Restaurante prohibido

0
5429
T. Lectura: 3 min.

Nos cruzamos la mirada por el pasillo, los ojos le brillan de deseo, puedo notarlo. No me atrevo a mover ficha, llevamos semanas mirándonos, sonriéndonos y a la vez esquivando lo que puede ser una muy mala decisión.

Ella está casada, tiene hijos y marido, no quiero ser quien rompa una vida plena.

Es la hora de comer voy a servirme un plato cuando noto un leve roce en el brazo, me giro, y ahí está mirando hacia atrás hablando con otro compañero. Se hace de notar pero a la vez quiere pasar inadvertida, me está volviendo loca.

El servicio de cena al fin ha acabado, hoy me toca cerrar con ella, es la jefa de sala, somos 5 personas para cerrar, ella y tres camareros para sala, pero en cocina solo quedo yo, hace un rato que cerramos cocina pero en lo que ellos acaban de despachar a los clientes, yo limpio cocina.

La sala se va vaciando de gente, la faena cada vez es menor y va enviando a gente para casa hasta que nos quedamos solas.

No es la primera vez que nos quedamos solas cerrando, pero no es habitual, habrá pasado 2 veces en los 6 meses que llevo trabajando aquí, normalmente siempre se queda algún camarero para acompañar, hoy no se porque no ha sido así.

Estoy fregando el suelo de la cocina antes de cambiarme, vacío el cubo, lo guardo en el cuarto de la limpieza y me dirijo al vestuario. Esta vacío, Janet aún esta en la sala cerrando caja.

Me desvisto y me pongo mis tejanos, mi camisa, me falta los últimos tres botones cuando una mano se posa en mi brazo invitándome a girar, la sigo y ahí está ella, tremendamente irresistible, la coleta floja con un mechón cayéndole sobre la cara después de una dura jornada, las mejillas coloradas, ligeramente sudada, le brilla la piel y los ojos.

Se está mordiendo el labio inferior ligeramente y su mano temblorosa se dirige hacia la mía, la tiene fría y contrasta de maravilla con mi mano caliente, se me va la vista hacia nuestras manos, veo como nuestros dedos se enredan hasta entrelazarse. Tiene la mano tan fría y le tiembla tanto que, por instinto, poso mi otra mano sobre el dorso de ella, intentando calmar ese frío. Cuando la miro a ella, veo que también tiene la mirada en nuestras manos, alza la mirada y esos ojos castaños se cruzan con los míos.

Su otra mano se alza hacia mi cara, esta igual de fría y temblorosa que la otra, y me dirige hacia ella.

Nos fundimos en un tierno y largo beso, paramos, nos miramos de nuevo y mis palabras salen solas:

-Janet, no deberíamos…

Posa un dedo sobre mis labios y añade:

-Llevaba mucho tiempo queriendo dar este paso, así que por favor…

Su tono es desespero, a la vez contradictorio, tiene una lucha interna muy importante, pero incluso le cae una lágrima por la mejilla mientras espera que yo responda.

Le cojo la cara con ambas manos y reanudo el beso, esta vez más intenso, más hambriento, se nos va el alma en el.

Mis manos viajan por su cuerpo, recorro su espalda, su cintura, despacio, intentando memorizar cada curva. Ella se atreve a explorarme con algo más de cautela, cuando su mano intenta llegar a mi sexo yo doy un respingo y separo mis labios de los suyos, niego con la cabeza y añado:

-Ahí no está mi placer, déjame guiarte y las dos saldremos ganando. -Ella abre más los ojos y me mira como si no acabara de entender, así que sigo con la explicación -solo me tocaras de cadera para arriba, el sujetador y pantalones no me los quites, ni lo intentes, por favor, puedes desabrocharme la camisa y tocar lo que quieras dentro de esos límites, ¿entiendes?

Ella asiente con la cabeza pero no la veo muy convencida con lo que le acabo de decir, pero sé que pronto lo entenderá.

Respetando lo que le acabo de decir, procede a desabrocharme la camisa, pasea las manos por mi pecho y mi torso semidesnudo se inclina y me mira pidiendo permiso, asiento con la cabeza y riega mi torso de dulces besos, de vez en cuando pasea la lengua por mi abdomen, me estremezco y le hago erguirse de nuevo.

Le quito el polo de trabajo, y paseo mis manos por su torso y hasta el cierre del sujetador, está por delante y dejó sus pechos al aire, es simplemente perfecta, me inclino y se los beso, se lo chupo e inevitablemente los mordisqueo, con cada reacción de ella me estremezco un poco más.

Vuelvo a besarla y esta vez mi mano se cuela bajo su pantalón, hasta su humedad, gime en mi boca, me muerde el labio a modo de desesperación y entonces paro.

Me pongo de rodillas y desabrocho con calma el pantalón, lo bajo lentamente le quito un pernera y luego la otra, la cojo de las caderas y la giro hasta las taquillas que tras de mí, la empujo un poco indicándole que se apoye en ellas y entonces le quito las braguitas con mucha calma, liberando su sexo.

Recorro mis manos por sus piernas, sus muslos hasta su clítoris, me detengo un par de segundos, pero está demasiado excitada, deslizo mi dedo corazón en su interior y me llevó su sexo a la boca mientras tanto, sabe de maravilla, le palpita el sexo, sus manos en mi cabeza asegurándose de que no me vaya a ninguna parte, sus muslos temblando alrededor de mi cara alzó la mirada y ahí están esos ojos mirándome, ardientes, llorosos, succiona un poco más fuerte y me riega la boca y el brazo, sus fluidos chorreándome hasta el codo, no aguanto más y yo también estallo en un orgasmo.

Salgo de su interior, retiro mi cara y ella se desliza lentamente por la taquilla hasta quedar sentada en el suelo frente a mí, se le caen las lágrimas me coge la cabeza y me besa fuertemente. Exhausta, me siento junto a ella, que se deja caer hacia mi mientras las dos nos recuperamos de una primera vez entre nosotras muy intensa.

Continuará.

Loading

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí