Eran alrededor de las 11 de la mañana un miércoles, estaba yo en casa como todos los días trabajando en la computadora, pero ese día el clima lluvioso me hizo quedarme un poco más de tiempo en cama, levantarme sin prisas y comenzar a trabajar más tarde en la oficina que tengo en casa, sin haberme bañado antes como hago todos los días y concentrarme en mis labores como freelance, cuando tocaron el timbre de la casa.
Normalmente o son deliveries o vendedores quienes tocan, así que sin prisas me asomé para ver quien tocaba y me sorprendí ver a Dany tocando a la puerta. Ella levantó la cabeza sabiendo que alguien se asomaría a la ventana. Cuando vio que era yo noté una sonrisa inusual en ella. Me dijo: “vengo a dejarle a Fer un libro que me prestó”.
Me pareció muy extraño. Fer es mi hija, Dany, una vieja compañera de escuela desde el jardín de niños, la conozco desde pequeña. Hoy a los 21 años que tienen se ha convertido en una mujer, pero sabe perfectamente que entre semana mi hija vive con su mamá y que yo solo la veo los fines de semana. El libro en cuestión se lo podría haber entregado en su casa, sin embargo bajé a recibir el libro en cuestión.
-Perdón por las fachas, me agarraste de sorpresa.-le dije con la familiaridad y confianza de alguien a quien conoces de tantos años.
-¡No te preocupes!-me dijo risueña. -Más bien perdóname por no avisar, pero estaba con el pendiente de entregarle el libro a Fer desde hace tiempo y ahora fue la oportunidad de traerlo.
-Ella no está, la veo hasta el fin de semana que viene a quedarse aquí como siempre.
-Lo sé, solo creí que era mejor dejártelo a ti y aprovecho para saludarte.-me dijo ya con un tono en el que notaba cierta intención pícara y planeada con antelación.
-¿Quieres dejármelo? o ¿se lo llevas a casa de su mamá, para que la veas?
-No, te lo dejo a ti, ya que vine. Y aprovechando, ¿me dejarías pasar rápido al baño? -La verdad no se me habría ocurrido invitarla a pasar ya que solo me dejaba el encargo, pero pidiéndome permiso, por supuesto que le di el paso y se dirigió de inmediato al baño del piso de abajo.
Dejé el libro sobre la mesa del comedor y me dirigí instintivamente a mi oficina en el piso de arriba, entre que retomé lo que hacía previamente, intentaba arreglarme, algo me hizo abstraerme en mis pendientes cuando volteé y sin más Dany estaba dentro de mi oficina, detrás de mí, curioseando. Se me acercó y me dio un abrazo fuerte, cercano, apretaba su cuerpo al mío, lo que inevitablemente me causó una erección inmediata que ella notó y lejos de causarle incomodidad sentí como que se acercó más para poder palparla con su cuerpo y se restregó un poco en ella.
-Muchas gracias por dejarme entrar al baño.-Me dijo casi al oído mientras me abrazaba y se restregaba. -Me has liberado de una presión, jajajaja.-Rio.
-Con mucho gusto. -Le dije mientras me apartaba y la veía. La conocía desde jardín de niños, pero ahora una mujer, en la mera edad de plenitud sexual, muy delgadita como siempre había sido, casi flaca, pero bien formadita. Sus tetas aunque no grandes, eran firmes y perfectas, su trasero redondito, sobresaliente y aunque no es muy caderona, proporcionalmente le dibujaba una curva que la hacía ver antojable. Pero lo que verdaderamente me llamó la atención en ese momento fue su mirada, debajo de sus cejas pobladas, los ojos coquetos y pícaros me miraban con lujuria y deseo, esa mezcla de observar a la presa, pero también a lo prohibido que estaba a punto de obtener como un trofeo.
Sin embargo mi sensatez trataba de calmarme y pedirme cordura pues de inmediato pensé: ¿cómo podría rendirme ante una amiga de la edad de mi hija? y de nuevo volví a entrar en mis cabales pues no era lo correcto lo que podría pasar, a pesar de que ella iba no solo con la iniciativa, sino con su consentimiento total según me había dejado ver. O ¿habrían sido figuraciones mías?
Volví a fijar mi mirada en la suya y noté que además del deseo en sus ojos, mordía su labio inferior, con su mano izquierda jugueteaba con un mechón de su cabello y volvía a inclinar su cuerpo hacia el mío buscando un nuevo contacto conmigo. Llevaba puesto un pantalón muy ajustado que le dejaba ver su culo redondo y perfecto y una chamarra que se desabrochó dejando al descubierto un tank top de tirantes color blanco que resaltaba perfecto su pecho y remarcando la curvatura de sus senos y comenzando a brotar sus pezones endureciéndose lentamente, no se si por el frío del clima o por su excitación.
Me acerqué a tomar su chamarra y colgarla en un perchero en mi oficina alejándome así de la posibilidad de un contacto físico con ella. Pero al voltear la volví a tener muy cerca de mi. Nuevamente sonriendo muy pícaramente y solo alcancé a escuchar antes de tenerla nuevamente en un abrazo: -Me da mucho gusto volver a verte, de verdad.
-¿Has visto a Fer últimamente? -Le pregunté sin apartarme y sintiendo de nuevo como se restregaba buscando otra vez mi verga erecta que apenas comenzaría a crecer.
-No, hace tiempo que ni hablo con ella. Terminamos la prepa, cada quien se fue a la universidad y a seguir sus caminos y de likes en redes, no hemos tenido mayor contacto. Este libro me lo prestó hace varios años y estaba con el pendiente de entregárselo. Y tenía ganas de verte y saludarte. Hace mucho pienso en ti.
-¿Ah sí? ¿y eso? ¿a qué debo el honor?
-Recordé el otro día cuando veníamos aquí a hacer pijamadas y nos preparabas de cenar, subías botanas y nos ponías juegos o películas y en cómo me gustaba que fueras así. Ningún papá de mis amigas se portaba así de buena onda. Además vi una película que me hizo acordarme mucho de ti.
En eso bajó su mano por mi pecho acariciando, recorriendo despacio, buscando un objetivo más abajo. Para entonces yo ya estaba con la verga muy parada y casi dispuesto a abandonar mi sensatez para dejarme llevar y descubrir hasta donde estaba ella dispuesta a llegar.
Justo antes de que su mano alcanzara su objetivo la tomé de los hombros, para verla perfectamente de frente. -¿Qué película pudo hacer que te acordaras de mí? -Le pregunté casi inmediatamente le puse la mano en la mejilla y con el dedo pulgar rocé sus labios para después acomodarle el cabello detrás del oído y continuar con una caricia que lo único que consiguió fue que de un golpe los pezones brotaran perfectamente erectos sobre el tank top y la piel se le erizara poniéndose de gallina y sentí como un tremor recorría todo su cuerpo.
-“La elegida”. -me dijo. -Una peli de una alumna que tiene una aventura con su profesor en la universidad.
-Y ¿por qué te hizo acordarte de mí?
-Por la emoción de lo prohibido y de la diferencia de edad. Siempre sentí una atracción inexplicable hacia ti.
En ese momento en mi cabeza hubo una serie de imágenes tipo flashback de momentos en que me saludaba y miraba de forma especial, se me acercaba, buscaba la abrazara y quedarse cerca de mi cada que había actividades de mi hija con sus amigas, en las cuales casi siempre estaba Dany incluida.
-Cuando era adolescente empecé a darme cuenta de que no admiraba al papá de mi amiga. Admiraba al hombre que eras. Cómo tratabas a la gente, cómo escuchabas, cómo nunca intentabas impresionar a nadie. Después crecí… y esa admiración cambió de sitio. Cuando apareció el deseo sexual tenía tu rostro. -Continuó.
Bajó la mirada y la fijó en mi verga, a punto de explotar bajo el pants que portaba fachosamente y que no podía ocultar, dio un paso al frente sin desviar la mirada de ahí, con su objetivo perfectamente fijado, haciendo contacto levantó la cara para buscarme, metió una de sus piernas entre las mías y sintió la erección en su muslo, me abrazó por la cintura y volvió a iniciar un vaivén restregándose en mi sin decir una palabra, solo mirándome fijamente, esperando a que yo diera el siguiente paso.
Mis manos recorrieron su cintura por el dorso lateral rozando levemente la curvatura de sus tetas, uno de mis pulgares no tuvo mayor reparo en tocar el pezón, perfectamente a mi alcance ya que mi mano abarcó por completo el seno, que sentí firme, durito, masajeé ligeramente y volví a bajar ambas manos por el dorso hasta la cintura. Ambos sentíamos el aliento del otro, pero ninguno de los dos se animó a acercarse más ni dar el primer beso.
Me separé dando un paso atrás y soltándola por completo, quería contemplarla, su figura esbelta, fina, alta me cautivaba, su rostro joven, inocente y pícaro al mismo tiempo me parecían un sueño, ella intentó bajar el tirante del tank top del lado de la teta que le había acariciado, lo que me puso extremadamente nervioso, cual adolescente explorando lo desconocido.
Sin pensar nada, interrumpí su inicio de exponer su cuerpo volteando y tomando una galleta que tenía en mi escritorio que acompañaba mi café matutino, como tratando de continuar y detener esta locura que aunque moría por vivirla, en el fondo sabía que no debía.
Le di una mordida a la galleta y torpemente le ofrecí estirando la mano con la galleta en ella… solo rio levemente dibujando en su rostro una sonrisa que avisaba que había conseguido su objetivo. Rechazó la galleta poniéndola de nuevo el platito pero se acercó diciendo: -¿recuerdas tu regla de no tirar moronas en la casa cuando comíamos galletas? -al instante se acercó completamente a mí, puso sus labios en mi mejilla llena de restos de migas de la galleta y con la lengua jugueteó en la comisura de mis labios limpiando completamente cualquier resto.
Se separó levemente diciendo: -¡Qué rico! ¿no te parece? y volvió a acercar su boca a la comisura de los labios.
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