Mis primeros cuernos

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T. Lectura: 6 min.

Comenzaré por contar sin rodeos desde el acercamiento con el single, ni nada, voy directo a ese día, mi esposa de nombre Arlen de 23 años y yo de nombre José 29 años, somos una pareja que se casó hace 2 años, muy vanguardista, católica, etc., Arlen una mujer que decía ser muy santa, pero le ganó el deseo y las ganas de probar esto de estar con otro hombre, lo cual en un principio me decía que no, que si era porque no la quería y bla, bla, hasta que le entró la curiosidad, ella mide 1.64 m, delgada, blanca, rubia y nalgona, unas piernas largas y unos ojos hermosos.

Era un sábado a medio día, ya habíamos acordado con el single de nombre Albert, lugar y hora, pero antes de esto les digo cómo iba vestida mi esposa, era con un vestido verde pino corto, medias que pertenecían a su lencería y tacones de punta delgada, que me dijo que Albert debía dejárselos puestos durante todo el acto. La habitación del motel estaba iluminada con una luz cálida y tenue, creando sombras sensuales en cada rincón. Nos sentamos en la cama, respirando profundo. La tensión era intensa; sabíamos que lo que vendría sería único y exclusivo, pero teníamos miedo y estábamos muy nerviosos

Albert me miró directo a los ojos, su respiración profunda y pausada:

—¿Puedo… tomar a tu mujer… tu amada… préstamela un momento?

Arlen, temblando y excitada, me susurró:

—¿Estás segurito… está bien para ti…?

Asentí:

—Sí… cuídala… disfruten…

Él sonrió, respirando hondo:

—Gracias… no la defraudaré…

Arlen suspiró:

—Sí… lo haré… pero él me está viendo… ¿verdad?

—¿Quieres que él vea todo… cada detalle… cada movimiento? —preguntó Albert.

—Sí… quiero que lo vea todo… —contestó Arlen, mirándome.

—Estoy aquí… —dije.

—Te amo… y quiero que lo veas todo… —susurró ella, jadeando.

—Perfecto… cada segundo será para sentir… —comentó el.

Albert se acercó lentamente y comenzó a acariciar su rostro y cuello. Sus labios se encontraron en un beso profundo y prolongado, con respiración intensa y audible, comenzaron a sacar sus lenguas y a entrelazarlas una con la otra.

—Dime si sigo… —preguntó él.

—Sigue… así… más cerca… quiero que lo vea… —jadeó Arlen, su cuerpo temblando de deseo y ganas.

—Me gusta cómo reaccionas… —él, con voz grave y cargada de deseo.

—Míralo… disfruta… estoy toda para ti también… —susurró ella, acariciando sus hombros.

—Ve… tu mujer es mía… no pierdas detalle… esta mujer necesitaba esto, quiere una buena verga y una buena cogida—él.

—Estoy aquí… —confirmé.

Arlen en eso me vio con ojos en blanco de tanta excitación.

Comenzaron con más besos, cada vez más apasionados, cada vez con más lujuria, se besaban en cuello, hombros y rostro, lentos y sensuales. Albert la fue desvistiendo lentamente, y ahí estaba mi esposa entregándose a otro hombre, dejándola solo con la lencería y tacones, el color de lencería era negro.

—Qué rico… así… perfecto… estás perfecta, eres hermosa —susurró Albert, acariciando su espalda, sus pechos.

En eso él le dice: ahora a ti te toca desvestirme a eso venías, que te diera el mejor sexo de tu vida un hombre de verdad.

—Sí… estoy demasiado caliente… siento todo eso… —Arlen, jadeando, presionando su cuerpo contra él, ella le comenzó a retirar la ropa, en eso se hincó ante él.

—Mira cómo la disfruto… qué rica… —él, respirando fuerte.

Entre beso y beso, Albert le fue retirando cada prenda mientras Arlen le decía:

—Sí… quítame todo… hasta los tacones… quiero sentirte… —jadeaba entrecortadamente.

Una vez, el desnudo; Ella quedó acostada de lado, mientras intercambian caricias y susurros cargados de deseo:

—¿Te gusta lo que ves…? ¿Te gusta lo que hago…? —Arlen hacia mí.

—Lo hace como experta… qué rico… uff… —él mientras mi esposa se comía toda esa verga de 19.5 cm, solo se escuchaba un glu glu glu en toda la habitación mientras mi corazón latía al mil, sentía que moría, ver a mi esposa mamarle la verga a otro hombre y haciéndolo como se lo hacía que era mejor que a mí, me explotaban mil ideas en la cabeza, celos, coraje, pero igual una satisfacción de ver a la mujer que amo entregada a otro hombre; el segundo en su vida ya que yo fui el primer hombre en la suya.

—Sí… siente todo… míralo… —ella.

—Perfecto… qué rica… cada movimiento… no pierdas detalle… —él me decía a mí, durante un rato él la hizo de lado, movió el hilo de sus nalgas, la comenzó a golpear y a mamarle de lleno su hermosa vagina rosa, sus labios carnosos y jugosos de tanta excitación, el solo lamia desde su clitoris hasta el culito de mi esposa, cosa que ella jamás me dejó hacer.

En eso dan un giro inesperado, él pone a mi esposa boca arriba, mientras ella me mira u me dice:

—Siente todo… disfruta amor… míralo… seré toda de él… seré suya y meterá esa gran verga en mi vagina, no aguanto más las ganasAylen, jadeando hacia mí.

—Ahora te pondré así… para que vea mejor tu esposo putita… —Albert, respiración intensa y poniéndose el condón antes de penetrar a mi esposa.

—comenzaron a hacerlo en misionero mientras él metía todo ese pedazo de verga en la vagina de mi esposa y decía el poco a poco… muévete… perfecto… —él.

—Ah… sí… muévete… siento todo… míralo… seré toda tuya… —Arlen

—Qué rico… así… estás tan mojada, tan rica y apretada… muévete más… —él.

—Sí… no pares… qué rico… mmm que verga tan rica ahhh así sigue duro… —ella.

Pasaron fácil 10 minutos de ellos en esa posición, intercambiaban ritmos, pausas y yo congelado, sin saber qué hacer, si graban, si masturbarme o solo disfrutar el show que me brindaban, en eso, él se retira de mi esposa, se acuesta boca arriba y dice:

—Ahora la pondré así… encima de mí; quiero que cabalgue mi verga, así es que cuando estés arriba de ella no pares… —él.

—mi esposa poco a poco se iba sentando en esa enorme y cabezona verga tan grande, mi tras lo hacía con una cara de placer sin igual, en eso algo me llamó la atención, en ese momento que ella ya estaba toda dentro de esta verga se la sacó. Si se la sacó para mamarle el pito, si con todo y condón algo que ella reprochaba conmigo. Duro así un par de minutos y se volvió a sentar en esa verga de una, mientras decía:

Sí… más… así… qué rico… míralo amooor… te pertenezco… —ella.

—Ahhh… sí… muévete… así… qué rico cabalgas perra… —él.

—Sí… así… lo siento todo dentro de mí, dame más… —ella.

Estando así él la volteó de espaldas a él y se pusieron de cucharita mientras dice —Ahora la pondré así… te tengo… siente… muévete… —él.

—Sí… qué rico… déjame… así… míralo… —ella me decía a mí.

—Ahhhh… sí… no pares… muévete… —él.

—Sí… perfecto… qué rico… —ella.

Duraron otros 10 minutos así hasta que hizo venir a mi esposa tan rico, parecía fuente:

—Ahhhh… lo siento todo… tan caliente… mmm… qué rico… —mientras él suspira y la observa.

Después de cucharita, Albert se detuvo y me miró:

—Será sin preservativo… ¿estás seguro?

Arlen, con una sonrisa traviesa, retiró el preservativo y se puso de espaldas con Albert.

—y le dijo estoy a punto de venirme perra, me vendré en todo el pecho y boca… —dijo él, pausado y profundo.

—Wow… sí se puede… —susurró Aylen, jadeando y excitada.

—Yo quiero así… —ella.

—Yo también… —él.

—Sí… adelante… —dije yo, dando permiso.

—la comienza a penetrar y sin condón estoy jamás había sido acordado, pero me ganó la maldita excitación y el momento así es que tuve que acceder a su petición de ambos sin titubear-

—Ahhh… qué rico… lo necesitabas… sí… muévete… amo sentirte sentir como te vienes en mí y mojas mi verga… —él.

—Ahhhh… sí… lo siento todo… más… no pares… —ella.

En eso él se quita de mi esposa y le dice ven acerca tu cara a mi verga, mi esposa más rápido que inmediato se acerca y le avienta toda la leche en la cara—Ya sentí todo, muy caliente, es mucho… ¡wow! Que rica está tu leche —dice Arlen.

Mi mente no podrá creer lo que había visto, estaba en shock y así dure 10 minutos sin una palabra alguna mientras Albert y ella estaban descanso en silencio en esa cama donde había estado mi esposa entregándose a él, después de esto ellos permanecen solos. Sus respiraciones son profundas. Se acercan y comienzan a besarse nuevamente y lentamente, con caricias prolongadas, él la comienza a ver de nuevo y dice

—Qué rico… estás riquísima, te tengo unas ganas que no imaginas, ya no puedo esperar… —él.

—Sí… yo también… te necesito… te necesito dentro de mi —ella.

—Mira… cómo la disfruto… siente todo… cada detalle, tu mujer será mi putita de nuevo, me la cogeré otra vez… —él hacia mí.

—Disfruta… míralo… seré toda suya otra vez amor; tengo unas ganas inmensas de tener esa verga dentro de mi otra vez… —Arlen.

En eso me sorprendió que él le retira toda la lencería mientras Arlen le dice:

—Sí… quítame todo… hasta los tacones, quiero estar para ti como dios me trajo al mundo… —entre besos y susurros, su respiración entrecortada.

Se bajan entre ellos a mamarse sus miembros, ella le hace un oral riquísimo a él y le a ella, intercambiando caricias y gemidos. Albert pide permiso:

—Será sin preservativo… pero esta vez me quiero venir dentro de ella ¿estás seguro?

—Yo quiero así, lo necesito por favor amor… —ella.

—Yo también, quiero preñar a esta putita… —él.

—Sí… adelante… —yo con voz temblorosa y llorosa sin saben qué hacer.

En eso el jala a mi mujer, la lleva a la orilla de la cama, le abre bruscamente los pies , y dice Ahora la pondré en perrito… a fondo a esta perra… siente… siente como te la clavo… para que vea mejor tu esposo… —él.

—Ahhhh… sí… muévete… más… mmm que ricooo… —ella, jadeando y excitada.

—¿te gusta lo que te hago, te gusta como te clavo? Mientras él la empieza a bombear con una intensidad inigualable que solo lo veía en los videos porno, era increíble lo que veía y escuchaba y más como pegaban sus huevos en la cola de mi esposa que la hacía gemir como nunca antes la había visto.

Ella contestó:

—si me gusta dame a fondo, te siento todo, más más más más, ahhhh.

Albert termina dentro de Arlen, mientras ambos suspiran y jadean intensamente.

Finalmente, entre besos de pechos, caricias y respiraciones profundas, se miran y sonríen. Se visten lentamente, jadeando y conectados.

—Me encantas… qué rico… —él.

—Sí… gracias… estoy tranquila gracias por esto y a ti amor por esta experiencia y este segundo hombre en mi vida … —Arlen…

Fin del relato.

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