El tipo era más joven que al anterior, le calculé unos 28 años.
—¡Hola! ―saludo el hombre—¿Mónica?
—¡Hola buen día! Sí, adelante.
Vi como la mirada del tipo se dirigió a las nalgas de mi esposa. Hizo un gesto de deseo.
―Soy Roberto.
―Pasa Roberto, ponte cómodo.
—¡Te ves más hermosa que en las fotos!
Los ojos del cliente irradiaban deseo y lujuria.
—¿Te sirvo algo Roberto?
―Una cerveza.
Al dar la vuelta para ir al enfriador, Roberto se enderezo en el sofá para poder ver en todo su esplendor el culo de Mónica, se mordió los labios y murmuro unas palabras que no pude escuchar.
El trasero de mi esposa se veía divino, la falda negra ajustada dibujaba el canal divisorio de las dos nalgas de manera perfecta, cada paso que daba se movían fuertes y firmes.
―¡Te ves deliciosa! ―dijo el morboso cliente―.
Se tomó la cerveza sin dejar de mirarla, mi esposa se sentó frente a él y cruzo las piernas. Se quedó mirando fijamente al tipo de manera muy sensual.
―¡Empecemos! ―dijo Roberto―.
Saco su billetera y conto el dinero entregándoselo a Mónica.
―Habrá una buena propina si te portas bien―dijo el cliente mojándose los labios―.
Mi esposa le guiño el ojo, se le acerco despacio. Rápidamente Roberto se aflojo el cinturón y busco su pene, sacándolo y mostrando su erección. Lo tenía de buen tamaño y ya la tenía bien parada.
―¡Chupa! ―dijo―.
Tomo suavemente la cabeza de mi mujer y la dirigió a que mamara. Moni, de un bocado se tragó el ardiente palo hasta la mitad, lo volvió hacer una y otra vez. El rostro de Roberto se deformaba de placer, juntaba y juntaba los cabellos de mi esposa para que le dejara ver como su verga entraba y salía de su boca.
La mamada fue deliciosa, la lengua de mi amada se movía con destreza y maestría, jugaba con el glande de su cliente subiéndolo a la cima del placer.
—¡Desnúdate! ―dijo Roberto―.
Se quitó la blusa mostrándole sus ricos pechos, Roberto las tomo y acomodo su verga en medio de las tetas de Mónica, esta empezó a masturbarlo con sus pechos a la vez que con su boca alcanzaba la punta de su polla, dándole unos ricos chupetes.
—¡Delicioso!
Consiente que no soportaría si mi mujer seguía mamándosela, Roberto separo a Moni e intercambiaron lugares, la sentó en el sofá, le saco las bragas y falda de un tiro y hundió sus dedos en la mojada vagina de mi esposa, ella se estremeció cerrando los ojos y dando pequeños gemidos de placer.
Roberto metía y sacaba sus dos dedos a la vez que buscaba el clítoris de la dama.
―¡Que sabrosa! ―decía—¡Sabrosa!
Empezó a mamarle la vagina, sin ningún complejo ni rechazo metía hasta donde podía la lengua en los cálidos pliegues de la vulva de Moni, chupaba y chupaba como si se estuviera alimentando de ella.
―¡Voltea! Quiero gozar tu culo.
Mi esposa se dio la vuelta poniéndose en cuatro, su piel era suave, sus nalgas quedaron a disposición del caliente cliente. El cual la observo como si tuviera al frente el más rico manjar del mundo. Acaricio primero suavemente las caderas abriéndolas y empezó a lengüetear el estrecho orificio.
―¡Que rico culo! ¡Que delicia!
Metía la lengua en el ano y bajaba a la vagina, no dejaba de abrir y acariciar a la vez las nalgas de mi hermosa mujer.
La empezó a penetrar por la vagina pero luego cambia al ano el cual recibió al erecto pene, un ano suave y ya bien educado por la experiencia de años. Por un momento me pregunte ¿Cuantas vergas había cobijado el culo de mi esposa?
—¡Eres una delicia Mónica!
El tipo no pudo más, baño de leche caliente las nalgas de mi esposa.
―¡Ah! ¡Que hembra más rica y sabrosa!
Roberto se alejó un poco para poder ver como su semen le escurría por el culo de Moni.
―¿Le puedo tomar una foto a tus nalgas?
―¡Claro mi amor!
El complacido cliente busco rápido su teléfono y le tomo varias fotos.
Nuevamente sentí que estaba bien escurrido, no sentía celos, por el contrario, me agradaba ver y hasta sentía que disfrutaba ver como se follaban a mi esposa.
Después que Mónica se dio un baño, nos sentamos a evaluar el primer día de trabajo y vimos que estaba muy bien, ya que los dos clientes le habían dejado muy buenas propinas y la promesa de volver pronto.
—¿Cómo te sientes? ―pregunte a Mónica―.
—¡Me siento excelente!
Note que en verdad estaba feliz. Me abrazo y me dijo.
―No te preocupes mi vida, estoy bien, me siento bien. Estaba checando que hay muchos que quieren agendar cita. Creo que agendare cuatro para mañana.
—¿No son muchas?
―No. La verdad los de hoy no duraron mucho―dijo sonriendo―Los despache creo que rápido.
Yo sabía que Moni era una experta y que sabía manejar la situación. Pero yo era de la opinión que con dos o mucho tres citas estarían bien.
―Mañana viene Sandy, me va ayudar a arreglar bien la sala, me va a traer unas cosas.
Por un momento me sentí inútil nuevamente, yo aún no podía subirme ni a una escalera o cargar una maceta. Después de unos minutos la voz de Moni me saco de mis pensamientos.
―Agende tres citas para mañana, Sandy viene temprano. La primera es a las doce. ¿Sabes? La primera es con dos chicos, pagan muy bien.
—¡Dos chicos!
―Sí, no te preocupes, puedo con ellos.
Vi el reloj y ya eran casi las doce y había sido un día muy agitado.
―Vamos a dormir, ya es tarde―le dije―.
Deje que mi esposa descansara, era lo justo. Me senté frente a la cama observando sus formas, sentí como que sus caderas eran más grandes que de costumbre. Vinieron a mi mente escenas de mi esposa siendo follada, los rostros de sus clientes gozando de placer. No aguante y empecé a masturbarme. En verdad lo que me atrajo de ella cuando lo conocí era eso precisamente, a lo que se dedicaba, a la prostitución. La noche paso rápido.
Se levantó temprano, la note muy feliz, como que le daba gusto haber regresado a su antigua profesión. Desayunamos algo ligero.
A las nueve llego Sandy, con unos cuadros muy eróticos, chicas siendo sometidas. Vi que las dos sin problemas empezaron acomodar todo, yo solo me limite a observarlas y a decirles si los cuadros y cortinas estaban niveladas o no y así pasó la mañana.
—¡Voy a bañarme! No tardan en llegar―dijo Mónica―.
La sala lucia muy diferente, las cortinas, la alfombra roja y unas fundas para los sofás además de los cuadros daban un toque muy sensual al lugar. Pase a Sandy a la cocina y empecé a prepararle un café en lo que platicábamos.
Me hizo notar lo feliz que estaba Mónica y que yo debería a poyarla. Sandy no tenía pareja porque pensaba que sería un obstáculo para su oficio.
―Mi amiga te quiere mucho, por eso lo hizo―dijo Sandy mirándome a los ojos―.
Entro Mónica, recién bañada y vestida toda de blanco, muy juvenil con sudadera, minifalda, calcetas y tenis muy bien maquillada y oliendo a rosas.
Sonó el timbre, eran los chicos que Moni esperaba. Yo y Sandy nos quedamos en la cocina.
—¿Estarás bien? ―pregunto Sandy―.
―Sí, de echo acá permanezco, es una forma de estar al pendiente de Mónica―conteste―.
Escuche que mi señora dialogaba con sus clientes y pude escuchar risas nerviosas. Quería asomarme por la ventanilla para ver qué pasaba pero Sandy me preguntaba cosas alargando la conversación, hablábamos muy suave.
―Espero que no sea difícil para ti―dijo tomándome las manos―.
—¿Te confieso algo? Me pasa algo raro, no siento celos, por el contrario me encanta ver a mi esposa siento penetrada por otros hombres.
—¡Ho! ¿De veras? ―dijo Sandy sonriendo―me da gusto que sea así.
Se hizo un breve silencio y alcanzamos a escuchar algunos gemidos pues ya mi esposa y sus clientes habían empezado.
Sandy se me quedo mirando y me dijo muy suave al oído.
—¿Observamos?
Y despacio nos acercamos a la ventanilla de la puerta de la cocina.
Mi esposa se encontraba sentada en el sofá, y al frente los dos chicos tomando las dos pollas una en cada mano, los masturbaba.
Los chicos más o menos de veinte años, llenos de energía y viriles. Mi mujer empezó a chupárselas, se metía una y luego otra no dejaba de masturbar sus vergas que para variar estaban de buen tamaño.
Los chicos se miraban entre ellos llenos de satisfacción. No escuche por estar platicando con Sandy como se llamaba cada uno de ellos, pero el de más estatura se tendió en el sofá y jalo a mi esposa para que se sentara sobre su parada pinga. Mónica acomodo la polla en la puerta de su vagina y el chico la empujo hasta el fondo, el otro se pasó al lado de manera que mi esposa alcanzara su verga para mamársela.
Habían dejado a Mónica con calcetas y con la minifalda, al chico que se la estaba chupando se colocó de otras y empezó a buscar su ano. Entre risas se acomodaban. Era la primera vez que vería como le hacían a mi esposa una doble penetración. Un poco torpes, al fin lograron acomodarse, uno le daba por el ano y el otro seguía metiendo y sacando por la vagina.
Note que Sandy seguía la escena casi sin parpadear.
Mi mujer con los ojos cerrados y la boca abierta berreaba de placer. No pude evitar sobarme la polla, de verdad me excitaba mucho ver como Moni gozaba, y el ver como esos tipos llenos de energía metían y sacaban sus pijas en los agujeros de mi amada esposa.
Los jóvenes clientes habían cambiaron de posición, esta vez se acomodaron más rápido y empezaron a darle duro por los dos agujeros de mi esposa.
—¿Te puedo tomar un video para presumirles a nuestros amigos? ―pregunto uno de los chicos―.
—¡Si mi amor! ―contesto Mónica―.
Note que eso les emociono demasiado a los jóvenes.
—¿Cómo las quieren?
—¡Mamándola! ―dijeron casi en coro―.
Mi esposa tomo la iniciativa, se hinco frente a uno de ellos y le dijo al otro chico.
―Lista, tu dime.
—¡Ya!
Moni empezó a chupar despacio y empezó a mirar hacia la cámara del teléfono, su mirada era llena de pasión. Se metió toda la polla en la boca.
Los chicos no cabían en su asombro.
—¡Nuestros amigos no nos lo van a creer! ―dijo el que tomaba el video―.
Acercaba la cámara mientras mi esposa se sacaba la polla del chico y se pegaba con ella en la boca, luego con sus pechos empezó a masturbarlo.
Mónica realizo el cambio, ahora le tocaba al otro, de la misma manera le dio una rica chupada de pija, bajándose a los testículos jugándoselos con la lengua.
—¡Con tus tetas, mastúrbame con tus tetas!
Y así lo hizo. Luego se puso en cuatro y se abrió las nalgas invitando al chico a meterla por el ano. El otro joven seguía grabando con el teléfono. No soporto mucho, no pudo detener el chorro de semen que salió disparado con fuerza, estrellándose en las nalgas de mi sensual esposa.
Por lo pequeña de la ventanilla de la puerta de la cocina de donde observábamos tenía a Sandy muy cerca.
—¿Estas excitado? ―pregunto―.
Sandy llevaba un short de mezclilla y una blusa ombliguera blanca.
—¡Si! ―le dije—¿Quieres ver?
Ella asintió con la cabeza, yo saque mi polla que ya estaba muy escurrida y erecta. Sandy se hinco y empezó a chuparla, sentí la tibieza de su boca, la suavidad de sus labios y su lengua, también era una experta mamando.
Moni ya atendía al último chico, lo había recostado y le mamaba fuertemente la verga, fue cosa de instantes y un chorro de leche caliente lleno la boca de mi esposa.
Sandy estaba ya ensartada, se la había metido desde atrás, se movía empujando sus nalgas, yo apoyado en el marco de la puerta solo dejaba que ella hiciera los movimientos.
Los chicos ya deslechados sentados en la sala se notaban muy satisfechos.
Los clientes muy sonrientes se despidieron de Moni y ella subió a bañarse. Yo aproveche para seguir follando el culo de Sandy. Tal vez por lo caliente que estaba y por lo que había visto no dure mucho para evitar que salpicara la cocina le deje ir toda mi leche en la vagina de Sandy, la cual muy paciente y comprensiva espero a que yo me vaciara por completo.
—¡Voy con Moni! ―dijo―.
No sentí que estuviera traicionando a mi esposa, yo sabía muy bien que ella entendería.
―Por la noche se lo comentare―pensé―.
Para ser un poco útil, salí a limpiar la sala ahí me di cuenta de los útiles que eran las fundas sintéticas de los sillones, los chicos habían salpicado esperma por todos lados.
Mónica y Sandy bajaron y me sorprendió ver a las dos muy arregladas y hermosas. Me ayudaron a limpiar, desinfectamos y el lugar entre los tres lo dejamos impecable nuevamente.
―Mi amor―dijo Moni—Te queremos decir algo.
Me invitaron a sentarme en la sala.
―Mira, el siguiente cliente en un viejo conocido―continuo Mónica—viejo conocido de Sandy y mío. Es un tipo muy de confianza y quiso que lo atendiéramos las dos como lo llegamos hacer hace algunos años.
―Qué bueno―dije—¿Y porque tanto misterio?
―Lo que pasa es que él es algo digamos muy especial, y te quería advertir que como vas a estar observando desde la cocina, no vayas a tomarlo a mal.
―Este cliente paga excelentemente bien pero tiene muchos fetiches―le ayudo Sandy—uno de ellos es que le gusta llamarnos “putas”, “rameras”, “perras” y cosas así. También le gusta darnos de nalgadas o a la hora de chupársela es un poco tosco.
―También tiene la cualidad de durar mucho para terminar―nuevamente intervino mi esposa—y su verga está muy grande. Así que te quería pedir que no vayas a pensar que nos está agrediendo solo que es su estilo.
―Ok, no se preocupen, que bueno que me ponen al tanto ―respondí―.
Sandy dio los toques finales a la sala para recibir a su amigo y Moni y yo nos fuimos a la cocina.
―Estaré bien mi amor―me dijo―Me conto Sandy que tuvo que ayudarte pues estabas muy excitado.
―Te lo pensaba decir por la noche―dije―.
—¡No te preocupes mi amor! Sabes que Sandy y yo somos más que hermanas.
Sonó el timbre, el cliente había llegado. Mónica me dio un beso y salió.
Continuará.
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