La propuesta de mi amigo (7)

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Hicimos el amor sin decirlo, pensando en lo que acababa de pasar, los mensajes con Martín. La cama era muy cómoda, el colchón era casi nuevo, de hecho hacia un par de meses había acompañado a Martín a comprarlo. Tenerla toda para mí, en cuatro bien abierta y por acabarse, me dio la idea para vengarme del por favor que me había hecho decirle.

Estando ella muy caliente, al borde de terminar, probé darle una cachetada en sus nalgas, a lo que ella respondió con una murmuración que no entendí, así que repetí la acción y puse más atención a escucharla, pero sólo entendí el mmmmh inicial.

-¿Qué murmurás?

-Dije qué rico.

-¿Te gusta entonces?

-Parece que sí.

-No me hagas el cuento que no te han dado nalgadas mientras te cogen.

-No es eso, es que hacerlo en la cama con el amigo de tu pareja y estar tan caliente para que te excite todo, no es algo que me pase siempre. Esto sí te aseguro que nunca le he hecho,

Le creí, y esta primera vez, me hacía sentir muy poderoso, así que aproveché el momento.

-Ahora te voy a dejar de coger, tenés razón, sos la pareja de mi amigo, no podés ser tan puta de dejarte coger y pegar en la cama donde en un rato te vas a acostar a dormir con él.

Si cuerpo pareció temblar, como si que yo le relatara, le pusiera en palabras toda la situación, le hubiese hecho darse cuenta de lo que estaba haciendo, y peor aún, que la excitara mucho más.

-Ay que divino, dame otra.

-¿Otra qué?

-Otra de esas cachetaditas.

-No, ya está, no seas tan trola.

El juego la estaba haciendo hervir por dentro, podía sentirle su temperatura cada vez que entraba en ella y parecía, que cada vez podía entrar más al fondo, porque ella se abría más y más.

-Dale, pegame.

-¿Querés que te pegue?

-Si, dale.

-Pedime por favor.

-Ah hijo de puta, te habías quedado con eso ¿No?

-¿Con qué? No entiendo. Me hice el desentendido mientras sonreí.

-Dale, pegame.

-Las palabras mágicas…

-por favor

-¿Qué? No te escuché, más fuerte.

Se rio y abriéndose toda para mí, dijo fuerte y claro.

-Por favor.

-¿Por favor qué?

-Por favor pegame.

-A ver si entiendo ¿En tu cama matrimonial, le estás pidiendo a tu amante, que es el mejor amigo de tu esposo que te pegue?

-Si

-¿Si qué?

-Si tenés razón, estoy desesperada, pegame otra ¡por favor!

El juego era muy excitante para los dos, así que ahí mismo bajé mi mano abierta sobre su nalga, pero la emoción no me permitió medir la fuerza y sonó más de lo que pensaba y dejó enseguida su piel roja.

-¡Ayyyy!

Le iba a pedir perdón enseguida, pero antes que dijera nada, su acabada fue hermosa. Como si se desarmara bajo mi cuerpo, como si una fuerza superior la venciera en cada parte de su cuerpo. Temblaba y se quejaba, fue un momento divino, sentirme creador de ese momento en ella .el hizo muy feliz y acabé también dejándome caer sobre su cuerpo, jadeando los dos.

-Gracias. Hacía mucho que no me acababa así, no manejé nada de mi cuerpo. Gracias.

-Gracias a vos, sos divina, me encantó.

Estuvimos en esa posición un par de minutos que me parecieron segundos, donde olí su cuello, su pelo, la besé suave atrás de la oreja, mientras la abrazaba y tocaba suave sus pezones, aún tensos de la excitación.

Pasado ese rato, sonriendo me dijo.

-¿Ahora si podemos hablar?

-Si, ahora sí.

Ella se dio vuelta, quedamos de frente y nos dimos un beso largo, nos habían faltado más besos, la excitación nos había ganado por mucho y a esa derrota nos habíamos entregado felices.

El celular de ella vibró.

-Ay no, tengo como 5 mensajes de Martín, me dice que lo llame, porque me llamó tres veces y yo no atendí.

-jaja qué pesado, decile que en un ratito lo llamás que habías dejado el teléfono lejos y que la charla con Gimena estaba muy interesante.

-Si, pará que ya lo llamo.

-Hola amor. ¿Qué pasó?

-Te estaba llamando amor, y te mandé mensajes. ¿Qué te pasó a vos?

-Nada amor, ¿Qué me va a pasar? Estábamos hablando con Gimena.

-Bueno sí, perdón, es que quería decirte que estoy cerca de casa y si ya había terminado la charla puedo ir por ahí, me quedé con ganas de cumplir tu pedido.

-¿Ahora?

Los ojos de ella se llenaron de preocupación, me miraba como preguntándome que le podía decir.

Yo sonreí y eso la puso más nerviosa.

-No sé amor, si querés le digo a Gimena que se vaya, pero me iba a bañar para esperarte e iba a comprar algo para la noche.

-No amor, no compres nada, después arreglamos lo de esta noche. Es que estoy cerca de casa, a unas seis cuadras y quiere verte.

-Bueno amor, Gimena ya se estaba yendo igual, esperame cinco minutos. ¿Sí? Yo te aviso.

-No amor, voy directo, es mi casa también, no pasa nada si ella está todavía. ¿O no la puedo ver?

-Si, si, tenés razón. Perdón, es que me cambiaste los planes y quedé en blanco.

-Dale voy para ahí, si llego y ella está le damos salida enseguida porque te repito, quiero cumplir tu pedido, me dejaste muy excitado.

-Bueno, te corto, porque así despido a Gimena. Besos amor.

-Bueno, besos, ya nos vemos.

Cuando cortó su cara era un poema.

-¿Qué hacemos? Martin viene para acá.

A mi si bien me había descolocado su cambio de planes, no me preocupaba de la misma manera que a ella, porque yo sabía que Martín lo hacía queriendo, aunque me molestó un poco si decisión, sería algo para hablar con él, en la noche.

-Bueno María, me quedo acá, sólo cuidá que no entre al cuarto de al lado.

-La puta madre, qué locura esto, estoy re nerviosa. Si se da cuenta es una cagada.

-Tranquila, que no se va a enterar de nada. Vos hacé como si fuera un día común y olvidate de mí. Me encantó. Después antes de dormir te mando mensaje para contarte lo que hablé con él, tranqui está todo bien y no va a pasar nada.

Agarré con ambas manos su cara y la acerqué para darle un beso. En ese momento se me ocurrió una idea, que me salió más del enojo hacia Martín por su cambio de planes, que por otra cosa.

Bajé el cierre de mi pantalón, ella al sentir el ruido abrió sus ojos en señal de no entender lo que quería.

-Limpiame, limpiame todo lo que me dejaste de tu acabada en mi pija, así cuando lo bese ahora le pasás todas las guampas por la boca. Así se deja de andar cambiando de planes ¿Te parece?

Se sonrió, ella también estaba molesta, no habíamos hablado aún, faltaba mucho para nuestro primer encuentro, y habíamos tenido que cortarlo.

Así que sin sacar su sonrisa bajó y comencé a sentir sus labios, su lengua y esas succiones que me confirmaban realmente, que quería llevarse todo a su boca. El ruido del auto y el ladrido del perro nos marcó el inicio de un nuevo momento.

Ella subió y yo me volví a vestir, nos abrazamos, pasé rápido al cuarto, le dije que si podía me iba, si no, esperaba que él saliera. Asintió y suspiró profundo. Me vio meterme bajo la cama, la larga frazada llegaba casi hasta el piso y eso me daba cierta tranquilidad. Terminé de acomodarme y la puerta sonó.

-¡Amooor, llegué!

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