Mi exnovia se convirtió en mi juguete (3)

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T. Lectura: 4 min.

En esta ocasión utilizaré nombres para hacer la historia más entendible.

Las cosas con Alma seguían subiendo de nivel, y yo no paraba de empujarla a más locuras. Le había dado luz verde para ir por su roomie, Dulce, esa morenita de nalgas redondas y carita inocente que ya me conocía de tanto ir a cogerme a Alma en su departamento.

Dulce era de las que se sonrojaba con todo, pero Alma juraba que debajo de esa timidez había una puta dormida. “La voy a preparar despacito, vas a ver”, me dijo una noche mientras la cogía en su cama, con sus tetas rebotando contra mi pecho y su coño chorreando alrededor de mi verga.

Me corrí dentro gritando su nombre, y ella se quedó dejándome limpio, prometiendo avances.

Empezó con “accidentes” calculados. Me contó que un día, al salir del baño después de ducharse, se “tropezó” con la toalla y dejó que cayera frente a Dulce en la sala. Sus tetas grandes y sus pezones duros por el agua fría, y Dulce se quedó mirándola boquiabierta, tartamudeando un “¡Ay, Alma, cúbrete!” mientras se ponía roja como tomate. Alma se rio, fingiendo vergüenza: “Ups, perdón, es que resbalé”.

Al día siguiente, me la follé duro contra la pared de su cocina por el culo, embistiéndola hasta que gritó y se vino. Después me dijo “Le gustó, lo vi en sus ojos, se le marcaron los pezones en la blusa”

Alma escaló. Dejó la puerta del baño entreabierta mientras se duchaba, y Dulce pasó “por casualidad” y la vio desnuda. Viceversa, Dulce se “olvidó” de cerrar cuando se bañaba, y Alma la vio con las tetas pequeñas pero firmes cubiertas de espuma.

En la uni empezaron las bromas tímidas: Alma le mandaba memes de tetas en el grupo de amigas, y Dulce respondía con risitas nerviosas, “¡Eres una loca!”. Me lo contaba todo por WhatsApp para que estuviera enterado de sus progresos. “Dulce ya bromea conmigo de pechos, ayer me dijo que los míos son ‘envidiables'”

Pasaron semanas de normalizarlo. En el departamento, andaban en brasier o panties sin drama, como si nada. Alma se paseaba con las tetas sueltas viendo Netflix, y Dulce, al principio cubriéndose, terminó uniéndose: una noche se quitó la blusa “por el calor” y dejó ver sus tetitas puntiagudas.

Las bromas en la escuela escalaron; Alma le pellizcaba las nalgas “accidentalmente” en el pasillo, y Dulce reía, “¡Para, tarada!”.

Yo iba al departamento más seguido, cogiendo a Alma en su cuarto con la puerta entreabierta para que Dulce oyera los gemidos. Una vez la pillé espiando por la rendija mientras le comía el coño a Alma hasta que se corrió gritando.

Introdujo la idea del trío sutil. Alma empezó hablando de porno en la sala, las dos en panties: “Mira este, dos chicas y un tipo, qué rico”. Dulce se sonrojó pero miró, mordiéndose el labio.

Poco a poco, caricias “accidentales”: Alma le masajeaba los hombros topless, rozándole las tetas, y Dulce suspiraba sin apartarse. En la uni, Alma le confesó que yo era “un semental” y que follábamos como animales. Dulce admitió que me veía “guapo”.

La noche clave, después de unas copas, Alma me llamó al depa. Llegué y las encontré en la sala, en brasier y panties, riendo. “Dulce quiere probar”, dijo Alma, y yo supe que era el momento.

El trío fue épico, como lo había fantaseado. Empecé besando a Alma frente a ella, quitándole las bragas y metiéndole dos dedos en el coño empapado mientras Dulce miraba hipnotizada. “Toca, no muerdo”, le dije, y Dulce, temblando, me rozó la verga dura por encima del pantalón.

Alma la jaló hacia mí, besándola torpe al principio, sus lenguas enredadas mientras yo les chupaba las tetas: las de Alma grandes y blandas, las de Dulce firmes y sensibles, con pezones que se endurecían al instante.

Las puse de rodillas, las dos mamándome la verga a dúo: Alma tragándosela entera hasta la garganta, Dulce lamiendo las bolas tímidamente al inicio, pero pronto chupando la cabeza con succión ansiosa.

Las tiré al sofá. Me cogí a Alma primero, de misionero, embistiéndola fuerte con sus tetas saltando, mientras Dulce nos veía masturbándose el coño con dos dedos.

“Ven, lame sus tetas”, le dije y Dulce obedeció, chupando los pezones de Alma mientras yo la follaba profundo, sintiendo su coño apretarme.

Cambié a Dulce: la abrí de piernas. Se la metí despacio por la vagina, centímetro a centímetro, hasta el fondo; gritó de placer-dolor, “¡Es enorme!”, y Alma le tapó la boca besándola.

La empecé a coger como salvaje, sus nalgas redondas temblando con cada choque, y sus tetitas rebotando también mientras Alma la acariciaba.

Dulce se corrió primero, convulsionando y empapando mi verga con chorros calientes. Las puse de perrito lado a lado, alternando: unas embestidas en el coño de Alma luego en Dulce.

Alma se corrió gritando, y yo saqué la verga para llenar a Dulce con mi semen en sus tetas. Terminé en el suelo, Alma montándome la cara mientras Dulce me cabalgaba el pene, rebotando con sus nalgas.

Sentí su coño contraerse en otro orgasmo, y exploté dentro de ella, llenándola de semen hasta que chorreó por sus muslos. Nos quedamos jadeando, las dos besándome a mí y entre ellas.

Después de eso, hubo otra locura. Un fin de semana Alma se fue a casa de sus papás por una reunión familiar y yo me quedé en su departamento cogiendo con Dulce.

De madrugada, le envié una foto de Dulce chupándome el pene y le ordené a Alma salir desnuda a la sala de su casa a media noche. “Mastúrbate duro, grábate un vídeo completo como evidencia y envíamelo.

Su familia dormía. Sus papás estaban en su cuarto y el hermano menor de 18 en la otra habitación. Ella obedeció, excitada.

Minutos después llegó el vídeo: Alma desnuda en la sala oscura, sus piernas abiertas en el sofá, metiéndose tres dedos en el coño chorreando jugos, frotando el clítoris con la otra mano, sus tetas balanceándose mientras gemía bajito. Se retorcía y sus jugos salpicando el piso, hasta explotar en un orgasmo tembloroso, mordiéndose la mano para no gritar.

Al revisarlo, noté algo: en un rincón, por unos segundos, una sombra en las escaleras –su hermano, parado lejos, mirándola un momento antes de irse sigiloso a su cuarto. No se veía claro si la vio bien o solo oyó ruidos, la distancia era mucha. Alma no comentó nada en el mensaje, solo “Listo, ¿te gustó?”.

Con Dulce en el juego ahora, las ideas locas no paraban. Alma y ella ya me mandaban fotos juntas y entre las dos me conseguían fotos de más amigas…

Lo que vino después fue la cima de nuestra desinhibición.

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