Mamá necesito que me ayudes. En la ducha

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T. Lectura: 7 min.

Salimos de la cama, él caminó delante de mí y no pude contener las ganas de juntar de mis piernas su leche y todos mis jugos para llevármelos a la boca.

Estaba toda excitada y cerda.

Había logrado lo imposible, tuve sexo con mi hijo.

Le miraba el culo delante de mí y su espalda ancha, era un hombre ya. Entró al baño, abrió el agua y se dio vuelta para verme, yo sin entrar a la ducha desnuda parada frente a él. Nos miramos mutuamente de arriba a abajo.

—Me gusta como te quedó. (Mirando mi concha depilada con diseño nuevo)

—A mí también, hice un buen trabajo contigo. (Se rio y se miró la verga toda sucia de mis flujos)

—Te mojaste mucho y me enchastraste todo.

—Es hermoso eso, marca lo excitada que estaba y sigo estando. (Separé mis piernas pase los dedos por mi raya y junté mi gel y me lo llevé a la boca)

Toda la situación parecía de película, de ensueño y a mí me encantaba que así lo fuera. Deseaba todo eso, un romance prohibido y excitante, el cliché de las películas porno pero en nuestra vida real. Habían alimentado mi deseo sexual mucho tiempo.

—¿Mamá pensás que Cari es igual de cerda que nosotros? (Entraba a la ducha y me seguía hablando bajo el agua) me gustaría que fuera así, eso me calienta. Es como el porno pero en la realidad.

—Podríamos intentar que fuera así de porno como a vos te gusta (a mí también)

Se limpiaba la verga usando sus dos manos y ese movimiento enjabonando todo el largo de su miembro era hipnótico para mí. La tenía medio parada y a mí se me hacía agua la concha de verlo.

Mi cabeza volaba en todo tipo de cosas que ahora podíamos hacer juntos. Cuantas veces me había tocado imaginando lo que estaba viviendo, cuántas veces me había masturbado fantaseando en bañarme con mi hijo.

Saqué sus manos y empecé yo a pajearlo con el jabón, se la enjuagué. Se me ocurría algo que no sabía si lo iba a poder hacer pero no quería lamentarme de no haberlo intentado.

—Ahora que está limpita es momento de seguir.

Levanté mi pierna y la apoyé contra la pared a su espalda, se agachó un poco para que su miembro pudiera entrar dentro de mí y lo metió, nuevamente despacio. Aprendía rápido. Sentí como me llenaba y empezaba a penetrarme. Sus movimientos eran lentos pero fuertes y directos. Me fascinaba sentir como me penetraba. Su juventud permitía que en esa posición me diera duro por varios minutos. Empecé acalambrar mis piernas y necesitaba cambiar la posición. Era momento de probar lo que deseaba con ansias.

—¿Te puedo pedir algo amor?

—  Qué querés mami.

—Que me cojas el culo, pero por favor con cuidado.

—Te lo voy a abrir todo. (Su respuesta desató el morbo en mi)

—Eso quiero.

Me di vuelta enjaboné mis manos y empecé tocarme el culo y meterme los dedos. Le pedí que hiciera lo mismo, me enloquecía sentir sus dedos abriéndome el orto. No sabía si iba a poder tolerar su verga pero la quería dentro.

—Que puta te pones mamá. Me encanta que seas así. (Yo jadeaba y gemía con cada dedo que entraba en mi cola)

—Mmmmm. Enjabonate la pija y probá. Ahh.

Apoyó la cabeza de su pene en mi culito, esa era la sensación. Una verga enorme en un culito chiquito. Hizo presión y grité al sentir que me lo abría. Me dolía pero el morbo de que mi hijo me abriera toda, podía más.

—Seguí no pares, enjabonate más.

Siguió de a poco abriéndome y dilatándome el esfínter que ya estaba estirado. Cuando menos lo pensé sentí como me acariciaba el clítoris. Una ola de placer me invadió, me excitó y dejé de prestarle tanta atención a mi culo y de apretarlo. Cuando me dijo, “entró toda la cabeza ma”. Me puse como loca, mi cola se habituaba a tenerla dentro.

—Tócame y métela. Me duele pero me gusta. Seguí ¡ay! Seguí.

Me la metió y yo pensé que había entrado toda pero no, me dolía, la volvió a sacar y meter. Poco a poco el dolor se fue yendo y sentía como el placer a pleno se apoderaba de mí. Estaba empezando a sentir lo que había imaginado.

—Métela fuerte, rómpeme el orto. No me importa nada.

—Mamá es hermoso tu culito apretado.

—Ahhh si, quiero acabar por el culo.

—Te entra toda mami, toda mi verga en tu culo.

—Lléname de leche. Quiero sentir como acabas.

—Ahhhh mami estoy por acabar, ¿sigo?

—Sí no te frenes, gozate con mi culo.

Sentí como se pegó fuerte a mí y acabó. Sus fuertes manos soltaron mi cadera y llegaron a mis hombros, me apretó contra él. Su pija palpitaba dentro de mi culo y yo acabé con él. Froté mi clítoris con una de mis manos mientras que con la otra me sostenía apoyada en la pared. Mi culo acogotaba ese miembro grueso que me abría por completo. Que hermoso placer, entregarme así a mi hijo y que me llene de su leche. Que fantasía hecha realidad. Que placer tantas veces idealizado.

La sacó después de acabar también despacio, había aprendido a cuidar a su pareja y eso me hacía muy feliz. En cuanto la sacó llevé mi mano a mi esfínter y no podía creer lo abierto que estaba. No sé cuánto tiempo estuvo penetrándome pero no fue mucho, la excitación de los dos nos hizo acabar en seguida. El resultado de todas formas fue mi culo abierto considerablemente.

Enjuago su cuerpo y se corrió de la caída del agua de la ducha y me hizo lugar. Cuando sentí el agua ya tibia correr por mi espalda y llegar a mi cola me dio un gran ardor.

No era gratis tanto placer pensé, vendrían un par de días de incomodidad. Me había dejado llevar por mi calentura y las ganas de cumplir una de mis fantasías.

Salió de la ducha, se secó y me dijo: “¿vamos a dormir?” Respondí con un movimiento de cabeza mientras aguantaba el escozor en mi culo.

Llegué al cuarto y él estaba ya en mi cama, corrió las sábanas de mi lado invitándome a entrar. Lo sentí como un gesto de amor, era un mensaje claro “mamá seguimos siendo nosotros”. Me acosté a su lado, lo besé en su mejilla y le dije “te amo hijo”.

—Mamá estamos bien ¿verdad?

—Yo estoy muy feliz pero con el culo roto.

—Jajajaja

—Estamos bien hijo, espero hayas disfrutado tanto como yo.

—Si, disfruté mucho. Pero no quiero dejar a Cari.

—Yo no quiero que la dejes.

—No va a entender esto pero no quiero tener que elegir, ¿a vos no te molesta?

—A mí no me molesta, pero me gustaría disfrutar también de esto que recién ahora estamos empezando.

Me besó en la boca y se acomodó para dormir mirando al otro lado.

Al otro día me desperté primero, me dolía la cola desde que me senté en la cama para levantarme. Desayuné y me fui a trabajar, lo dejé solo.

En la oficina no encontraba acomodo en la silla. Había quedado con Cari que íbamos a almorzar juntas ese día y la iba a poner al corriente de lo que había pasado. Toda la mañana mis compañeros me preguntaban si me pasaba algo… “¡si mi hijo me rompió el culo y me encantó!” la respuesta obviamente fue: “no sé, no me siento bien, después del almuerzo creo que me iré para casa”. Junté mis cosas, saludé a mis compañeros y me retiré con la autorización del jefe para no volver. Liberada del trabajo fui directo al punto de encuentro con Cari y ella ya estaba esperándome.

—Hola, primero quiero que sepas que no te juzgo. Si es verdad que al principio pensé que estabas muy mal, después de pensarlo bien… no sé qué haría yo en tu caso. Tu hijo es algo increíble y una es mujer y le pasan cosas también. No quiero que pienses que soy como esas mujeres que solo critican sin ponerse en el lugar de la otra… (la interrumpí)

—Cari amor, espera un momento. Damián es tu novio y eso no va a cambiar hasta que ustedes lo decidan. Mi hijo está enamorado de vos y yo estoy feliz con eso. (Ella no podía dejar de pensar que era la privilegiada) Además lo más importante acá no es lo que nosotras pensemos, lo más importante es que él tenga lo mejor de ti y tu también de él.

Debía mantener a mi hijo feliz, a ella contenta mientras yo disfrutaba (aunque no me pudiera sentar) del proceso.

Ahora que todo se me estaba dando como lo había soñado no podía perderlo.

Empecé a pensar que ellos al igual que yo podrían sostener este triángulo amoroso sin problemas. En mi cabeza comenzaba a dibujar un futuro donde mi hijo tuviera libertad de coger con cualquiera de las dos y nosotras no tendríamos que ocultar nada. Ese futuro era ideal para los tres, solo había que delinear el camino para alcanzarlo. El primer paso era buscar la manera que su novia me permita tener relaciones con mi hijo sin inconvenientes.

—¿Cari vos sos muy celosa?

—Yo no, pero tampoco soy una boluda. Si mi novio no está conmigo… no es mi novio.

—Entonces a vos no te molesta que esté con otras mujeres ¿no?

—Claro que me molesta, si el anda por ahí cogiendo con otras mujeres no está para estar conmigo.

—¿Te molesta que no rinda sexualmente contigo?

—Laura, me importa que me quiera a mí y que sepa que yo lo necesito y lo quiero. Si a veces se acuesta con otra pero sigue rindiendo conmigo y me ama, no le voy a hacer una escena.

—Bien, entonces por eso es que no te molestó lo que hicimos, porque como dijiste yo también soy una mujer y…

—Exacto y si hay una mujer en este mundo con la cuál voy a compartir de verdad el cariño y el amor de Damián esa mujer sos vos. Si además compartimos su sexo y eso nos beneficia a las dos… no veo el problema.

Cari había hecho prácticamente el trabajo sola. Tenía el permiso de mi nuera para coger con mi hijo y él había demostrado, la noche anterior, que no tenía problema de romperle el culo a su madre si ella lo pedía.

Era el mejor día de mi vida.

—Cari sos la mejor nuera que tuve en mi vida. (reímos las dos a carcajadas)

—Vos la suegra más calentona que conocí en mi vida.

—Bueno entonces creo que te puedo contar lo que hicimos ayer después de la conversación que escuchaste.

Empecé a relatar lo que hicimos, evitando los momentos en los cuales nos besamos como enamorados y sumándole algunas partes donde yo le explicaba cosas sobre como tener relaciones a Damián. Nunca existieron esas partes en las que le daba “clase de sexo” a su novio, pero en el cuento en general quedaba mejor que decirle toda la vida me quise coge a mi hijo.

Cuando le conté el episodio del sexo anal la noté muy inquieta.

—¿Qué pasa Cari?

—Estoy muy excitada, el sexo anal nunca lo hice pero me calienta mucho. Solo imaginarme la verga enorme de Damián abriéndote el culo, se me moja toda la entrepierna. Estoy apretando mis piernas y frotándome lo más que puedo con ellas y la silla.

—El sexo anal es hermoso pero no es para todas, hoy no me puedo sentar con comodidad y todavía me arde el culo. Pero sentir que te lo penetran y te lo abren todo es inolvidable.

—Yo me meto los dedos a veces pero nunca nada muy grande y la pija de tu hijo es muy gruesa.

—La pija de mi hijo es hermosa y te rompe el culo.

—¿Le vas a enseñar a que lo haga con cuidado y me inicie a mí en el sexo anal?

—Ok, lo voy a hacer. Cuando él esté pronto yo te aviso, y vos le decís que querés probar.

—Perfecto. Ahora estoy muy caliente podemos ir a tu casa, ¿me dejarías sola con Damián un rato?

—Vámonos.

Pensaba dejarla sola pero también pensaba mirar y tocarme mientras tenían sexo. El camino fue bastante rápido pero ella no dejaba de tocarse disimuladamente la entrepierna, intuyo que tenía la concha hecha un charco… porque yo la tenía así.

Entramos a casa, yo iba delante y nomás abrir la puerta le grito a Damián:

—Hijo vine con alguien, espero te alegres al verla.

—Mamá estamos en la cocina y también estoy con alguien, espero te alegres de verla.

Entramos las dos en la cocina y ahí estaba Analía con su enorme panza de embarazada y un vestido sumamente escotado.

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