Y le dio un abrazo, esta vez muy fuerte. Fernando sintió una emoción que nunca había experimentado a esa intensidad, el perfume de Sae, la suavidad de su piel y esta vez sintió su aliento en el costado de su cuello.
Despertó ese mostro de lujuria que estaba dentro de Fernando. Cuando se tomaba videos su gran ilusión era que alguna chica lo mirara y no pudo evitar pensar que si Sae veía los videos tendría que ver su erección, su verga, sus eyaculaciones lanzando chorros de leche. Eso en segundos lo emociono.
―Total, ella está insistiendo. Estoy seguro que en cuanto vea el primer video se pondrá a llorar y saldrá corriendo―pensó―.
Abrió la puerta e hizo una señal para que Sae pasara. Al mismo tiempo que prendió la luz.
―Te vuelvo a preguntar Sae ¿Estas segura de lo que vas hacer?
—¡Completamente segura! ―dijo Sae―.
―Está bien. Una cosa, bueno dos cosas, no te daré ningún archivo, si los quieres mirar será acá, y deja tu teléfono en esta mesa y te estaré vigilando, no quiero que esto salga fuera de aquí.
―Dijiste dos cosas y fueron cuatro ―dijo Sae en broma en lo que dejaba su teléfono y sonreía―.
―Ya se te borrara esa sonrisa cuando veas como le metía la verga a tu mamá―pensó―.
Fernando muy nervioso saco el USB de un cajón de su escritorio, encendió su laptop y conecto.
—¡Que sea lo que Dios quiera! ―dijo en voz alta―.
―Fer, no seas tan dramático―dijo Sae con una linda sonrisa―.
Nuevamente Fernando hizo una señal con la mano, casi una reverencia invitando a la chica a que se sentara. No pudo evitar abrir más los ojos cuando vio las nalgas de Sae descansar en la silla.
—¡Vomitara cuando vea como Alejandra se tragaba mi semen! ―volvió a pensar ya un poco sarcástico.
Fernando acomodo su sofá de tal manera que pudiera ver todos los movimientos de la chica, observándola desde la mitad de la sala. Sae rápidamente abrió el primer archivo de la lista, los segundos que duro al cargar el video le parecieron eternos, y empezó el festín digital.
Los ojos de Sae se quedaron fijos en la pantalla, en escena su madre en cuatro alzando a lo más sus nalgas y Fernando raspando su verga de siete pulgadas en la entrada del fundillo, las manos de su madre abrieron con fuerza el par de nalgas para facilitar la penetración. Fernando dejo ir casi la mitad de su polla.
—¡Ouch! Fer mi amor, métela toda de una vez.
Se escuchó la voz de Alejandra hasta donde Fernando estaba sentado. Por un momento pensó que Sae bajaría el volumen pero no lo hizo, lo dejo así.
Fernando esperaba que Sae cerrara la computadora y que saliera corriendo y llorando fuera del departamento. Espero varios minutos, pero no sucedía, por el contrario cada vez la veía más concentrada.
Sae, veía ya en otro archivo a su madre, dándole una rica mamada a Fer.
—¡Chupa Ale, es tuya!
—¿Solo mía? ―respondía ella―.
—¡Si mi amor, mi verga es solo tuya, cómetela toda puta!
Se escuchaba, en la habitación muy claro. Fernando se empezó a sentir incómodo.
—¡A que mi madre tan golosa! ¡Qué forma de mamar! ―pensaba Sae—¡Que verga la de Fer!
Y sus miradas se cruzaron por un instante. Fernando no vio ninguna reacción en Sae como él pensaba, sintió que necesitaba aire y abrió el ventanal y salió al balcón tomando una bocanada de aire.
A Sae le llamo la atención algo que vio, que tuvo que regresar el video. Fernando había eyaculado en las nalgas de Alejandra, luego con su misma verga le embarro el semen en todo el culo de su madre, vio que la polla de Fer siguió firme, Alejandra se volteó y tomó el pene y empezó a chupar, lo hizo por unos dos minutos y luego se recostó y pidió que Fer la penetrara, cosa que el hizo sin problema, su erección seguía.
—¿Estará editado o Fer es un gran follador? Su verga esta de muy buen tamaño además que la sabe usar muy bien ―pensó―.
Su mirada se tornó sensual.
—¡Me fascinan las pollas venudas!
La sangre de Sae empezó a hervir.
—¡Qué bien se folla a mi madre!
Sae, veía como su mamá se daba unos monumentales sentones sobre la polla de Fer, el movimiento de cintura de su madre era increíble, parecía una máquina y pudo mantener el ritmo durante un buen rato.
—¡Uy mamita como te la comes! Esa cualidad de mover las caderas no sabía que la tenía.
La expresión de la chica era seria pero por dentro estaba fascinada de lo que veía.
Las nalgas de Alejandra seguían subiendo y bajando sobre la verga de Fer que parecía un potente pistón, hasta que se escuchó el grito.
—¡Me vengo!
El cuerpo de Alejandra parecía que estuviera poseído, como si no tuviera control.
—¡Que orgasmo mamita! ―pensó Sae―.
La pepa de Sae, estaba ya escurrida, sintió lo pegajoso de su ropa interior. Volvió a cruzar su mirada con la de Fernando que ya había regresado a su sillón.
—¿Puedo ocupar tu baño?
―¡Claro!
Por un lado Fernando se sintió mejor, pues pensó que los videos causarían un shock en Sae pero la notaba muy tranquila. Se le dio por acercarse a la computadora y la chica había dejado en pausa, la imagen congelada Alejandra con la mitad del pepino en su vagina.
¿Cómo puede aguantar esta mujer ver todo eso? Se preguntó. Volvió a sentarse hasta que le llamo la atención que Sae se estaba tardando.
En el baño ella se masturbaba muy fuerte, se metía en su lubricada vagina sus dos dedos hasta donde más podía.
—¡Ah! ¡Qué rico!
Por un momento pensó.
—¿Y si cojo con Fer? No, debo controlarme, aun no es tiempo―tomo aire, se subió las bragas y salió del baño―.
Estuvo cerca de una hora más frente a la computadora. Vio de todo, a su madre siendo cogida por todos los agujeros, tragándose el semen, metiéndose todo tipo de cosas, haciendo tríos y siendo atravesada por el ano, vagina.
―Creo que es suficiente―dijo Sae —Ya es tarde. Te agradezco que me hayas ayudado.
—¿Esto te hará ver mal a Alejandra?―pregunto Fernando―.
—¡No! Amo a mi madre. Como dijiste, eran jóvenes y a esa edad son comunes las locuras.
Fernando llevo a Sae al estacionamiento de la plaza donde había dejado su camioneta. En el transcurso la veía de reojo y la chica se veía muy tranquila, aunque solo ella sabía que estaba toralmente escurrida y si por ella hubiera sido estaría cogiendo con Fernando por que le encanto su verga y sus erecciones, la forma que se cogía a su madre.
―Una pregunta Fer.
―Dime.
—¿Los videos están editados?
—No ¿Por qué?
―Solo preguntaba.
Se despidieron de manera relajada, quedaron de estar en contacto para saber cómo se desarrollaba lo de Alejandra. Fernando al regresar a su departamento, percibió todavía el perfume de Sae. Había quedado impresionado por el parecido con Alejandra. Al final fue excitante observar cómo veía los videos donde se follaba a su mamá.
Fer se tiró en la cama y empezó a imaginar que Sae estaba ahí, que con sus suaves y delicadas manos sacaba su verga y empezaba a mamarla.
—¡Así Sae, así!
Fernando se empezó a masturbar, pensó en el cuerpo de la chica, lo bonita que era, sus tetas hermosas, su culo, su piel firme y tersa.
—¡Ah! Sae.
Siguió pronunciando su nombre.
—¡Sae! Mi amor―y se masturbaba con furia―.
Tal vez para sacar la tensión, siguió dándole cuerda a su fantasía con la hija de Alejandra. Fue al baño sentía que no tardaba en venirse y no quería hacer un batido en su cama. Vio el retrete y pensó.
―Aquí puso sus nalgas Sae.
Estaba muy caliente que se hinco y empezó a raspar su verga en la tasa de baño.
—¡Aquí puso ese sabroso culo! ¡Mi Sae!
Y siguió con la masturbación fuerte hasta que se vino, eso lo relajo.
Estaba cansado, tomo un baño de agua tibia y luego a su cama, esas horas fueron muy agitadas. Soñó que Sae estaba junto a él, desnuda, mamándole la polla.
—¡Chupa mi verga! ―hablaba entre el sueño―.
Sae ya en su casa, desnuda antes de bañarse se masturbo.
—¡Fer, méteme tu verga! ―se imaginaba siendo penetrada así como lo hacía con su mamá—¡Métela!
Al día siguiente como a eso de las dos de la tarde sonó el teléfono de Fernando, estaba en el trabajo. El rostro se le ilumino pues vio que era Sae.
—¡Hola Fer!
—¡Hola Sae! ¿Cómo estás?
—¡Bien! Fíjate que anoche le platique a mi hermana lo de los videos, y no me cree. Quiere comprobarlo por ella misma. ¿Crees que nos puedas recibir hoy?
El deseo de ver a Sae nuevamente le hizo decir de inmediato que sí.
―A las siete de la noche estamos en tu departamento.
Fernando no vio ninguna afectación a Sae después de ver algunos de ellos. ¿Qué pasaría con su hermana? Le afectaría o tendría la misma reacción que Sae. Pero el hecho de ver de nuevo a la bella chica lo emociono.
Esa tarde se fue rápido del trabajo para ordenar su departamento. Poco antes de las siete llamaron a la puerta. Y ahí estaban las dos chicas, Sae y Valeria.
—¡Pasen!
Definitivamente Valeria superaba a Sae, su cuerpo era perfecto, su cabello claro y fino, al parecer se lo había teñido se le veía casi rubio, sus finos cabellos le llegaban hasta la mitad de la espalda. Sus ojos claros con sus cejas bien delineadas, su maquillaje era discreto, su piel delicada y blanca, labios delgados, nariz fina. Su cuello largo que parecía haber sido esculpido por un gran maestro del cincel, sus tetas se notaban a pesar de la sudadera ancha que traía, su pantalón de mezclilla ajustado dejaba ver unas piernas largas y bien torneadas, sus caderas el pantalón ajustado las hacia resaltar firmes y duras y sus pies ¡Sus pies eran una verdadera belleza!
Su calzado dejaba ver sus dedos y de la misma manera eran perfectos, muy bien cuidados con las uñas pintadas de blanco y su perfume era diferente y su aroma era mejor que el de Sae.
―Ella es Valeria mi hermana―.
Fernando quedo impresionado por la chica, la tomo de la mano para presentarse y era de una suavidad que no había sentido con ninguna chica en toda su vida. Parecía que él y ella se habían conocido desde hace mucho tiempo, sintió esa impresión.
Desde el primer momento quedo embelesado con esa linda chica la hija menor de Alejandra y que contrario a Sae no se parecía nada a ella.
Sae volteo hacia el escritorio, estaba impaciente por mostrarle a su hermana lo que había visto un día antes.
—¿Empezamos? ―dijo Sae―.
Fernando le acerco una silla a Valeria, la chica la acepto y tímidamente bajo la mirada.
Esta vez no les dijo nada sobre sus teléfonos, estaba más impresionado con Valeria.
—¡Que belleza de chica! Que ternura, parece una muñequita―se decía Fernando―.
Lo que si volvió hacer es poner su sillón para poder observarlas esta vez no tanto por si hicieran algo como copiar algún archivo si no más por ver sus reacciones, por el morbo. Sae y Valeria se acomodaron frente a la pantalla de la computadora.
Abrieron el primer archivo. Apareció Alejandra, la madre de ambas chicas, acostada en la cama de Fernando, con un liguero y pantis negras.
—¿Me veo puta? ―se escuchó la voz de Alejandra―.
—¡Te ves putisima!
Fernando recordó la vez que hicieron ese video.
—¡Quiero que me trates como a la peor de las putas!
Alejandra se había vestido como una corriente prostituta de esquina, toda de negro. Se tiro en la cama en lo que Fer enfocaba las dos cámaras, Alejandra se masturbaba, se metía sus dedos en su boca y volvía a agitar su vulva. Fernando desenfundo su polla y Alejandra rápido lo acomodo en la cama y se metió la erecta pija en la boca.
Fernando regreso de esos recuerdos y vio a las chicas concentradas mirando.
—¡Cógeme Fer! ¡Métela ya!
Se escuchaba como jodía la vagina de Alejandra.
—¿Te gusta así mi putita? ¿Te gusta mi verga?
A Alejandra le encantaba que Fernando le dijera así: mi puta, mi putita.
—¡Si mi amor! ¡Me encanta tu verga!
Alejandra gritaba, se escuchaba en toda la habitación. Fernando se preguntaba por qué no bajaban el volumen o acaso a las chicas les gustaba que fuera así.
—¿Eres mi puta? ¿Responde ramera?
Fernando recordaba bien.
—¡Qué tiempos aquellos! ―pensó―.
Sae y Valeria no perdían detalle.
—¡Responde puta!
—¡Si, soy tu puta! ¡Soy tu putota!
Valeria casi inmóvil observaba como su mamá era penetrada de una y otra forma, pero lo que más llamo su atención también a ella fue la polla de Fernando.
—¡Que verga se carga este señor! ―pensaba―Sus huevos son grandes, se ve que están cargados de leche. Y qué manera de mover su lengua, mi mamá ha de haber gozado como loca cuando le mamaba la pepa.
Levanto la mirada y topo con la mirada de Fernando, se miraron por unos segundos, Valeria se ruborizo y sintió que desde su rostro le recorrió un leve calor por todo su cuerpo.
—¡Coge mi culo Fer! ―escucho de su madre―.
Y Valeria vio como Alejandra paraba sus nalgas y recibía el acero templado y caliente de Fernando, que penetro su culo hasta el fondo, la tomo de la cadera y sin misericordia castigo el fundillo de Alejandra fuerte y duro. Luego alcanzo los cabellos y como si la madre de las chicas fuera una yegua desbocada jalo de ellos como si fueran las riendas empujando el cuerpo contra su verga dando fuertes golpes.
Sae pensaba.
—¡Que rico coge Fernando! Quiero, deseo, necesito, exijo, imploro que me meta su polla.
Miro a Valeria la cual observaba como Fernando metía y sacaba su verga del fundillo de su mamá. Suavemente Sae le dijo a su hermana.
―Quiero que veas algo.
Y Sae abrió un archivo, lo recorrió un poco y lo dejo correr. Alejandra hincada frente a la verga de Fernando esperando su leche, este se masturbaba y saltaron chorros en la boca de su madre la cual empezó a tragárselos, una vez que la dejo limpia de semen se recostó y Fernando sin perder la erección se la metió por la vagina y empezó a bombear suave y fue aumentando la velocidad hasta parecer un juguete con batería recién cargada.
Valeria se dio cuenta.
—¿Esta editado? ―dijo ―.
―Dice él que no. ¿Sera cierto?
Sae y Valeria muy despacio voltearon hasta que se miraron fijamente y Sae dijo.
―Lo quiero comprobar.
Valeria sonrió, el rostro del dulce angelito se convirtió en un angelito malévolo.
—¿Cómo? ―pregunto Valeria―.
―Espera y lo sabrás ―Respondió Sae―.
Fernando estaba con la mirada hacia el techo, centrado en el sonido del video y recordando.
―Ocupare tu baño―le dijo Sae―.
Fernando como que volvió en sí y asintió con la cabeza. Se enderezo en el sofá y quedo solo frente a Valeria. Sintió un raro escalofrió recorriéndole su cuerpo, miro a la chica, ella de inmediato sintió la mirada de Fer pero se resistió a alzar la mirada pues sabía que se verían a los ojos. Siguió sintiendo la mirada y Valeria no pudo soportar y levanto la cabeza y efectivamente ahí estaban los ojos de Fer chocando con los suyos, sus miradas se enredaron una con la otra y se quedaron uno, dos o tres segundos, ninguno supo cuántos.
Valeria volvió a la pantalla. Y Fer ahora él se puso muy nervioso, tanto que tuvo que ir al congelador por un poco de agua fría, pero había unas cervezas, destapo una y se la tomo de dos tragos.
Sae, sabía bien lo que hacía, en el baño se quitó sus bragas y las coloco en el lavabo, dejo entreabierta la puerta, bajo la tapa del retrete se levantó la falda y se sentó.
―Ahora es cosa de esperar unos minutos ―y empezó a acariciarse su vulva ya mojada―.
Fernando se tomó otra cerveza, y fue hacia el balcón, abrió la ventana y trato de tranquilizarse.
―Es la chica más bonita que he visto, es tan linda, tan bella, tan delicada.
Recordó unas palabras de su madre cuando le hablaba de su abuela: tu abuela era tan linda que decían que era una muñequita de porcelana.
—¡Valeria parece eso, una muñequita de porcelana!
Sacudió la cabeza y volvió a su sofá.
―Creo que es amor a primera vista―se dijo y sonrió para sí mismo―.
Sae aun no regresaba del baño, vio que Valeria seguía embobada con los videos de su madre. Pero en realidad Valeria buscaba los videos donde la verga de Fer se viera y luciera en todo su esplendor.
Fernando se puso de pie y quiso echar un vistazo a Sae, recorrió el pequeño pasillo hasta el baño y se asomó notando la puerta entre abierta y se acercó para preguntar si estaba bien o necesitaba algo pero vio las bragas sobre el lavabo, se detuvo.
Escucho unos suaves suspiros y jadeos, muy despacio se asomó un poco, y ahí estaba, Sae con las tetas de fuera masturbándose fuerte con los ojos cerrados. Simplemente Fernando no creyó lo que sus ojos veían, tanto que se pasó las manos en la cara y se refregó los ojos.
Volvió a mirar y si, Sae seguía frotando su clítoris. La mente de Fer se negaba a creerlo, tuvo que dar varios pasos hacia atrás dio la vuelta y regreso a la sala. Trato de ocultar lo alterado que estaba, vio a Valeria que seguía pegada a la pantalla de la computadora pero al sentir que había regresado lo miro, pero luego regreso la mirada al video.
Fernando regreso al baño, recorrió el pasillo despacio. Valeria al ver lo que pasaba con el maduro hombre empezó a reírse, lo hizo suave para que no la escuchara. Sabía que fuera lo que fuera era obra de Sae.
Fernando volvió a mirar, Sae con la mano derecha seguía masturbándose y con la otra cubría su boca para que no se escucharan sus gemidos. La verga de Fer despertó violentamente, su cuerpo, su mente fue invadido por esa emoción tan fuerte que era la lujuria.
Sae lo miro e hizo un gesto de sorpresa o más bien lo fingió y lo hizo muy bien.
—¡Ay perdón Fer! ¡Qué pena!
Se puso de pie, se acomodó la falda y pensaba salir, pero ya era demasiado tarde. Fer se puso en la puerta, ella se quedó inmóvil. Fernando tomo las bragas de Sae que estaban sobre el lavabo y despacio se lo llevo hasta el rostro, lo empezó a oler, tomo a Sae del hombro y la volvió a sentar sobre el retrete.
Sae no le quitaba la mirada, Fernando desenvolvió las bragas negras de Sae frente a ella, y con la punta de su lengua empezó a lamerla, lamia y la olía, luego se la coloco en el cuello.
Sae rápido bajo el zipper y busco lo que más deseaba, la verga de Fer. Con trabajos el saco pues estaba muy erecta, apenas y logro librar la bestia de carne y de inmediato se la llevo a su boca.
—¡Me encanta tu verga Fer!
—¡Chupa! ―dijo el hombre―.
Apenas una noche antes Fer había fantaseado con Sae, pensó que nunca sucedería algo así, y ahora la hermosa chica le estaba mamando la pija, le jugaba los huevos. Fernando le volvió a sacar las tetas que la chica ya se había cubierto al ser sorprendida por él.
Sae empezó a masturbarlo, alternando con mamadas. Fer se quitó la camisa, dejando ver su pecho lleno de bellos. Sae ya muy excitada y sin dejar de mamar se quitó la falda. Fer le ayudo con la blusa por ese motivo la tuvo que levantar del retrete. La volteo, Sae se detuvo de la pared y apoyo su pie izquierdo sobre la taza de baño y paro el culo hasta donde más pudo.
Fernando, busco la raja de Sae, y le dio la estocada. la chica dio un suave lamento de placer. Al acomodarse Fernando tiro una pequeña repisa con unos aromatizantes.
Afuera Valeria escucho el sonido de los botes que caían. Sonrió y se levantó de la mesa para averiguar.
—¡Ya empezó! Mi hermana es una maravilla para esas cosas―pensó y sonrió―.
Continuará…
![]()
***No se admiten datos personales en los comentarios***
Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.
Administración de CuentoRelatos