Liu, la masajista china que me devolvió a la vida

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Mi nombre es Ramón. Trabajo de lunes a viernes de contable en una empresa mediana de Valladolid. Un trabajo gris y tedioso con unos compañeros y jefes inaguantables. De 9 de la mañana a 7 de la tarde y luego a casa, otro sitio gris y tedioso aguantando los caprichos de Ana, la loca de mi mujer.

Los sindicatos de la empresa funcionaron y empezamos a descansar los viernes por la tarde. Yo no le dije nada a Ana. Sino, ese tiempo de viernes sería para hacer chapuzas en casa o ir de centro comercial de porta paquetes. Ese viernes tarde sería para mí, para Ramón para hacer lo que me diera la gana. De dos a siete era mi tiempo.

Así, usé ese tiempo, para tomar café en terrazas, ir al parque a leer… pero un día escuché una conversación en la oficina. Hablaba Ramírez un chico joven que era administrativo, le decía a otro que no sé cómo se llama que está en prácticas.

Hablaban de un piso de masajes regentado por un chino que este Ramírez solía ir. Que te dejaban nuevo. Decía que lo había encontrado en una famosa web de contactos y que era un dinero muy bien invertido. Me picó la curiosidad, igual era un tiempo bien invertido para aquel viernes. Mi vida sexual, últimamente era nula.

Dormíamos en dos camas separadas, ya que mi mujer decía que sudaba mucho y le daba mucho calor. Algunos días cuando Ana empezaba a roncar yo aprovechaba para autosatisfacerme pensando en alguna chica de la oficina, esa era mi vida sexual. Aquel viernes me lance. Busque en la web de citas el sitio y llame.

Me contestó un chino, con la pronunciación típica. Buenas tardes, quería una cita para esta tarde, clalo, sin ploblema.¿ A las cuatlo está bien palal señol? Perfecto para mí. Me dio la dirección y al no estar lejos fui caminando.

Llegué a un portal. Pique al telefonillo y no tardo en abrirse la puerta. Cogí un ascensor y subí a la tercera planta. Me abrió un señor chino, me saludo muy efusivamente. Me hizo pasar a una sala. Había un pasillo y varias puertas. Al poco rato, el chino volvió y me acompaño a un cuarto. Pasamos y dentro había una china algo mayor.

Unos cuarenta, pequeñita y para ser china unas tetitas grandes. Pague al chino lo acordado, 50 euros. Aunque viendo a la señora china me estaba pareciendo una estafa. La china en un español aún más enrevesado que el señor, me dijo: tú quitar ropa. Salió de la habitación y me dejo en la tarea.

Pensé que había tirado 50 euros a la basura por culpa del idiota de Ramírez. Pero mi suerte cambio, la vieja china entro con una chinita. Está ser Liu, ella aprendiz, ¿a ti valer?. Yo le dije ¿es mayor de edad? No quiero problemas con la ley. La china dijo rápido: si, si ella tenel 19. Lecien llegada de China.

Ella sabe lo que hacel. Me dejó solo con Liu, que agachaba la cabeza. Era menudita y tenia un color blanquecino de piel con rasgos orientales. El pelo lo tenía por el cuello, el cuerpo menudito, casi sin tetas y un culito plano. Llevaba una bata blanca, me indico con señas que me postrara en la camilla que sacara mi calzoncillo y me tapara con una toalla. Me quedé acostado, ella encendió un incienso y aquel ángel empezó con sus manitas a masajear el cuello, bajando por mi espalda.

Paso a mis piernas y mis pies la relajación era máxima. Sonaba una musiquita oriental que hacía aún más la sensación de relax. Después de un rato de masajearme con manos y brazos, me dijo que me volteara, allí empezó lo bueno. Para llegar mejor a mi pecho se subió encima de mi, quedó montada como una amazona sobre su caballo. Cuando la mire ella también me miró a los ojos y se ruborizó.

Le dije eres, muy bonita Liu, ella sonrió pero seguro que no entendía nada. Solo sonreía. Empezó a masajear las piernas y de pronto sin previo aviso puso las manos aceitosas en mis huevos y empezó en un vaivén llegando a mi pene que se catapultó. Estaba muy cachondo, hacía mucho tiempo que una hembra no me daba placer. Por señas le hice entender que quería que me mamara mi rabo.

Ella entendió y empezó a chupar mi glande, parecía una estudiante con su chupa chup. Le cogí su cabecita con mis manos y le hice una leve presión. Automáticamente su boca engullo mi rabo. Empecé una cadencia de arriba a abajo, dentro y fuera de su boca. Estaba ya que estallaba. Por señas le hice entender que quería follarla. Ella dijo en español, tú espela.

Se levantó saco la cabeza por la puerta, dijo una frase en chino y entró la china vieja. Me dijo, follal son 50 eulos más. Merecía la pena, cogí mi cartera y saqué otros 50 y se los di a la china vieja. Ella le dio a Liu un condón y empezó mi gloria. Ella muy diestramente me puso el preservativo.

No era el primero que ponía. Se subió, levantó una pierna y con su mano ayudó a mi rabo a entrar. Se acomodo mi rabo dentro de ella y empezó un movimiento de cadera que succionaba mi pene. La agache sobre mi pecho y empecé a besarla, el movimiento seguía. Yo ayudaba empujando mi rabo cada vez más dentro de su cueva húmeda y la cogí de la cadera y la subía y la bajaba frenéticamente con mis brazos.

Ella daba gemidos, parecía disfrutar también del momento. En un momento de clímax la apreté bien contra mi y empecé a descargar toda mi leche. Que placer con aquella chinita. Estuve un rato dentro de ella hasta que la magia se acabó. Ella salió de mi y se puso a vestirse y yo hice lo mismo.

Salí de aquel piso sin 100 euros que debía justificar ante mi mujer, pero mereció la pena sentirse vivo. Repetiría en aquel sitio. El sexo oriental engancha.

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