Hola a todos.
Estaban siendo unos tiempos muy difíciles. Había llegado al punto de considerar que la lujuria estaba empezando a afectar a mi vida, que aquella búsqueda constante del placer lastraba mi progreso. Decidí tomar una actitud “pasiva” frente al amor y al deseo, dejando de entrar constantemente a Instagram y tratando de abstenerme de cualquier pensamiento “húmedo” que se me pudiera pasar por la cabeza.
Caí en la cuenta de que muchas de las mujeres que me cruzaba me parecían atractivas, pero no sentía amor real por ninguna de ellas. Por tanto, si nada me iban a aportar más que sexo, la mejor actitud iba a ser centrarme en mis metas a largo plazo, a la espera de que llegase alguien por quien pudiera sentir amor y que al resto de promiscuas que llenan nuestras calles las dieran por el culo.
Con esta idea en la cabeza, seguí con mi vida. Descansaba mejor, estaba más relajado y me notaba con un mejor estado de ánimo. Sin embargo, esto no evitaba salir del trabajo cansado y con ganas de ir a mi casa. A pesar de ello, nada más cenar marché al gimnasio, debido a que era la única hora que tenía disponible en el día.
Entré por la puerta y no vi prácticamente gente, pero por allí andaba Raquel, mi amiga del gimnasio de la que hablé en mi relato anterior. No habíamos vuelto a hablar desde aquel día debido a mi reciente cambio de actitud, y así pretendía que siguiera siendo por muy atractiva que me pudiera parecer. Me saludó nada más verme y yo le devolví el saludo de forma cordial (tampoco me parecía adecuado ser borde).
Comencé a entrenar a mi bola, tratando de cruzarme lo menos posible con ella. Parecía estar haciendo lo mismo, luciendo un top negro sin tirantes que remarcaba su busto y unos pantalones negros largos, que, a pesar de no ser excesivamente pegados, se dibujaba perfectamente la forma de su culo. Finalizado mi entrenamiento, me marché hacia el vestuario para darme un agua.
Estaba vacío, no había casi ninguna taquilla ocupada. Dejé mi ropa preparada sobre el banco, me desnudé y entré a las duchas. Me estaba aclarando el pelo cuando unos voluptuosos pechos se posaron en mi espalda y unos brazos abrazaron mi torso. Me giré lentamente para descubrir lo evidente. Breves instantes después de que quedáramos frente a frente, Raquel se lanzó a mis labios y me empezó a besar de forma pausada.
—Hoy no me has dicho nada en todo el entrenamiento —dijo ella con excitación.
—Raque, creo que no es buena idea esto —le espeté yo tratando de marcar distancia.
Ella sonrió de forma tontorrona, achinando los ojos mientras masturbaba mi miembro. Se comenzó a acuclillar y rápidamente se lo metió en la boca.
—Joder… —dije yo colocando mi mano al lado de su cabeza y acompañando sus movimientos.
Tras unos minutos chupando mi miembro, la cargué sobre mí, agarrándola por las piernas. La solté momentáneamente con la mano derecha para colocar mi pene en la entrada de su vagina y empujé. Comencé a darle a medida que pedía más con sus gemidos. Me estaba cansando un poco de cargarla, así que la tumbé en el suelo y la seguí dando de misionero. Me rodeó con sus piernas y comenzamos lentamente. Emitía un gemido cada vez que mi miembro le entraba hasta el fondo. A medida que iba aumentando el ritmo, ella aumentaba también la frecuencia de sus gemidos.
—Uhmm, uhmm, sigue, mi amor, sigue —dijo ella clavando sus uñas en mi espalda.
Seguí a ritmo constante hasta que sus gemidos concluyeron en uno más fuerte, atrayéndome hacia ella y clavándome las uñas fuertemente.
Me tumbó boca arriba y se me montó encima. Comenzó a botar sobre mi pene, con las manos alrededor de su cabeza y dejando sus pechos a mi plena disposición para amasarlos, volviendo posteriormente a agarrarla por las caderas.
—Eres una hija de puta. Estaba tratando de evitar esto y te dedicas a tentarme —le dije yo en un momento de lucidez, con falta de aire por la excitación.
—Uff, es que una se ha levantado hoy “cariñosa” y vas y vienes a esta hora, que sabes que no hay nadie. ¿Qué quieres que haga? Si parece que lo haces aposta —me dijo ella sin parar de botar.
—Qué cabrona —le dije para acto seguido darle un azote.
Estuvimos un rato más así, intercambiando gemidos, hasta que ella comenzó a moverse con más violencia.
—Ohhhh, que rico, que rico. No te corras todavía, que ya estoy a punto de venirme otra vez —me dijo ella entre jadeos.
Segundos después, quedó sentada en mi cadera tras emitir un fuerte gemido, el cual yo acompañé también a la par que apretujaba sus pechos.
Se desensartó de mi pene y cambiamos a en cuatro. Me arrodillé detrás de ella y se la metí de una hasta el fondo. Comencé agarrándola por las caderas y a medida que iba aumentando el ritmo la empecé a agarrar por los hombros. Ella intercalaba gemidos con “Qué rico”, “Cabrón” o “Sigue, papi”. Tras unos minutos, ya acercándome al clímax, la volví a agarrar por las caderas para acto seguido, alcanzar el orgasmo. La di un azote y con mi pene aún dentro, giró su cara hacia atrás y rodeándome la cabeza con su brazo derecho, comenzó a comerme la boca, mientras yo masajeaba su torso con mis manos, desde su pelvis hasta sus pechos.
Me tumbé en el suelo y me la estuvo chupando hasta que se me bajó. Acto seguido, se acercó a besarme y me susurró al oído: “Hasta luego, tentador” y se marchó desnuda de la zona de duchas.
Me quedé momentáneamente en el suelo, pensando en cómo había caído en las zarpas de aquella fiera tropical. Me levanté, me duché nuevamente y me marché, con la traición hacia mi mismo de haber sucumbido a la tentación.
Aunque bueno, la podía romper algún día que otro.
![]()