. Convertida en su mascota.

Nadie sabía lo que acababa de pasar en esa antesala.

Nadie excepto Lando… y yo.

Y ese secreto ardía dentro de mí más que el semen que todavía sentía goteando lentamente entre mis piernas bajo el metal dorado.

Loading

1 COMENTARIO

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí