Las cosas no habían salido bien últimamente, había renunciado a mi trabajo de bar tender de había laborado diez años para iniciar un negocio propio. Me asocie con un amigo y siento que los dos pusimos todo el empeño para lograr levantar nuestro propio bar y lo estábamos logrando, pero tuve un accidente en la moto y eso vino arruinarlo todo.
Tuve que convalecer por muchos meses ya que me rompí la pierna, mi socio no pudo solo y tuvo que cerrar. Tuve que pedir algunos préstamos a familiares y al banco para salir del problema pero como todo préstamo había llegado la hora de devolver ese dinero y yo aún no estaba listo para volver a trabajar por el contrario mi rehabilitación fue muy lenta.
Empezaron los problemas económicos. Una noche Mónica mi esposa, me dijo que estábamos quebrados, ella había empezado a trabajar con una de sus amigas en un despacho contable pero el sueldo no era bueno. Me dijo que teníamos que hacer algo, yo no quería desprenderme de la casa pero dada la situación tal vez tendría que hacerlo.
Al día siguiente Mónica se puso frente a mí y me dijo:
―He tomado la decisión, volveré al trabajo.
Conocí a mi esposa en el bar de trabajaba. Ella llegaba regularmente los fines de semana en busca de clientes pues se prostituía. Era común que llegaran chicas y nos dejaran a los empleados del lugar sus tarjetas o el mismo dueño del bar nos indicaba que si algún cliente preguntaba por compañía las mandáramos con ellas. Se movían muy discretas pues el bar estaba en una zona céntrica de la ciudad y no tenía permiso para tal fin.
Algo paso y Mónica y yo nos gustamos y pocos meses después de conocernos decidimos casarnos y ella decidió empezar una vida nueva. Pero ahora ante esta situación ella consideraba que sería la solución.
Al parecer ella noto mi desagrado ante su propuesta.
―Sera por un tiempo mi amor ―me dijo—en lo que salimos de esto. Mira como estas, aun no te recuperas. Yo aún dependía de una andadera de apoyo para caminar. Ella me abrazo y me dijo.
―Apóyame en esto mi amor. Sé que en poco tiempo saldremos adelante.
Esa noche me la pase pensando, y no teníamos otra opción.
Ella me volvió a tocar el tema por la mañana, a raíz de un aviso de pago urgente del banco.
―¡Esta bien! ―le dije—¡Esta bien!
―Veras que todo saldrá bien.
¿Podría yo con eso? ¿Podría soportar que ella estuviera follando con otro? De alguna manera cuando empezamos nuestra relación ella siguió trabajando, pues cuando le propuse que fuera mi chica me advirtió bien lo que implicaba su trabajo y durante todo el noviazgo fue así, hasta que nos casamos que fue cuando ella se retiró definitivamente de su oficio. Me consideraba un hombre de mente abierta, a que esperaba que no lo sintiera tanto.
Esa tarde platicamos al respecto. Yo no quería que regresara al bar de nos habíamos conocido pues muchos amigos aun trabajaban en ese lugar.
―No creo que sea necesario―comento—te acuerdas de Sandy mi amiga. Ella se promociona en redes sociales, podemos hacerlo así. Ella prácticamente escoge a sus clientes y lo mismo quiero hacer. Puedo vender contenido y agendar citas.
Me agrado la idea y me vino a la mente que podría agendar citas en la misma casa de esa manera podía estar al pendiente. Aunque no interactuábamos con nuestros vecinos me surgió la inquietud que pudiera haber algún detalle con ellos.
Así que pusimos manos a la obra. Su amiga Sandy vino para asesorarla respecto a las redes sociales, a cómo le hacía ella para promocionarse y algo muy importante, ella tenía buen contacto con el jefe de la policía de ciudad ya que era necesario tener esa protección. Nos animó mucho lo que Sandy nos contó pues a ella le iba muy bien, y le propuso que se promocionaran juntas además nos prometió que le enviaría algunos clientes muy confiables.
Con mi limitada ayuda adecuamos la sala, para que ahí fueran los encuentros. Al principio de mi convalecencia no podía subir las escaleras y tuvimos que adquirir un sofá cama el cual estaba en muy buen estado.
Pensé que sería buena idea ponerle un vinilo especial al cristal pequeño que tenía la puerta de la cocina que daba a la sala para poder estar al pendiente de Mónica ya que temía que algún cliente se fuera a poner pesado, tenía ese temor. Ella al ver mi preocupación estuvo de acuerdo.
Mónica de por sí era esbelta, no dejo de salir a correr todos los días, solíamos hacerlo juntos pero por el accidente deje de hacerlo pero ella no, así que se mantenía en forma. Morena clara de pechos grandes, labios gruesos y cara ovalada además de unos lindos ojos negros al igual que su cabello. En realidad era muy atractiva.
Luego al día siguiente tuvo su primer cliente, un señor o más bien dicho un caballero ya maduro. Recomendado de Sandy, de unos 60 años. La cita era a las 11 de la mañana.
Se veía guapísima. Se puso unos zapatos de tacón negro, medias negras también con liguero. Sandy le había dicho que al cliente le gustaba que estuviera sin bragas. Una falda roja, corta y ajustada, sin brasier solo una blusa blanca. Bien maquillado. Su lunar en la mejilla le daba ese toque especial y excitante.
Mucho antes de las 11 me metí a la cocina, me serví un trago. Sería mi prueba de fuego. Me asome por el vidrio y vi que Mónica lucia tranquila, se sentó en el sofá y espero la llegada del cliente. No dejaba de ver lo bella que se veía. Yo sabía que ella se prendía rápido y recordé una plática que tuvimos antes que fuéramos novios de me dijo que ella en verdad disfrutaba su trabajo, que le encantaba el sexo.
El timbre me saco de esos pensamientos. Ella se apresuró a abrir.
Apareció un tipo de apariencia tranquila, cabello canoso y bien vestido. Al principio se veía algo desconfiado, miraba por todos lados en lo que Mónica le servía una copa.
―Me dijo Sandy que era usted una chica muy confiable, sana y limpia.
―Me presento caballero, soy Mónica.
―Mucho gusto Mónica, soy Manuel. ¿Estás sola?
―Claro. Sandy y yo somos amigas de hace años. Si me hablo de ti Manuel. ¿Podemos tutearnos?
―¡Claro! No hay problema.
Me sorprendió la seguridad de Mónica. Su cliente se sintió más en confianza.
―Pues estoy a tu disposición Manuel.
—¿Cómo quedamos del precio? ¿Lo mismo que Sandy?
―Sí, lo mismo.
—¿Haces todo lo que ella hace?
—¡Mucho mejor!―dijo Mónica sonriendo—y se paró frente a él.
―Pues vamos a comprobarlo. Hay una buena propina si te portas bien―dijo el veterano—Al tiempo que abrió su billetera y le pago $2000.00
Me sentí inútil al ver esa escena. Pero tenía que ser fuerte, será temporal pensé, en cuanto me recupere bien dejaremos de hacer esto.
Mi esposa se levantó la falda y le mostro que no tenía ropa interior, se dio la vuelta y puso sus nalgas frente a la cara del maduro caballero.
―Sirve otra copa―dijo¬―llénala.
Mónica fue generosa al servir. Este dio un buen trago del whisky.
-Muéstrame, se buena chica.
Mónica desabotono su blusa y le mostro sus exuberantes pechos, los cuales empezó acariciar.
—¡Que hermosa eres! ―dijo— al tiempo que se empezó acariciar la polla sobre el pantalón.
Tomo de un trago el resto de wiski. Mónica se movía lenta y sensualmente al tiempo que se despojaba de su blusa. Sus tetas quedaron tambaleándose. Manuel de inmediato las atrapo, empezó a jugarlas, a restregarlas y a apretarlas. Después de jugar con ellas se las empezó a chupar.
—¡Que ricas están! ¡Que deliciosas!
El veterano cliente con la calma que da la experiencia chupaba las ricas tetas de Mónica a la vez que no le quitaba la mirada, admirándola.
—¡Eres bellísima! ―insistía Manuel―.
Le empezó a besas los ricos labios gruesos de mi esposa, le metía y sacaba la lengua de la boca. Ella de la misma manera buscaba la lengua del caballero, en verdad parecía que estaba disfrutando. Siempre pensé en lo más profundo de mí, que Mónica tenía vocación de prostituta, era tan sensual, su sangre tan caliente. Su lunar en la mejilla le daba ese toque de hembra, de mujerzuela.
Con agilidad abrió el zipper de Manuel, sacando su polla media erecta. Sin dejar de mirar fijamente al maduro caballero Mónica empezó suavemente a masturbarlo, llevándose el pedazo de carne a su boca.
Como toda una profesional empezó a mamársela, inevitablemente Manuel cerraba los ojos pero los abría rápidamente para no perderse ese maravilloso espectáculo de ver a mi esposa como se metía toda su verga en la boca. Recorría del tronco a la punta bajando y lengüeteando los cojones del maduro cliente, el cual se estremecía de placer. Por un momento pensé que rápido eyacularía, pero resistía, aun cuando los gestos parecían que en cualquier momento estallaría.
Manuel se despojó de toda su ropa, Mónica hizo lo mismo, la acomodo en el sofá cama y empezó a lengüetear la ya mojada raja mi mujer, la cual ya estaba muy excitada. Manuel disfrutaba sorber los ricos fluidos de Mónica, succionaba la vulva tragando todo lo que su boca absorbía. Los pechos de mi amada esposa estaban erectos, se acariciaba con sus manos los pezones mientras la boca y lengua del caballero seguía succionando la vagina escurrida de mi esposa.
Manuel la coloco en cuatro para admirar el delicioso culo de Mónica, no resistió y se lanzó metiéndole su lengua en el ano, pasaba y repasaba la lengua, al parecer había perdido la serenidad y desesperado chupaba el marrón agujero.
Preparo su polla que estaba ya bien erecta a la cual ensalivo y la penetro de un solo movimiento, empezó con el vaivén.
—¡Que culo tienes! ―murmuraba- ¡Que culo!
A la vez que metía y sacaba no dejando de acariciar las hermosas nalgas de mí esposa.
Escupió el estrecho orificio y empezó a enjuagarle la polla en la puerta poniéndola en posición de ataque. El rostro de mi esposa mostro un poco de dolor, la verga del veterano caballero empezó entrar en el estrecho ano.
—¡Que sabrosa estas preciosa, que sabrosa!
Manuel no aguanto más.
—¡Ah!
Poso los ojos como en blanco, que por un momento pensé que estaba dando un paro cardiaco pero como que volvió en sí.
—¡Ah Dios mío!
Se vacío todo en el ano de mi esposa. El caballero estaba exhausto.
Le pidió a Mónica otro poco de Whisky
Me aleje de la ventanilla y me senté, la verdad no sentía celos, por el contrario tenía una erección y sentí que había excretado muchos fluidos por la excitación.
Quise analizar cómo me sentía y la verdad no estaba confundido, creo que de alguna manera retome lo que Mónica me dijo aquella vez que acepto ser mi novia, que estuviera bien consiente a que se dedicaba. Más bien me sentía impotente por mi estado físico, pero me sentía tranquilo.
En eso estaba cuando Mónica entro a la cocina.
—¿Estas bien? ―pregunto―.
―Si―respondí—¿Ya se fue?
―Ya, pero en media hora tengo otra cita. Limpio un poco la sala y tomare un baño.
Me sorprendí que me conservara tan tranquilo y sereno. Me prepare un café.
Al poco rato Mónica entro en la cocina. Ahora estaba toda de negro, falda, blusa, zapatillas.
—¡Te ves hermosa mi amor!
En eso tocaron el timbre. El segundo cliente había llegado antes.
Continuará…
![]()
Azzzul me encantan tus escritos y pues como siempre, esperare con ansias la continuación de este excitante relato, ya no nos abandones tanto tiempo y sigue deleitandonos
***No se admiten datos personales en los comentarios***
Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.
Administración de CuentoRelatos