Mi nombre es Karen, mujer casada de 39 años, blanquita, alta y de cuerpo ejercitado, mis pechos crecieron desde que tuve a mis hijas, por lo que hacen un muy buen juego con mis pompis.
Vivo en una pequeña zona residencial de mi ciudad y pasó la mayor parte del día sola, o con mis hijas ya que mi marido se la pasa trabajando.
Lo que les contaré a continuación queda entre nosotros, ya que necesito desahogar lo que pasó.
Todo comenzó cuando desocuparon la casa del frente y comenzaron una remodelación, por lo que había varios trabajadores, hasta que con el paso del tiempo solo quedaron dos albañiles que imagino solo iban a terminar detalles del exterior, ya que pasaban la mayor parte del día fuera bajo el sol, incluso una vez le comenté a mi esposo.
“pobrecitos se la pasan ahí todo el día y ni agua les ofrecen”
A lo que solo me respondió que ese era su trabajo…
Los días seguían pasando, mi marido cada vez con más estrés me tocaba menos y yo con la necesidad de que me cogiera.
Pasaban los días y cuando salía a la tienda, aquellos albañiles no perdían oportunidad para mirarme, siempre me han gustado los jeans ajustados, por lo que sus miradas iban directo a mis nalgas.
Al inicio fue incómodo, luego por alguna razón empezó a gustarme y eso encendió una cosquillita en mí, que más adelante cobraría un precio muy alto.
Poco a poco empecé a arreglarme más al salir, blusas más escotadas, los jeans más ajustados que tuviera, faldas, maquillaje etc.…
Los albañiles pasaron de solo verme, a saludar, un “Buenas señito” con tono irónico y sonrisa pervertida que yo respondía con una sonrisa coqueta.
Uno de ellos era un viejo feo, de unos 50 y tantos, alto y gordo, sucio, más allá de su trabajo se notaba que no le interesaba limpiarse o arreglarse un poco, de barba y poco pelo, aunque peludo de los brazos.
El otro un joven como de 18 o 20, era más bajo, delgado de cuerpo trabajado, no era nada feo aún que claro, sus ropas no le ayudaban.
Sus miradas se volvían más recurrentes, el morbo con el que me miraban, incluso llegué a notar como se tocaban por encima del pantalón después de verme pasar, eso me empezó a calentar por alguna razón, al punto de tocarme pensando es eso.
Un día tendí mi ropa interior al frente y me asome por la ventana, los mire señalando mis tanguitas y riéndose, haciendo ademanes con su entrepierna, yo me preguntaba que imaginaban, que pensaban de mí, que se decían y sentí un calorcito recorrerme.
Todo detonó un día como cualquier otro, mi esposo se fue al trabajo, yo dejé a mis peques en la escuela y salí a la tienda por algunas cosas para la comida.
Llevaba un leggin negro súper ajustado, una blusita blanca de esas de tirantes escotada y sin bra, una coleta de caballo sujetada con un listón rosa que me hacía ver más aniñada, los ojos negros bien marcados por mi delineador.
Al pasar no vi a los albañiles, “tal vez no vinieron”, pensé, en fin.
Fui por mis compras y sentía las miradas de todos los hombres que me cruzaba, cómo volteaban para verme las nalgas, otros más descarados miraban mi triangulito marcado por mis muslos, en un crucé un tipo me tomo una foto desde su auto riéndose con morbo “mamacita” dijo mientras el semáforo se ponía en verde.
Sentí molestia, pero también me sentí deseada, vista, caliente. Si mi esposo supiera cuántos hombres quisieran tenerme intentaría hacer algo antes de solo llegar a dormir.
Regresé del mandado, llevaba una bolsita en una mano y fruta en la otra pegada al pecho, cuando pase junto a la obra ahí estaban mis albañiles, esperando su pasarela.
Albañil: Buenas señito, dijo el más viejo.
Karen: Buenas tardes señor
Albañil: Está fuerte el calorcito ¿verdad?
Albañil: Más buena está esa fruta señito. Se ve que está bien fresquesita la papaya…
Sonreí entre incómoda y nerviosa.
El viejo albañil se acercó más colocándose frente a mí y con un tono más seco pronunció.
“Esa papayita hay que picarla, para que no se le eche a perder…”
No supe que decir, solo sonreí ligeramente y me fui a mi casa, escuché como se reían mientras me alejaba y sus miradas se clavan en mi trasero…
Entré a mi casa y dejé las cosas en la mesa, me quedé mirando el vacío mientras notaba que me había mojado ¿pero por qué?
Tomé la fruta y la pasé a la licuadora para hacer agua, mi cuerpo sabía lo que quería y mi mente estaba comenzando a ceder.
Tomé una jarra y con la mente aún confusa y las piernas nerviosas salí de nuevo hacía la obra del frente.
Albañil: dígame señito
Karen: Un poco de agua para la calor
Albañil: que amable seño, pásele, aquí dentro tenemos unos vasitos
Karen: aquí se las dejo no se apure
Albañil: Noo cómo cree, “háganos el favorcito” de servirnos el agüita claro
El chalán abrió rápido el portón para entrar, yo solo gire para ver qué no pasara nadie y que nadie me viera entrar ahí.
En cuanto entramos cerraron rápido la puerta y me dirigieron a uno de los cuartos.
-Ándale chalán tráete los vasos…
Les serví a cada uno con más nervios y miedo que nunca, sentía como me morboseaban, sus miradas ya me tenían desnuda sin siquiera tocarme.
Karen: ¿Esta buena?
Albañil: muy buena señito. Muy rica su papayita… del agüita .. del agüita
Ambos se rieron mientras yo solo agache la mirada.
Albañil: ¿Pero sabe cuál debe de estar aún mejor?
Karen: no ¿cuál?
Albañil: ¡La de melón!
-¡Ándale chalán! agarrale la jarra a la señora, que ahorita nos va a preparar un agua de melón.
El más joven se acercó y me quitó la jarra de las manos, yo me quedé inmóvil sin saber que hacer o qué decir.
Albañil: Con esos melonsotes si saldría muy buena agua señito
Yo solo lo mire fijamente, mientras sentía como mis pechos se ponían duros.
El señor se empezó acariciar el bulto por encima del pantalón.
-Enséñame esas chichotas mamacita.
Ya no había marcha atrás, yo sola me lo había buscado.
Tomé los tirantes que cubrían mis hombros y los solté, dejando mis tetas al aire, expuestas ante esos dos desconocidos.
El viejo tomó una lata de cerveza que tenían ahí, la destapó y me la vacío en los pechos, abalanzándose sobre mí, sus manos recorrieron mi cintura para pegarme más a él mientras me comía las tetas como un desesperado, sentía su lengua bordeando mis pezones mientras sus labios succionaba lo más fuerte que podían, lo miraba tratando de meterse mis pechos por completo a la boca, cosa que le resultaba imposible, le abrace la cabeza y lo empuje fuerte contra mí, sentía tan rico tener su boca en mis pechos, como me las chupaba, cuánto tiempo habría deseado hacer eso, y cuánto tiempo llevaba yo, necesitada de que alguien lo hiciera.
Levanté la mirada y vi a su chalán que también se sobaba la verga, a lo que le sonreí con carita cachonda.
En eso el viejo me soltó y se apartó un poco para contemplar lo que se estaba comiendo.
-Órale chalán. Tómele una foto a la señito pal recuerdo
-¡No! Cómo cree
El señor me giró de manera brusca y sujeto mis manos por atrás mientras sonreía para la foto.
-“Quieta cabrona”
Yo solo bajé la cabeza para que mi cara no saliera.
Me preocupó, pero también me calentó saber cuántos hombres iban a ver esa foto, cuántos tipos mirarían mis tetas desnudas, que tal si un día incluso llegaba a mi marido… que pensaría al ver a su amada esposa así, siendo una.
En eso el albañil rompió mi pequeño lapsus girándome con fuerza, mientras me presionaba las mejillas.
Albañil: ahora sí putita a lo que viniste
El muy cerdo ya tenía la verga afuera. Una cosa tan gorda y grande. Que media al menos 3 veces la de mi esposo y de el grosor ni se diga. Yo nunca había visto algo así ni de soltera, como un tipo asqueroso como ese podía tener eso entre las piernas.
Albañil: ¡Andale putita! Esto es lo que querías ¿no? ¿O qué? ¿Creías que no sabía lo que venías a buscar?
Esa forma tan indecente de tratarme me calentó aún más, mi marido nunca me había dicho putita, para mí eso era una ofensa, sin embargo en ese momento esa palabra retumbó en mi mente como un eco poniéndome la calentura a mil.
No podía dejar de mirarla, esa verga dura y venosa, con la cabeza palpitando como queriendo explotar.
No podía resistirme, mi boca empezó a saborear, tenía miedo pero algo dentro de mi quería probarla…
Albañil: Hasta estás babeando putita ¡Anda! Tragátela como la buena puta que eres.
Eso me desquicio, baje lentamente mirándolo a los ojos, hasta quedar de rodillas frente a él. La tome con las dos manos como queriendo saber si era real, acariciándola despacito, quería que mis manos recordarán cada centímetro de esa moronga morena, empecé a jalarla sintiendo como se endurecía aún más en mis manitas, no podía creer lo que estaba haciendo.
-Ya trágatela chingada madre
Estoy segura que lo mire con cara de zorra mientras le sonreí llevándomela a la boca. Apenas me metí la cabeza sentí la necesidad de empujármela toda, coloque mis manos en sus nalgas intentando comer lo más que pudiera.
Albañil: mira nada más, resultaste toda una tragona
Me tomó del cabello y empezó a cogerme la boquita de forma desenfrenada, yo solo sentía como me ahogaba, pero cada vez que él escuchaba mis arcadas me la empujaba aún más, era tan rico ser ahogada por una verga como esa, me desesperaba y me excitaba al mismo tiempo.
Había momentos en los que me ponía ambas manos en la cabeza y me la metía hasta tocar mi garganta, obviamente no cabía toda, pero al muy cerdo parecía no importarle… solo me la sacaba para cachetearme y escupirme en la boca, sin dejar de decirme que era una puta, eso me empezó a gustar de sobre manera sin saber bien por qué…
Albañil: ¿Te gusta verdad güerita?
Karen: siii me gusta que me trates como una puta…
Mientras el viejo se divertía con mi boca sentí unas manos acariciando mis tetas, gire mi cara, solo para ver a su chalán masturbándose mientras me manoseaba toda.
También tenía buena herramienta aunque no tan grande como la del señor, y aun así más grande que la de mi marido.
Empezó a restregarla en mi cara mientras yo me ahogaba con la otra…
Luego cambiaron y el más joven no dudó ni un minuto en empujarme todo su miembro en la boca, yo solo la abrí lo más que pude mirándolo a los ojos dejando que me cogiera la boca todo lo que él quisiera, una y otra vez.
Los detuve frente a mí, agarrándoles las vergas, una con cada mano, pasándomelas en la cara, besándolas, sintiendo su dureza sobre de mí.
-“Ya vez wey te dije que está era una puta de casa…“
El maestro tenía razón, y por fin estaba rendida ante dos vergas de verdad. Me abofeteó de nuevo
Albañil: ¿ya te hacía falta verdad?
Karen: sii quería comérselas a los dos
Chalán: si que salió buena la zorrita, ya me la quiero coger
Albañil: Si, pero primero voy yo wey, esta puta va saber lo que es una verga de verdad.
Me jalo con fuerza del brazo para levantarme y me beso de una forma tan asquerosa, Pero tan rica, me metió toda su lengua a la boca mientras sus manos me acariciaban las nalgas con fuerza, que rico era ser dominada por un macho de verdad, eso hizo que mi vagina se encharcada totalmente. Me jalo del cabello para separarnos.
Albañil: ¿Quién es una puta?
Karen: yo
Albañil: ¿Quién es mi puta?
Karen: Yo señor ¡Yo seré su puta!
Metió sus callosos y sucios dedos dentro de mí.
Albañil: Estás escurriendo perrita
Karen: es que necesito que me cojan por favor
Albañil: ¿No te dan en tu casa zorrita?
Karen: No, necesito un verga dentro por favor
Albañil: ya lo sé, conozco muy bien a las zorritas como tú
Tomé su verga y empecé a jalarla con fuerza.
Karen: ya cogeme por favor, quiero tu verga dentro de mí.
-Tienes un culote mamacita y ahorita me lo vas a dar
Me giró de golpe, empotrándome contra la pared, de un solo tirón bajo mi leggin hasta los muslos, arqueándome la cintura.
Hizo a un lado mi tanguita y colocó sus manos en mis caderas, sentí su punta en mi entradita y sin ninguna ternura empezó a empujarla dentro de mí, comencé a berrear y a gritar por qué no la aguantaba de lo grande que era.
Albañil: ¡Quédate quieta cabrona! Ahorita te va a entrar toda
Karen: haaa sii, quiero sentirla toda
Albañil: ¡eso cabrona! Ya estás bien abierta pero todavía aprietas bien.
Me puso las manos en las tetas apretándomelas fuerte y empezó a arremeter contra mi cuerpo, sentí al menos la mitad de su tronco entrando y saliendo abriéndose paso, pero no era suficiente.
Terminó tumbándome en el piso para que pudiera entrar entera, sentía como su verga se abría paso dentro de mí, cada vez con más fuerza.
Albañil: eso es putita, mójate para que te entre toda
Karen: haaa siii ábreme más ¡Ábreme!
Con sus rodillas me abría los muslos mientras dejaba caer todo su peso en mi en cuanto se acomodó, de un golpe me la dejo ir entera…
Karen: haaaa
Albañil: pa que te quejas pinche zorrita si bien que te gusta
Karen: siii sii metemela todaa
Sus embestidas contra mí, hacían que su verga me llenara totalmente, estoy segura que quería empujarme hasta los huevos, la fuerza con la que me cogía, su brusquedad, hizo que me viniera más de una vez.
Albañil: ¡así mamacita! Bañarme la verga con tus chorros
Karen: ay ay que rica verga tiene
Albañil: y es toda para ti güerita
Karen: siii siii la quiero toda. Cogeme como una puta
Me tomó de las caderas y empezó a metérmela sin piedad, como un enfermo, creí que se vendría dentro de mí… Se detuvo por un momento, pero yo quería más así que empecé a empujarme contra él, a mover mi cola como una perra, ya saben ese movimiento que hacemos con las caderas cuando tenemos la verga adentro.
Albañil: ¿quieres que me venga verdad cabrona?
Solo sonreí. Pinche viejo cabrón no sé cómo aguanto tanto.
Karen: ¡Montame! Montame como una puta…
Me volvió a tumbar contra el suelo, levantándome las nalgas abriéndome cada vez más, enterrando todo su pitote dentro de mí.
Albañil: Que rica estas mi amor
Karen: haaa ¿si? ¿Mucho?
Albañil: si perrita, como me gusta verte pasar para mirarte esas nalgas
Karen: es un cochino
Albañil: no mamacita, a ti te encanta andar enseñando ese culo y ese par de ubres tan ricas que tienes
Karen: no, no es cierto, yo soy una mujer decente.
Albañil: jajaja decente, eres una puta. Mira como te tengo, tirada en el suelo montándote y haciéndote gemir como una perra
Karen: Haaa siii siii
Me encantaba que hablara así, al final tenía razón, solo a una puta la cogerían de esa manera.
Me tomó de las caderas y me coloco sobre una silla acojinada.
Albañil: Agárrala chalán, por qué ahora sí hasta a va a patear la cabrona
El otro tipo me agarró de las manos para que no me levantará, mientras el viejo ese me abría las nalgas.
Karen: ¿qué haces?
Albañil: ya te sacaron dos chamaquitas, Pero estoy seguro de que ese culito sigue estando entero
Karen: noo por favor, noo por ahí no
Tenía razón, ni siquiera a mi marido le había permitido meterla por atrás.
Albañil: Mejor estate quieta güerita, o te va a doler más
Colocó sus manos sobre mis nalgas y empezó a empujar su vergota en mi ano.
Karen: Haaaaa noo noo
Albañil: eso puta grita. Total nadie te va a escuchar
Karen: yaaa basta ya no
Albañil: Que apretadita tienes la cola cabrona
Sentí al menos la mitad dentro de mí, y no pude evitar llorar, de verdad no aguantaba.
Albañil: ya vez wey. Te dije la Iba hacer llorar a la muy putita
Karen: yaaa me duele me duele
Albañil: Eso puta así. Cómo me excita cuando se quejan. Pero tú tienes la culpa por andar meneando esas nalgas enfrente de mí, a ver si con esto dejas de andar de zorra.
Karen: Haaaaaa
¡Me la dejo ir entera de golpe! Sin piedad. ¡Yo sentía que me partía en dos! No sé cómo describir esa sensación, que al mismo tiempo que lloraba estaba gimiendo como una perra en celo.
Cada vez me lo enterraba más fuerte, sentía sus huevos chocar contra mis muslos una y otra vez, hasta que mi ano se acostumbró a su tamaño.
El chalán no perdió el tiempo y empezó metérmela en la boca, yo ya no quería Pero me obligó, y hay me tenían usándome como cualquier cosa, sin ningún respeto, sin ningún tipo de piedad, me sentía tan sucia, tan usada, tan puta.
Saberme con dos vergas dentro de mí, volvió a calentarme, volvía menear las caderas de la excitación.
Albañil: ¡Ya ves como si eres una esposa muy puta!
Karen: sii sii me lo merezco por zorra
Chalán: mamamela chula. Déjamela bien brillos
Karen: mmmm siii
El viejo me la sacaba solo para escupirme el ano y volverla a meter, mientras su chalán me llenaba la boca con su camote, yo lo miraba con carita de dame más ¡Ahogarme por favor!
Albañil: mira nada más. Ahora sí ya quedaste bien abierta cabrona
Karen: mjuum
Albañil: Haaa pinche putita vas a hacer que me venga
Empecé a moverme como loca, ahora quería su leche en la cola. Sus manos en mi cintura me hacían sentir como un trapo, mis piernas escurrían de mis fluidos, nunca había sentido algo así. De pronto sus embestidas fueron más fuertes más rápidas, por fin venía el momento…
Albañil: Que rico culo tienes güera
Karen: siii y ya es tuyo cabrón
Albañil: eso espero porque a partir de hoy me lo vas a dar cada que yo lo quiera
Karen: siii lo que quieras papito
Albañil: ¿quieres tu leche?
Karen: siii sii por favor
Sentí como sus manos se enterraron en mis nalgas, una embestida, otra más y en la tercera Haaaa. Me lleno la cola completamente de su leche caliente, podría jurar que me llegó hasta el intestino de lo fuerte que la expulsó.
Albañil: hay cabrona, me vaciaste todo
Karen: mmmmm ¿sii?
Se separó y yo seguía sintiendo mi hoyito escurriendo… tomó otra silla y se quedó ahí sentado con la verga flácida.
Albañil: Ahora sí chalán ya te la puedes coger
De inmediato me acostó en el suelo boca arriba, me bajo mi tanguita y el leggin totalmente, sujetando mis tobillos me abrió las piernas por completo y empezó a cogerme con fuerza.
Karen: Haaa siii así
Chalán: siempre quise abrirle esas patas mi amor
Karen: ¿sii? ¿Querías abrirme?
Chalán: si doñita. Me gusta que sea tan puta
Karen: Pues cógete a esta puta como se debe
Aumentó el ritmo mirando fijamente mis tetas, que no dejaban de votar por el golpeteo de sus metidas.
Karen: ¿te gustan?
Chalán: ¡Claro! Ahí me acabo de criar
Karen: pues vas
Se fue encima de mí, sin sacarme su verga, seguía cogiéndome al tiempo que me besaba y me apretaba las tetas, imagínense el gozo para un joven como ese, un par de tetas maduritas pero firmes, solo para él. Estaba extasiada, gire la cabeza a un lado ahí seguía el albañil mirando la escena yo le sonreí, dirigiendo mis gemidos hacia el.
Karen: Haaa Haaa mira como me cogen papi
Albañil: ¿te gusta?
Karen: siii me gusta que me claven así
Albañil: pinche zorra
Karen: mira, mira como me abren
El chalán empezó a aumentar su ritmo, sus músculos se empezaron a tensar.
Karen: si quieres te puedes venir adentro
Chalán: no… me voy a venir en tu cara
Volví a girar la cabeza sonriendo, el viejo ya se estaba masturbando otra vez.
Su chalán se salió y me puso de perrito a modo que yo quedé frente al señor, y empezó a cogerme muy duro.
Karen: ¡Mira cómo se montan a tu puta!
Una frase que en el fondo era para mi marido…
Albañil: me la estas poniendo dura otra vez pinche escuincla
Su chalán empezó a nalguearme, mientras me jalaba del cabello.
Que rico sentía, nunca me habían domado así, no dejaba de gemir y de escurrirme, era tan placentero.
Chalán: ya casi puta ya casi
Karen: dámela, dámela aquí papito
Su ritmo aumentaba mientras me volvía a mojar. De repente se salió y me jalo del cabello para ponerme de rodillas, el viejo se levantó y ambos empezaron a jalársela enfrente de mí. Con que esto era andar de zorra, así se sentía ser una puta, pues a partir de ahora mi marido tendrá que compartirte con otros más.
Abrí la boca tomándome las tetas.
Albañil: ya sabía que resultarías una putita
No respondí, solo sonreí sacando la lengua jadeando, siendo la zorra que ellos querían que fuera.
Casi de inmediato el chalán se vació encima de mi llenándome la cara de leche, empecé a saborearla mientras todo me escurría, luego el viejo me sujetó las mejillas jalándosela con fuerza hasta volver a terminar, su semen espeso entró en mi boca como un néctar exquisito, mi sonrisa traviesa de que había logrado mi cometido.
Tomé ambos miembros y los limpié hasta dejarlos relucientes.
Los dos quedaron satisfechos, me levanté y me limpie lo más que pude, me despedí con un beso de los dos y ellos manosearon hasta el último rincón de mi cuerpo, una última nalgada del viejo al abrirme la puerta que sonó fuertísimo.
Me fui rápido a mi casa, me metí a bañar, despeinada, el rímel escurrido, las nalgas totalmente rojas, ya no era la mujer de mi esposo, era una puta más.
Karen.
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Me encantaría otro relato
Eres una nena inquieta. Wey. Ve que si estás bien sabrosa bien mamacita. Ganas de ser esos weyes suerte de besos cabrones.
Que rico te cogieron y te dominaron!!! Me existe mucho y me la jale imaginandote como te culiaron! Cuenta más de tus experiencias de puta, un beso en tu papayita y en tus melones!!!
Que rico relato mami, como te usaron y te hicieron una verdadera puta. Ojalá y sigas compartiendo tus puterias sabrosa qué me la pusiste bien dura. Un beso y un apretón de culo ricura.