Mi esposo se rehusaba a que le tocara por detrás, pero yo insistía poco a poco, he leído tanto de que el punto G de los hombres estaba en esa zona que cada vez me causaba más curiosidad.
Cuando me penetraba y yo estaba encima de él, mandaba mi mano e iba tocando poco a poco, hasta que un día me dijo: “¡que me está haciendo que se siente tan rico!”. Yo emocionada también, empecé a tocarlo más y más y su cara de satisfacción era notoria, era una expresión de satisfacción con timidez al sentir algo nuevo.
Cada vez que lo hacíamos él accedía un poco más, entonces un día empecé a poner lubricante anal y empezar a meterle más profundo, cuando lo hacía su respiración cambiaba y verlo así me excitaba enormemente.
Luego compré un dildo anal y aunque estaba reacio al principio, logré convencerlo, esa noche fue maravillosa, porque luego de usar el dildo, su pene quedaba más duro de lo normal y el nivel de excitación que sentíamos se elevaba al mil.
Somos de comprar juguetes, lencería, hacer juegos, un día me dijo, “mira lo que compré, -era un arnés con doble consolador-, yo me lo pongo y uno de los consoladores me penetra y otro queda para penetrar, es decir se invierten los roles”.
Primero nos estimulamos ambos con sexo oral y masturbación, cuando ya estoy muy mojada, me pongo el arnés, es decir soy penetrada por el consolador de silicona y quedo con otro por fuera para penetrar a mi esposo, él se pone en cuatro y yo empiezo a penetrarlo, suavemente y voy subiendo mis movimientos hasta que se lo meto todo, tener esa sensación de sus nalgas en mis piernas es una sensación demasiado excitante, es tener el control, es una de las cosas más excitantes que hemos hecho.
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