Nina y su incontrolable calentura

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“No puede ser que sea tan puta y que me excite así, estoy solo leyendo.” Cerró la página del celular que le provocaba la calentura y decidió pasar a la acción.

Fue a su cuarto al desorden del placard y al cajón donde tenía su ropa interior. Revolvió sus bombachas de algodón, de todos los días y sus tangas estiradas porque estaba buscando una en especial: la roja que solo tenía un hilo que se le metía bien en la cola. Esa tanga la hacía sentir que estaba dispuesta a todo. Y era así como se sentía en ese momento. Su novio no estaba había salido por trabajo unos días.

Se puso una pollera corta que tenía algo de vuelo y una musculosa holgada debajo un corpiño elastizado sin aro, sin push up ni enganches en la parte de atrás, todo el borde y los breteles tenían encaje que le hacían muy lindos sus pechos. Le gustaba que se vieran así como son, un poco separados, y además le excitaba descubrir cómo los hombres le miraban los pezones y ese los exponía perfectamente.

No sabía si era porque estaba ovulando pero desde que se levantó notó su vagina mojada y resbaladiza, ya pronta para ser penetrada. Intentó no prestarle atención, se dijo a sí misma “voy a negar esto y se pasará solo”.

No fue así.

Hasta el momento de cambiarse había estado caliente, pero había intentado negarlo. Cuando salió de su casa su actitud había cambiado ahora caminaba y sentía como la tanga la tenía bien metida en su cola y al caminar quería rozarse toda su vagina para brindarse placer, pero no.

A los hombres que se cruzaba los miraba los ojos y después bajaba su mirada a sus bultos. La mayoría apartaba la mirada. Ella era una loba en celo buscando una presa para comer.

A Nina una de las cosas que más le excitaba era sentirse apetecible y calentar a todo lo que se acercaba a ella. Solo pensar que otro la deseaba le brindaba un cosquilleo en su estómago, la ponía alerta, se le intensificaban sus sentidos. Provocar con su cuerpo, su actitud y su mirada.

Desde unos metros atrás vio a su víctima, se subió la pretina de su tanga roja por encima de la cadera, se acomodó el pelo y fijó sus ojos en él. No era más que un pedazo de carne que la iba a satisfacer. Su hormigueo iba en aumento. Le sostuvo la mirada pero su gesto era más de intriga que de entender la provocación, su bulto no era evidente capaz el pantalón de jean no le favorecía pensó Nina.

A pocos metros de toparse se detuvo, se llevó una mano a la cintura y esperó a que él llegara a ella, llevado como por una atracción invisible.

–Hola, ¿estás dispuesto a ayudarme con un problema que tengo?

–Hola, ¿este “problema” cuánto tiempo nos llevaría?

Nina no se imaginó que ese hombre de unos 40 años, barba un poco desalineada y con alguna cana le devolviera esa respuesta. Lo volvió a escanear y no había nada en él que le llamara la atención. En otras “cacerías” suyas siempre había sido más fácil, en la noche con música y una barra muchas veces ni siquiera había tenido que hablar. Ella se limitaba a sonreír y aceptar si era de su agrado. Pero ahora se movía en un terreno desconocido. Había salido a cazar a la calle y en pleno día, sin duda su calentura estaba llegando a niveles fuera de lo normal.

–Perdón, seguro mal entendí tu comentario y te confundiste de persona.

Se había perdido en sus pensamientos y la frase de él la trajo de vuelta al aquí y ahora.

–No, no. El problema es real tengo una rajadura que gotea y necesito arreglarla. El tiempo dependerá de ti.

Pensó que mala soy haciendo esto, es más fácil cuando ellos toman la iniciativa. “Una rajadura que gotea” que mal suena eso.

–¿Tu casa está muy lejos? Me llamo Bruno.

–Nina y mi casa está al final de esta cuadra.

–Vamos.

–Vamos.

El camino fue una tortura para Nina, las dudas llegaban en oleadas, porque había decidido invitarlo a su casa nunca había hecho eso siempre iba a un hotel o la casa de ellos. Todo el camino en silencio. No sabía qué decir. Entraron también en silencio y de la misma forma esperaron el ascensor. Una vez dentro Bruno le tomó la mano.

–Esto no lo deberías hacer, pero tranquila que no te voy a hacer nada que no quieras y si entendí bien solamente vamos a saciar nuestros deseos, ¿estoy en lo correcto?

Nina fue directo a su boca a besarlo, había entendido todo bien. Su calentura, su deseo, sus miedos y sus dudas. Ese hombre tenía algo especial y era el más común de todos.

Sus lenguas se encontraron y se rozaban en un beso largo, Bruno aprovechó para tocarle la cola. Se sentía firme y sobre salía de su espalda, la pollera corta volaba libre por debajo de sus nalgas. Pasó la mano por sus nalgas y sintió el contacto de una piel tersa y suave, no encontró ropa interior lo que le hizo pensar que la tanga realmente era muy chica, apenas un hilo imaginó.

Ella buscó su entrepierna y sintió como creció algo duro dentro del pantalón. Al principio no se reconocía pero en un segundo estaba allí, quería liberarlo y chuparlo.

La puerta del ascensor se abrió y se separaron. En cuanto entraron a la casa volvió el fuego y la pasión, el volcán en erupción. Se quitaron la ropa con el mayor apuro que pudieron, Nina quedó solo con su tanga Bruno no quería que se la sacara. Nina beso y pasó la lengua por todo su pecho peludo al igual que su pelvis. A diferencia de los jóvenes con los que ella acostumbraba estar que estaban completamente depilados y con el abdomen marcado.

Bruno era un hombre diferente, masculino. Traía pelos, una panza incipiente y determinación, sabía lo que quería pero ella se sentía contenida en sus mandatos y solicitudes. Su pene no era grande pero sí cabezón, era bello si se podía decir. Crecía recto y duro hacia arriba, el glande brilloso y ancho ya daba idea de lo que se iba a sentir cuando lo tuviera dentro.

La tomó por el cuello, hizo que se agachara, tomando su pelo le puso su verga en la cara, primero movía sus caderas frotándosela por sus mejillas y boca. Nina no aguantaba más la quería lamer, quería ordeñarla y sentir toda la eyaculación en su boca. Se apresuró a comerla y a metérsela bien profunda, logró tocar sus bellos púbicos con la nariz y sentirla bien dentro en su garganta. Se atoró y tuvo arcadas.

–Que linda putita sos, quiero que seas mi putita privada.

–Si mi amor, pero con una condición.

–Dime.

–Que me cojas mucho.

–Lo haré.

En ese momento Nina lo llevó de a poco al piso y lo acostó boca arriba, se corrió su tanga por fuera de una de sus nalgas para dejar su sexo libre. Le apoyó su concha en la cara y se la refregaba por su boca, nariz y lengua. Sintió como el primer orgasmo la alcanzaba. Todo el día había sentido la necesidad de sentarse en la cara de un hombre. Y la barba de Bruno le agregaba un matiz más a esa caricia que tanto ansiaba ella. Levantó sus rodillas y se puso en cuclillas.

–Chúpame el culo. Quiero tu lengua dentro.

Mientras él le chupaba el culo ella terminaba de frotarse el clítoris logrando el primer orgasmo fuerte, sintió como se le inundaba su vagina de flujo. Lo sacó con su mano.

–¡Ahhhh que rico como me chupas! ¡Si no pares que acabo! Uffff cuanta acabada me sale de la concha amor.

–Dámela en la boca.

Ese morbo de Bruno por los fluidos de ella, le puso a mil de nuevo al instante, no quería parar. Se separó de la posición en la que estaban y le pasó los dedos lleno de flujo por la lengua de él. Bruno lo saboreó, juntó saliva y le abrió la boca con una de sus manos y le escupió dentro. A Nina nunca la habían escupido así, era grosero, ordinario pero se sintió la más puta de todas y eso le encantó.

Se dio vuelta y se puso en cuatro, el hilo de la tanga roja se perdía entre sus nalgas. Se las separó y Bruno pudo ver su ano cruzado por esa línea roja. Pensó ¿estará prohibido? Yo me lo quiero comer.

–Escupime el culo. Nunca me lo hicieron, está cerrado y me gustaría que me lo abras todo con esa cabeza de pija hermosa que tenés amor.

–Esa cola la vamos a trabajar despacio pero no será hoy. Pero tu vagina rosadita te la voy a destrozar.

Se excitó mucho cuando Nina abrió sus nalgas porque al mismo tiempo separó sus pequeños labios vaginales y dejó ver como su vulva rosada y brillosa aparecía. Era una invitación impostergable. Agachó su cabeza le escupió el culo como ella pedía pero a la vez volvió a oler ese sexo. Pasó lentamente desde lo más cerca que pudo del clítoris hasta el punto donde se encuentran el ano y la vulva. Allí jugó un poco con su lengua.

Se incorporó sobre sus rodillas, se tomó su pija y de a poco fue introduciendo su miembro, durísimo dentro de esa concha que estaba muy caliente. Una vez toda adentro no se movió más.

–Putita mía te la voy a meter toda despacio, presta atención como se te dilata a medida que entra. Ahhh estás muy mojada y caliente. Ya entró la cabeza ahora va toda adentro, sentís como te abrís, ¿verdad? La voy a dejar ahí toda adentro para que la sientas bien.

–Ahhh gracias por metérmela así amor. Necesitaba estar toda llena de pija y me hiciste sentir cosas que no había sentido gracias por abrírmela despacio.

Empezó Nina a apretar su vulva y vagina, Bruno veía como su culo pestañeaba con cada apretón que daba.

–¿Querés que te acabe adentro sin movernos?

–Lléname de leche, la quiero sentir caliente dentro de mi, sentirme inundada por vos

–Yo te lleno tu conchita de leche pero después vas a sacártela con los dedos y te la vas a comer. Me vas a mostrar como te tomas mi leche y tus flujos.

Sin moverse para atrás y para adelante, quietos solo con la excitación de su conversación, de sus morbos, le eyaculó copiosamente su concha. Ella se lo había ganado con sus movimientos internos, con su crudeza y su aceptación a permitirse ser una puta y gozarlo. Sintió como su primer escupida de semen fue brusca y repentina, el latigazo disparó también el segundo orgasmo de Nina, que sentía clara y conscientemente como la llenaban de semen. La segunda y la tercera eyaculación fueron muy abundantes, hacía mucho tiempo que no acababa y estaba muy excitado. Incluso sintió como eyaculó un par de veces más en menor cantidad.

Qué delicia de orgasmo habían tenido los dos, pero no se terminaba ahí. Ella salió de su posición con cuidado, se sentó sobre su cola y flexionó sus rodillas y abrió bien las piernas, puso la palma de su mano tapando su vulva.

Él la miraba a la cara todavía con su pene algo duro y goteando apenas. Sobre el comienzo del tronco de su verga se veía toda una crema blancuzca del flujo que ella había generado. Paso sus dedos para retirarlo y se lo llevó a la boca. Ella hizo lo mismo con la leche que se le escurría hacia fuera y se la metió en la boca también.

Mirándose a los ojos se acercaron y se besaron compartiendo todos sus fluidos, se les escapaban por la comisura de los labios y el olor de sus cara era fuertísimo.

–Putita mía, siento que me saqué la lotería y que es el principio de algo que todavía no puedo dimensionar.

–Amor quiero ser tu puta y que me hagas lo que quieras.

Continuará si Nina me deja seguir relatando sus historias.

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