Un deseo oculto por mi hermana

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T. Lectura: 3 min.

Mi hermana y yo casi siempre nos hemos llevado bien. En lo posible nos ayudamos mutuamente. Mi hermana, Sophie, de 23 años, es blanca, ojos oscuros, cabello liso negro, tatuajes por todo el cuerpo, 1,60 en este momento un poco gruesa ya que ha dejado de hacer ejercicio y el trabajo no le deja tiempo, pero igual muy linda ella, carismática, risueña. Yo, ojos claros avellana, blanco, 1,60, un poco atlético ya que práctico micro futbol. Sophie vive sola en un apartamento un poco lejos del trabajo.

Un día, me escribe pidiéndome el favor de que le ayudara un poco en el trabajo ya que se encontraba con mucha clientela, su negocio es una salsamentaria. Le respondí que ya iba de inmediato a ayudarla. Llegué a los 20 minutos, y me dispuse a hacer las tareas faltantes. Más tarde, tipo 10:30 de la noche noté que mi hermana estaba un poco tomada, le pregunté si era capaz de llegar sola a su casa. Me respondió que no, que si la acompañaba y me quedara amaneciendo allá, y yo le respondí que si, que no la iba a dejar tirada en su negocio y menos tomada.

Cómo a medianoche, cerré el negocio, le pedí las llaves a Sophie de la moto, nos pusimos los cascos, nos montamos y le dije que me abrazara porque de pronto se duerme y nos caemos. Accedió. Llegamos bien a su casa, entramos, ella descargó su bolso, el casco, se quitó el uniforme, se quedó en interiores y se acostó. Yo mientras, me di un duchazo para dormir relajado.

Sali del baño, en toalla, miro hacia la cama y veo una escena que me hizo estremecer: vi a mi hermana dormida, cansada, boca arriba, abierta de piernas, con su tanga que le marcaba su papaya, la cual se veía gordita. Sentí como si una corriente eléctrica me recorriera todo el cuerpo (mi vicio es hacer cunnilingus), ya se imaginarán lo que sentí en ese momento. Fue como si estuviera en el desierto, a medio día, y me mostraran un vaso de agua helada.

En ese momento intenté distraer mi mente, me decía: “Es mi hermana, no puedo hacer nada”. Allí me terminé de pasar la toalla por todo mi cuerpo. No había notado que tenía una erección durísima, de esas que duelen. En su casa solo había una cama, obviamente, ya que ella vive sola. Tenía que acostarme a su lado. Intenté conciliar el sueño, pero no lo lograba. En ese momento pensé que si intentaba suavemente ver su cosita sin que ella se diera cuenta no pasaría nada. Así que inicié: suavemente me coloqué en medio de sus piernas abiertas, sin despertarla.

Luego intenté agarrar un borde de su tanga negra, pero al primer intento se me soltó, me asusté, vi la cara de Sophie por si despertaba. Solo se movió un poco y siguió durmiendo. Su olor me enloquecía, y me ponía más duro de lo que ya estaba. Tras varios intentos logro correr un poco su tanga y vislumbro algo espectacular. Estaba depilada, y se veía muy muy bien. No tenía su cosa como otras que tienen los labios muy salidos, no. Ella la tenía como una muñeca.

No contento con ello, quise saber que sabor tenía su cosita. Procedí a lamer un poco superficialmente a fin de no despertarla. Al ver que no se daba cuenta, procedí a introducir un poco mi lengua. Su sabor era delicioso, y me parecía más rico aun sabiendo que era mi hermana a la que le estaba haciendo un oral a su cosita gordita y jugosa. Noté que ella aumentaba su temperatura y estaba un poco mojada. Pensé que ella estaba soñando un sueño húmedo. Quería saber hasta qué punto podía llegar, así que procedí a lamerle un poco su clítoris.

Me asusté al escuchar un susurro de ella, como una especie de gemido muy tenue. Continué lamiendo como chupando paleta. Por un momento me perdí en el éxtasis de su sabor y olor y se me olvidó que mi hermana estaba dormida. Me sobresalté al escuchar: “me hubieras dicho que querías hacerme esto, sin rodeos. A mí me fascina que me den lengua”.

Al ver que todo estaba bien procedí a acomodarme bien en la cama sin despegar mi cara de su entrepierna. Mi hermana comenzó a gemir, a agarrarme del cabello mientras me estrujaba mi cabeza hacia su monte de Venus. Yo encantado lamiendo muy bien su clítoris y haciéndola retorcerse en su cama. A los cinco minutos me doy cuenta que tengo toda la cara mojada, sus fluidos cubrieron toda mi cara. Y yo, como un niño en dulcería. En ese momento siento que me aprieta la cabeza con sus piernas y sus manos me estrujan la misma, y pocos segundos después me suelta. Siento unas pequeñas convulsiones en sus piernas, fruto de mi habilidad con mi lengua.

Sin embargo, ella se levanta, se pone en posición de perrito, me agarra el cabello y me pone mi cara en sus nalgas. Sin decir una palabra, sabía que quería que hiciera. Abro sus nalgas con mis manos, y de un solo intento le realizo un beso negro, tras el cual escucho un gemido.

Así termina este relato. Espero les guste.

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