Sesión privada en la barbería

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T. Lectura: 4 min.

Mi esposa Ximena es una mujer que cuando la ves se detiene el tiempo, a sus 34 años posee un cuerpo con curvas latinas muy bien dotado, chaparrita de piel blanca suave al tacto, una cara preciosa con ojos color miel y una sonrisa cautivadora, le gusta vestir bien, elegante pero muy sexy con escotes muy bien logrados, faldas cortas pero solo lo suficiente, yo Alfonso por otra parte soy alto, cuerpo ejercitado, me gusta ir al gym visto formal para el trabajo pero fuera de él mi estilo es más relajado con jeans y playera.

Llevamos 15 años casados, disfrutamos mucho experimentar, hace 2 años aproximadamente tuvimos nuestra primera experiencia cuckold con uno de sus ex novios, desde entonces la fantasía ha estado ahí pero entre el trabajo y nuestros dos hijos pequeños, no habíamos tenido tiempo de buscar a alguien… hasta que me fijé en mi barbero.

Esteban tiene 27 años, es un tipo guapo, tatuado y con un estilo moderno, llevó diez años cortándome el cabello con él y somos buenos amigos, a veces hasta me quedo a echarme una cerveza después del corte, Ximena me acompañaba de vez en cuando y se llevaban bien, pero yo quería más.

Un día, mientras teníamos sexo, le pregunte —¿Qué piensas de Esteban? —Es muy guapo y agradable, ¿por qué? —me dijo con cara de sospecha. —Acompáñame el viernes a la barbería, ponte sexy y juega con él un poco, quiero que te dejes llevar–, tal vez fue el calor del momento pero ella accedió.

Quería que todo fuera perfecto así que hablé con Esteban por mensaje le conté mis planes y aceptó de inmediato, me confesó que ella le encantaba, entonces ideamos un plan sencillo, después del corte yo saldría un momento de la barbería con cualquier excusa y ellos se quedarían solos.

Llegó el viernes Ximena se puso un vestido sport negro cortísimo con una tanga negra que apenas cubría nada y su brasier a juego, al llegar a la barbería, ella estaba decidida saludó a Esteban rodeándole el cuello y dándole un beso en la mejilla que rozó sus labios, durante el corte, ella se sentó frente a nosotros cruzando las piernas, dejando que el vestido subiera lo suficiente para que Esteban se distrajera a cada rato.

Terminó el corte y les dije —Voy al carro por mi cartera, ahora vuelvo —salí para darles vía libre, afuera de la barbería el aire frío de la calle me pegó en la cara, pero yo estaba ardiendo, me quedé junto al carro, mirando el reloj, imaginando qué se estarían diciendo, si él ya la habría tocado o si ella se habría acobardado, fueron los tres minutos más largos de mi vida.

Regresé y abrí la puerta con cuidado la barbería parecía vacía, las luces estaban encendidas, pero no veía a nadie, solo podía escuchar la música de fondo, empecé a caminar lentamente sin hacer ruido hacia la parte trasera, entonces escuché el primer, sonido, un jadeo seco seguido del eco de un beso húmedo y profundo, me detuve en el marco de la puerta del estudio de tatuajes, mi corazón latía muy fuerte, respire despacio y hondo para tranquilizarme, no quería arruinar el momento así que me asomé lentamente vi que se estaban devorando la boca Esteban tenía las manos metidas bajo el vestido agarrándole las nalgas con fuerza, pude ver como Ximena le había sacado la verga y lo estaba masturbando con ganas.

En ese momento, Esteban la tomó por los hombros y la obligó a girarse —Ponte así… —le ordenó con voz ronca.

La inclinó sobre la camilla de tatuajes, le bajó la tanga lentamente, dejando su trasero redondo expuesto, fue ahí cuando ambos notaron mi presencia, Ximena me miró por encima de su hombro y me regaló una sonrisa de complicidad.

Esteban se arrodilló detrás de ella, sus dedos tatuados abrieron sus nalgas con fuerza, dejando su intimidad a la vista, se hundió de lleno usando su lengua, Ximena arqueaba la espalda y soltaba gritos que no intentaba reprimir, la devoraba desde el clítoris hasta el ano, subiendo y bajando, mientras ella se aferraba a los bordes de la camilla, con las piernas temblando visiblemente —¡Ya Esteban! ¡Quiero que me cojas! —dijo ella, con la voz quebrada.

Esteban se puso de pie, se acomodó, jugó un poco su pene erecto en la entrada de la vagina de Ximena y de una la metió hasta el fondo ella soltó un gemido prolongado mientras sentía cómo él la llenaba por completo, la tomó de la cintura y empezó a embestirla con fuerza, dándole algunas nalgadas que dejaban marcas rojas sobre su piel blanca, lo que solo la hacía pedir más.

Estuvieron así hasta que Ximena apretando los puños mientras sus músculos vaginales se contraían alrededor de la verga de Esteban comenzó a gritar —¡Si! ¡Cógeme! ¡Métemela toda! —. Esteban apretó los dientes, la tomó con fuerza de sus caderas y, con tres estocadas finales que casi levantan a Ximena de la camilla, terminó dentro de ella, pude ver el esfuerzo en sus hombros y cómo ella colapsaba hacia adelante, totalmente drenada, con las piernas aun temblando por el orgasmo.

Me acerqué lentamente, todavía con la imagen de mi mujer siendo cogida por mi amigo me puse detrás de ella y la penetré, sentir el semen caliente de Esteban mezclándose con la humedad de mi mujer fue una locura. —¿Te gustó cómo me cogió, mi amor? —me preguntó ella con una sonrisa agotada —Lo amé —le respondí y la cogí en esa misma posición con sus piernas agotadas y temblorosas hasta terminar dentro de ella.

Después de que los tres recuperamos el aliento, nos arreglamos la ropa entre risas nerviosas y esa complicidad que solo te deja un buen trío, nos despedimos de Esteban y salimos de la barbería hacia el coche.

Apenas cerramos las puertas del auto, como me moría de curiosidad por saber qué había pasado en esos minutos que los dejé solos le dije. —Bueno, cuéntame… ¿Cómo empezó todo tan rápido? —le pregunté mientras arrancaba.

Ximena se acomodó en el asiento, todavía con el pelo un poco revuelto y esa mirada de satisfacción me contó que, en cuanto cerré la puerta, Esteban la invitó a pasar a la parte de atrás, con la excusa de «enseñarle unos diseños nuevos de tatuajes». en cuanto entraron al salón la tomó firme por la cintura y la pegó a él—al principio me besó con cuidado, como midiendo el terreno —me dijo Ximena con una sonrisa pícara— pero en cuanto sintió que yo le devolvía el beso con ganas, se volvió loco, me confesó que me deseaba desde el primer día que me vio, pero siempre me había respetado por ser tu esposa y por la amistad que tiene contigo, pero que hoy era su oportunidad y no podía dejarla pasar–.

Escuchar eso me puso a mil de nuevo, saber que mi amigo la había deseado durante años y que por fin había podido «atenderla» como quería, fue el cierre perfecto.

Llegamos a casa exhaustos, pero con la mente ya pensando en cuándo sería la próxima cita en la barbería.

Definitivamente, el mejor corte que he tenido en mi vida.

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