Estamos en el mes de abril y hace bastante calorcito, es viernes y mi ardiente mujercita viene nuevamente por mí al trabajo. Traía un vestido de algodón holgado que dejaba ver sus deliciosas piernas. Subimos al autobús y nos fuimos a los asientos de atrás.
Al sentarse, su vestido subió revelando sus muslos. No pude contenerme: la besé y deslicé mi mano desde sus rodillas hasta su entrepierna subiendo poco a poco, “mmm que rico… ahhh así papito…”. No traía bragas. Estaba empapada y abierta; mis dedos entraron como cuchillo en mantequilla., —”¡Así, papi! ¡Mételos más!”— gemía ella. Con la otra mano masajeaba sus tetas ¡su punto más débil! dice: que si alguien le da una buena manoseada de tetas seguro le pide que la lleve a un hotel y le dé una buena cogida. Tras un rato de faje intenso, se vino en mis dedos dejándolos encharcados, ahhh así… —”Qué ricos dedos traviesos, mi amor…”—.
Al llegar a casa, Brenda entró en pánico: —”¡Amor, no traigo mi teléfono! Creo que se me cayó en el autobús”—. Dos días después, vi que su WhatsApp estaba activo. Escribí de inmediato: “Hola, ese teléfono es de mi novia, ¿habría forma de recuperarlo?”.
La respuesta no tardó: “¡Qué tal! Soy Alberto. Encontré el teléfono y… ¿en serio esta es tu novia? Está guapísima. Estaba viendo sus fotos y un video donde baila y se desnuda poco a poco. Está bien cogible… ¿En serio todo eso te comes? Es un manjar”. El muy cabrón había visto varias fotos de Brenda en lencería sexy que traía en el teléfono y además el video donde baila al ritmo de salsa y se desnuda muy sensual para mí. Se me empezó a para la verga nada más de imaginar la cara de sorpresa y la jalada de verga que se hizo este tipo viendo las fotos y video de mi mujer.
—”Sí, es mi novia y está muy buena, ¿pero nos devuelves el teléfono?”— pregunté.
—”Se los devuelvo con una condición: quiero conocer a tu noviecita en persona”— respondió Alberto.
Al llegar a casa, se lo conté a Brenda.
—”qué crees ese cabrón seguramente ya hasta se pajeo a tu salud viendo las fotos y el video, y dice que quiere conocerte para entregarte el teléfono…”. Brenda: “¡hay amor que pena ya conoció todo mi cuerpecito!” — dijo ella con una mirada golosa. —”Dile que venga mañana por la noche”—.
Eres una putita mi cielo, se me hace que te lo quieres coger… Brenda: ya me dio curiosidad y para que no se ande pajeando mejor que me disfrute no crees… ¡Que bárbara!
Al otro día por la tarde Brenda se bañó, se perfumo, se puso guapa vistiendo una minifalda cortita y una blusa transparente sin bra. Cuando tocaron la puerta Brenda fue a recibirlo, Alberto traía un six de cervezas que le dio a mi novia, lo paso a la sala, nos sentamos en el sillón y Brenda en medio de los dos, él estaba fascinado viendo el cuerpo de mi mujer, pues sus tetas se transparentaban en la blusa y con la minifalda mostraba gran parte de sus deliciosos muslos.
Él estaba algo nervioso, en eso para romper el hielo mi novia se levantó para traernos una cerveza y al hacerlo se agacho, subiéndosele la falda nos mostró su rico culo en todo su esplendor con el hilo metido entre sus nalgas, regreso y se volvió a sentar en medio y nos dio las cervezas, Alberto le dio un sorbo y se disculpó: perdón hermosa estoy algo acalorado, pues luces exquisita y tienes un culo digno de una buena cogida.
Ya para entonces se le notaba una gran erección de caballo en el pantalón, Brenda: ¡hay que cosas dices! ¡Me apenas! Y diciendo esto empezó a agarrarle la verga encima del pantalón.
Él lo disfrutaba y se animó a desabrochar los botones de la blusa, rápidamente aprisiono un pezón con la boca mientras magreaba la otra teta con la mano, ahhhh… que mano larga… Así… sigue papito, cómetelas son todas tuyas… así… Ahhh, la empezó a besar, mientras con una mano avanzaba en su entrepierna, Brenda abrió más las piernas para darle acceso total, él hizo a un lado el hilo y la penetro con los dedos, estuvieron así un rato comiéndose a besos y el con tres dedos dentro de la papaya jugosa de mi novia, ella solo gemía, gritaba, resoplaba de placer, yo tenía la verga bien dura viendo la escena de como ese cabrón se estaba devorando a mi mujercita.
Luego Brenda le devolvió el favor, le bajo los pantalones y el bóxer, apareciendo una verga enorme como de 20 centímetros, gorda y colmada de venas, ella la agarro con las dos manos, se relamió los labios, todo esto me voy a comer… que rico… mmm, empezó a darle chupadas al glande, con la lengua recorrió todo el tallo y finalmente trato de tragarse lo más que pudo de ese pitote, abría su boquita al máximo, con una mirada de lujuria viéndome a los ojos y devorándolo como si fuera una paleta, Alberto gemía, disfrutaba en gran manera la gran mamada que le estaba propinando mi calenturienta mujer, la tomo del cabello obligándola a tragar más verga y mi putita hacia algunas arcadas, pero estaba fascinada con la vergota que se estaba comiendo.
Mientras yo me masturbaba viendo a mi putita comer un pitote, luego de un rato en que Brenda de canso de abrir tanto su boquita, él la empujo boca arriba en el sillón, la jalo hacia él totalmente abierta de piernas y con la papaya totalmente mojada y dilatada por la excitación, apoyo la punta de su verga en la entrada de su vagina y poco a poco se la fue dejando ir hasta la matriz mientras la sostenía de los tobillos, así….ahhh, que rico…que delicia, dame más… dámela toda hasta adentro, así… ahhhh, la empezó a bombear primero despacio y luego intensamente.
Brenda estaba en el paraíso comiéndose esa boa que se cargaba Alberto, se oían sus gritos hasta la calle —”¡Qué pitote te cargas, papito!”— chillaba ella mientras él la bombeaba salvajemente hasta hacerla convulsionar en un orgasmo trepidante.
Ella estaba que ardía, pronto se recuperó y me llamo, ven amor quiero que me hagan sándwich, me senté en el sillón con la verga bien parada y mi putita se sentó en mi dándome la espalda y se acomodó mi mástil en su rico culito que estaba bien dilatado por lo caliente que se encontraba, de un solo sentón se lo trago todo, subió sus pies en mis muslos quedando totalmente abierta y llamo a Alberto, ven papito dámelo por delante, Alberto acomodo su cipote en la entrada de su papayita y se la fue dejando ir hasta el fondo, y ahí estábamos los tres disfrutando de ese culo y esa vagina caliente de mi putita y ella balanceándose en nuestras vergas, gritando, pidiendo más, así… más… muévanse cabrones… háganme bramar de placer… que ricooo…
Muy sabroso sentir el cuerpecito de mi novia vibrando de placer, empalada por nuestras vergas, ya no pudo más y casi se desmaya por la intensidad de la venida que tuvo, Alberto y yo aceleramos los embates a ese rico culo y vagina y nos vaciamos dentro de ella, llenándola por completo de leche abundante.
Exhaustos, nos separamos. Brenda se levantó, nos trajo otra cerveza y se inclinó de espaldas para que viéramos cómo escurría la leche de su culito y su papaya.
—”Qué deliciosa cogida me dieron…”— dijo, antes de limpiar nuestras vergas con la boca y despedir a Alberto con un beso de lengua.
Fuimos a la cama, Brenda se recostó de espaldas y se abrió de piernas, mostrándome su papaya totalmente dilatada escurriendo jugos y su culito igualmente abierto emanando leche, mira cómo me dejaron… son unos cabrones cogelones… y yo toda una puta come vergas… ¿Te gusto como me cogió Alberto? ¿Te gusta compartirme? ¡Te gusta ver cómo me cogen? ¡Tienes toda una piruja como mujer, mi amor!
La abrace y la penetre por delante batiendo la leche que quedo en su interior, nuevamente gemía muy caliente pidiendo dame más como el vergón que se acaba de ir, lo tienes que volver a invitar… así ricooo… termino gritando mi nombre y el de Alberto… luego nos dormimos profúndame bien abrazados…
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