Mi novia gorda y su familia

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La noche del 15 de diciembre de 2007. Cumpleaños 18 de ella.

Estábamos los dos en su recámara, cachondeando como siempre. Yo la tenía contra la cama, besándole el cuello y metiéndole los dedos en su coño peludo y mojado, cuando escuchamos la puerta de la casa abrirse. Pasos pesados en el pasillo. El papá había llegado del turno de trabajo.

—Rápido —susurró ella con los ojos brillantes de morbo—. Escóndete en el closet.

Me metí entre la ropa colgada, con la verga todavía dura y el corazón latiéndome fuerte. Ella se acomodó rápido en la cama, se tapó hasta la cintura con la sábana fina y se hizo la dormida, respirando despacio.

El papá entró con solo la luz tenue del pasillo. Olía a desinfectante y un toque de tequila. Se sentó pesadamente en el borde de la cama. Logró percibir el bulto de una mujer en su cama y pensó que era su esposa, no recordaba que su esposa había ido a visitar a una amiga y llegaría tarde. Su mano grande se deslizó bajo la sábana. Empezó a acariciar la piel pensando que era su mujer. Primero le apretó una teta por encima de la blusa, pellizcándole el pezón hasta endurecerlo. Luego bajó, metió su mano bajo la falda y metió un dedo grueso en su panocha peluda y mojada, moviéndolo despacio.

Ella soltó un gemidito suave y se puso boca arriba, abriendo las piernas gorditas bajo la sábana.

El papá, cada vez más excitado, se bajó el pantalón y los calzones hasta los muslos. Su verga gruesa y venosa saltó libre. Agarró la mano de su hija y la puso sobre su verga caliente. Empezó a masturbarse usando la mano de ella, follándole el puño mientras gruñía bajito, mientras seguía pensando que era su esposa:

—Mmm… qué mano tan suave tienes hoy, amor…

La verga se le puso completamente tiesa entre los dedos de su hija, goteando presemen. Después de varios minutos, soltó un gruñido más profundo, se inclinó y empezó a mamarle el bollo con hambre: lametones largos, chupando el clítoris hinchado, metiendo la lengua gruesa dentro del coño virgen.

—Ay papi… —gimió ella sin poder seguir fingiendo.

El papá prendió la lámpara de la mesita. La luz iluminó la escena: su hija de 18 años con las piernas abiertas, blusa subida, tetas flácidas al aire, mano brillante de su presemen y cara roja de placer.

—Hija… ¿qué carajo…? —murmuró.

Ella lo miró con ojos de zorra y dijo con voz temblorosa pero cachonda:

—Papi… ya cumplí 18. No quiero que mi novio sea el primero. Quiero que seas tú quien me quite la virginidad. Quiero que me rompas el coño… despacito… con amor… por favor.

Se arrodilló frente a él, le tomó la verga con las dos manos y empezó a masturbarlo lento y firme.

—Qué verga tan rica y gruesa tienes, papi…

Luego se inclinó y se la metió a la boca. Chupó la cabeza hinchada, lamió en círculos, lo mamó profundo, babeando abundantemente.

Después de varios minutos chupándosela, se acostó otra vez, abrió las piernas de par en par y le rogó:

—Ahora tú, papi… sigue comiéndome el bollo.

El padre le devoró el coño, metiendo dos dedos mientras le chupaba el clítoris. Luego subió por su cuerpo: besos en el vientre, lamiéndole el ombligo, chupándole las tetas flácidas y pesadas, mordisqueando los pezones. Llegó a su boca y la besó intensamente, lenguas enredadas, saliva mezclada.

Cuando separaron los labios, ella susurró:

—Papi… métemela… pero primero graba todo. Quiero tener el video de cómo mi propio papá me hace mujer.

Él sacó el celular, lo puso en modo video y lo apoyó contra la lámpara. La luz roja parpadeó: grabando.

Ella miró directamente a la cámara y sonrió como puta:

—Papi… métemela ya… graba cómo me rompes el coño virgen.

El papá se colocó encima. La verga gruesa rozó la entrada peluda y mojada. Empujó despacio.

La cabeza hinchada abrió los labios. Ella gimió fuerte.

—Ay papi… graba… graba cómo me abres… duele rico… más adentro… sí…

Centímetro a centímetro la verga gruesa entró, rompiendo el himen. Cuando estuvo toda adentro, ella arqueó la espalda y clavó las uñas en su espalda.

—Ahhh… ¡papi! ¡Ya me rompiste el coño virgen! Siento cómo me llenas… cómo me abres… ¡qué rico duele! Métemela toda… despacito… así…

El papá empezó a follarla lento y profundo, saliendo casi todo y volviendo a entrar con amor enfermo. Las tetas flácidas rebotaban con cada embestida. El sonido húmedo llenaba la habitación.

Después de varios minutos, la hija, gimiendo y moviendo las caderas, lo miró a los ojos y preguntó con voz cachonda:

—Papi… dime la verdad… ¿mamo mejor que mamá? ¿Mi boca chupa más rico que la de ella?

El papá gruñó y empujó más profundo.

—Mucho mejor, hija… tu boca es más caliente, más puta, más hambrienta…

Ella sonrió y siguió preguntando entre gemidos:

—¿Y mi cuerpo es mejor que el de mamá? ¿Te gustan más mis tetas gorditas?

—Joder, sí… tus tetas son más suaves… tu cuerpo más joven… más rico para follar…

Otra embestida fuerte.

—¿Y se siente más rico estar dentro de mí? ¿Mi coño aprieta más rico que el de mamá?

El papá aceleró, follándola más fuerte.

—Muchísimo más rico, hija… tu coño es más apretado, más caliente, más virgen… me chupas la verga como nunca… eres mejor que tu mamá… eres mi puta favorita ahora…

—Entonces fóllame más duro, papi… usa a tu hija… mi coño es mejor que el de mamá… ¡lléname de tu lechita!

En ese momento, después de varios minutos de cogida intensa, la puerta se abrió despacio.

La mamá entró y se quedó mirando cómo su marido follaba profundamente a su hija de 18. En vez de enfadarse, sus ojos brillaron de lujuria. Se quitó el vestido, se sentó en la silla del rincón, abrió las piernas y sacó un consolador grueso. Se lo metió en su coño depilado y empezó a follarse a sí misma mientras miraba.

—Buena niña… —susurró—. Sigue preguntándole… haz que te diga lo puta y mejor que eres…

La mamá se levantó, se acercó y se arrodilló al lado. Empezó a lamer el clítoris de su hija mientras el papá seguía follándola.

—Dale más fuerte, amor —le dijo al marido—. Llena a nuestra putita de 18.

El papá no aguantó más. Se clavó hasta el fondo y se corrió con chorros espesos y calientes, inundando el útero virgen de su hija. Ella se corrió al mismo tiempo, temblando y gritando:

—¡Sí, papi! ¡Lléname toda! ¡Soy mejor que mamá! ¡Te regalé mi virginidad!

Cuando el papá sacó la verga chorreando, la mamá se lanzó a lamer el coño lleno de semen.

La hija, jadeando, se dio la vuelta. Se puso en cuatro patas, levantó el culo gordito, separó las nalgas y mostró su culito virgen rosado.

—Ahora por atrás, papi… métemela en el culo… pero más lento… con más paciencia y más amor… quiero sentir cómo me abres el culito virgen con cariño… como si me estuvieras haciendo tu esposa… rómpeme el culo despacito… por favor…

La mamá le puso el consolador en la boca a su hija para que lo chupara y le susurró:

—Buena niña… abre bien ese culito… yo te voy a lamer el coño lleno de leche mientras papá te folla el culo con amor.

El papá escupió en el culito virgen y empezó a empujar muy despacio. La cabeza gruesa abrió el esfínter apretado. Ella gimió largo y dulce:

—Ay papi… duele… pero duele rico… métemela más despacio… sí… así… siento cómo me abres el culito…

Centímetro a centímetro la verga completa entró en su culo virgen. Cuando estuvo toda adentro, el papá empezó a moverse lento, profundo y con cariño, follándola el culo mientras la mamá le lamía el coño.

Después de varios minutos de follada anal suave, la hija miró hacia el closet con ojos vidriosos y sonrió como zorra:

—Amor… ya puedes salir… papi ya me rompió el coño y ahora me está rompiendo el culo con amor… ven… rómpeme tú también… quiero tener los tres agujeros usados esta noche…

Salí del closet con la verga tiesa y goteando. Me puse frente a su cara. Ella me agarró la verga y se la metió a la boca, mamándomela con ganas mientras gemía alrededor de mí. El papá seguía follándole el culo despacio, y la mamá le devoraba el coño y el clítoris.

Los cuatro formábamos una orgía enferma: yo follándole la boca, el papá follándole el culo con amor, y la mamá lamiéndole el coño lleno de semen.

La hija temblaba sin control. Tuvo un orgasmo brutal, apretando el culo alrededor de la verga de su padre y chupando mi verga con fuerza. Gritó ahogada:

—¡Me estoy corriendo! ¡Papi… amor… mamá… no paren! ¡Soy vuestra puta de 18!

El papá se corrió profundamente en su culo, llenándolo de leche caliente. Casi al mismo tiempo yo exploté en su boca, descargando chorros espesos en su garganta. Ella tragó como pudo, tosiendo y gimiendo de placer.

Cuando nos salimos de ella, la hija se dejó caer exhausta en la cama, el coño rojo e hinchado chorreando semen, el culo abierto y goteando, la boca brillante de saliva y lechita.

Con voz quebrada pero satisfecha, murmuró mirando a los tres:

—Gracias, papi… gracias, mamá… gracias, amor… Ahora soy una puta completa. Tengo el coño y el culo rotos… y quiero que me cojan así todos los días… los tres juntos… quiero ser vuestra puta familiar para siempre.

La mamá sonrió y empezó a lamerle el culo recién follado, tragándose la mezcla de semen. El papá acarició el pelo de su hija con cariño enfermo.

Yo me quedé ahí, verga todavía semidura, procesando la noche en la que mi novia de 18 años dejó de ser virgen… y se convirtió en la puta de toda su familia.

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