Mi primera vez, yo tenía 18 y ella 40 años

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A la edad de los dieciocho años, en la ciudad de Tijuana a donde me mudé por cuestiones educativas y trabajo, viví y experimenté por vez primera el placer carnal, pues tuve mi primer acto sexual con una mujer quince o veinte años mayor que yo.

Yo vivía en un departamento cerca donde trabajaba un taller de mantenimiento y reparación de electrodomésticos que se ubicaba sobre la calle ocho de aquella ciudad, en ese mismo conjunto habitacional vivía una pareja, la señora de unos 40 años de edad, ella era de buen cuerpo, pelo lacio, ojos grandes, nalgona, y de pechos grandes, pues fue lo que más me llamaba la atención de esa dama. La señora vivía con su marido, un obrero de las fábricas de esa ciudad.

Cierto día el dueño del taller me ordenó atender una solicitud de la señora, era ir a revisar su televisor en su departamento, realizando tales labores, estable una amistad con la señora.

Con cierta frecuencia me pedía que por mi cuenta le hiciera algunos trabajos sencillos, como era conectar aparatos, cambiar fusibles, entre otras actividades relacionados con su departamento de dos piezas, cocina y recámara, un día que había arreglado un televisor que no encendía porque estaba desconectado del enchufe de luz, me dijo que no tenía dinero para pagarme. Y como bromeando me preguntó que cómo le hacía para pagarme de otra forma, que no fuera con dinero, y se movía mostrándome sus caderas, que lucían apetecibles debajo de un ligero y corto vestido.

Avanzó unos pasos hacia mí mientras deslizaba su mano izquierda sobre su vestido para luego descubrirse una cadera, justo allí se hizo notoria una diminutiva tanga blanca que apenas cubría sus negros bellos. Sentía que mi temperatura corporal se elevaba, mi pene ya estaba erecto, fue muy obvio para ella mi actitud, que ella despertó mi deseo, me dijo “muchacho, se me hace que eres “virgencito” y pasó su mano por encima de mi pantalón, y exclamó, “mira cómo te pones”, dijo. “Debes venir mañana temprano, si quieres que te pague, dejaré la puerta sin cerrojo y entras cuando veas que mi marido se haya ido salido a su trabajo”, me indicó.

Y así fue, cumplí al pie de la letra sus indicaciones. Ingresé a su departamento y de inmediato me dirigí al cuarto donde dormía la pareja, pues ya había estado allí. Ella estaba aún acostada. Con cierta timidez me senté en una orilla de la cama, ella se levantó, encendió la luz, inmediatamente se despojó de su camisón de dormir. Ya no era mi imaginación verla desnuda, estaba allí de carne y hueso, la mujer que tantas veces me quitaba el sueño y me masturbaba pensando en ella.

“Porque tiemblas, te doy miedo, pregunto. Tócame” y se me acercó, yo sí estaba temblando, no de miedo, sino porque era la primera vez que estaba frente a un monumento así. Llevé mis manos, una a la cintura para deslizar por su nalga y con la otra mano acaricié los pechos. Mientras le chupaba las tetas, ella me desvistió de mi pantalón y camisa, agarró mi pene con ambas manos, la acarició una y otra vez, en ese momento mi sexo estaba en erección total.

Me tumbó de espalda a la cama, se acomodó para subirse encima de mí. Tomó mi pene para acomodarse en su vagina. Lentamente, movía sus caderas para que mi pene entrara a su vagina que en ese momento estaba muy lubricada. Su vagina se apoderó de mi pene, sentí mil sensaciones de placer, aumentaba cada vez que ella subía y bajaba, como si estuviera cabalgando. Ella gemía de placer, después de algunos instantes o minutos no sé, ella gritaba y gemía más fuerte y es que en ese momento sintió la explosión de mi pene, expulsé de chorros de semen en su vagina.

En ese instante detuvo un poco su cabalgata, levantó sus caderas para sacar el pene mojado de semen y frotó con la mano mi pene chorriento, como si corroborara su dureza, y sí, seguía dura. Ahora era ella que se tumbó a la cama de espalda y flexionó las piernas y abriéndolas me invitó a que me subiera a ella. Así como estaba chorriento de fluidos de ella y míos, clavé mi pene en su vagina y me moví y moví, metía y sacaba una y otra vez mi pene de su vagina, mientras ella gemía y gemía, ella nuevamente gritó de placer, había experimentado otra chorreada de semen.

Luego, agarró mi pene y sin limpiarlo de semen lo llevó a su boca, succionó lo que quedaba de semen en la cabeza del pene, bebió con cierto pacer cada gota de espeso semen que se había quedado pegado en mi piel velluda y testículos, en esa segunda eyaculación mi pene estaba como doblándose, es que había soltado ya varias cantidades de semen, pero el sentir sus labios y boca mamar mi pene, no tardó mucho en volver a su erección.

Ella se hincó en una orilla de la cama y se acomodó como para mostrándome las nalgas, pero lo que yo vi fue el rostro de la vulva y la vagina abierta chorrienta de fluidos, tome mi pene y por tercera vez le metí hasta el fondo de su vagina, repetí muchas veces el mete y saca, lo que provocaba mucho placer a ella, pues las respiraciones eran peculiares junto con los gemidos. Mi pene entraba y salía de su vagina con mucha soltura, sería por lo mojada que estaba o tenía su vagina muy grande, nunca lo supe, pero lo que sé, es que por tercera vez volví a explotar de semen dentro de su vagina, esta vez me quede inmóvil pegado a la espalda de ella y con el pene ensartado a ella.

Enderezo su cuerpo en la cama y me quede un buen rato arriba de ella, aun pegado a su espalda y nalgas. Eso sí, chorriento de fluidos, y es que no solo era yo que soltaba esos líquidos, ella también ponía su parte, pero los míos eran espesos.

Así fue como perdí mi virginidad, con una señora que tenía mucha experiencia de sexo, y que seguramente era muy caliente o su pareja no la satisfacía por cuestión de trabajo que desempeñaba.

Han pasado ya varios de esta primera experiencia, pero como se dice que lo que ocurre la primera vez nunca se olvida, sea quizás por eso que tengo presente cada detalle de lo que ocurrió esa mañana.

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