Salía con un chico backpacker europeo con quien coincidí en varios destinos. Entre nosotros había una conexión magnética, de esas que no se explican, solo se sienten… y en la intimidad era simplemente explosiva. Ese era nuestro último destino juntos. Él apareció de sorpresa, como si quisiera asegurarse de que nuestra despedida fuera inolvidable.
Llegamos al Airbnb en la tarde, un lugar íntimo, exclusivo con una buena vista de la ciudad, el cielo gris y la lluvia creaban el ambiente ideal. Nos recostamos en la cama, uno al lado del otro, en silencio… pero cargados de intención.
Él rompió la calma primero. Se acercó a mí con lentitud, rozando mi piel apenas con las yemas de sus dedos, provocando escalofríos. Me susurró que no me moviera, que esa vez yo solo iba a sentir. Y obedecí.
Comenzó a desvestirme despacio, disfrutando cada instante, como si quisiera memorizar mi cuerpo. Sus manos recorrían cada curva con mucho deseo contenido, mientras sus labios dejaban un rastro de besos que me hacían perder el control poco a poco. Yo respiraba más fuerte, cerrando los ojos, dejándome llevar completamente.
La tensión crecía entre nosotros, cuando volvió a mirarme, ya no había pausa posible. Nos besamos con urgencia y mucho deseo como si el tiempo se nos fuera a acabar…
Él sabía exactamente cómo provocarme, cómo llevarme al límite… me quitó mi lencería y comenzó a besar mi clítoris haciéndome gemir sin control y comenzando a moverme desobedeciendo sus órdenes.
Mientras gemía a su odio le repetía “Te quiero adentro”; “Quiero ser tuya”; “penétrame”.
El ambiente se volvió más salvaje, más profundo. Me sujetaba con firmeza, guiando mis movimientos, marcando el ritmo, mientras la respiración se volvía agitada y me hacía gemir. Jugamos mucho, el se puso encima de mí y metía su verga hasta mi garganta mientras yo la besaba para que se ponga más dura.
Cuando no aguantamos más la excitación él se puso encima de mí y tomo su glande para jugar con mi vagina y después me penetró, lo hicimos en muchas posiciones, él sobre mí, yo sentada encima de él, hasta un momento en el que no aguanto más, tomo mi cadera y me puso boca abajo al borde de la cama mientras él estaba de pie, me penetraba con intensidad, tomando mi cabello, me susurraba “me voy a correr” y así fue, impulsivamente saco su verga y derramó su semen en mi culo y espalda, al sentirlo no resistí más y me vine, un orgasmo de esos que dejan sin aliento y me dejan temblando.
Y esa fue nuestra despedida…
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