Le conté todo a mi compañero de trabajo (2)

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T. Lectura: 3 min.

Fuimos al departamento de Danilo, mi compañero de guardia, al terminar nuestro turno. Ya nos habíamos pajeado mutuamente en un impasse del trabajo y le había chupado la pija, quedando ambos muy calientes.

Danilo es delgado, menudo, pelo castaño, crespo, corto, absolutamente lampiño y totalmente depilado, con el torso bien definido, apenas marcado, una espalda en forma de V, cintura estrecha, y nalgas firmes, redondas y deseables.

Apenas llegamos al departamento nos quedamos en ropa interior, él con un pequeño slip que no llegaba a contener su miembro duro de un tamaño razonable, para mi gusto. Comenzamos a fanelear así cómo estábamos, él me tomó de las nalgas y yo abracé su espalda acariciándolo intensamente.

-Me gusta tu culo, me dijo al oído. Me ponés muy caliente.

-A mí me gusta todo tu cuerpo, te quiero comer todo, respondí mirándolo a los ojos.

Nos besamos con lujuria, comiéndonos la boca a fondo. Nuestras lenguas luchaban con intensidad, se la chupé con muchas ganas.

-Tu lengua es como una pija para mí, le dije, jadeando (se lo digo a mi mujer también, y a todos nuestros amantes, por supuesto).

Lamí su cuello, sus pezones, los abdominales, abrí la boca bien grande para aferrarle la poronga sobre la finísima tela del slip blanco, le chupé la tela y bajé el ancho elástico para soltarle la pija parada que me saltó en la cara. No dudé ni un instante en meterme el glande húmedo de pre cum entre mis labios ansiosos, saborear ese néctar mientras lo aferraba de los glúteos y muy lentamente me fui metiendo el tronco hasta el fondo, con mi nariz apoyada en su pubis angelical.

Mi lengua jugueteó y lamió al tiempo que sorbía y mamaba una y otra vez el miembro. Lo miré a la cara mientras él tenía los ojos cerrados y me acariciaba la cabeza, entrelazando sus dedos en mi pelo. Me empezó a coger oralmente, con suavidad, le bajé del todo el slip, dejándolo hacer (¡Cómo me gusta chuparle la pija a este pendejo! pensaba, aunque tenemos casi la misma edad). Me alcé y nos besamos apasionadamente otra vez.

-Te quiero grabar, me dijo.

-Dale.

Se recostó en el borde de la cama y comenzó a grabar con su celular cuando me dediqué afanosamente a chuparle la poronga, mirando cada tanto a la cámara.

-Me quiero ver, le dije.

Conectó el móvil por bluetooth al televisor, lo depositó a un costado y comenzó a reproducir. Danilo se apoyó con los brazos hacia atrás en la cama, ofreciéndome su falo enhiesto apuntando al techo de la habitación.

-¡Qué bien que estás! atiné a decirle antes de volver a mamarle la pija.

Chupé y chupé el dulzor de su pre cum, me tragué toda su poronga una y otra vez, deteniéndome de a ratos para verme en la pantalla de la tele, lo que me ponía aún más frenético. Me babeaba, mi saliva bajaba por el tronco de su verga hacia los huevos, que me dediqué a succionar con ahínco.

Era como un torrente de saliva que se deslizaba hacia su ano mientras seguía mamando. Le metí suavemente un dedo en su rosado agujero, dio un respingo hasta que se acomodó en su interior. Entré y salí con el dedo, seguí chupando su pija, bufaba por la nariz como un toro para no soltar mi presa, metí otro dedo, masajeé bien el agujero que estaba deseando.

Me arrimé al borde de la cama y levanté sus piernas para apoyarlas sobre mi pecho, apoyé mi glande en la puerta de su ano, abrió los ojos como platos, empujé muy despacio mi pija en su agujero, centímetro a centímetro, cerró los ojos, suspiró, lo tomé de las piernas y lo empujé hacia mí, entró el glande en su hoyo, lo aferró con su esfínter, resopló y se abrió, se la metí con suavidad hasta el fondo y me quedé quieto.

Le latía el culo mientras se acomodaba a la penetración, yo estaba a mil pero me pude contener a duras penas. Comenzó a aflojar y apretar mi pene con su culo, retiré casi toda mi pija de su interior y volví a entrar. Estaba en el séptimo cielo. No quería acabar, quería que durase. Me incliné sobre su pecho para besarlo en la boca, nos chuponeamos desaforadamente.

-¡Cómo me gusta coger con vos! le dije y comencé a bombearlo rítmicamente, sin prisa pero sin pausa, varios minutos, quizá diez o más, cuando me dijo:

-Mirá tu culo en la tele, ¡es precioso! ¡Mirá cómo se contraen tus glúteos cuando me la enterrás! Tengo muchas ganas de cogerte.

Lo dijo, lo vi y no me pude contener más, aceleré mis embestidas, acabé dentro de su ano y me desplomé sobre su pecho, jadeando.

-Mi culo es todo tuyo, le susurré al oído. Haceme lo que quieras.

Lo besé en la boca, en las orejas, en su cuello, que olía riquísimo, ronroneaba, me puso como un burro, lamí todo su cuello, babeaba, bajé a sus pectorales, chupé y di mordiscos a sus pezones duros, lamí subiendo y bajando por cada pulgada de sus abdominales, me entretuve horadando su ombligo tan femenino, mirándolo a los ojos seguí bajando hacia su pelvis delicadamente depilada hasta llegar al premio mayor que era su falo enhiesto y húmedo de pre cum otra vez, que me devoré con voracidad hasta el fondo, mi nariz contra su pelvis, mi lengua jugueteando con su tronco apenas venoso, una y otra vez chupé su prepucio, el tronco, los huevos, el glande delicado, tan rosado y tan rico, tan delicioso y tan tentador de querer quedarme ahí todo el día, hasta acalambrar mis maxilares.

Casi no dejaba de mirarlo a los ojos, enloquecía de placer cuando entrelazaba sus dedos en mi pelo acompañando mi mamada, largos, eternos minutos en los que nos sentíamos en el paraíso.

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1 COMENTARIO

  1. yo tuve un amigo victor que me culeaba en su casa y una vez p semanas hasta que deje de q me culeara pero ya fue

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