Los cuernos en familia duelen más que los otros (2/2)

2
5300
T. Lectura: 7 min.

Por la cantidad de mensajes y llamadas de mi mujer, estimo que esa noche durmió muy poco; en todos era pidiendo perdón, declarando que yo era su único amor, que lo sucedido era producto de su borrachera, que no me arrepentiría de darle una nueva oportunidad, etc. Mi respuesta por mensaje fue que más adelante le contestaría, cuando pudiera dominar la bronca actual. En realidad estaba decidido a terminar la relación, solo faltaba establecer los pasos.

Un ataque imprevisto en cuanto a lugar, momento y modo de ejecución, es muy probable que termine ganador; ahora, si a eso le sumamos que el atacado no considera enemigo al atacante, la victoria es casi segura. Y eso es lo que traté de hacer con la pareja de primos amantes. Mis objetivos fueron, divorciarme, sembrar la división entre ellos y, de ser posible, infligirles dolor, pues mi bronca presionaba fuerte para que la descargara.

Al día siguiente que partiera mi mujer me llamó Julio pidiendo verme; evidentemente Claudia le había avisado que yo estaba al tanto de la mamada del jardín pues, cuando nos reunimos, ensayó distintas excusas para explicar el hecho y culpando a la bebida de la conducta de ambos, había sido algo totalmente ocasional y que nunca volvería a repetirse. Por supuesto acepté todas las mentiras y quedamos como amigos. Cuando nos despedimos llamé a mi esposa y le conté de la charla, dando por veraces las palabras de los dos y prometiéndole regresar a casa para encarar una nueva etapa.

Increíble la perseverancia de la pareja de amantes, una semana después de regresar mi infiel esposa me trasmitió el mensaje de Julio pidiendo alojarse en nuestra vivienda durante tres días, que necesitaba hacer unos trámites dentro de dos semanas. Mientras Claudia me doraba la píldora diciendo que no debía preocuparme, que lo sucedido era cosa del pasado, que los dos estaban arrepentidos, llegué a la conclusión que era una buena oportunidad para dar fin a esta situación de mierda, así que acepté y comencé a preparar el escenario.

-“¿Pará qué es el material que trajiste?”

-“Seguro recordarás que, tiempo atrás, deseaba armar un ambiente que me permita escuchar música sin tener que soportar el eco que se produce cuando el sonido rebota en las paredes”.

-“Si me acuerdo que, hablando de gustos a darse cuando las finanzas lo permitan, vos dijiste eso”.

-“Tal cual, ahora puedo empezar por el revestimiento, después seguiré con los equipos. Cuando termine esta parte vas ver que el aislamiento es casi total, ningún ruido entra ni sale”.

La puerta gorda, acorde a la insonorización buscada, tiene una ventana rectangular, casi del ancho de la abertura y apenas diez centímetros de alto, con doble vidriado; debajo hay un orificio circular con tapas, por el que se pueden comunicar desde de ambos lados

Demoré el anuncio de obra terminada hasta el día de llegada de Julio, y ahí les hice experimentar la hermeticidad sonora de la pieza haciendo la pantomima de gritar afuera estando uno de ellos dentro y luego cambiar, para, al final probar los dos en el interior y yo afuera; cuando les avisé para hacer esta última prueba lo vi ubicarse detrás de mi mujer y en seguida el movimiento del vuelo del vestido, lo que me llevó a pensar lo que esas manos harían a continuación, pues el macho, creyéndose a salvo le daría una buena manoseada, cosa que comprobé por el elocuente diálogo escuchado a través del conducto.

-“Aprovechemos putita, que el cornudo nada escucha y, como es un boludo, ni imagina que lo nuestro nunca se interrumpió; ¿te gustan los dedos, uno en el orto y el otro en la cajeta?”

-“Sí mi amor, dame fuerte, quizá logre acabar aquí mismo”.

Decidido a no darles en el gusto, pero sin hacerles saber que los había escuchado, abrí lentamente la puerta haciéndome de toser; rápidamente se arreglaron, aunque el rubor en la cara de mi mujer fuera inocultable. Comenzaba bien la estadía del amante, lo sucedido era señal de que mi plan iba por buen camino, y recién eran las diez de la mañana del primer día.

Después de unos cafés puse de pretexto para salir un trabajo pendiente, y avisé que quizá no volvería para almorzar; abrí la puerta de calle y, quedándome adentro, cerré fuertemente para luego ocultarme en el escritorio con la luz apagada y la puerta apenas entornada. Poco tuve que esperar para escuchar la voz del ardiente macho.

-“Vamos putasa, quiero escuchar tus gemidos en alta fidelidad sin ningún tipo de interferencia”.

-“Sí mi cielo, inauguremos ese cuartucho de mala muerte con una buena cogida, y voy a aprovechar para gritar a todo pulmón el placer que, desde hace quince años, sólo vos me das”.

A pesar del dolor que sentía presenciando el espectáculo, me mantuve atento, debía seguir sin errores el camino planeado para conseguir la meta deseada; el trayecto del comedor hasta la pieza elegida para ser inaugurada fue marcado por la ropa de ambos y, tanto era el deseo de escuchar solo los sonidos del apareamiento, que los celulares quedaron al lado de la puerta que ellos mismos cerraron después de encender la luz; mi contribución fue correr el grueso pestillo para que no pudiera ser abierta.

Escuchando y viendo desde la oscuridad exterior, me preparé para disfrutar cuando intentaran salir; después de los momentos de laxitud que siguen al clímax; alguna necesidad inconscientemente postergada aparece, sea un cigarrillo, quizá una bebida, o la tan natural ganas de aliviar la vejiga; algo de eso los llevó a tratar de abrir la puerta sin que dieran fruto los varios empujones dados.

Creo que hubieran preferido ser sorprendidos por mí antes que quedar encerrados, quizá diez horas, aguantando hambre, sed, y el apremio de las naturales evacuaciones que difícilmente pudieran reprimir tanto tiempo.

Cuando vi que el iracundo varón se disponía a tomar carrera para envestir la puerta supe que podía aprovechar eso en mi favor, saqué el pestillo y acosté el banco en el camino de la carrera, que terminó con el cuerpo tendido en el piso; tres buenas patadas en el torso lo dejaron encogido, cosa que aproveché para devolverlo a empujones a la pieza que ahora oficiaba de celda, donde quedó en posición fetal bajo la temerosa mirada de mi mujer incapaz de pronunciar una palabra; silenciosamente cerré de nuevo con pestillo y, para aumentar el efecto desagradable, los dejé a oscuras, pero abrí el conducto cilíndrico pues deseaba escuchar lo que hablaran.

Lo que llegó a mis oídos fue, por parte de ella lamentos sobre el futuro negro que le esperaba y, por parte de él quejidos debido al dolor de los golpes. Nuevamente di luz y abrí la puerta.

-“Bueno, creo que es momento de que hablemos”.

-“Lo que yo quiero no es hablar, sino darte una paliza”.

Era la voz del que todavía se tomaba el abdomen golpeado.

-“Es posible, aunque lo veo difícil, disculpen si los interrumpí, los dejo solos nuevamente”.

Cerré, apagando nuevamente la luz; un «nooo» de Claudia retumbó nítido a través del orificio y siguió en voz alta

-“Sos un pelotudo, hacerte el macho poderoso siendo miserable tu estado, Lucio te molería a trompadas aun estando íntegro, encima ahora me estoy haciendo por los dos lados así que vas a tener que aguantar olor y humedad”.

-“Sucia de mierda, ándate a cagar y mear en la otra esquina, asquerosa, hedionda”.

Debo reconocer que el reclamo del varón era razonable, ese reducido espacio, casi hermético, estaba inundado de un olor vomitivo.

-“Por Dios, Lucio, hablemos, no le hagás caso a este infeliz”.

-“Para que podamos hablar tranquilos, Julio, ahí en la esquina y vos sentada sobre sus faldas, así me aseguro que ambos estarán quietos. Ahora los escucho, quiero saber a qué se debe este apasionado encuentro.

-“Mi amor, solo a vos te amo, este degenerado me sedujo y no supe negarme”.

-“Mentirosa hija de puta, hace cerca de diez años que cogemos cada vez que nos encontramos, y todo porque vos me buscás, tal como empezó todo cuando siendo adolescentes entraste a mi pieza y me desperté porque me estabas haciendo acabar mamando mi pija”.

-“No le creas mi vida, quiere parecer víctima cuando es al revés”.

-“Te creo a vos querida ¿te amenazó para que no contaras lo que hacía?”

-“Eso, eso, y yo vivía con miedo, cosa que él aprovechaba, me hacía tomar anticonceptivos para poder correrse dentro. Es tan perverso que la primera vez que me dio por el culo me hizo sangrar”.

-“Me imagino tu dolor cielo”.

-“Y ahora le permitía esas asquerosidades por temor a que destruyera nuestro matrimonio”.

El acusado, con cara de asombro, giraba la vista siguiendo el diálogo, indicando en su gestualidad, que no podía creer el tenor de nuestras palabras.

-“Claudia, creo que, para terminar con tu dolor, lo mejor es echarlo de esta casa, donde no solo abusó de vos, sino que traicionó la confianza que depositamos en él”.

-“Sí mi amor, que se vaya y nos deje tranquilos”.

-“Julio, vestite, juntá tus cosas y desaparecé, antes que me arrepienta y te muela a palos, ni se te ocurra hacer algún movimiento sospechoso”.

Algunos minutos me llevó controlar la salida del romántico primo, mientras tanto mi señora se bañaba y cambiaba; cuando estuvo lista hablamos sobre el futuro.

-“Lucio, ¿me podrás perdonar no haber tenido fuerzas para sobreponerme al abuso de Julio?”

-“Por supuesto mi vida, pero debieras haber tenido más confianza en el amor que siento por vos y decírmelo, seguramente te hubiera ayudado. Otra cosa, voy a desarmar todo lo hecho para insonorizar la pieza y volverla a como estaba antes, quiero que desaparezca lo que me trae tan dolorosos recuerdos”.

-“Sí cielo, conviene que borremos todo lo que pueda separarnos”.

La tarea de hacer desaparecer el lugar de encierro la inicié esa misma tarde y en dos semanas la pieza de servicio estaba igual que antes aunque con la pintura renovada; ese lapso de catorce días dormimos en la misma cama de siempre, pero sin contacto, poniendo como excusa que, al acercarme a ella me venía a la cabeza la escena del momento en que el primo retiraba un poco el miembro, que ella chupaba, para apuntar el glande hacia la boca abierta, pues era su placer ver las escupidas de semen entrando para ser tragadas.

Mientras, continué la disimulada mudanza de mis pertenencias a la casa de mi hermano, y realicé la última reunión con el abogado para dar fin a la preparación de los papeles del divorcio.

Con todo listo según lo planeado, un día en que Claudia estaba en su trabajo, puse en un bolso las pocas cosas propias que me faltaban sacar y, antes de salir, sobre su lado de la cama dejé el último mensaje.

«Claudia, esta es la tarjeta del abogado que tramita mi solicitud de divorcio, presentada hace tres días, quizá te interese»

A mi suegro, con quien tenía una relación cercana y afectuosa le escribí diciéndole que había decidido separarme pues el matrimonio se había tronado inviable, cosa que lamentaba pues esa familia me había demostrado su cariño. La contestación me asombró. «Me duele la ruptura, aunque ciertamente era previsible. Conociendo la relación enfermiza de mi hija con su primo, me alegré cuando decidió casarse con vos, pues tenía la esperanza que a partir de ahí rectificara su conducta. Lamentablemente no fue así a pesar de nuestros consejos. Tené la certeza de que sigo guardando por vos el afecto de siempre».

Días después de haberme instalado en el departamento recién desocupado, sábado, levantado a media mañana, en pijama bermuda tomaba café mirando un partido cuando sonó el teléfono, era Rut.

-“Hola mi preciosa prima, qué gusto escucharte”.

-“Hola mi amor, ¿te interrumpo?

-“Para nada, estoy tomando un café y mirando en televisión lo que aparezca”.

-“Cómo me gustaría compartir esa bebida a tu lado”.

-“A mí también, aunque seguramente lo tomaríamos frío, porque primero saborearía tu boca largo tiempo”.

-“¿Seguro que desearías eso?”

-“Segurísimo”.

-“Entonces abrí la puerta para que pueda entrar”.

Cuando entendí el alcance de las palabras, ni contesté, dejé el teléfono sobre la mesa y en tres zancadas abrí; ahí estaba mi dulce dama, sonriente, divertida por mi cara de sorpresa y dando un paso se colgó del cuello, poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, y susurrando en mi oído”.

-“Mi amor, te amo, te amo, es un sueño estar entre tus brazos”.

Luego solo silencio, sintiendo sus manos recorrer mi espalda, mientras yo la sostenía de las nalgas disfrutando de esa amada cercanía.

-“¿Saben tus padres que estás acá?”

-“En nuestra familia las noticias corren como un relámpago, todos lo saben y además dan por seguro que, si vos no me rechazás, me quedo a tu lado”.

Asentí moviendo la cabeza mientras la miraba fijamente y le cubría la cara de besos susurrándole que la amaba, eso a la par que mis manos arremangaban el vestido en la cintura, bajaban el elástico de la bermuda dejando libre mi erguida pija, corrían a un costado la entrepierna de la braga y ubicaban el glande en la entrada de la vagina.

-“¿Te parece bien esta manera de darte la bienvenida?”

-“Sí querido mío, bájame para que entre hasta el fondo y llename de leche”.

Así comenzó esta nueva y, seguramente, mejor etapa de mi vida.

Loading

2 COMENTARIOS

    • Muchas gracias Wazi77 por leer y comentar. Mucho me alegra que el escrito haya sido de tu agrado. Recibe mi cordial saludo.

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí