Las relaciones incestuosas de Sae y Valeria (6): Final

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Tomó un poco de aire y salió de su automóvil hacia las escaleras. Se sentía eufórico en parte por el licor y por la emoción de ver a Valeria.

Tocó la puerta y Alejandra le abrió, de inmediato percibió ese aroma a perfume fino.

―¡Bienvenido corazón!

Alejandra lo abrazo y le dio un beso en los labios. Al pasar vio el cambio, había un juego de sala nuevo más grande y de buen gusto, varios cuadros, lámparas y muebles pequeños.

―¡Vaya cambio! ―dijo Fernando―.

―¡Es mi regalo para ustedes! ―dijo Alejandra muy emocionada―.

Ella vestía un conjunto de color negro casual pero elegante. Tomo del brazo de Fer y lo llevo a la sala.

―Permíteme acá un momento.

Y fue al interior de la recamara y salió con Valeria de su brazo.

―¡Que belleza! ―exclamo Fernando―.

Apareció Valeria con un vestido blanco muy elegante que le llegaba arriba de las rodillas, con las mangas largas de encaje, en la cintura estaba ajustado y lucia su talle delgado además de escotado. Con un collar de perlas blancas que hacían conjunto con sus aretes. Llevaba un ramo de rosas blancas con algunas rojas incrustadas y sus manos cubiertas con unos guantes cortos también de encaje y su velo blanco que cubría sus cabellos dorados y dejaban ver su rostro maquillado a un estilo romántico con sus labios color carmín y un perfume cuyo aroma se metía en todo el cuerpo.

Fernando quedo impactado con la belleza y elegancia de Valeria. Alejandra la acerco y la coloco junto a él, le tomo el velo y cubrió el rostro de su hija.

―Quiero que se juren amor eterno.

Alejandra destapo una botella de champán y sirvió tres copas que derramaron espuma. Le ofreció una a Valeria.

―Señorita Valeria ¿Aceptas a Fernando como tu papito querido, prometes amarlo y respetarlo siempre?

―¡Si mamá acepto! ―dijo emocionada―.

―¿Aceptas estar a su disposición siempre, servirle y complacerlo en todo lo que el pida, cuidar de él y serle fiel?

―¡Claro que acepto! ―volvió a decir sonriente la bella novia―.

Le ofreció la segunda copa a Fernando y le pregunto.

―¿Aceptas a Valeria como tu hija a la cual amaras y cuidaras como lo más hermoso que hay en la vida?

―¡Acepto!

―¿Aceptas que para ti no habrá otra persona más importante que ella, la complacerás siempre y cuidaras de ella?

―¡Acepto con gusto!

―¡Pueden besarse! ―dijo Alejandra emocionada―.

Fernando levanto el velo, y beso los deliciosos labios de Valeria la cual recibió la boca de su papito abriendo la suya. Empezaron a lamerse, a morderse, sus lenguas se enredaron y sus salivas se mezclaron.

―¡Ponle un par de nalgadas para que no se le olvide! ―le dijo Alejandra a Fernando―.

Este le dio la vuelta a Valeria, y le levanto el vestido. Llevaba unas bragas rojas con ligueros negros con moñitos e incrustaciones rojas. El contraste del vestido blanco y las bragas rojas resaltaban las formas de las nalgas de la chica, además del liguero le daban un toque muy sexy, la escena le pararía le polla hasta a un muerto.

Fernando le dio un par de fuertes nalgadas, y siguieron besándose al tiempo que no dejaba de acariciarle las nalgas, las apretaba con fuerza.

Alejandra los interrumpió.

―¡Chicos, si van a empezar ya con la luna de miel váyanse a la recamara!―dijo en tono de broma y puso en el audio de la casa la marcha nupcial―.

Fernando levanto a Valeria sin dejar de besarla y se encaminaron hacia la recamara entre suaves aplausos de Alejandra que se notaba orgullosa.

Sorprendió a Fernando los nuevos muebles y cosas que Alejandra les había comprado también para la recamara. Una cama más amplia, cubierta de pétalos de rosas, cortinas de terciopelo rojo, dos grandes espejos, un arreglo grande de rosas rojas y un corazón de jazmines con los nombres de Valeria y Fernando.

Alejandra les llevo la botella de champaña y se las dejo en la mesa junto al arreglo de rosas y salió de la habitación.

―¡Los dejo disfrutar!

Fernando coloco a Valeria sobre la cama entre los pétalos de rosas, seguían los besos, las lenguas, los mordisqueos. Fernando se despojó de su camisa y pantalones, Valeria iba a desnudarse pero él no la dejo, se veía tan linda que prefería hacerla suya así, vestida.

Les saco las tetas y con toda la experiencia y práctica su educada boca y lengua chupaba ese par de hermosos senos blancos, esos erectos pezones rosados que mordía suavemente.

Cambiaron de posición, Fernando se recostó y Valeria de inmediato le busco su verga. Con sus senos colgando ya que los había dejado fuera del vestido, se hecho la ardiente polla de su papito, sintió como estaba llena de líquido viscoso, sintió como esos fluidos se quedaron en su boca, ese sabor que tanto le gustaba.

―¡Papito! ―exclamaba entre mamada y mamada― ¡Me encanta tu verga papito!

―¡Chupa Valeria! Sigue chupando por favor.

Y la chica se metía toda en la boca, sin dejar un milímetro de fuera. Fernando la acomodo, quedando en posición de un 69. Los dos cayeron en ese torbellino donde el tiempo no existía, ella metiéndose el duro pene más allá de la garganta y el succionando sus fluidos, mordiendo sus labios vaginales, metiendo hasta donde más podía su lengua en la vagina dulce de Valeria.

Alejandra escuchaba los gemidos de la pareja.

Mi hija es tan hermosa, no quisiera que fuera de otro. Que la goce otro desconocido es mucho mejor que la disfrute su padre ―pensó―.

Y se siguió tomando su copa con una sonrisa de satisfacción. Entreabrió un poco la puerta y pudo ver como Valeria metía y sacaba la verga de Fernando de su boca, luego se detenía en la punta del erecto pene y jugaba con la punta de su lengua el glande a la vez que masturbaba el tronco. Fernando con sus dedos abría la pepa de la chica metiendo y sacando la lengua.

Por un momento pensó en integrarse con la pareja pero concluyo que era un momento muy íntimo para ellos. Solo siguió observando.

¡Que culo tiene Valeria! ―se dijo a si misma su madre.

Fernando le había alzado el vestido y solo hicieron un lado los encajes de las pantis. Se colocó detrás de ella y le penetro la vagina desde atrás.

Valeria con el velo de novia, las tetas de fuera, el vestido volteado hasta la espalda, sus nalgas blancas y finas eran adornadas por el sujetador, los moñitos rojos vibraban en cada metida de verga de Fernando, el velo cubría el rostro de la chica, las copas que se había tomado en la comida y las del brindis con Alejandra y su hija hicieron efecto, eso lo ponía como toro con la sangre hirviendo.

Empezó acelerar el movimiento, sostenía firmemente las caderas de Valeria mientras taladraba la vagina. Alejandra embelesada observaba sin embargo vio su reloj, tenía que irse. Entro a despedirse.

―¡No, no paren! ―dijo Alejandra―.

Levanto el velo de su hija y el beso en la mejilla.

―¡Estamos en contacto mi amor, cuídate mucho y que disfrutes mucho de tu papi!

―¡Gracias mama! ―dijo Valeria haciendo gestos de placer―.

Abrazo a Fernando.

―¡No te detengas Fer, sigue cogiéndola! Cuida mucho de ella, que la pasen muy bien.

Cerró la puerta. Fernando empezó a darle más fuerte, así como lo hacía con Sae, hasta hoy a Valeria la había tratado con suavidad, pero las copas, lo sexy que se veía su hija, ese hermoso culo, sus tetas colgando, lo pusieron tan caliente que ataco esa raja mojada como no lo había hecho.

La empezó a coger con fuerza, Fernando le quito el vestido, le dejo con el velo, el liguero y las medias. Se pusieron de pie, la volteo y quedaron de frente, Valeria se colgó del cuello de su papi y lo envolvió con sus piernas al mismo tiempo que quedo ensartada, empezaron a meter y sacar con fuerza, que el sonido parecía llegar hasta la calle.

Valeria parecía sentir cada vena de la verga de su papi, cada embiste en su vagina era un inmenso placer, la polla de Fernando parecía traspasarle las entrañas, tenía la sensación que la punta de su pene le tocaban los ovarios.

El cansancio para Fernando no existía, solo quería gozar ese cuerpo tan hermoso, seguía clavando su pinga rápido y con fuerza. Valeria con su lengua buscaba la boca de su papito y sin quitarse el velo se besaron a través de él.

―¡Papá, me matas! ¡Sigue, sigue metiéndola!

Y Fernando siguió por varios minutos más.

―¡Me vengo papito, me vengo!

Fernando siguió metiéndosela, Valeria sentía que se le iba el alma.

―¡Me meo papito, me meo!

Fernando sin sacársela y cargándola la acerco al baño de la habitación. Valeria desenredo sus piernas de la cintura de Fernando y se sentó en el retrete ya la orina se le estaba saliendo. Se escuchó un grueso chorro caer en el agua de la tasa de baño.

Fernando le arrimo la verga la cual ella se la puso en la boca, chupándosela mientras seguía orinando.

―¡Hice que te mearas!

Valeria chupaba y masturbaba. Fernando ya no aguanto y los chorros de leche salieron disparados al cabello, la cara y las tetas de su hija, y hasta en la pared. Con sus manos cubiertas por los guantes la chica empezó a embarrarse en todo el cuerpo el semen.

Fue una tremenda descarga, Fernando tuvo que sostenerse de la pared del baño.

Tomaron un baño y regresaron a la cama, no sin antes tomarse otra copa. La noche era joven aun y Fernando y Valeria tenían mucho tiempo para gozarse, pues estarían juntos de ahora en adelante.

Era motivante para Fernando despertar todos los días sintiendo la boca de su hija en la pija y sus tetas descansando en sus piernas. O llegar del trabajo y ser recibido por ella, hermosa, limpia con aroma a flores con besos de lengua y luego ella le ofrecía sus hoyitos para que el los penetrara.

Valeria trabajaba desde casa, a fin de cuentas era una de las dueñas. Eso le permitía atender bien a su papi, como ella quería y como había prometido hacerlo ante su madre.

Luego algún fin de semana llegaba Alejandra y Sae a visitarlos y Fernando terminaba fallándose a las tres. O de repente aparecía Sae un día cualquiera y cogía con las dos hermanitas, cuando eso pasaba mientras Valeria le sacaba la leche mamándosela Sae corría a preparar un café y cuando se venía les ponía unos chorros de semen a las tasas. Era un cafecito con leche de papito decían las chicas.

Sae le había pedido a Fernando que fuera su padre adoptivo, cosa que él acepto con gusto, claro con permiso de Valeria.

“Somos hermanitas de leche” decían sonriendo.

Y así termina esta historia de las deliciosas relaciones incestuosas de Sae y Valeria, que junto con su madre y padre disfrutaban del sexo insaciablemente.

Fin

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