Ha pasado mucho tiempo desde mi última publicación…
Antes de proseguir quiero agradecer a todos aquellos que estuvieron y están pendientes preguntando porque no hemos estado en estos últimos meses, quiero que todos sepan que nuestra ausencia se debió a un accidente doméstico y se nos complicó un poco la recuperación.
Para compensar todos estos días nos fuimos unos días a la costa, en una casa de unos amigos, yo limpiando a full y él tratando de arreglar la persiana de uno de los dormitorios que se había salido de la guía.
Pasaditas las dos de la tarde, mi marido se acostó a dormir la siesta y yo me fui a caminar a la playa…
Había algo de gente, algunos metidos en el agua hasta las rodillas, otros tomando el sol, por supuesto viendo si había alguien que valiera la pena para tener alguna aventura fugaz. Jajaja…
En mis idas y vueltas, lo único que me llamó la atención, fue un muchachito que estaba solo, sentado cerca de los médanos respaldado sobre una mochila.
Cuando pasé frente a él sentí lo penetrante de su mirada, la primera vez solo lo miré de reojo y la segunda, sonriéndole lo saludé con un ¡hola!…
Si bien el pibe respondió mi saludo…, me di cuenta que algo le pasaba, se lo veía muy triste y acongojado.
Seguí caminando y en los 10 minutos que tardé en volver a pasar por donde él estaba, me puse a pensar en como hacer para acercarme, sacarle conversación y entretenerme un rato.
En mi tercera pasada por ese lugar, me desvié y empecé a caminar más cerca del agua y más lejos de él, a unos 10 metros aproximadamente.
Me adentré en el mar hasta que el agua me llegó a mis rodillas, de tanto en tanto volteaba a mirarlo viendo si lograba captar su atención y efectivamente el seguía mirándome insistentemente. Salí del agua y me acerqué a él.
Hola…, volví a decirle…, tenés una toalla que me prestes ¿?.., le pregunté.
Note que se puso nervioso…, si señora me contestó mientras metía la mano en la mochila sacando una toalla que me entregó amablemente extendiendo su brazo.
Comencé a secarme las piernas de una manera insinuante esperando alguna reacción y le fui sacando conversación.
Sin pedirle permiso, extendí la toalla sobre la arena y me senté sobre ella.
Lo primero que hice fue preguntarle cuantos años tenía, ya que por su cara de niño.
Estuvimos conversando casi una hora, durante la cual me contó que tenía 19 años, que estaba ahí desde el sábado y que lamentablemente tenía que regresarse. Al preguntarle cual era el motivo, me dijo que se había quedado sin dinero y no sabía como hacer, incluso que ese día ni siquiera había comido.
Mientras me decía todo eso yo lo miraba fijamente. Era flacuchento, nada del otro mundo y una carita de niño muy angelical por cierto. Me provocó mucha ternura su manera de expresarse, sobre todo cuando me confesó que su mamá no le podía enviar dinero para comprar el pasaje de regreso…, estaba muy angustiado.
A decir verdad por su apariencia, no era el tipo de hombre que busco para coger, pero bueno, era lo único que había en ese momento…
Se me ocurrió decirle que yo estaba ahí con mi “papá”, que nos íbamos a quedar hasta el viernes y lo invité a quedarse en la casa.
Y por el regreso no te preocupes, nosotros te llevamos, total nos queda de paso, le dije al final
Creo que fui demasiado impulsiva e insistente…, empezó a desconfiar y a hacerme preguntas…
Me preguntó mi edad, si era casada, si tenía hijos.
Le contesté con la verdad en todo…, menos en una cosa.
La edad no se la oculte, lo de los hijos también fue cierto…, tengo dos hijos entrando en la adolescencia y respecto al lugar en donde vivía, también le dije la verdad…
Pero cuando me tocó contestarle sobre mi estado civil, no se por qué se me ocurrió decirle que hacía seis meses que mi marido me había abandonado, dejándome sola con mis dos hijos y por eso ahora vivíamos con mi “papá”…
Su cara y su actitud cambiaron cuando le mencioné esto último, como que trataba de solidarizarse conmigo y por supuesto me aproveché de esa situación.
Comencé a victimizarme diciéndole una cantidad de cosas, esperando su reacción…
Que estaba triste porque mi marido me había cambiado por una chica mucho más joven.., que me sentía muy sola y que necesitaba el cariño de un hombre. Mientras le decía esto puse mi mano sobre su pierna…
El pibe se quedó paralizado…, por lo que inmediatamente retiré la mano.
Discúlpame por contarte mis problemas.
Tan solo se quedó mirándome…., no reaccionó como yo esperaba, así que me levanté y me despedí…
Bueno ya me voy…, mi “papá” debe de estar preocupado, la invitación sigue en pie, mi casa es la de allá, le dije señalándola y empecé a caminar…
En el trayecto me reía sola por la actuación tan convincente que había tenido…, aunque para ser honesta, no pensé que fuera a ir…
Llegué a la casa…, mi marido estaba levantado y ya tenía el agua caliente para tomar mate.
Sacamos las reposeras y nos sentamos en el jardín que da al frente.
Mientras conversábamos…, mi marido que me conoce a la perfección, notó que algo me pasaba y directamente me preguntó… qué hiciste que tenés esa cara ¿?
Nada, nada…, le contesté y me empecé a reír…, pero como siguió insistiendo le terminé contando lo que había pasado, aunque en realidad no había pasado nada.
Solo me dijo… ¡Lau, no cambias mas vos!.
Seguimos hablando de cualquier cosa y cuando ya estaba anocheciendo veo que el pibe con el que había estado hablando venía cruzando la calle…
Se notó mucho mi cambio de actitud. Qué pasa Lau?…, preguntó mi esposo
Nada…, nada…., ahí viene el pibe que conocí en la playa…, seguime la corriente…, le dije.
Lo único que alcanzó a decirme fue…,¡es un nene Lau!. y no hubo tiempo para decir nada más, el chico ya estaba parado en la puerta…
Hola señora…, saludó con cierto temor…
Hola como estás…, pasa…, pasa…, te presento a mi “papá”…
Acerqué una reposera y lo invité a sentarse junto a nosotros.
Le fui a buscar algo de tomar mientras mi marido lo bombardeaba a preguntas, comprobando todo lo que yo le había contado anteriormente.
Después de escuchar el relato del chico…, que dicho sea de paso también conmovió a mi marido…, respaldó el ofrecimiento que yo le había hecho.
No te preocupes muchacho…, te quedas aquí en la casa y nosotros te llevamos… De paso, mañana me ayudas a arreglar esa persiana que me está volviendo loco…
El pibe no sabía como agradecernos…, cuando se dirigía a nosotros lo hacía con un “si señor o si señora”, se notaba su alto grado de educación y respeto, algo no muy común en la juventud de hoy en día.
Le sugerí a mi marido que fueran a comprar comida y los dos salieron en la camioneta.
Aproveché esos minutos para acomodar algunas cosas…, entre ellas pasé mi ropa y mi bolso para el otro dormitorio en donde hay dos camas individuales. No era lógico que habiendo dos habitaciones yo durmiera en la cama de mi supuesto “papá”.
Para cuando ellos regresaron, todo estaba acomodado e incluso me había dado tiempo de bañarme.
Me había puesto una camisa blanca semitransparente…, debajo una diminuta tanga y por supuesto sin corpiño…
Los dos entraron riéndose y hablando como si se conocieran de toda la vida.
El pibe traía entre sus manos las cajas de pizzas y mi marido dos pack de cerveza, las que puso inmediatamente en el freezer.
Nos sentamos a la mesa y cenamos, el pibe tenía hambre, prácticamente se comió una pizza el solo…
Gastón había entrado en confianza…, así se llamaba. Hablábamos, reíamos, en verdad parecíamos una familia, un papá con sus dos hijos o un papá con su hija y su nieto.
En un momento en el que Gastón fue al baño, mi marido me preguntó…
Y…, que vas a hacer ¿?, está muy nene todavía…, evidentemente mi marido no le tenía fe.
No se que voy a hacer…, está muy tiernito y lo veo muy tímido…, te diste cuenta que ni siquiera me mira?…, le contesté riéndome y le dí indicaciones.
En un rato vos decís que estás cansado…, te vas a dormir y yo veo que hago.
Es que en verdad si estoy cansado, me muero de sueño…., me contestó.
El pibe volvió y a los pocos minutos tal como habíamos quedado, mi marido se despidió….
Hasta mañana chicos…, me voy a dormir…
Respondí con un hasta mañana “pá”, y el muchachito muy formalmente con un hasta mañana señor…, que descanse.
Ya estaba sola con él, era hora de continuar con mi labor… Hasta ese momento nada indicaba que íbamos a coger, salvo por un par de veces que me miró las piernas y el escote.
Te querés bañar ¿?…., le pregunté…
Si por favor señora, se lo iba a pedir…
Con toda naturalidad lo llevé hasta el dormitorio…, indicándole cual era mi cama y cual la de él…, le dí una toalla y lo dejé solo.
Levanté la mesa, lavé los platos y me senté en una reposera en la parte de afuera de la casa a esperar.
Cuando terminó de bañarse se reunió conmigo y nos pusimos a hablar durante un buen rato. Entre los dos nos terminamos las cervezas que quedaban.
Esa conversación fue muy distinta a la que habíamos sostenido en presencia de mi marido, estaba bastante mas suelto e incluso me miraba de otra manera, sobre todo mis piernas…
Volví a hacerme la víctima diciéndole que me sentía muy sola…
Luego entramos y fuimos al dormitorio, así como estábamos nos acostamos cada quien en su cama, el pibe en short y en cuero y yo con mi camisa…
Si bien la luz estaba apagada…, entraba bastante claridad por la ventana a causa de persiana rota.
Seguimos hablando en vos muy baja y poco a poco llevé la conversación al tema del sexo.
Si bien al principio me evadía el tema, poco a poco lo hice entrar en confianza y empecé a preguntarle sobre su intimidad…
Las cosas que me decía evidenciaban que se estaba excitando…, ya era el momento de concretar.
Me senté en la cama apoyando mis pies en el suelo, eso lo perturbó, sobre todo porque al estar sentada de esa manera podía verme todo. Su mirada se enfocaba en mi entrepierna.
Yo le hacía preguntas muy explícitas, se notaba su excitación y yo ni hablar, ya estaba muy loquita y se lo hice saber…
Ya no aguanto mas Gastón…, quiero ver…, me dejas ver ?…, le dije de manera insistente.
Que?, cómo ?, qué cosa ?…, me preguntó con voz temblorosa.
Si bien él estaba recaliente al igual que yo, jamás imaginó que le fuera a pedir algo así…
De manera muy abrupta cambié de cama y me senté a su lado…
Tu pija, enséñame la pija, quiero ver tu pija, empecé a decirle de manera insistente y desesperada, tratando de quitarle el short.
Con una mano se agarraba el short para que no se lo quitara, con la otra empujaba mis manos para que lo soltara y en voz baja me decía…
No señora…, qué hace?, por favor, su “papá” nos puede ver, la puerta está abierta…
Efectivamente yo no había cerrado la puerta del dormitorio…
No te preocupes por mi viejo, una vez que se duerme no lo despierta nadie…
Eso último lo tranquilizó un poco, dejó de forcejear conmigo y soltó el short.
Quédate tranquilo, relájate, déjame a mi, le dije.
Me arrodille en la cama y le quité el short, quedó totalmente desnudo ante mis ojos…
Me sorprendí al ver su pija, la tenía totalmente parada. Y digo que me sorprendí porque después de ver su cuerpo flacuchento, no imaginé que tuviese una verga de ese tamaño. Era muy gruesa, no había ni un pelo en todo su cuerpo, incluyendo las axilas y un muy escaso vello púbico.
Empecé a elogiarlo, mientras acariciaba su pecho, sus piernas, sus testículos y finalmente le agarré la pija…
¡Que hermosa pija que tenés, que grande!, me encanta, le dije mientras se la masajeaba….
Y la de su marido, como era?…, me preguntó…
Ya ni me acuerdo, le contesté pero además le dije lo que a todos los hombres les gusta escuchar…
La de mi marido era mucho mas chica que la tuya, aparte a él no se le ponía así tan dura. Seguí masajeándola, me dejas que te la chupe un ratito?
Solo asintió con la cabeza…
Me arrodillé entre sus piernas y empecé a chupársela… Qué delicia sentir la protuberancia de sus venas hinchadas rozando mis labios y el sabor intenso de los jugos que iba soltando… Yo estaba muy concentrada y disfrutándolo al máximo, ya que si hay algo que me fascina es chupar pija, cuando de repente me sacó con sus manos diciéndome otra vez…
La puerta está abierta, su “papá” se puede levantar…
Ya te dije que no te preocupes por el viejo… y seguí chupándole la pija.
Él colocó sus manos sobre mi cabeza y me acariciaba suavemente el cabello.
Hubo un momento en el que empezó a gemir y a hacer ciertos movimientos con sus piernas, me saqué la pija de la boca y nuevamente levanté la cabeza para mirarlo. Tenía los ojos cerrados los cuales abrió inmediatamente…
¡Ni se te ocurra acabar, recién estamos empezando!, le reclamé exaltada.
No señora…, no voy a acabar…, pero por favor no siga, me pidió.
Durante varios minutos solo le tocaba los huevos, hasta que honestamente la que ya no aguantó más fui yo, imperiosamente necesitaba coger…
Me quité la bombacha y me monté sobre él. Puse una mano en el respaldo de la cama y con la otra introduje su pija en mi concha.
Empecé a frotarme con mucha fuerza y desesperación… Él me desabrochó la camisa y comenzó a acariciarme suavemente las tetas mientras yo le miraba fijamente la boca, estaba para comérsela y eso hice. Apoyé mi pecho sobre el de él y comencé a besarlo apasionadamente moviéndome cada vez mas rápido sintiendo como su verga entraba y salía de mi concha… Al ratito comencé a acabar de manera increíble.
Eran tantas las ganas que tenía de coger que no pude contralar mis gemidos y mis gritos…
En ese momento sus manos estaban puestas en mis glúteos acompañando mis movimientos y yo me sostenía con las mías apoyadas en su pecho…
El pibe me soltó y me tapó la boca diciéndome.
¡No grite señora…., se va a despertar el viejo!.
Cuando hizo esto, pasó algo que hasta ese momento no había ocurrido y que me prendió aún más.
Ese comportamiento provocó es que el orgasmo que estaba teniendo se acentuara…, por ende mis gemidos y gritos aumentaron y él me apretaba mas y mas fuerte.
Le respondí con la misma violencia…, le di dos cachetadas.
El pibe comenzó a gemir, ya no podía aguantarse y me miraba fijamente como pidiendo mi aprobación…
Dale, acaba, le dije y con una de mis manos tapé su boca…
Inmediatamente saque con mi mano su pija y empecé a sentir su leche caliente chorreando por los dedos, hasta que se descargó totalmente.
Me dejé caer sobre su cuerpo, ambos estábamos totalmente empapados en sudor. Comencé a besarlo suavemente y a lamer el sudor de su cuello, mientras le acariciaba suavemente el cabello.
Ese primer polvo fue muy intenso y muy salvaje… hasta que ambos nos fuimos relajando.
Después de varios minutos, me incorporé y permanecí sentada sobre sus muslos acariciando sus mejillas y su frente secándole el sudor… y le pregunté…
Te gustó?
Ya muy relajado y sobre todo muy tranquilo, me contestó
Si Señora…., me gustó mucho.
¡Ay bebé, me acabas de coger y me seguís diciendo señora!, Lau, soy Lau, le dije mientras me quitaba la camisa y con ella secaba mis manos, la transpiración de mi cara, mi cuerpo y finalmente la pasé por mi entrepierna que estaba empapada de sudor.
Le pedí que se corriera para darme un poco de lugar y me acosté a su lado.
Me abracé a él y acariciándole suavemente su pecho y sus tetillas, comencé a hablarle en voz muy baja…, diciéndole una cantidad de cosas para motivarlo…
Me encantó que me cogieras…, necesitaba mucho estar con un hombre…, tenés una pija divina…, coges muy bien…., etc. etc.
En un momento dejó de contestarme, despegué la cara de su pecho y lo miré…
Tenía los ojos cerrados…, se había quedado dormido…
Me levanté despacio para no despertarlo… Lo primero que hice fue ir al otro dormitorio a ver a mi marido…, pensando que iba a estar despierto, parando la oreja, como lo ha hecho tantas veces, le gusta permanecer oculto, espiando y escuchando cuando me cogen…, pero no fue el caso, estaba profundamente dormido.
Le volví a cerrar la puerta y fui a la cocina a tomar agua, tenía mucha sed.
Luego me di una ducha tranquila, placentera y muy prolongada…, me tomé todo el tiempo del mundo para dejar que el pibe durmiera un poco y pudiera recuperarse…
Dejé pasar un rato y volví con él… ya estaba lista para otro encuentro.
Gastón seguía durmiendo, acostado boca arriba, me quedé parada junto a la cama mirando su cuerpo desnudo, luego me arrodille en el piso y comencé a chuparle la pija otra vez…. No tardó mucho en despertarse y abrir los ojos, su verga ya había recuperado todo su potencial.
Al sentir sus manos acariciándome el cabello, dejé de chupársela y comencé a besarlo muy despacio y a susurrarle cosas al oído mientras lo seguía pajeando muy despacio.
Me encanta tu verga bebe, quiero seguir cogiendo, necesito sentirte adentro, le decía entre otras cosas.
Volví a montarlo y a cogérmelo lentamente, él me miraba fijamente sin hacer ningún tipo de movimiento con su cuerpo. Tenía sus manos en mis senos y me los acariciaba suavemente…
Apoyé ambas manos en el respaldo de la cama acercando mi concha a su cara…, le pedí que me chupara.
Estuvimos así un tiempo, digamos que con un sexo tranquilo.
Pero cada vez yo sentía que me acercaba al orgasmo, y comenzaba a moverme más rápido y con mas fuerza, en esos momentos él ponía sus manos en mis caderas y acompañaba mis movimientos.
Yo gemía y gritaba muy fuerte y a él había dejado de preocuparle que la puerta estuviera abierta y que nos pudieran escuchar…
Ahí, me monte para que me cogiera, lo que si se es que yo estaba muy cansada y otra vez totalmente empapada en sudor…, ya no podía mas. En cambio él estaba perfectamente bien ya que no había hecho el menor esfuerzo.
Me dejé caer sobre su pecho…
Ya no puedo mas bebe…, estoy muy cansada, le dije.
Lo que hizo entonces fue darme la vuelta y empezarme a coger de esa manera…, yo abajo y él arriba, me cogió muy fuerte y rápido.
Por momentos entrelazaba mis piernas en su cintura, por momentos me las cruzaba poniéndome las rodillas sobre mi pecho.
Luego se apoyaba sobre mi para chuparme las tetas y pasar su lengua por mi cuello…
Con sus manos sostuvo mis piernas muy abiertas y lo empezó a hacer muchísimo más rápido…
Él no quitaba su vista de mi concha y comenzó a jadear muy fuerte…
Al darme cuenta que estaba por acabar, yo quería hacerlo al mismo tiempo que él, así que para poder acabar tuve que masturbarme mientras el seguía bombeando aceleradamente.
Finalmente cuando sentí que se venía lo aleje para que la sacara y con mi otra mano lo ordeñaba como a un ternero, mientras cada chorro caía sobre mis tetas y panza.
Cayó rendido encima de mi , a los pocos minutos ambos nos quedamos profundamente dormidos, eran casi las cuatro de la madrugada,.
Desperté a las 8 de la mañana, nuestros cuerpos estaban entrelazados y mi cara apoyada sobre su pecho… Me levanté rápido porque tenía muchas ganas de ir al baño y el pibe simplemente se dio vuelta y siguió durmiendo.
Mi marido no estaba…, había ido a la panadería, la puerta del dormitorio estaba cerrada
Para cuando mi marido regresó yo ya me había bañado, lo esperé con el agua lista para tomar mate…
Lo primero que hizo cuando entró, además de entregarme la bolsa del pan y las facturas, fue preguntarme si estaba bien y como la había pasado…
Mi respuesta fue mas que sincera…
Estupendamente bien…, el pendejo es una máquina de coger…
También le hice el comentario que había dejado la puerta abierta para que pudiera espiarnos y ahí fue cuando me dijo que si bien en un momento había escuchado mis gritos, el sueño le había ganado y que cuando se levantó, después de mirarnos durante un rato cerró la puerta del dormitorio.
Mientras tomábamos mate, me pidió que le contara lo que habíamos hecho.
Después de escucharme con mucha atención…, simplemente me dijo…
Bueno…, bueno…, anda a despertarlo, así me ayuda a arreglar la persiana, que se gane la comida y la cogida, no se va a llevar todo de arriba…, agregó riéndose.
También me reí por el comentario y fui a despertarlo, cosa que me costó bastante ya que el chiquito estaba profundamente dormido.
Comencé a llamarlo por su nombre y a moverlo con mi mano apoyada en su hombro..
El pibe estaba tal cual yo lo había dejado cuando me levanté, boca arriba, con las piernas abiertas y como le ocurre a la mayoría de los hombres por las mañanas, con la pija parada…
Durante esos minutos que tardó en despertarse me vi tentada a chupársela, pero solo se la acaricié y mientras la tenía entre mis manos, abrió los ojos…
Se despertó totalmente sobresaltado y desorientado, tardó unos minutos en darse cuenta en donde estaba y lo que habíamos hecho…
Tranquilo bebé, no pasa nada…, está todo bien, le dije para calmarlo…
Se tapó con las sábanas y me miraba fijamente sin saber que decir.
Acaricié su mejilla y me puse de pié, diciéndole…
Levántate que mi “papá” te está esperando para que le ayudes a arreglar la ventana…
Salí del dormitorio cerrándole la puerta para que pudiera vestirse.
Estaba con mi marido en la parte de afuera de la casa, precisamente diciéndole que el pibe estaba nervioso, cuando lo vimos salir del dormitorio e ir al baño…, luego se reunió con nosotros…Tenía una cara de susto que no podía disimular.
Sonriendo y para tranquilizarlo, mi marido lo saludó.
Buen día muchacho…, cómo pasó la noche?, durmió bien?
Si…, si señor…, le respondió titubeando y mirándome a mi.
Bueno me alegro…, voy a necesitar que me ayudes a arreglar una ventana…, le dijo.
Siguiendo con la farsa…, intervine.
Pero “papá”, recién se levanta, tiene que desayunar primero… Y diciendo eso fui a la cocina a prepararle el desayuno…
La verdad que me esmeré bastante…, exprimí unas naranjas, le preparé café con leche y le serví en la mesa en donde estaba la bandeja con las facturas.
Mi marido se quedó en el jardín arreglando unas plantas y yo me senté frente a él para hacerle compañía.
Hablando en voz baja, generando ambiente de complicidad le pregunté como estaba…, como se sentía…
Bien, pero tengo miedo que su “papá” se de cuenta, me contestó.
Poniendo mi mano sobre la de él, volví a decirle…
Quédate tranquilo…, mi viejo no sospecha nada…, yo me encargo de él…
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