Tu esposa es una puta

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Después de haber sido empotrada por aquellos albañiles, las cogidas de mi esposo ya no eran igual, obviamente sentía culpa, pero también me sentía insatisfecha, su verga ya no me llenaba y el deseo de ser tratada como una cualquiera me inundaba la cabeza ..

“Métemela más duro cabrón”; “usame”; “obligame” eran frases que me retumbaban en la mente cada que me cogía, pero que no le podía decir.

Mientras pasaban los días, mi panochita sentía cada vez más la necesidad de una buena verga.

Cómo de costumbre salí de compras al súper, el clima ha sido bastante inestable estos días, así que opte por ir en la camioneta.

Al entrar al súper de inmediato sentí la mirada de los hombres, y como no llevaba puesto un pantalón negro de vinipiel, súper entallado. ¿Quién iba a resistirse a mirar semejante trasero marcado?, los más morbosos incluso podían ver mi tanguita marcada en la tela, otros preferían mirar mis pechos marcados en una blusa entallada color hueso, de esas que son delgaditas y aún que era manga larga y de cuello alto, definía perfectamente la silueta de mis senos.

Me daba un poco de pena la manera en que los tipos más feítos me miraban, seguro jamás podrían tener una mujer como yo, después sentí un poco de lujuria, al ver cómo otras mujeres se molestaban con sus maridos por qué me estaban mirando las pompis, pero que podía hacer.

En fin, compré lo que necesitaba y me fui, ya estaba atardeciendo y cuando me subí a la camioneta comenzó a lloviznar. Faltaba poco para llegar a casa, la lluvia empezó a empeorar, cuando unas cuadras antes del residencial escuché un ruido raro, un golpe y luego como si algo se hubiera despegado debajo del auto. Me orille y baje rápido pues la lluvia cada vez estaba más fuerte, para mí sorpresa una de las llantas estaba completamente baja como si se hubiera reventado, me subí de nuevo y traté de avanzar pero la camioneta patinaba y se escuchaba muy feo, mi esposo es sumamente especial con los vehículos y me dio miedo que algo se fuera a descomponer aún más.

Recordé que un poco más adelante había una vulcanizadora, la alcanzaba a ver así que opte por correr un poco, atajándome de la lluvia como podía.

Al llegar el tipo que atendía (que por cierto mi esposo odia, pues dice que es un carero).

Me miró de inmediato los pechos empapados que se comenzaban a transparentar en la blusa, saboreándolos con todo es descaro del mundo.

Mecánico: Dígame güera, en qué le puedo servir.

Dijo sin dejar de mirarme de pies a cabeza

Karen: Mire mi camioneta pincho un neumático, y se quedó aquí a ladito, pero ya no la quise mover por qué se me mueve mucho el volante.

Mecánico: haber déjeme ver, présteme sus llaves para acercarla.

Le di las llaves, que tomó acariciándome la mano, mientras me sonreía con morbo.

Echo a correr hacia la camioneta y muy despacito la orillo en su local, la lluvia se intensificó y era imposible ver qué había pasado.

Mecánico: mire güera, vamos a tener que esperar a que pase la lluvia por qué así no puedo trabajar. Pero pásele, ahorita se la reviso, por qué ya está bien mojado ahí abajo. Dijo de una manera muy morbosa.

Eso me hizo recordar las palabras en doble sentido de aquellos albañiles, como si de una premonición se tratara.

El tipo paso a un lado mío quitándose la playera, pues igual se había empapado al salir, no estaba mal era un hombre fornido, unos 45 años, moreno, no muy alto pero de brazos fuertes, llenos de grasa, al igual que sus manos y su cara.

Mecánico: mire güerita, aquí tengo un sillón, por qué no se sienta conmigo un ratito. Dijo mientras se tumbaba con piernas abiertas sobre aquel sofá sucio y desgastado.

Con algo de pena avance y me senté en la orilla.

Mecánico: por qué tan lejos jajaja. No muerdo heee

“Aquí está bien”, dije, sabiendo lo que mi calentura era capaz de hacer.

La lluvia ya era un aguacero, al tiempo que se oscurecía, apenas se distinguían los faros de los vehículos que circulaban por ahí.

Mecánico: estás muy chula hee

“Gracias”, dije entre dientes

Mientras mi mirada se perdía en la calle del frente, sentía como el tipo no me despegaba los ojos de encima, recorriendo todo lo que su vista le permitía de mi cuerpo.

De un momento a otro saco su celular y se quedó mirando la pantalla.

Mecánico: está eres tú ¿Verdad?

Estiró su brazo girando la pantalla, con una sonrisa de oreja a oreja, como aquel que sabe lo que se va a cenar.

Me quedé helada mirando la pantalla rota de aquel teléfono barato.

Era la fotografía que aquellos albañiles me habían tomado, con las tetas al aire a punto de ser destruida.

Karen: No… como crees.

Apenas salieron las palabras de mi boca, con la voz quebrada.

Mecánico: Jajaja no te hagas. Que boca chiquita no tienes heee

Yo me quedé rígida, como había llegado esa foto al teléfono de aquel tipo.

Volvió a girar su teléfono hacia el con una sonrisa burlona, y mientras lo miraba empezó a sobrase la verga por encima del pantalón.

Estaba a punto de levantarme y salir corriendo, cuando escuché mi voz en su celular.

“Haaa siii sii cogeme. Cogeme como tu puta”

Entre el sonido de mis gemidos y la lluvia, caí en cuenta que aquellos cerdos me habían grabado y ni siquiera me había dado cuenta ese día.

Mecánico : Eres una tragona güerita

Lo mire con temor, mismo temor que hizo palpitar mi vagina.

Mecánico: Ven. quiero que te tragues mi verga “putita”

Esa palabra, esa maldita palabra que me hacía perder la cabeza. Me levanté y comencé a caminar hacia él, mientras estiraba sus brazos sobre el sofá, acomodándose, listo para hacerme tragar.

Mirándolo directamente a los ojos me arrodille frente a él, apenas baje la mirada pude ver cómo se marcaba una anaconda en la mezclilla de su muslo izquierdo, la desesperación se apoderó de mí.

Le desabroché el pantalón, luego el cierre y baje su bóxer…

Una verga enorme rebotó frente a mi cara, era un trozo de unos 20 cm, pero sumamente gorda y negra.

No pude evitar sonreír al verla libre, y totalmente dura para mí.

Mecánico: ¿te gusta lo que ves puta?

Karen: siii… la tienes muy gruesa.

Mecánico: ya sé que te gustan las vergas gordas, anda trágatela

Abrí los labios y me la metí a la boca, podía oler el sudor de sus huevos mientras empujaba su camote dentro de mí.

Le besaba la cabeza mientras lo miraba y lo masturbaba con mi carita de zorra.

Mecánico: eso es puta. Tienes una boquita muy sucia.

Le sonreí mientras la punta de mi lengua recorría todo su tronco, de abajo hacia arriba, empecé a babearle toda la verga, besaba cada centímetro de carne, mientras mi entrada se humedecía cada vez más.

Imagina la escena, el tipo sentado en aquel sofá sucio y viejo, teniendo a tu Esposa de rodillas, totalmente mojada, dándole la mamada de su vida, jalándosela a dos manos por qué en una no cabía.

Me dejó disfrutar cada pedazo de su pitote, hasta que me tomó la cabeza y empezó meterla a la fuerza, obviamente mi boquita no podía con tanto, pero entre más me resistía más empujaba.

Mecánico: Trágatela güera. Aún que me la vomites

Salivaba cada vez más y por poco si me vomito por tantas arcadas, pero solo me salía saliva como si fuera agua tras sus embestidas.

Mecánico: la mamas como si cobrarás cabrona

Me jalo hacia él, yo me subí encima, al tiempo que me bajaba el pantalón

Mecánico: ¿ya quieres montar putita?

Karen: siii necesito que me cojas. Que me uses

Me tomó del cabello y comenzó a besarme como loco, sus manos sucias acariciaban mis pechos por encima de la blusa, entre más los presionaba más duros se ponían…

Mecánico: te voy a hacer mi puta

Me levanto de golpe poniéndonos de pie, mientras me besaba el cuello, me rompió la blusa de un solo jalón, luego reventó mi sostén dejando mis tetas expuestas frente a él, comenzó a chupármelas, al tiempo que sus manos me apretaban las nalgas con fuerza, yo trataba de quitármelo de encima, pero tenía la fuerza de un toro, con una sola mano me sujetó ambas muñecas, mientras la otra se deleitaba de mi culo.

Mecánico: te voy a coger aquí mismo por puta

La lluvia seguía dentro y fuera de mi…

Me aventó literalmente contra una pila de llantas que estaba a medio local, entre botes de aceite y trapos sucios, me desabrochó el pantalón jalándolo como desesperado.

Mecánico: Que ricas nalgotas se te ven mamacita

Karen: ¿verdad que sí?

Mecánico: las tienes bien ricas mamita, siempre que te veo pasar me la pones como burro

Karen: pues métemela a ver si es cierto.

Me puso en 4 sobre las llantas, sus dedos recorrieron mi tanga para hacerla a un lado, apuntaló su verga sobre mi cosita y empezó la faena.

El primer empujón aaaaa. Cómo me gusta que entre a la fuerza.

Mecánico: Hay chiquita. Estás apretadita

Karen: tu aflojame papito

La segunda aún costo un poquito pero a la tercera ensartada se me fue solita.

Karen: Haaa haaa así cabrón así

Mecánico: te voy a hacer gritar perrita

Karen: sii sii métemela toda

Mecánico: te estás escurriendo güera

Karen: siii me moja tu vergota

Mecánico: pinche piruja

Empezó a cogerme más fuerte, sentía como esa verga se hundía dentro de mí con todo su peso.

Me tomó de las caderas y aceleró el ritmo, las piernas me empezaban a temblar, aún recuerdo su gorda verga dándome más y más, hasta hacerme venir, me encanta sentirme así de usada.

Mecánico: Eres una putita cabrona

Karen: sii cogeme como la puta que soy

Empezó a jalarme del cabello mientras yo berreaba de placer.

Karen: Haaa así don así

Mecánico: ¿Tu esposo ya sabe que andas dando las nalgas?

Karen: no, no debe de saber

Mecánico: Entonces vas a tener que venir cada vez que yo quiera

Karen: ni siquiera necesitas pedirlo.

Le puse la mano en el abdomen para que parara y empecé a clavarme yo solita, me empujaba contra el para enterrarme su camote a mi gusto, mientras que giraba la cara para verlo.

Karen: ¿te gusta tu puta papi?

Mecánico: me encanta que seas así de zorra

Karen: ¿tu si me dejarías coger con otros?

Mecánico: ¿querés andar de cabrona verdad?

Karen: mmmm siii quiero verga. Quiero que me cojan

Mecánico: pues yo te la voy a dar

Me levanto un poquito, escuché la tela de mi tanga rasgarse mientras la rompía y me pasaba su brazo por el cuello, ahorcándome con él, mientras empujaba como bestia su pito dentro de mí.

Mecánico: esto te pasa por puta

Karen: Haaa sii asi dámela

Mecánico: te voy a dejar guanga pinche zorra

Karen: Haaa sii papito siii

Perdí todo control sobre mí, quería que la dejara ahí y nunca la sacara.

Empezamos a caminar hacia atrás, el callo sentado nuevamente y yo quedé de frente a la entrada de local, dándome de sentones sobre aquel desconocido, mientras miraba pasar los autos, esperando que alguno fuera el de mi marido y mirara a su dulce esposa ser una puta de verdad.

Mecánico: vas a hacer que me venga con esas nalgotas

Karen: ¿Si? ¿Te querés venir dentro de mí?

Mecánico: te voy a dejar escurriendo leche

Empecé a clavarme cada vez más rápido, mientras mi panochita le apretaba la verga.

Mecánico: eso así putita así. Sácame la leche a sentones.

Karen: Haaa sii sii mi amor

Mecánico: coges como una diosa pinche puta

Karen: Haaa haaa que rica verga tiene don

Mecánico: es toda tuya güerita

Karen: Montame, montame rápido

Sin sacármela me giro y me tumbo sobre el sillón, la sentí tan adentro que no paraba de gemir.

Karen: Haaaa más. Toda papi toda

Mecánico: se te va entera cabrona

Karen: siii

Mecánico: te voy a rellenar putita

Karen: siii si por favor. Dame lechita

Mecánico: eres muy puta haaa

Empujó todo su trozo dentro de mí, y su leche caliente llenó cada rincón

de mi cavidad, era tan delicioso ser una zorra…

Se quedó encima de mi un par de minutos, luego me dio una chamarra, mientras cambiaba la llanta de la camioneta.

Ya quedó, te espero mañana, vamos a ver si de veras coges con otros…

Me fui de ahí con la ropa hecha trapos, llena de grasa y de leche.

Cuando llego mi esposo le dije que se había parchado una llanta, se molestó sin saber que a la que se parcharon fue a su mujer.

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