Te tengo miedo, pero también te tengo ganas (5)

0
3430
T. Lectura: 6 min.

Me despierto de golpe ya que algo sucede, es de madrugada, no sé qué hora es, siento una mano acariciándome el cuerpo, la poca luz que se filtra por la ventana me hace reconocer a Gilberto el “nanis” no se ni como llegó hasta ahí, es un barrio contrario al suyo y si lo descubrieran la pasaría muy mal, estoy asustada, pero al verlo junto a mi completamente desnudo y con su verga ya completamente erecta en la mano me hacen saber sus intenciones.

Sin hacer ruido para no despertar a mi marido me pongo de pie y lo alejo lo mas posible de donde ronca plácidamente mi esposo, acerca su cara a la mía, nos fundimos en un rico beso mientras sus manos habilidosas me desnudan.

–La deseo, susurra suavemente a mi oído con voz temblorosa mientras coloca mi mano en su verga –me tiene loco, no dejo de masturbarme pensando en usted, me dice, mientras su lengua empieza a lamer mis labios; abro la boca para dejar pasar su lengua y lo beso.

Sus manos tocan todo mi cuerpo, mis pechos, mi vagina, mi mano aprieta su tranca, dura y tiesa, –Chúpamela, me susurra, sin pensarlo me dejo guiar por sus manos que hacen que baje poco a poco hasta quedar hincada frente a su falo, apoyo mi boca en su hongo, la abro y empiezo a chuparlo, volteando de vez en vez a ver a mi marido quien ni caso nos hace, roncando profundamente al otro lado del cuartucho, el nanis me toma de la cabeza me incorpora, vuelve a besarme mientras lo masturbo.

Coloca su boca a mi oído y me cuenta a susurros entre cortados cómo me deseaba desde hacía mucho tiempo, cómo me miraba de reojo el cuerpo en las juntas de padres en la escuela o en la calle cuando salía a hacer algún quehacer, cómo se encerraba en su baño para masturbarse pensando en mí, cómo me espiaba a escondidas, ya que éramos vecinos, desde su ventana pensando que en alguna ocasión me miraría desnuda, me dice todo esto cada vez más excitado, excitándome a mi también.

Sus dedos se introducen en mi sexo, me masturba, en medio de una corriente eléctrica deliciosa me corro en sus dedos ahogando gemidos de placer sintiendo su pito duro y tieso a punto de reventar en mi mano.

–Me gusta por puta

Me sorprende mucho que hable de esta manera, nadie lo ha hecho antes, pero lo dejo mientras su tranca expulsa los primeros chorros de su leche tibia que mojan mis piernas para terminar de dejarme la mano empalagosa y llena de sus mocos.

Cesan sus convulsiones, intento limpiar todo con mi blusón mientras él se viste despidiéndose de mi dándome un último beso.

–¡No mames¡ bufa mi marido, pues alguien cortó los alambres viejos de la improvisada cerca y había dormido al pobre oso, el perro, con algo, pues seguía dormidote en la banqueta.

–¡Pinche gente enferma! Sigue gritoneando mientras yo suspiro y sonrío para mis adentros.

Todo transcurre de forma normal, mi marido al trabajo, mi hijo a la escuela y yo a mis quehaceres de esposa fiel y abnegada sin dejar de pensar en el Nanis, de la forma en como me buscó a pesar de todos los peligros, quiero que se repita, así que se me ocurre la idea de volver a encontrarnos, no tengo su número telefónico así que lo busco en los amigos de mi hijo en Facebook y ¡doy con él! Dejándole un mensaje.

Es viernes y solo es cuestión de tiempo para que mi marido, como cada viernes, llegue todo borracho y se eche a dormir y mi hijo salga con la novia a esas fiestas que duran toda la noche y llegue a las 6 de la mañana del otro día.

En fin, mi esposo llega borracho casi a punto de derrumbarse, como puedo lo acomodo en el viejo sillón.

Mientras espero tranquilamente a que termine de dormirse, me visto para mi joven y peligroso amante, saco el uniforme escolar de la novia de mi hijo que a propósito había ensuciado unos días antes que estuvo en la casa, tirándole la sopa apropósito y que me ofrecí a lavar.

Quiero estar a la altura del Nanis así que me ajusto mi brasier rosita de encaje con tanga igual rosa de encaje me coloco la minifalda entablillada de cuadritos azules y blancos, la blusa blanca de botones al frente y manga corta complementada con una coqueta corbata, unas botas altas a la rodilla negras de uso que me compré en el tianguis, con lentitud me hago unas colitas coquetas y complemento mi atuendo con un maquillaje suave sobre mi cara y cuerpo.

Amarro al perro al final del terreno, me coloco mi abrigo y me siento a esperarlo a lado de mi borracho marido con esa incertidumbre de no saber si llegará.

Otra vez no sé qué hora es, los ladridos del perro me alertan, miro como la vieja puerta empieza a abrirse, me pongo de pie, el Nanis al verme lanza una sonrisa de gusto al igual que yo, no hacen falta palabras, sabemos lo que ambos queremos, le extiendo la mano tomando la suya y lo guio hacia el cuartuco donde tenemos la cama, estudio.

–sabía que vendrías, le dije

–si, puta aquí estoy, me contesta, nos abrazamos y nos besamos, sus manos tocan con avidez todo mi cuerpo. hace a un lado la tanga y mete sus dedos en mi vagina para prepararla.

Se agacha y continua con su lengua despojándome por completo de la tanga y la falda, lo hace de maravilla, me pregunto, ¿dónde habría aprendido a satisfacer a una mujer de esa manera siendo tan joven?

Decide que es suficiente, me quita la blusa y el brasier haciendo que me recueste de espalda en la vieja cama, se desnuda rápidamente y se tumba encima de mí levantando con furia mis piernas penetrándome de forma rabiosa y voraz.

–Ah, si mi amor, no tan fuerte, más despacio, mi rey

Le digo con palabras entre cortadas por la emoción de estar siendo penetrada con fuerza, casi con violencia, como hacía años que nadie me cogía. me angustio un poco al pensar que el ruido de los resortes del colchón y nuestros jadeos puedan despertar a mi marido.

Pero no puedo detenerme, estoy fuera de mí, loca de excitación, oyendo cómo Gilberto me llama puta y me pregunta si me gusta la forma en cómo me fornica.

–Si, mas,

–ah, no te detengas, grito como loca ya sin ningún control sobre mí, valiéndome madre si alguien se entera, estoy disfrutando de este maravilloso momento como lo que soy, ¡una puta!

Al final, entre jadeos incontrolados y convulsiones se viene dentro de mí, llenando mi vagina con su semen, es por mucho, la mejor cogida que he experimentado hasta ahora se tumba a mi lado sudando y jadeando, me ordena que me ponga mi brasier y tanga a lo que accedo de inmediato, tumbándome a su lado después, me abraza con fuerza.

–Quiero que solo sea mi puta, ¿me oye?

–Sí le digo con emoción, estoy demasiado excitada para negarme a lo que quiere

–Y ¿mi marido? Y ¿el dragón? Le pregunto

–De esos yo me encargo

Me dice con seguridad y madurez, a pesar de tener la edad de mi hijo.

Sonrío, quien iba a decir que a casi mis 46 años tengo a los dos más peligrosos maleantes del barrio suspirando por mi, empieza a decirme cosas dulces, amorosas, lo beso tiernamente chupándole la lengua como si fuese su pene.

El me responde acariciando mi lengua con la suya, pongo la mano en su verga de nuevo durísima y muy caliente, la observo totalmente parada y rezumando su liquido preseminal, comienzo a besarla, me la trago hasta la raíz, siento como palpita dentro de mi cavidad bucal.

–Me encanta tu sabor mi amor, me pone muy caliente, le digo al liberar su pito

–Oh, es una rica mamadora, me anima mirando hacia el techo de gusto

Estoy feliz, gozando de la verga del Nanis como nunca, después de algunos minutos me dice que se va a venir, que la saque de mi boca para poder derramar toda su leche dentro de mí, pero como puedo le doy a entender que ni loca me voy a sacar su apetitoso instrumento, por el contrario, arremeto con más bríos mi succión a su glande.

Entonces sucede, guau, que cantidad de semen me bota en la boca, siento que me ahogo ¡de tanta leche!, pero no me la trago de inmediato, retengo su semen comenzando a saborearla, dejando que escurra por mi barbilla, con su falo recojo las gotas que se me salen y lo trago lentamente para después limpiarle la verga lentamente.

Nos ponemos de pie, me ordena que me coloque las botas y lo hago gustosa, me lleva a donde está mi marido roncando, me voltea de espaldas a él y hace que me recargue en la pequeña mesa de metal que hay al centro del cuartucho, se inclina, abre aún más mis piernas para incrustar de inmediato su cara en medio de mis nalgas, uf, comienza a recorrer cada esquina con su lengua mientras con sus dedos separa las barreras que le impiden llegar a lo más profundo de mi intimidad.

Llega mi primer orgasmo en medio de corrientes fuertísimas dentro de mí, volteo hacia atrás viendo sus lujuriosos ojos que sobresalen de en medio de mis nalgas, observo a mi joven dueño tomar ahora su verga en la mano y la ponerla exactamente a la entrada de mi ano.

No digo nada, solo me dejo caer sobre la mesa aplastando mis tetas con la superficie fría sabiendo de antemano lo que va a suceder.

Y así es, empieza a dejarse ir contra mi ano despacito, a cada empujón que da me introduce más y más su verga candente y palpitante.

–¡dios! vaya pedazo de pito que tienes, mi rey, digo sin dejar de jadear

–¿le gusta cómo me la cojo? ¿le gusta?

–¡Ay dios! ¡me gusta! ah chingada madre ¡me matas!, oh dios ¡cómo te adoro mi amor!

Mis gemidos lo incentivan ya que empieza a bombearme salvajemente por un buen rato hasta al punto de oírlo gritar y gemir mientras aumenta la velocidad de sus pistoneadas, yo por mi parte me restriego con fuerza contra él, me aferra con todas sus fuerzas enterrando a fondo su verga dentro de mi ano soltado sus chorros de leche caliente, me quedo quieta sintiendo sus semillas calientes inundando mis entrañas, me agarra por el cuello mientras descarga sus últimos chisguetes dentro de mi ano, mis intestinos están repletos de su semen, ahora meneo mis nalgas sobre su tranca, la sensación es indescriptible, no quiero que me la saque, pero los toquidos en la puerta nos indican que mi hijo llegó.

El Nanis se desprende de mi ano, su verga suena como cuando sale un corcho de una botella, entre risas y besos nos vestimos, sin importar que mi marido esté a lado nuestro dormido o haciéndose el dormido.

Loading

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí