Le permití exhibirse en mi oficina (1)

0
7204
T. Lectura: 2 min.

Damián (Damy) es un chico algo menor que yo, apenas pasados los veinte años, que gusta de exhibir su cuerpo, tiene con qué, obviamente. Viste ropa ceñida, por lo general camisas y remeras ajustadas al torso, pantalones que resaltan sus piernas bien torneadas, su trasero respingón y un paquete digno de ver (y de tocar, le cuento a mi mujer).

Suele traer y llevar documentación a mi oficina, cuando charlamos sobre sus gustos, las fotos que sube a IG y admirar su físico, que elogio y toco todas las veces que me atrevo, con su permiso. Palpo sus bíceps, rozo y acaricio sus muslos (se excita con eso, visiblemente aunque ya no se ruboriza), sin dejar de alentar su afán de mostrarse. Lo incito a ejercitarse brevemente en mi propia oficina, a solas.

Demuestra su estado físico sosteniéndose en bandera sobre mi escritorio y suelo ayudarlo calzando sus nalgas con mis manos para decirle qué firmes se sienten, lo que lo excita también, pues le noto la pija pugnando por abrir el cierre de sus pantalones. Le pregunto si no le tocan el culo en el colectivo cuando viaja y me confiesa que sí, que a veces lo han manoseado y hasta apoyado.

-Es que tenés un par de glúteos muy tentadores, le dije.

-¿Te calienta el roce en el colectivo?

-A veces, reconoce con un dejo de vergüenza.

-Nos pasa a todos, sobre todo a mi mujer.

Me pide si se puede mudar a mi oficina porque su jefe lo hostiliza. Llamo a su jefe y éste me agradece que se lo saque de encima porque se la pasa todo el día con el móvil sacándose fotos.

-Listo, le digo. Andá a buscar tus cosas y usá ese escritorio.

Me pide permiso para bañarse luego.

-Sí, claro. ¿Te puedo sacar fotos haciendo la bandera? Son para mandarle a mi mujer (es verdad, ella se pone muy caliente con un pibe como Damy)

-Obvio.

-¿Puede ser sin la remera?

-Claro, mejor.

Por Dios, el cuerpazo que tiene, pienso, y no puedo reprimir un suspiro.

Se quita las zapatillas, dándome la espalda. Tomo una rápida foto de su precioso trasero, a escondidas, y se la mando a mi mujer.

Respuesta de mi mujer: ¡Qué fuerte que está! ¿No tenés más?

Yo: Dame tiempo.

-Tengo baño privado. Te podés desvestir acá y dejar la ropa en la silla, si no querés ir a bañarte al vestuario, le digo a Damy.

-¿Puedo?

-Sería un placer.

Se saca los pantalones. Luce un bóxer corto, bien ajustado, Su poronga casi se sale del bóxer que parece pintado sobre sus glúteos.

-¿Te grabás cuando te duchás?, me atrevo a preguntarle.

-Sí pero cuando estoy en mi baño.

-Desde hoy podés considerarlo tuyo, le digo sin atreverme a entrar a la ducha.

-Es lindo este baño, pero no traje el móvil.

-Te puedo grabar con el mío, si te parece.

-Dale.

Loading

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí