Mamá necesito que me ayudes. Sexo

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T. Lectura: 8 min.

Damián.

Salimos del baño secándonos, mi madre estaba sacada. No la reconocía. Me empujaba a su cama.

—Damián esto que vamos a hacer está mal, lo sabemos los dos. Pero es importante para que aprendas cómo coger bien a una mujer.

Ni ella se creía lo que decía, hubiera preferido que me dijera “estoy excitada mal y un poco trastornada de la cabeza porque quiero coger con mi hijo y no me puedo frenar” pero no lo hizo decidió seguir con su historia fantástica.

—Lo primero ya lo sabes y en eso sos muy bueno así que ahora es momento de pasar a lo importante.

Se tiró sobre la cama, todavía tenía las piernas mojadas y partes de su espalda. No le importaba que su pelo chorreara agua y empapara la cama, estaba totalmente desquiciada por el sexo.

—Vas a tener a tu novia así en bolas como yo y con las piernas abiertas, ella es muy promiscua así que seguro te dice cosas para que la cojas bien fuerte.

No me estaba gustando como se estaban dando las cosas. Mi madre estaba totalmente enloquecida y además no me gustaba la idea que fuera así. Me di media vuelta y salí de la habitación sin decir nada y sin responder a cada uno de sus comentarios. Mi madre quedó mirándome y lo único que atinó a decir fue

—¿Qué hacés? ¿A dónde vas? ¿No íbamos a coger?

Levanté mi celular de la mesa de la cocina y me fui a mi cuarto y cerré la puerta. No quería saber de mamá en ese estado, me hizo dudar de nosotros. La noté muy fuera de sí. Cuando se enojaba mucho conmigo y se sacaba de esa manera yo hacía lo mismo que ahora, me encerraba dándole espacio para pensar y generalmente funcionaba. Así que hice eso, la ignoré, me encerré y esperé. Pero eso no significaba estar muerto en vida. Hablé con Cari de todo lo que había pasado en el día y estaba pletórica. Me terminé durmiendo y al otro día me fui a la facultad como siempre. Sabía cómo evitar a mamá cuando pasaban cosa como estas entre nosotros.

Laura.

Tuve un momento de dudas. Eso que íbamos a hacer estaba mal, pero ya estábamos entregados.

—Damián esto que vamos a hacer está mal, lo sabemos los dos. Pero es importante para que aprendas cómo coger bien a una mujer.

Que bien entendió la previa Damián, me dejó como loca, quiero más de él. Pero si cuando tenga que hacer lo importante no está a la altura no tendrá una segunda cita nunca.

—Lo primero ya lo sabes y en eso sos muy bueno así que ahora es momento de pasar a lo importante.

Tengo que templar su carácter, esta muchachita Cari es muy descarada. Seguro está dispuesta a muchas más cosas que mi hijo, no voy a permitir que lo amedrente.

—Vas a tener a tu novia así en bolas como yo y con las piernas abiertas, ella es muy promiscua así que seguro te dice cosas para que la cojas bien fuerte.

Es momento de concretar todo lo que deseamos pero lo que más me interesa es poner un punto final a esta situación. Me calienta mi hijo, no lo niego, pero también es verdad que lo más importante es que él destaque con su novia y pueda formar una pareja. No puede flaquear en el momento justo. Quiero de una vez por todo sacarme esta espina y cerrar esto que no está bien y que no puede sostenerse en el tiempo. Coger que aprenda y que consiga una pareja para ser feliz con ella.

—¿Qué hacés? ¿A dónde vas? ¿No íbamos a coger?

No entendía porque se iba sin decir nada. Otra vez cayeron las dudas sobre mí. Seguro le atraía más la jovencita de tetas paradas y culo durito que yo… ya no tengo. Ella tenía todo en su lugar y además una actitud avasallante. Sin poner sobre la mesa el tema que somos madre e hijo, es decir el incesto.

Me di cuenta que había avanzado muy rápido, seguro él no tenía el proceso que yo había hecho. No lo debe de haber hablado con nadie y los miedos y las dudas lo deben haber paralizado. Está bien que tenga un tiempo para pensar. Cada vez que no sabe qué hacer o que hace algo que está mal, se encierra y después vuelve más calmado a entender razones y conversamos tranquilos. Sin duda le va a venir bien encerrarse un poco. Me gustaría que tuviera alguien con quien hablar como yo.

Hoy voy a la depiladora, Analía que más que depiladora es mi confidente y amiga. Hace tiempo que cada vez que nos vemos, me da la última hora para depilarme porque nos quedamos conversando mucho y a veces algo más. Imposible hablar de estas cosas en un bar o con más gente al rededor. Por eso su consultorio es perfecto, estamos solas y nadie se sorprende.

Tengo que contarle todo esto, se va a poner como loca. Le mandé un mensaje “tengo muchas cosas para contarte hoy, ¿tenés tiempo?” Su respuesta fue “Vení a las 16 h. Puntual”

—Hola, que bien que viniste en punto Lau. Dame un segundo que se está yendo un cliente y ya entramos.

Yo había llegado apenas tres o cuatro minutos después de las 16 h. “Acá está pasando algo y no me doy cuenta que es”. Cuando salió del cuarto de atención un morocho grande, alto y musculoso. Saludos, rostros mirando al piso y yo busqué los ojos de Analía. Le hice caras acerca del hombre que se iba y ella me respondió con gestos “silencio”. Al final terminó de irse del local, la escuché cerrar la puerta con llave y acercarse por el pasillo.

—¡Perdón! Y ese machote ¿qué viene a hacerse a un lugar de depilación femenina?

—Prácticamente lo mismo que vos. Sacarse pelos.

—Si viene por lo mismo que yo, no solo se saca pelos. También se saca las ganas.

—Y yo también como cuando venís vos, pero diferente.

—Jajaja (nos contagiamos la risa mutuamente)

Me fui sacando la ropa en la habitación privada mientras hablábamos, ya hacía tiempo que Analía no se retiraba cuando yo me desvestía. Al igual que ya no usaba esa “ropa interior” descartable que a veces te dan para que no te sientas tan expuesta. Ella me veía desnuda a mí y yo a ella desde que cada sesión terminaba con “happy ending” como le digo yo. Era necesario después de tanto rato de sufrimiento algo de placer. Toleraba los tirones para arrancarme los pelos porque después me iba toda flojita de los orgasmos que me provocaba.

—Bueno el “cliente” que se acaba de ir, llegó hace unos meses para depilarse toda la entrepierna y hacerse tira de ano. Como vos ningún pelo en ningún lado.

—Ok, pero de eso tenemos que hablar voy a cambiar, ya no soy una pendeja para no tener pelos, quiero dejarme un triángulo pequeño de pelos recortados.

—¿En serio? Me gusta que cambies, puedo hacerte alguna forma, corazón, estrella, línea, lo que quieras.

—No, no solo un triángulo chico. Contame cómo viene nuestro nuevo amigo parece…

—No te ilusiones, a mí me hace el favor pero juega con nuestro cuadro. Llegó acá básicamente para que le deje la cola sin pelos.

—¡No! Qué desperdicio.

—Y eso que no viste su paquete, me dice que solo lo utiliza conmigo y porque se lo pido a cambio del trabajo.

—¡Que puta! ¿Lo depilas y te lo paga con su verga?

—No lo voy negar ni confirmar. Jajaja

—¿Cómo lo convenciste?

—Bueno en la primera vez que vino empecé como siempre y por el contacto se le fue parando ese pedazo enorme y negro que tiene. Le dije “no te preocupes es común” y en determinado momento empezó a eyacular y me excitó mucho. No sabía que decirle, ni que hacer “tus amigas deben de ponerse muy felices cuando pasa esto”

—Siempre con la palabra justa vos.

—Jajaja ¿qué querés que le diga? Bueno ahí me corrigió y me dijo “amigos”. Ahí me liberé y le dije que yo no tendría problema de ser su “amigo” si no tenía problema. Cuando me aclara que en realidad eran clientes y que él hacía lo que le pidieran siempre que dieran con el precio.

—No trabaja el que no quiere.

—Después de acordar algunas cosas, llegamos a que la sesión de depilación tenía para él el mismo precio que ponía para sus clientes y estaba claro lo que yo quería.

—Ya veo que decidieron volver a la época del trueque.

—No sabés lo que se siente que te abra el culo con ese pedazo de pija que tiene. Hoy me confesó que el morbo de la embarazada lo enloquece y como ves, mi panza cada vez se nota más. La próxima vez que venga acordamos que me va a pagar más porque en este momento mi servicio vale más que el suyo.

Ya desnuda, sobre la camilla empezó a aplicarme la cera y depilarme. Ya estaba totalmente excitada. Hubiera dado cualquier cosa por tener un buen pene cerca.

—Pero escúchame, Analía. ¿No te parece que entrando en el último trimestre de tu embarazo no es momento de dejar de coger con cualquiera?

—Vos estás mal ¿no? Sabes cómo estoy de excitada todo el tiempo y además con el pedazo que tiene, no lo tengo que desperdiciar. Pero ya hablaremos más de él y de cómo me coge con esta panza, ahora háblame de vos, Damián y su novia.

Le conté todo lo sucedido. Si bien vivía hablando con ella por teléfono, no podía creerlo. En ese momento empezaba a limpiarme y pasarme la cera a los costados de mis labios vaginales. Mi excitación era evidente y ella sabía cómo me ponía con esos relatos. Más de una vez nos habíamos masturbado juntas por videollamada.

—Damián me calienta mucho siempre lo hizo, pero me encantaría que lo traigas acá para depilarlo.

—Ni loca. Vos te lo coges todo.

—Me encantaría tener entre mis manos ese pedazo de verga y hacerlo eyacular como al morocho. Y gozar como vos hecha una puta.

Yo sabía cómo iba a terminar ese encuentro, fundamentalmente por eso había venido. Analía tenía unas manos increíbles y después de tirar fuerte de la cera, apoyó su mano sobre parte de la piel que acaba de depilar pero también por encima de mi vulva empapada. A medida que iba terminando apoyaba más tiempo y acariciaba con más fuerza mi clítoris y mi conchita excitada. Llevé mis rodillas al pecho y separé un poco mis piernas para que me quite los pelos del culo, lo cual hizo muy rápido y sentí su lengua pasar por mi nalga. Empezó lo bueno, dije para mí. Me puse en 4 y dejé chuparme todo el esfínter. Ya en ese momento no hablábamos. Solo disfrutaba.

Metió un dedo dentro de mi culo, pasó la lengua, luego otro dedo más. Jadeaba y respiraba con fuerza a medida que me dilataba. Así estimulaba mi esfínter y con la otra mano frotaba el clítoris. El orgasmo llegó rápidamente, venía muy caliente desde la mañana. Acabé de forma muy deliciosa mis orgasmos anales habían mejorado muchísimo después de pasar por las manos de Analía. De hecho mucho de lo que le enseñé a mi hijo fue lo que aprendí con Analía. Ha tocado a muchísimas mujeres y “todas vuelven” como dice ella.

—El último “cliente” me atendió bien pero si querés te dejo chuparme las tetas y la conchita, el culo no porque me lo destruyó.

Se sacó el vestido por encima de la cabeza, de escote cuadrado y manga corta que apenas tapaba un poquito más abajo de los hombros. Debajo del busto un elástico que lo ajustaba para luego dejarlo suelto y no apretar la panza de embarazada. Que ya era más que evidente. No llevaba ropa interior a esa hora, seguro la había perdido mucho tiempo atrás. Me corrí de la camilla y la ayude a subirse. Mi amiga es muy buena disfrutando de su sexualidad. Sus pezones estaban muy parados y pude ver como su culo estaba abierto y rojo. Me concentré en su vagina toda mojada, separé sus labios y tiré un poco hacia atrás la piel que cubría el botón del placer y lo chupé con pasión. Tembló y apretó mi cara contra su concha, me era difícil respirar.

No me quedó claro si acabó en un orgasmo tan potente como cuando lo hizo con su cliente anterior, pero no tengo dudas que disfrutó de mis caricias y lamidas. Sus pezones empezaban a llenarse de gotas de leche y eso me puso como loca, se las chupé como nunca y ella se dejó. Apretar esas tetas gordas y que le empezará a salir leche fue hermoso, me brindó el grado de morbo que buscaba. Que excitación me daba esa mujer embarazada, toda mojada, depilada por completo y con sus pechos empezando a dar leche. Que mujer, que puta, que delicia. ¿Sería una locura llenarme de su leche y la de Damián mis tetas? Mi morbo no tenía límites, cada vez más se me disparaban nuevas perversiones.

—Yo creo Lau, que vos deberías de amigarte con tu nuera. Que ella sienta una aliada en vos. Si es tan pícara, calentona y descarada como me lo contás. Puede ser que si le decís todo lo que le enseñaste a Damián, te lo agradezca y pida más.

—¿Te parece que sea puta como nosotras, que se nuble con el sexo y no piense con claridad? ¿Se entregará al deseo y al morbo?

—Creo que no perdés nada en insinuarlo y seducirla. Sino llega a ser así y nuestras conjeturas son erradas… lo peor que puede pasar es que se separe de tu hijo y en resumen por lo que entiendo eso no te molesta tanto. ¿No?

—Sos la mejor de todas.

Le escribí a Cari para conversar, accedió sin problemas. Conversamos y llegamos a acuerdos. Luego le escribí a Damián si podía llegar temprano a casa que era importante hablar.

Damián

Mamá me escribió en la tarde para juntarnos a hablar, noté por la forma de escribir el mensaje que estaba más calmada. Le avisé a Cari que no iba a verla que tenía algunas cosas que resolver con mi madre.

Llegué a casa y me esperaba en el sofá del living vestida con ropa de entre casa, cómoda y nada provocativa. Un conjunto deportivo gris por lo menos dos talles más del que debería usar mamá. Buen comienzo para las locuras que habíamos vividos. Un par de rodeos intrascendentes hasta que llegamos al tema central. Ella se acomodó en el sofá, dejó de mirar el celular y lo apartó boca abajo sobre el apoya brazos del mueble. Y dijo:

—Hay muchas cosas que hicimos que no están bien, lo sé. ¿Pero vos entendiste por qué lo hicimos?

—Tengo claro mamá que yo te pedí consejo y que esto se nos fue de las manos. No me arrepiento de lo que hicimos pero es raro y no está bien.

—¿Qué te parece más raro?

—Mamá, nos masturbamos juntos y me hiciste una mamada de campeonato. ¿En serio?

—Te quiero preguntar algo importante Damián… ¿sirvió? ¿aprendiste?

—Sí

—¿Pusiste en práctica algo?

—Sí

—¿Te gustaría seguir con ese nivel de éxito con Cari?

—Claro que sí.

—¿Te gusto como mujer? ¿Te parezco atractiva?

—Sabés que sí, ¿qué es este cuestionamiento así? ¿Estoy en un interrogatorio?

—No hijo nada que ver. (Disimuló sus nervios agarrando el celular de nuevo)

—Mamá deja el celular y respóndeme.

—No amor, solo quiero ordenar como se dieron las cosas, por qué y qué es lo que motivó todo lo que hicimos. No es un interrogatorio.

Fue una conversación rara pero debía reconocer que había ayudado a exponer de forma ordenada lo que había pasado. Si seguíamos esa línea de pensamiento no había nada que impidiera tener sexo. Salvo por el hecho que no me había preguntado si quería hacerlo o cómo lo quería hacer.

Laura

Listo lo tengo.

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