Mi esposa prostituta (3)

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—¡Hola, que gran alegría volver a verlas juntas!

El tipo hablaba muy fuerte. Me apresure a mirar, era un tipo ranchero con pantalones de mezclilla ajustados, con sombrero y camisa a cuadros dejando ver los abundantes bellos de su pecho, de complexión robusta con barba de candado, traía una gruesa cadena en el cuello que sin duda era de oro, anillos, pulseras y botas.

Se lanzó hacia Mónica y Sandy y el abrazo, dando carcajadas de felicidad.

—¡Pensé que jamás volvería a verlas juntas! ¡Esto lo tenemos que celebrar! ―dijo mientras abrazaba a las dos— ¡Traigan la mejor botella que tengan!

Sandy se apresuró a ir por el whisky que por el momento era lo mejor que teníamos.

—¡Mi bella Mónica! No sabes cuánto te extrañe cuando te retiraste, pero siempre pensé que volverías. ¡Sí señor y mira se hizo realidad mi sueño!

Mónica se abrazó de él y este la cargo muy fácil por lo corpulento que estaba.

—¡Roque de mi amor! Sandy me contaba que la seguías frecuentando.

—¡Claro que sí! Me encanta meterle la verga a mi Sandy.

Roque se sentó en el sofá sin dejar de cargar a Moni la cual quedo en sus piernas. Sandy les ofreció una copa.

—¡Vamos a brindar por este reencuentro! ―dijo el ranchero―.

Él se terminó la copa de un solo trago. Tomo a Mónica y le dio un beso y ella respondió abrazándolo.

―Ya extrañaba esa boquita deliciosa.

Y le hizo la señal a Sandy que le sirviera nuevamente y de la misma manera se la tomo de un trago.

Roque jalo a Sandy y la sentó a su lado quedando en medio de las dos.

—¡Pues no se diga más, empecemos!

Las chicas se terminaron sus respectivas copas, Roque les acariciaba las piernas a la vez que las miraba como si un león tuviera al frente a dos corderos.

Tomo a Mónica del cuello y la empezó a besar, metía su lengua en la boca de mi esposa a la vez que se aflojaba el cinturón y sacaba su polla la cual aparte de grande estaba gruesa. Jalo a Sandy hacia su verga, está el tomo con sus dos manos y trabajosamente le cupo en la boca.

—¡Ayuda a Sandy! ―le dijo el tipo a mi mujer―.

Mónica bajo hacia la verga de Roque la cual ya chupaba su amiga, y empezó a lengüetear el tronco ya que Sandy se ocupaba de la punta. Se acomodaron como las cachorritas se acomodan para alimentarse.

—¡Así, chupen putas! ―casi grito— ¡Así zorras!

Se desabotono la camisa, exponiendo su peludo tórax y abdomen.

Las chicas mamaban la pija como si fuera un delicioso caramelo.

—¡Mis huevos, chupen mis huevos! ―ordeno Roque―.

Mi esposa de inmediato obedeció y empezó a lengüetear los cojones, metiéndose a la boca los peludos testículos de su amigo primero uno luego otro.

—¡Así par de putas! Sigan chupando.

La verga de Roque se puso como si la hubiera templado. No apartaba la vista de las damas que se aplicaban mamando.

—¡Son muy hermosas las dos, y son muy putas!

Tomo la cabeza de Sandy y empujo metiéndole su polla hasta la garganta, a pesar de la experiencia de la chica tuvo que sacar la gruesa pija de su boca porque le obstruía el aire. Aun así Roque lo volvió hacer una y otra vez, metiendo y sacando su pene, la salivación de Sandy era tanta que le escurrían hilos de baba al separarse del grueso palo. Le dejo descansar y tomo a mi esposa y de la misma manera empujaba su cabeza metiendo toda su gruesa verga, la dejaba respirar y otra vez empujaba hasta donde su pedazo de fierro se topaba.

Las grandes manos del cliente jalo a mi esposa de los hombros y la acomodo de modo que su vagina quedara en su cara empezando a lamerla. Moni se desnudó por completo.

—¡Que rica has sido, que sabor de tu pucha!

Su gruesa y larga lengua recorría la raja de mi mujer. Sandy ahora dueña de todo el pene y huevos de Roque masturbaba y chupaba sin descanso.

—¡Mi par de rameras! ―murmuraba el tipo.

Mientras seguía disfrutando de la vagina de mi esposa. Sandy viendo que la erección de Roque estaba al máximo, se subió encima del hombre empezándose a meter el grueso pene que estaba al rojo vivo, al mismo tiempo se despojaba de sus ropas.

—¡Putas, ya extrañaba cogerme a las dos!

Mónica se apretaba sus tetas enjuagándoselas y apretando sus pezones a la vez que Roque seguía saboreando su mojada pepa, de la misma manera Sandy se apretaba los suyos dándose de sentones sobre la verga del caliente cliente.

Como si hubieran ensayado la escena el tipo tomo del hombro a Moni y le señalo el sofá, esta se subió y se puso en cuatro de la misma manera le indico a Sandy y las dos juntas se acomodaron parando sus deliciosas caderas.

Roque se fue sobre el culo de Sandy, le metía los dedos en la vagina y le pasaba la lengua en el ano, sus manos eran grandes y toscas, le metía sus dos dedos sin piedad hasta el fondo luego le repitió la dosis al culo de mi esposa, descansaba su brazo izquierdo lleno de bellos sobre las caderas de Mónica y hundía sus dedos de su mano derecha dos en la vagina y uno en el ano.

—¡Deliciosas mis zorras!

Mi mujer cerraba los ojos y abría la boca, vi que apretaba fuerte el respaldo del sofá ante las embestidas de los dedos del ranchero, el cual juntaba toda la saliva que podía en su boca y la escupía en el culo de mi amada Mónica. Con sus dos pulgares bien lubricados por la saliva que le aventó abría el ano lo más que podía.

Se puso atrás de ella y junto otro poco de saliva la cual se la puso en la polla, la cual junto con sus líquidos dejó su pene extremadamente resbaladizo. Vi cómo sin esfuerzo la verga de Roque se metió en las nalgas de mujer como un fierro caliente en mantequilla.

—¡Que culo! ¡Qué culo tienes!

—¡Me matas amor! ―dijo Moni―.

Al mismo tiempo que penetraba el ano de mi mujer, el tipo acariciaba las caderas de Sandy.

—¡Ya te atiendo zorra! Ensalívate ese agujero.

Sandy obedeció, tomo toda la saliva que pudo y se la puso en su ano. Roque se alejó un poco para ver el par de hermosos culos frente a él.

—¡Malditas putas, cerdas! ―dijo.

Tomo a Sandy de sus cabellos desde atrás, jalándola bruscamente hasta quedar doblada y con la cara frente a él.

—¿Eres mi puta?

—¡Si mi vida, soy tu puta! ―respondió la chica―.

El tipo nuevamente junto toda la saliva que pudo y se la dejó caer en la boca de Sandy, la cual la recibió con la lengua y tragándosela toda.

—¡Pídeme que te meta la verga! ―le ordeno―.

—¡Méteme tu verga! ―respondió rápido―.

—¡Suplica maldita puta!

—¡Por favor Roque, te lo suplico, méteme tu verga!

El ranchero le dio unos jalones a su roja y morena pinga, le puso otro poco de saliva y de la misma manera, de un solo empujón se le fue toda a Sandy. Su culo experimentado recibió de un movimiento la gruesa verga de Roque.

—¡Así se coge el culo de una puta! ¿Te gusta zorra?

—¡Si mi amor! ¡Ah!

Roque metía y sacaba tanto del ano como de la vagina de Sandy luego regresaba de la misma manera con Mónica. Las chicas parecían frágiles muñecas ante el corpulento cliente.

Tomo a mi esposa y la elevo por el aire dándole la vuelta quedando acostada frente a él, le abrió las piernas y desesperado le metió su pinga hasta el fondo, con la mano izquierda le apretó el vientre y con la otra sostenía el tobillo de mi mujer en lo alto, abriéndola; empezó a penetrarla con tanta fuerza que los gritos de Mónica empezaron a subir de tono.

—¡Zorra, esto es por los años que no te he cogido!

El robusto cuerpo de Roque se le iba con todo su peso sobre la vagina de mi señora, su cuerpo parecía el de un colibrí ensartado por un jabalí rabioso.

—¡Así se coge a una puta, así! ―decía Roque— ¡Te voy a partir en dos maldita ramera barata!

Sandy recargada en el sofá veía como su amiga era taladrada sin piedad.

—¡Qué esperas tu piruja, chúpale las tetas a esta puta guanga!

Y jalo a la chica de los cabellos colocando su rostro en las tetas de Mónica los cuales empezó a chupar.

―¡Me vengooo! ―exclamo mi esposa— ¡Me vengooo!

Pero Roque no la escucho, el seguía cogiendo la vagina de Moni sin piedad.

—¿Ya extrañabas esto verdad maldita puta? ¡Voy hacer que te mees!

Por un momento pensé en intervenir. Es demasiado para ella pensé. En ese momento el tipo jalo a Sandy y tomo el lugar de Mónica la cual sudando a mares se recargo del sofá como si hubiera terminado una carrera atlética de 100 metros, totalmente exhausta.

Sabiendo lo que le esperaba, Sandy se acomodó y sujeto con fuerza el borde del sofá a la vez que tomaba aire.

—¡Prepara ese coño perra que te voy a dar hasta que te desmayes!

El sonido que producían sus cuerpos al chocar ere grotesca, Sandy luchaba por no quejarse pero no podía.

—¡Hay! ¡Me matas! ¡Mmm!

Mónica se acariciaba las tetas y la vagina ya más relajada, mirando como ahora su amiga era la castigada por el caliente hombre el cual dejaba caer todos sus kilos sobre el cuerpo de Sandy que parecía que se quebraría en cualquier momento. El grueso pene de Roque entraba en la vulva de la dama como una potente perforadora, las tetas de la chica vibraban por los embistes.

—¿Te gusta así o más rápido zorra? ―dijo el tipo el cual ya el sudor le escurría por la cara―.

Era increíble la condición del tipo, parecía no cansarse. Sentí que ya me escurrían los líquidos al ver estas escenas a las cuales estaba tan atento que no note mi erección. Me saque la pinga y me la empecé a acariciar suavemente.

Roque ya estaba acostado y Mónica mi esposa se acomodaba arriba de él, sentándose sobre su roja verga, apenas le entro toda la trajo hacia su cuerpo el abrazo y empezó a bombear violentamente apoyando sus pies con el sofá. Vi como a Sandy las piernas le temblaban, trato de apoyarse en el piso para dejar espacio a la pareja pero se le doblaron las rodillas y se quedó sentada en el piso.

—¡Ay Dios mío! ―decía mientras alcanzaba unas toallas húmedas para limpiarse el sudor―.

Roque se puso de pie con Moni ensartada, lo hizo sin ningún esfuerzo por lo fuerte y corpulento y así de pie abrazando a mi esposa empezó a subirla y bajarla como si fuera una muñeca de trapo, Sandy observa sentada en el piso.

Abrazada del cuello de su verdugo, con las piernas rodeándole la cintura, las nalgas de mi esposa parecían de gelatina en cada embiste. De repente Roque soltaba a Moni como si hiciera un malabar dejando que el cuerpo de mi esposa quedara ensartado en lo más profundo.

—¡Así maldita puta! ―le daba fuertes nalgadas— ¡Tu castigo por dejarme puta barata!

Las caderas de mi mujer se empezaron a poner rojas por los golpes.

—¡Ah! ¡Ah! ―exclamaba Mónica―.

En eso Roque paro y bajo a mi esposa al piso acercándola donde Sandy estaba sentada.

—¡Me vengo! ―las chicas se prepararon para recibir la leche— ¡Ah!

Un primer chorro salió disparado como si fuera lanzado con compresor directo al rostro de Sandy, la cual por instinto cerró los ojos e inclino su rostro, luego otro de la misma intensidad salió directo al pecho de Mónica.

—¡Traguen mi leche rameras! ―grito Roque―.

Creo que por el sudor que le entraba en los ojos apenas y veía donde dirigir los chorros de esperma. Aun así tomo la cabeza de mi mujer acercándola más y le metió su pija en la boca.

—¡Trágala maldita puta, quiero ver que te tragues mi leche!

Tomo a Mónica por las narices al abrir esta su boca le puso todo el resto de esperma que tenía, exprimiendo su verga y sacándole hasta la última gota retenida.

—¡Así, has gárgaras! ―le ordeno a mi esposa―.

Esta obedeció, y empezó el gorgoteo en su garganta con el semen de Roque.

—¡Enjuaga y traga maldita cerda!

Mi querida esposa lo hizo, enjuago y trago el viscoso liquido sin hacer ningún gesto negativo, por el contrario, al tragar se lamio los labios como saboreando la leche.

Mónica y el estaban de pie, Roque no perdía detalle de como mi esposa se tragaba todo su semen. Luego acerco a Sandy que seguía hincada en el piso con la cara escurrida también.

—¡Que quede limpio maldita puta! ―y le metió el pito en la boca―.

Tomo entre sus manos el rostro de Mónica y empezó a besarla metiéndole la lengua en su boca, en lo que Sandy con sus manos exprimía y chupaba el pene de Roque siguiendo la orden de dejarlo limpio.

—¡Ay que sabroso! Estuvo riquísimo ―dijo el hombre―.

Y se tiró pesadamente sobre el sofá. Las chicas se recostaron a su lado.

Por el tiempo que permanecí parado empecé a sentir dolor en la pierna así que tuve que sentarme en el comedor.

Trate de relajarme pues seguía excitado de ver lo bien que habían cogido las chicas con su antiguo cliente, sin duda les daría una buena cantidad como pago. Escuche que se reían y platicaban amenamente. En la mesa había una jarra de agua y me serví un vaso pues se me estaba pasando tomar mis medicamentos, lo hice y respire profundamente.

Me quede pensando que cuando el tipo llamaba puta, zorra, ramera o perra a Mónica note que me excitaba escucharlo, sentí una sensación como si una leve corriente eléctrica me recorriera el cuerpo y me prendía. En eso estaba cuando las chicas entraron a la cocina desnudas y sonrientes.

—¡Mira mi amor! ―dijo Mónica―.

Me enseño una esclava de oro que Roque le había regalado además de poner sobre la mesa un rollo de dólares. Mis ojos brillaron, a Sandy le había dado una esclava similar y también el pago en dólares.

—¡Roque es un excelente cliente y le dio mucho gusto volver a verme! ―dijo mi esposa―.

―Sí, note que le dio mucho gusto ―dije en tono de broma―.

Mónica me abrazo y me beso la mejilla con mucho amor.

―Cariño, voy a bañarme ya que me falta una cita.

Continuará..

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