La alfombra estaba también totalmente empapada, se podía apreciar un buen charco. Me miré, yo estaba igualmente empapado. ¡Su primer squirting había sido realmente cuantioso y extraordinario! Yo no podía salir de mi asombro. Joder estaba encantado de haber logrado provocar eso en mi hija.
La agarré por las caderas y le obligué a darse la vuelta.
Ella se dejó llevar quedándose boca arriba.
Estaba totalmente empapada. Así de ese modo, con su cuerpazo mojado por su propio placer, me resultaba de lo más sexy, apetecible y provocadora.
No obstante, era tal su vergüenza, que se cubrió rápidamente la cara con sus manos impidiéndome ver su precioso rostro. No estaba llorando pero poco le faltaba.
No iba a permitir esto último, le iba a demostrar, que estaba muy equivocada.
—Ahora mismo veremos si es cierto lo que se dice.
—No papá, ¿Qué vas hacer? No hagas tonterías por favor. No tienes porqué hacerlo. Es asqueroso.
—Calla y déjame hacer a mi cariño.
Tal como estaba boca arriba comencé a acariciar sus piernas y a refregar todo ese líquido por ellas y por el interior de sus muslos, por su coño, por su delgada y tersa barriga.
Introduje mis manos bajo su top y mojé bien sus prietas tetas. Sus pezones, reaccionaron rápidamente a mis húmedas caricias.
Ella seguía con la cara tapada. Abrí sus piernas y me las puse a horcajadas sobre mis hombros.
—O dios papá, no hagas eso por favor —dijo sin oponer ninguna resistencia.
Comencé besando y lamiendo el interior de sus duros muslos. Uno y otro cada vez. Noté rápidamente la placentera receptividad del cuerpo de mi hija a mis besos, lametones y pequeños mordiscos por todo su cuerpo.
—Cariño, te aseguro que esto no es orina.
—Si claro, lo dices para que no me sienta tan mal.
—Lo digo porque es verdad. No sabe a orina ni huele a eso. Y si no me crees pruébalo tu misma.
—¡No gracias! —contestó ella.
—Pues nada cariño, mejor para mí. ¡Me lo quedo todo!
Ya no podía alargarlo más, tenía que hacer ver a mi hija que era verdad y que en realidad eso a mí me encantaba.
Para mí, que chorrease su coño de ese modo, no era un impedimento, sino todo lo contrario, una verdadera bendición que deseaba y disfrutaba con locura.
El squirting era algo que siempre había visto con mucha envidia. Para mí, y más a mi edad era algo que ya tenía como inalcanzable con mi pareja. Ahora el destino había puesto esta proeza a mi alcance y para colmo con mi propia y maravillosa hija. No iba a permitir que ella se cerrase a ello. Iba a conseguir que ella lo deseara tanto o más que yo.
Acerqué mis labios a su abultado, prieto y empapado coño y lo empecé a lamer con verdadero placer desde su clítoris hasta su ano, sin prisas pero sin pausa, haciéndole ver que yo lo disfrutaba de verdad. No tardó ella en abrir las piernas todo lo que daban de si, facilitándome de ese modo que me lo comiera todo. Tampoco tardó mucho, en poner sus dos manos sobre mi cabeza, haciéndome ver que le encantaba.
Mi lengua se introdujo todo lo larga que era dentro de su apetitosa vagina, haciéndola suspirar y gemir de placer nuevamente.
—Eres maravilloso papá. Ni en mi mejores sueños podría pensar que pudieran desearme tanto y menos aún hacerme disfrutar tanto. Jamás pensé que pudiera tener estos orgasmos.
Todo ello me lo decía sin parar de acariciarme y apretarme sutilmente la cabeza contra su sexo, mientras balanceaba sus caderas.
Saqué la lengua de su coño y me dediqué por completo a su clítoris que asomaba gordo y duro como una piedra.
Poco tardó en cambiar el balanceo de sus caderas a movimientos arrítmicos preludios de sus intensos orgasmos.
—Oh madre mía, Que bien me comes el coño papá. No voy a tardar en correrme de muevo. ¡Oh por favor!
Nada más terminar de decirme esas palabras, de súbito y sin previo aviso le introduje fuerte y rápidamente dos de mis dedos hasta el fondo en su prieto coño.
—¡Ahhhh!, ¡Oh sí!, ¡Sí !, ¡Dame más, dame más ohhh ufff papá. Chupa, chupa, ¡chúpame toda! Más rápido más rápido… ¡O dios me voy a volver a correr!
Cuando noté que estaba cerca del éxtasis, saqué los dedos de su coño y tan solo me dediqué a succionar con fuerza su hinchado clítoris.
¡A gritos estalló en otro tremendo orgasmo!
—¡Ahhh ohhh ahhhh!
Cerró fuertemente las piernas dejándome atrapada mi cabeza entre sus muslos y mientras me sujetaba fuertemente la cabeza y restregaba todo su coño desde mi barbilla hasta por encima de la nariz. Así estuvo 30 o 40 segundos restregándose contra mi rostro, haciendo que mi nariz acabara dentro de su vagina una y otra vez, una y otra vez. Desde luego con mi hija, estaba superando con creces, cualquiera de mis fantasías sexuales. Y que una mujer restregase su coño al correrse contra mi cara, era otra de ellas. Cuando paró de frotarse y convulsionar, abrió sus muslos y liberó mi maltrecha cara. Estaba seguro que todo mi rostro estaría rojo como un tomate, ya que su depilado sexo empezaba a raspar un poco por alguna zona.
El show aún no había terminado, al menos para mí.
Ella se había quedado completamente estirada y espatarrada. Tantos orgasmos le habían dejado por completo exhausta. Pero yo no estaba dispuesto a dejarla descansar todavía. Fui subiendo lentamente besando y acariciando todo su cuerpo. Cuando llegué a sus pechos, levanté su estrecho top por encima de estos y me dediqué un buen rato a jugar con sus maravillosas tetas. Cuando mi hija volvió a empezar a suspirar de placer, dejé de besar sus pechos y sujetándolos fuertemente con mis manos, me deslicé hacia arriba hasta poner mi rostro frente al suyo.
No me cansaré de decir lo preciosa que es, y lo tremendamente sexy de sus rasgos, cuando su cara está empapada de sudor, con los mechones de su cabello pegados y cruzando por doquier.
—Estás un poco rojo papá —me dijo ella sonriente.
—No lo dudo cariño jejeje.
Acto seguido miré fijamente sus intensos ojos azules y le pregunté:
—¿Nos besamos?
De súbito me miró como ofendida.
—¡Claro que sí tonto!
Me agarró fuertemente la cabeza y comenzó a besarme con pasión.
—Pues va a ser cierto —dijo pasados un par de minutos súbitamente separando nuestros labios.
—¿El qué?
—No hueles nada a pipí.
—Ya te lo dije. No es exactamente orina.
—¿Por qué me pasa cuando me follas por detrás? Cuando me corro del otro modo no me sucede.
—Pues no tengo ni idea cariño.
Hice una pausa.
—¿Sientes muy diferente el orgasmo anal del resto?
—Sí muy diferente. No sé si igual de intenso o más, pero lo que si está claro es que el anal me deja totalmente exhausta.
—Sí, eso he notado —sonreí.
—Lo que también he notado con mucha más intensidad es que, con cada envestida que me dabas por el culo, era como tener un pequeño orgasmo. Me estabas volviendo loca de placer, te lo aseguro, con cada clavada que me dabas y cuanto más fuerte me la dabas, más gusto sentía.
—Es muy bueno saber eso cielo —le dije orgulloso.
—¿Sabes papá…?
La miré. Bajó la mirada. De repente enrojeció.
—Si te soy sincera, cuando me giraba y te veía a ti… ¡Oh papá!, a mi propio padre follarme así por detrás, ufff, me sentía morir de gusto.
Me pareció notar que se estremecía.
—Creo que cada vez que me giraba a ver como me follabas y te veía a ti dándome de ese modo, ¡oh dios… tenía un orgasmo!
¡Joder como me estaba poniendo lo que me acababa de decir! Saber del morbo que yo le provocaba, ¡que follar con su propio padre le provocaba, me ponía a mil!
Nos besamos de nuevo con pasión.
—Ha sido totalmente increíble papá. Estaba disfrutando tanto que creí que me desmayaría. Todo se fue al traste cuando noté que me había orinado por completo. De repente me sentí muy culpable. Me sentí fatal. Muy sucia.
Besé su preciosa nariz con ternura y le sonreí.
—Otra cosa que me mata de placer, es cuando empiezas a introducir el pene en mi ano. Desde luego la sensibilidad de mi ano me ha dejado muy sorprendida. Noto increíblemente tu polla dentro de mi culo. Cuando siento tu parte más gorda entrar lentamente en mí, y noto como mi ano se llena totalmente y aprieta tu glande con fuerza, me produce un gusto indescriptible. Cuando te has quedado quieto en esa posición mientras te corrías, me estabas matando de gusto a cada eyaculación que salía de tu palpitante polla, ya que hacía que con cada una de ellas, mi ano se dilatara y luego se contrajera una y otra vez, al ritmo que lo hacía tu polla. ¡Ha sido maravilloso! Pero como te he dicho, cuando vi que me había orinado se fue todo al traste.
Me miró con ternura.
—Ahora me has hecho ver que eso tampoco es tan raro y que te encanta.
Acto seguido me besó y lamió toda mi cara.
—Y tendremos que repetirlo muchas otras veces cariño. ¿No te parece? —y le di un beso en los labios.
—O papá, tantas veces como quieras.
—Me prometes que te dejarás llevar y que si te llega otro squirting lo dejarás fluir.
—Te lo prometo papá. Podrás beber todo lo que quieras de mí.
Nos besamos nuevamente. Nuestras lenguas se entrelazaron sin parar una y otra vez. Agarré mi polla con mi mano derecha y la dirigí a su vagina. Se la restregué de arriba a bajo. Cada vez que mi polla rozaba su agujero, mi hija empujaba un poco para intentar metérsela. Cosa que yo no le permitía aún, oyendo entre sus gozos, sus protestas. Cuando la tuve bien empapada en sus jugos busqué con ella su oquedad. Al notar su orificio empujé un poco e introduje con cuidado la punta de mi polla.
—Ufff —suspiró ella a notar por fin, mi dilatado glande en la entrada de su húmedo y estrecho coño.
Para su sorpresa lo saqué levemente de nuevo, bajé mi polla un par de centímetros hasta notar su dilatado ano.
Le introduje muy lentamente otra vez todo mi capullo y lo dejé ahí un rato para que ella lo disfrutara en su culo todo lo que quisiera.
Luego inicié un mete y saca con tan solo la punta de mi polla. Sacaba ni polla justo hasta rozar su ano, para luego abrírselo de nuevo, así una y otra vez.
—¡Ohhh joder!, ¡por dios papá que gusto!
Noté como su esfínter no paraba de apretar mi glande una y otra vez. Ella jadeaba sin cesar de placer. Pasados unos minutos, me golpeó con sus talones en mis nalgas, indicándome que la penetrara del todo. Eso hice, y empecé a follármela nuevamente hasta el fondo por el culo con determinación. Cada vez más fuerte, cada vez más hondo y cada vez más rápido.
—¡Fóllame, fóllame bien papá.!, ¡Ufff, ohhh fóllame..! —sus gritos y gemidos eran cada vez más fuertes e incontrolables.
Me abrazó fuertemente y comenzó a darme golpes en mi culo con los talones. Era como si estuviera espoleando a un caballo.
—Ohhh por favor me vas a hacer correr otra vez a chorros papá. ¡No pares, no pares por favor! ¡Oh dios!
Le di un par o tres de embestidas más.
—¡Ahhh, ahhhh, ohhhh! —gritaba.
Estaba a punto de hacerla estallar de nuevo en otro fuerte orgasmo. Pero antes de correrse, le tenía reservada otra sorpresa.
Saqué mi polla de su culo a toda velocidad y se la metí fuertemente y de golpe en el coño. Abrió de forma desorbitada sus ojos para luego desenfocar la mirada mientras su boca se abrió con un placer mudo de sorpresa, para luego romper su repentino silencio con gritos inusitados.
Los gritos de placer eran tan elevados, que di gracias a Dios por estar follando en el salón y no en una de las habitaciones que daban a la calle. Aun estando ahí, temí que se la hubiera escuchado en la calle. Sobre todo cuando gritaba: ¡Fóllame papá!
—¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ohhhh me corro me corro! ¡Fóllame! ¡Fóllame papá! ¡Ohhhh como se siente tu polla dentro de mí! Te quiero tanto papá. ¡fóllame, fóllame bien! ¡Quiero que te corras dentro de mi coño por favor papá! ¡Ohhh dios, córrete dentro..!, ¡me corroo me corrooo! ¡Ohhh Ahhhh!
Me abrazó fuertemente rodeando mis glúteos con sus brazos y sus piernas. Mis embestidas en su húmedo coño eran tan fuertes que comenzamos a deslizarnos por la alfombra. Era increíble, cuanto más fuerte le daba, más fuerte se agarraba a mí. Noté como ella estallaba en otro tremendo orgasmo, no tanto por sus desorbitados gritos de placer, como por que sentí un fuerte y tremendo mordisco en mi hombro derecho.
Ese repentino e incontrolado mordisco de placer, hizo que yo explotara en mi segundo orgasmo dentro de ella, llenando sus entrañas con mi leche, que hasta hacía tan solo unos segundos, me había rogado a gritos que le diera.
—Oh sí papá, sí, sí, siento toda tu leche dentro de mí, oh por favor cuanto te deseo. ¡No pares de correrte, más, más, córrete más! oh que gustooo… ¡Por dios, cómo me follas! Ohhh, ¡cómo te deseo!
Nos quedamos abrazados completamente exhaustos. Ella me elevó un poco la cara y me besó con ternura con pequeños y suaves besitos que me fue esparciendo por toda mi cara y mi frente.
—Ha sido maravilloso papá.
—Ya te digo cariño. Esto es lo más increíble que me ha sucedido en la vida y ha sido contigo.
Me incorporé un poco, saqué mi polla aún erecta de su vagina y me tumbé sobre mi espalda junto a ella. Los dos nos quedamos pensativos mirando el techo del salón. Estaba tan exhausto que tardé, en darme cuenta que mi hija tenía nuevamente mi polla agarrada con su mano izquierda. No la soltó hasta que ésta se desinfló por completo. Yo desde luego yo no podía más. Me senté en la alfombra y me miré el hombro. Joder, tenía marcada por completo la dentadura de mi hija. Algún diente incluso había hecho herida.
—Madre mía. Esto no me lo puede ver tu madre. Se separa de mí al instante.
La froté con mi mano izquierda.
—¡Joder!, esta marca va a durar mucho tiempo.
—Perdona papá, te juro que no quise hacerlo. No me pude controlar.
Agarró mi polla y con su dedo gordo acarició mi capullo.
—No sé, pero me haces hacer cosas totalmente insospechadas, cosas que no he hecho jamás ni que pensaba que podía hacer ni sentir papá.
—No, si voy a ser yo ahora el que va a tener la culpa de que me muerdas. —le dije riéndome a carcajadas.
—Pues sí, todita toda papi —contestó ella riéndose también—. Al igual que me has hecho chorrear como si fuese la fuente de Trevi.
—O cariño ese momento ha sido maravilloso. ¿No te parece?
—Viéndolo ahora, desde luego que sí papi. La próxima vez seguro que cuando llegue ese momento, lo disfrutaré de verdad.
Ella se incorporó también. Se tapó sus bellos pechos bajando su top y cruzó sus hermosas piernas poniendo sus pies por la parte posterior de sus prietos muslos.
—Lo cierto, es que ahora estoy impaciente porque me la vuelvas a meter por el culo y me hagas correr otra vez así. La verdad es que no sabría decirte cuál de las dos formas me gusta más. Por el coño o por detrás. El placer es diferente y muy intenso los dos. Aunque ahora que por fin me has follado por el coño a sido increíble. Estar así abrazados fuertemente mientras me follabas, me ha transportado a otro estado tan desconocido y placentero que me he vuelto a descontrolar. Sentir tus fuertes corridas dentro de mi coño ha sido maravilloso. De todos modos no podría renunciar a ninguna de las dos formas papá. No después de haberlas probado —se rio fuertemente—. Vas a tener que trabajarme mucho papá.
Que me hablase así a su edad de ese modo, que lo hiciera con esa naturalidad, con esa soltura, con ese desparpajo, pero sobre todo con ese lenguaje, era sumamente extraño e impactante para mí. Hasta cierto punto me hacía preguntarme ¿con quién estaba hablando?, más aún ¿¡con quién estaba follando!?
Hacía ya mucho tiempo, que ella y yo, tan solo nos comunicábamos por monosílabos y cuando no era así, estábamos discutiendo. Por suerte, las cosas habían cambiado mucho entre nosotros. Le voy a tener que estar eternamente agradecido por ello, al picha floja de su exnovio, al que se le quedó aquel día el preservativo dentro del coño de mi hija y que yo tuve que sacar.
—Tranquila que no me costará nada darte placer por donde me pidas. Pero eso será otro día cariño. Mira, ya está sonando mi móvil. Seguro que es mamá.
Era mi mujer, que en 30 minutos más o menos ya estaría.
—Es ella cariño. Me doy una ducha rápida y voy a buscarla.
Le di un fuerte beso y me levanté.
—Seca bien la alfombra. Usa primero papel absorbente y remátalo con el secador de pelo. Si aún sigue viéndose algo, o no da tiempo a secarse, si mamá se da cuenta, le dices que se te ha caído un vaso con Coca cola. A ti no te dirá nada. ¡Ah!, y no te olvides de ventilarlo todo un buen rato.
—Vale —contestó ella.
Me metí en el baño, volví a salir enseguida y le di a mi hija una toalla y un paquete de toallitas húmedas. Así podría limpiarse un poco mientras yo me duchaba y luego ducharse ella. No tardé ni 10 minutos que ya volví a salir duchado, vestido y listo para ir a buscar a mi mujer.
Nada más abrir la puerta vi a mi hija que me estaba esperando con actitud de reproche.
—¿Por qué has cerrado la puerta con el pestillo?
—La costumbre cielo —le dije extrañado—. Bueno voy a buscar a mamá. Tardaremos unos 40 minutos entre ir y volver.
—Espera papá. ¿Me vas a dejar así?
—¿Así cómo…?
La miré bien. ¡Madre mía aún estaba casi en pelotas! Seguía llevando tan solo su ceñido top. Por todo lo demás, continuaba por completo desnuda. Pero ahora, todo su cuerpazo tenía un brillo espectacular, un brillo muy especial. Los dos sabíamos muy bien a qué era debido ese maravilloso nuevo tono que cubría su despampanante cuerpazo.
Ni en mis mejores sueños en mi juventud, podía haber pensado en disfrutar de tal portento de mujer.
—Tengo que irme.
—Espera un momento papi.
—Dime.
—Me has dado bien de comer por detrás y por delante —señaló su hermosa boca—, pero aquí papi, no has dejado nada de nada.
¡Por dios! Esto no podía ser verdad. Mi niña era insaciable.
—Cielo no tenemos tiempo y tardaré mucho en volverme a correr.
Puso entonces esa cara de niña traviesa y provocadora.
—Déjame intentarlo por lo menos papi.
Se puso de cuclillas y empezó a desabrocharme otra vez el pantalón.
—Cariño eres lo que no hay. No tenemos tiempo de verdad.
—Joder papi, parece que esta no piensa igual —me dijo cuando mi polla salió otra vez como un resorte, al bajarme ella con celeridad el calzoncillo.
No tardó ni décimas de segundo en meterse nuevamente mi polla en su ardiente boca. Chupó y chupó vigorosamente mientras me acariciaba los huevos. Claramente estaba decidida a hacerme correr en poco rato. Cosa que yo sabía a ciencia cierta, que no iba a suceder. No tan rápido.
—Cariño, si quieres acelerar mi corrida… ¿Puedes hacer algo por mí?
Rápidamente se sacó la polla de la boca y mirándome a los ojos me dijo:
—Lo que me pidas papi.
—¿Podrías masturbarte mientras me la chupas?
—¡Joder!, claro que sí. ¡Qué buena idea!
Se subió su camiseta por encima de sus pechos y así de cuclillas bajó su mano derecha y empezó a tocarse el coño. Luego cogió nuevamente mi rabo y se lo metió en la boca y comenzó a chupar, esta vez más lentamente, como queriendo disfrutar al máximo del momento.
Madre mía, la imagen que veían mis ojos era espectacular.
Mi hija en cuclillas con su hermosos pechos fuera del top, chupándome la polla mientras se daba placer a si misma acariciándose el coño. No dudé en que tardaría bien poco en correrme de nuevo con esa visión. Sobre todo cuando empecé a escuchar el chapoteo de su jugoso coño.
Estaba claro que aunque no podía verlo, se había introducido varios dedos en el coño y se estaba follando a si misma con fuerza, ya que los movimientos de su brazo derecho golpeándose el coño, sí que los podía ver con claridad. Estaba muy claro también que, esta nueva situación, a ella la ponía a mil y no tardaría en correrse otra vez. Agarré su cabeza con mis dos manos y comencé a follarme su boca rápidamente.
Ella soltó su mano izquierda de mi polla y empezó a acariciarse y a estrujarse sus tiesos y puntiagudos pechos. No pude resistir más todo aquello y mi polla reventó en otro tremendo orgasmo, llenando la boca de mi hija de la leche que tanto deseaba. Ella se la tragaba toda con verdadero placer.
De repente sus piernas le fallaron y cayó de culo al frío suelo del pasillo, arrastrándome unos centímetros hacía abajo en su caída. Pero mi polla no salió de su boca. Ella no lo permitió. Vi entonces como había cerrado fuertemente sus muslos atrapando su mano mientras sus caderas zigzagueaban y sus piernas temblaban con otro tremendo orgasmo. De su boca salían ahogados jadeos, ya que tenía mi polla introducida por completo soltando nuevamente leche sin parar. Cuando terminé de correrme, saqué la polla de su boca.
Me arrodillé y agarrando sus duros pechos acerqué su boca a mis labios. La besé y morreé con pasión, con tanta lujuria que me tragué buena parte de mi propio semen. No me resultó nada desagradable, más bien todo lo contrario. Estaba ligeramente salado, con una mezcla de sabores extraños, en una amalgama de tonos, que no atino a describir.
¿Comer mi propio semen? Eso era algo inconcebible, impensable e imposible hasta entonces, pero no me importó en lo más mínimo haberme tragado mi propio semen viniendo de la boca de mi preciosa hija. ¡Vamos ni me lo pensé!
A la pervertida de mi hija pareció gustarle esto ya que, hacía lo posible por rebañar con su lengua el semen de su boca para introducirlo en la mía.
Me incorporé, me subí los pantalones y salí escopeteado de mi casa. Más por miedo a que mi hija volviera a la carga, que por prisas para recoger a mi mujer.
20 minutos más tarde, la recogí en el sitio de siempre.
—¡Joder nene! ¿Qué te ha pasado en la cara?
—¿Mi cara…?
—Sí, parece que te hayan dado de tortas. Sobre todo la nariz.
—¡Ahh esto! —disimulé mirándome por el espejo retrovisor—. Nada, es que me he quedado todo este rato dormido en el sofá en mala postura, con la cara por debajo del reposa brazos. Ya decía yo que notaba algo. No me había dado mi cuenta que estuviera tan roja.
—Que tonto eres por dios… —y comenzó a reírse.
Volvimos con toda normalidad a casa y en casa aunque parezca mentira todo estaba por completo normal.
Mi hija era muy aplicada cuando se lo proponía. No os imagináis hasta cuánto.
Al día siguiente, el domingo, decidimos ir los tres a pasar el día a un gran centro comercial que se encuentra a unos 50 km de casa…
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