Paulina rompió su propia regla

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T. Lectura: 8 min.

Después de lo que sucedió en nuestras vacaciones, la flama del sexo se encendió de nuevo para nosotros, aunque igual no teníamos mucha oportunidad de hacerlo ya que tenemos hijos pequeños. Pero ciertamente la conversación cambió entre nosotros, empezamos a ser un poco más abiertos y eso nos ponía más calientes a los dos. Me excita mucho escuchar historias de sus aventuras sexuales antes de conocerme, y vaya que las tiene.

Varias veces le propuse que volviéramos a hacer un intercambio o un trío, pero Paulina se negaba a hacerlo con alguien en nuestra misma ciudad y arriesgar ser descubiertos. Yo lo entendía, tampoco quería que nuestras amistades o familia se enteraran de nuestras aventuras.

Entonces sucedió que por cuestiones de trabajo tuvimos que cambiar nuestra residencia, aunque fue a una ciudad no muy lejos de donde vivíamos antes, al menos ya era un pequeño cambio. Desafortunadamente (al menos eso pensé al principio) coincidió que justo al residencial donde nos cambiamos, un amigo mío de muchos años, Mario, se estaba mudando también, ya que se acababa de divorciar.

Mi esposa lo conocía bien, y sabía que era mi amigo el más cabrón de todos jaja era un mujeriego y justamente por eso se divorció. Es el clásico amigo guapo, 38 años, al que las mujeres le coquetean sin que el lo busque, de cuerpo atlético, un conquistador nato. Aun así a mi esposa le caía muy bien. Desde que nos mudamos empezamos a vernos frecuentemente, ya sea que yo me iba a tomar a su casa o salíamos el fin de semana. Igualmente lo invitábamos a mi casa cuando hacíamos alguna carne asada.

Paulina sabía que Mario a menudo llevaba mujeres a su casa, y en las reuniones, ya con algunas copas encima, ella le preguntaba detalles de sus aventuras. Fue entonces cuando yo empecé a notar “demasiada” curiosidad de su parte. Las pláticas se tornaban cada vez un poco más íntimas cuando nos platicaba lo que hacía con ellas, mi esposa terminaba súper excitada cuando Mario se iba y cogíamos deliciosamente al final de la noche.

Como ya se había vuelto costumbre en nuestra intimidad, a menudo jugábamos fantaseando con tríos e intercambios. A veces con personas desconocidas como el cajero del banco, el jardinero, el conductor de Uber, entonces se me ocurrió mencionar el nombre de Mario, y su reacción inmediata fue “no juegues con eso, ni se te ocurra, él es tu amigo” pero estoy seguro que esa noche lo hizo pensando en él, aunque lo niegue. Transcurrieron más días, todo normal, no se volvió a hablar del tema, incluso un par de veces nos volvimos a ver con Mario y nada pasó.

En una ocasión, meses después, estábamos en el jardín de mi casa ya tarde después de haber disfrutado una carne asada y varias cervezas, una vez más nos encontrábamos escuchando las aventuras de mi amigo Mario, y mi esposa “imprudentemente” preguntando cada detalle. A estas alturas yo ya le había comentado a Mario en alguna de nuestras salidas que no me opondría a hacer un trío con mi esposa, con la persona correcta. Tal vez no debí decírselo, pero lo hice, y creo que lo tomo como reto personal jaja. Jamás le dije que sería con él, ni nada parecido.

Esa noche, Mario estaba más atento con mi esposa que de costumbre, y yo me di cuenta, me puse extremadamente nervioso; una cosa es fantasear, y otra muy diferente hacer las cosas reales. Estamos hablando de que un amigo mío se podría coger a mi mujer, era otro nivel, muy fuerte, no sabía si realmente podría soportarlo. Pero aun así el morbo también era muy intenso y deje que las cosas fluyeran. Mario platicaba cada vez más detalles íntimos, como que su verga media 18 cm (igual que la mía) y de cómo le gustaba el sexo salvaje y eso volvía locas a las mujeres. Podía ver la cara de mi esposa imaginándolo todo.

En eso, Mario se disculpa para ir al baño y al retirarse inmediatamente yo volteé a ver a Paulina, y ella volteó a verme con la cara de una niña traviesa que sabía que estaba haciendo una “maldad” y le dije:

Yo: ya te vi eeh

Paulina: ¿queee? (Sin poder disimular la sonrisa)

Yo: jajaja no te hagas

Paulina: pues es tu culpa, tú empezaste, el otro día jajaja

Tardé un par de segundos en recordarlo, pero pronto caí en cuenta que realmente le había plantado la semillita al mencionar su nombre mientras cogíamos.

Yo: pues si pero tú dijiste que “ni se me ocurra”

Paulina: pero ya lo pensé mejor jaja

En ese momento regresaba Mario del baño y no pudimos decir nada más. Solo le hice un gesto con la cara a Paulina para que se diera cuenta que no me opondría.

Seguimos platicando un rato, bebiendo algunos tragos más. Ahora fue mi turno de disculparme para ir al baño, mi corazón ya latía más fuerte de lo normal, mis nervios estaban al tope, los celos me mataban, y el morbo ufff al máximo. El solo hecho de dejarlos solos me puso así. Estuve unos minutos en el baño y regresé al patio, pero ya no estaban, en eso escucho que se habían pasado a la sala. Mil pensamientos se me vinieron a la mente, no sabía lo que iba encontrar en la sala, entré y estaban los dos sentados en el sillón doble. “Es que me dio frío afuera”- dijo Paulina.

Me senté en el sillón más pequeño que quedaba casi frente a ellos, un poco hacia un lado, pero casi inmediatamente me di cuenta que nuestras bebidas ya se habían acabado, así que me volví a levantar y tome sus vasos, al mismo tiempo que decía “una ronda más” y caminé hacia la cocina. Tarde algunos minutos en preparar todo, tuve que salir al patio por hielos, y cuando ya regresaba a la sala escuché que mi esposa le decía a Mario “no se va enojar, te lo juro”. Me detuve un momento, esperé tal vez un minuto, solo se escuchaba silencio; entonces pregunte en voz alta -¿se les ofrece algo más?- como anunciando que ya iba para allá.

A estas alturas mi cabeza ya sentía esa extraña sensación de estar en un sueño bizarro, un nudo en el estómago mezcla de excitación y celos, sensaciones demasiado intensas. Entonces escucho algo que lo confirma todo, mi esposa me contesta -¡Espera amor no entres todavía!

Solo había una razón para que ella dijera eso, le daba vergüenza que la viera. Mi corazón se aceleró aún más, sentí como mi verga se puso dura de inmediato. En mi cara tenía una sonrisa nerviosa, no sabía que hacer. Decidí esperar, pero los minutos eran largos, el no saber que estaba pasando ahí dentro me mataba, estaba a punto de sacarme el pene y masturbarme.

Entonces de repente reaccioné y decidí entrar, no podía perdérmelo por nada del mundo. Abrí la puerta y entré con los vasos en la mano y sin siquiera tratar de disimular el paquete que se marcaba en mi entre pierna. Cuando se dieron cuenta que entré en la habitación mi esposa sólo dijo “Amooor” en un tono como de culpa, y yo le contesté “sigan en lo que estaban” al mismo tiempo que me sentaba frente a ellos en el sillón individual. Ella solo se rio, y volteó a verlo acercándose de nuevo a su boca para seguirlo besando.

Los nervios ya habían disminuido, ya no había marcha atrás, estaba sucediendo de nuevo y esta vez no había nadie para entretenerme a mí. Seamos sinceros, había fantaseado con esto muchas veces, no podía quejarme, yo lo ocasioné. Mi respiración estaba agitada, empecé a tocarme por encima del pantalón, sentía que mi verga ya estaba húmeda de excitación.

Poco a poco capté la imagen de lo que sucedía frente a mí, mi esposa medio recostada en el sillón, llevaba un vestido de flores algo largo y holgado, pero ya estaba levantado hasta la cintura mostrando sus piernas, y tenía un pecho de fuera; la mano de Mario la recorría mientras se besaban, su otra mano detrás de la cabeza de mi esposa. La mano de mi esposa acariciaba la entrepierna de Mario sobre su pantalón. Yo estaba extasiado con la imagen, moría de ganas de masturbarme pero no quería venirme y después sentir algún arrepentimiento prematuramente. Me contuve, conformándome con beber mi cóctel y tocarme por encima de la ropa.

Estuvieron fajando frente a mí por varios minutos, dándome un delicioso espectáculo, por momentos mi esposa gemía, y en medio de los gemidos me decía “perdón amor, no pude evitarlo”. En un momento Mario se detuvo, sabía que tenía permiso pero creo que entró en la duda de hasta que punto se estaría pasando de la raya. Me volteó a ver y se dio cuenta que yo estaba igual o más extasiado que él.

Eso le dio confianza y sin decir una sola palabra se volteó hacia mi esposa, la tomó de las piernas y a jalones la volteó y la cargó hasta ponerla en cuatro, con sus brazos y su cabeza apoyados en el descansabrazos del sillón y sus rodillas en el asiento, salvajemente le levantó el vestido hasta la espalda y le bajó los calzones le pegó varias nalgadas y sambutió su cara entre sus nalgas. Mi esposa lanzó un grito de placer y se contorsionaba al tiempo que Mario le chupaba todo desde el culo hasta su panochita. Lo hizo durante un rato, y a momentos paraba solo para masajearle todo con sus manos y meter sus dedos en su vagina.

Mi esposa había comenzado a mojarse como lo hace cuando está extremadamente excitada, a chorros. Su squirt salpicaba por todos lados y ella solo podía gemir mientras mordía el sillón de placer. Si en algún momento pensaba que yo podía participar, ahora me daba cuenta que no me necesitaban, y no me molestaba.

Entonces mi Paulina aprovechó una pausa para voltearse, se quitó el vestido y la ropa interior e hizo lo mismo con Mario. Al bajarle el calzón su verga de 18 cm saltó con una tremenda erección, si era igual de larga que la mía, pero mucho más gruesa. Mi esposa la tomó con sus manos y después de besar Mario, se agachó a hacer lo que mejor sabe hacer, una deliciosa mamada. Podía ver como lo ancho de su verga llenaba la boca de mi mujer, no era tan fácil introducirla toda hasta el fondo como conmigo, pero lo intentaba.

Mi esposa quedó sentada en el sillón y Mario parado, dándome la espalda. Yo solo escuchaba los sonidos que producía mi mujer atragantándose con su verga casi hasta provocarse el vómito. Veía por entre las piernas de Mario como Paulina masajeaba sus huevos. Me parecieron eternos los minutos.

Entonces me anticipé a lo que estaba seguro que venía, me acerqué a ellos y puse un condón en el sillón. De inmediato mi esposa lo tomó, y como una experta lo puso en su verga mientras le chupaba los huevos. Mario entonces tomó el control de nuevo, la tomó de la cintura con un solo brazo y la cargó dejándola caer en el sillón boca abajo, de nuevo la tomó de la cintura haciendo que sus nalgas quedaran levantadas, le dio dos nalgadas y de golpe le metió la verga hasta adentro. Mi esposa soltó un gemido fuerte y no dejó de gemir durante todo el rato que Mario la embestía una y otra vez, escuché como la hacía venir, vi como el flujo de su vagina chorreaba por sus piernas y empapaba el piso.

Hasta que mi esposa no podía más, y le pidió parar. Le dijo que se sentara en el sillón, Mario aún con la erección al máximo quedó sentado y mi esposa se montó encima de él dándole la espalda y viendo en dirección mía.. Esta vez su verga entraba como si nada y empezó a cabalgarlo intensamente, moviéndose hacia arriba y hacia abajo mientras gemía extasiada. Pronto un segundo orgasmo llegó, ella se detuvo y sacó la verga de Mario para darse unos golpecitos en la vagina que provocaron que un chorro de “agua” saliera disparado.

Para este momento yo ya había removido toda mi ropa y estaba desnudo masturbándome frente a ellos. Me acerqué y me hinqué frente a ella. Paulina se puso de pie y continuó dándose golpecitos en la vagina bañándome con todo su flujo. Acerque mi boca a su panochita y la chupe saboreándola toda. Entonces ella se volteó, y se agachó para remover el condón de la verga de Mario, y empezó a mamársela con ansias, mientras yo desde atrás seguí disfrutando de su panochita y su culo con mi lengua.

Me levanté, mi verga estaba al máximo y a punto de explotar, sabía que no duraría mucho pero no era necesario, Mario ya había hecho gozar a Paulina como nunca. Se la metí, estaba tan mojada y abierta que casi entró como si nada, provocando un ligero gemido. Empecé a metérsela lentamente intentando con todas mis fuerzas no venirme en cinco segundos. Logré controlar mi eyaculación y empecé a bombear a mi esposa con más intensidad mientras ella estaba enfocada en hacer venir a Mario. Estuvimos así hasta que finalmente Mario soltó un chorro de leche, escuchaba los gemidos de Mario y el sonido de mi esposa capturando todo con su boca.

Como es su costumbre se encargó de que ninguna gota fuera desperdiciada dejándolo completamente limpio. Al terminar se volteó y me enseñó su lengua, se había comido todos los mecos de Mario, me tomo de las manos y me jaló al sillón dejándome sentado frente a ella, junto a Mario. Se subió encima de mí y se montó en mi verga. Yo estaba extasiado, la abracé contra mi pecho y empecé a besarla apasionadamente. Percibir el olor de su verga y su sabor en ella me provocó un morbo indescriptible, no tarde mucho en venirme con una fuerza que pocas veces antes había sentido.

Paulina alcanzó otro orgasmo justo en ese momento y los dos gemíamos deliciosamente mientras poco a poco bajábamos la intensidad para fundirnos en un abrazo al mismo tiempo que Paulina acariciaba los huevos y la verga flácida de Mario que seguía junto a nosotros.

Mi esposa quedó rendida sobre mí, extasiada, Mario con una sonrisa de satisfacción veía como Paulina le acariciaba la entrepierna, y mientras tanto en mi mente empezaban a fluir los pensamientos de arrepentimiento, pensando en cómo esto iba afectar nuestro matrimonio, al haberse cogido un amigo mío, pero al mismo tiempo pensando lo rico que estuvo y lo deliciosa que se veía mi mujer montada en su gruesa verga; así estuvimos algunos minutos. Paulina empezó a besarme mientras lo acariciaba a él, después lo beso a él, ahí junto a mí, y después de nuevo a mí, todo mientras todavía tenía mi verga flácida dentro de ella.

Intercambiábamos los besos de mi mujer entre Mario y yo, y mientras mi mente volaba con pensamientos, la verga de Mario volvía a ponerse dura. La mano de mi esposa seguía acariciándolo y su verga cada vez más grande, empezó a masturbarlo y después de besarme me dijo al oído – tu amigo quiere más.

Continuará.

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2 COMENTARIOS

    • Yo sé lo caliente que es, solo tenemos que estar en el lugar correcto en el momento indicado jaja.

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