Vacaciones en la playa (visita nocturna)

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T. Lectura: 9 min.

Tras aquel día lleno de diversión y buen sexo llegó la hora de que cada uno tomara su habitación, el Ruso y Diego terminaron súper ebrios, Gustavo fue el sobrio y supuse el porque, por ello mi puerta se quedó entreabierta y como lo dije en el relato anterior yo me fui a la cama desnuda, solo cubrí hasta mi cintura con una fina sábana.

Pero no fue por mucho porque Gustavo no perdió tiempo en ir a hacerme esa rica visita, a la tenue luz que entraba por el balcón con vista a la playa lo vi cruzar la puerta, y cerrar está tras el con seguro, me incorporé sentada en la cama y sonreí al verlo completamente desnudo, exponiendo una leve erección que se balanceaba a cada uno de sus pasos, había encendido la luz por lo que era a todo color la imagen de ese dios moreno yendo hacia mí.

Subió a la cama y sin decir una sola palabra lanzó al suelo la sábana que me cubría, me besó tras una traviesa sonrisa y me fui recostando hasta que esté se metió entre mis piernas, nos enredamos en un cachondo beso, acariciaba mi cuerpo con tanta delicadeza pero sentía esa lujuria caliente a su toque, me arranco unos gemidos y sentí como sonreía al momento de morder mis labios.

—Te estaba esperando papacito —le susurré con ese timbre excitado—

—Por eso vine mi perrita cachonda…— y me hizo girar para quedar sobre de el— Eres solo mía ahora…

No dije nada solo reí emocionada por la promesa de ser usada como se debía por este macho, fui bajando mis besos por su torneado pecho y ese marcado abdomen, quise morderlo como a una barra de chocolate, baje más hasta llegar a mi objetivo, su deliciosa verga, la cual tome entre mis manos y empecé a masturbar mientras le lamía el glande como si fuera una paleta, Gustavo jadeaba delicioso y en cuanto empecé a mamar sus gemidos se hicieron presentes llenando la habitación, y es que no existe nada más rico que un hombre que gima así de rico.

—Eso mami, mamala toda —y me empujó la cabeza para clavarme lo más posible su delicioso tronco— me encanta escuchar como te atragantas con mi verga putita…

Y empecé a tragar haciendo esos ruidos que parecían exagerados pero en realidad me los causaba así de continuos y fuertes, la saliva salía y me la sacaba para escupirla y masturbarlo mirando esos gestos tan ricos que hacia al gemir.

—Me encanta está deliciosa— y baje para lamerla desde la base hasta el glande hice unos círculos con la lengua allí— la mejor de las tres que tengo está vez para mí…

—¿Solo está vez mami? —sonreí sin dejar de masturbarlo—

—De todas es la más grande que me he comido— acepté esa realidad y volví a engullirlo lo más que podía—

—Eso pirujita trágate la verga de tu macho —y me empujaba la cabeza hacia abajo provocando aún más las sonoras arcadas—

Aquellos sonidos eran grotescos pero deliciosos al oído lujurioso de ambos, sentía ya el coño empapado y palpitaba por el deseo de sentirse lleno, pero me lleve esa deliciosa erección entre las tetas y empecé a hacerle una buena rusa, el empujaba su pelvis y sonreía excitado por la imagen que le daba, poco después fue su turno de darme ese placer, pues me acomodo en la cama para meter su boca entre mis pliegues, lamía y chupaba delicioso, metía la lengua y los dedos al jugar mi clítoris con esa lengua tan grande que tiene, me tenía al límite ya solo con eso, me separó las piernas y apretó su boca abierta contra mi coño metiéndome la lengua bien rico.

Yo movía la cadera en círculos y me entregué al placer, esa lengua me entregó un orgasmo delicioso, sentía los pechos hinchados y dolía un poco apretarlos, aún estaba en el último remanso de ese placer cuando se acomodó entre mis piernas y empezó a meterme la verga tan lento que se me fueron los ojos atrás, en ese tortuoso placer.

—Dámela papi… dámela duro— rogué gimiendo fuerte y jalando las sábanas desordenando toda la cama—

—Eso perrita disfrútala… —jadeaba, su voz sonaba como si se esforzara en no enloquecer se tan rápido—

—Destrózame el coño mi moreno vergudo —apreté una mano en ese fornido brazo tenso al lado de mis costillas—

—Te haré adicta a la verga negra putita…

Soltó en un gemido excitante y se dejó ir duro contra mi coño, bombeaba duro, rápido y me la ensartaba hasta el fondo, no gemía, gritaba de placer, rogaba por más y más, me abrí todo lo que pude para sentir como me empujaba el útero, y el moreno sobre de mi bufaba a cada ensartada, la cama chirriaba por la intensidad que había sobre de ella, el plac plac era un ruido intenso que resonaba en toda la habitación.

—Coño. Cómo te mojas… —pujaba las palabras sin parar el mete saca— Que rico entra mami…

Yo no paraba de gemir, de sentir el placer en cada centímetro que tenía adentro, paro para meter una almohada bajo mi cadera y se acomodó para seguir empalándome, me apretó el cuello y se movió como un demente, entraba muy rápido y de momento sentí una incomodidad ante ese profundo empuje pero el placer fue aún mayor, me sostuve las piernas abriéndolas y jalando las rodillas hacia atrás, me escupió la cara y bajo a darme un feroz beso metiendo la lengua a mi boca, pero ni así se acallaban mis gemidos del todo, volvió a erguirse y esta vez me daba ensartadas lentas y pausadas pero muy profundas.

Hizo una pausa moviendo la cadera en círculos salió, solo para ponerme en cuatro, se arrodillo tras de mí y empezó a bombearme tan duro como antes, me tomaba fuerte de la cadera con sus enormes manos y me atraía hacia el para entrar más duro, era un escándalo de gemidos gritos y el sonido del choque continuo, empezamos a sudar pero era un calor excitante, no tardó en ponerse más loco y jalar mi cabello, me tenía doblada en U todo lo que me era posible, con su mano libre me nalgueaba duro, apretaba mi nalga y jadeaba, siseaba entre dientes “así traga verga puta”, “¿Eres mi puta? ¿Eh?”, yo entre gritos de placer “Si papi soy tu puta”, “Deme verga papi, dame duro” “mas papito más. Dame más”… rogaba sin parar de gemir, sin tregua al placer desbordante que me hacía temblar las piernas, estaba bien ensartada y gozando tanto como deseaba.

Salió y sin soltar mi cabello me jalo de allí con fuerza para recostarme con el culo al borde de la cama, me separó las piernas en una V, apretó mis tobillos y me ensartó de golpe, ahora sí está siendo violento, mantuvo una pierna levantada y soltó la otra para darme una bofetada al tiempo que decía, “pide verga, te encanta que te la ensarte toda como la puta que eres”… se inclinó unos grados dejando mi otro tobillo sobre su hombro y metía su verga completa en mí, sentía sus bolas hinchadas rebotar en mi culo y yo no podía parar de berrear de placer, apenas podía pujar palabras para rogarle que no parara, mis tetas se movían como un par de globos con agua y el no despegaba la vista de eso.

De pronto el placer fue tanto que mi cadera tembló de una forma que no había sentido y mi orgasmo salió en un chorro de líquido caliente, el moreno que me tenía bien ensartada empezó a reír entre gemidos y llevando la cara al techo sin parar de follarme.

—Me encanta hacer que mis putas se meen de placer… —estampo su mano contra mi muslo en un fuerte golpe y se salió de mi— mira como tiembla pinche pirujita…

Yo me lleve la mano al coño para frotarme el clítoris que aún deseaba sentir más, y efectivamente tenía las piernas temblando y la respiración descontrolada, estaba echa un desastre, despeinada, sudada y echa una cerda entre mis jugos del coño.

—Quiero más… —jadié mirándole la verga aún bien erecta— Dámela papi quiero más… —suplique como si suplicara por mi vida— por favor papito…

—Eso pendejita súplica verga… —me tomo de las mejillas con su enorme diestra y me escupió la boca antes de darme un beso con lengua—

Me arrastró al piso donde me puso de rodillas para follarme la garganta, lo hizo con tal salvajismo que me provocó el vómito, sin embargo lo que expulse fue nada más que el whisky que habíamos estado bebiendo, me abofeteo con la verga diciéndome que era una cerda, me tomo del cabello y me llevo a la cama de nuevo me tiró boca abajo y me penetro con ganas, mis piernas colgaban de la cama y Gustavo me follaba sin parar, apretando mi espalda con la palma de su mano, sus jadeos y gemidos era como escuchar a un animal, y yo gimiendo como loca desesperada contra el colchón.

Me estaba destrozando el coño pero de una manera deliciosa, entre gemidos reía excitada y eufórica de placer, el momento era exquisito.

—Te voy a echar los mecos en el coño por puta —y me dio una nalgada que me hizo gritar de genuino dolor— si sacas una sola gota te voy a romper ese culo.

Lo decía casi gritando y al borde de expulsar ese placer pero me adelante al mío, cuando el dejó ir toda esa lechita entre sus gemidos deliciosos y roncos me sentí en el cielo, sollozaba pidiendo leche y el me la estaba dando toda.

No sabía si aguantaría esa verga por el culo, pero debía disfrutarme a este moreno, cuando salió de mi me puse en cuatro como pude y claro que fue inevitable que se asomara un poco de esa lechita, me deje caer boca arriba y abrí las piernas abriéndome el coño con dos dedos y sonreí, el tomo eso como quería, me agarró y me puso la verga en la boca…

—Te voy a reventar el culo por buscona… —yo le lamía la verga para dejársela limpia de los restos de lechita—

—No sé si pueda con todo esto en el culo —acepte mi miedo y le mire a los ojos— Vas a ser delicado con tu perrita ¿no?

—Te voy a coger afuera… —se echó a caminar y aproveché para tomar mi botella de lubricante este sonrió al verme salir a la terracita con esta—

—Así te irá mejor mamacita…

Me puse en cuatro en el camastro sin que lo pidiera, con la vista hacia el mar espere, sentí como vertía ese lubricante y empezaba a preparar mi culo para darme verga, estaba riéndome de nervios, sabía que eso iba a doler pero deseaba ser totalmente de este moreno, que me poseyera completamente, sentía sus dedos entrar lentamente en mí, sus besos por mi espalda y cuello, me estaba dejando llevar como debía ser, pronto sentí el empuje de su cabezona hinchada, la frotaba de arriba abajo y después metió un dedo, después otro más y los movía, empezaba a sentir esos nervios crecer en mi estómago y recorrer completamente mi cuerpo.

Me paralice completamente, me estaba arrepintiendo de verdad pero ya era tarde, Gustavo empujó logrando abrirle paso a su glande, ardió a mil infiernos, grité, fue de dolor, resistí, Pero mi cuerpo por instinto se arqueo a modo de querer huir pero Gustavo me sujeto de la cintura y espero unos segundos antes de volver a empujar.

—Tranquila muñeca… —jadeo y empujó de nuevo más fuerte— Cuando ya la tengas bien adentro no vas a querer que te la saque…

Yo no pude responder, el seguía empujando y mi ano seguía doliendo, sentí más de ese frío lubricante esté estaba haciendo las cosas apenas un poco más fáciles, de momento no lo disfruté pero ya estaba bien ensartada, no podía más que aflojar, ya que yo me lo busqué, literalmente le rogué por hacerlo, empezó el mete saca lento pero no duro mucho porque pronto ya lo tenía follándome como salvaje, yo no gemía, yo casi lloraba, él si lo estaba gozando a tope, sin embargo lo que mal empezó para mí estaba acabando por ser rico, a la fuerza me estaba amoldando a esa verga, empecé a soltarme y disfrutar, era verdad lo que había dicho ya no quería que la sacara, ahora comprendía esas escenas de sexo interracial, estaba viviendo uno completamente.

—Bramas como perra —me decía tras darme nalgadas muy fuertes— No aguantas la verga de tu macho pendeja

—Dame… dame… —salía el ruego de forma gutural— Dame verga Gustavo…

El moreno reía lleno de gozo y yo bien empalada perdida completamente, me sentía como en una realidad desconocida, mi culo bien abierto, engullendo verga con una resistencia nueva en mi, sabía que al día siguiente bien no podría darle el culo a nadie mas pero estaba gozando, iba y venía en ese placer prohibido y delicioso, me jalaba el cabello muy fuerte hacia atrás me daba unas nalgadas que me hacían gritar y el cogía como desesperado, se arto de darme a cuatro patas y me puso en vaquerita invertida, empecé a darme unos sentones deliciosos y Gustavo me acariciaba las nalgas ya enrojecidas.

Pero poco me duró el gusto porque me lanzó al camastro y me empaló el culo metiéndose entre mis piernas y echándolas hacia mi lo más que se pudo, para tener un total acceso a mi culo, movía la cadera penetrándome de lo más rico, se me iban los ojos atrás jadeando de placer con la garganta hinchada de tanto grito, le suplicaba que no parara y mi coño parecía no parar de soltar esos fluidos, en esa posición fue el clímax de mi nuevo macho, me dejo bien rellena de su leche, soltó mis piernas y se quedó entre ellas, aún movía un poco la cadera y me devoraba la boca apretándome las tetas con una de sus manos.

—Eres una putita hambrienta… —fue una afirmación entre susurros pero yo igual respondí—

—Siempre tengo hambre papito —aferre mis manos a los cabellos de su nuca y mordí su labio inferior—

—Mañana que te pidan el culo se los vas a negar —apretó su mano en mi cuello y yo sonreí— Porque seré yo quien te lo vuelva a follar el resto de la estancia aquí…

—Imposible que lo de incluso a ti, después de como me lo has reventado cabron —solté con dificultad aquellas palabras—

—¿Querías verga no pirujita? Estuviste todo el día de ofrecida conmigo… —me dio una ligera bofetada antes de continuar hablando— Ahora te me pones en cuatro cuando yo diga…

—Como ordenes papi… —le gemí, sumisa y con una súplica oculta de que esa orden fuera pronto— Me urgía ser tu puta…

—¿A si? Pues entonces vas a ir a ponerte en cuatro a donde y cuando lo pida ¿oíste?

—Teniendo una verga tan rica puedes pedir lo que quieras papito…

—Lastima por el Ruso, le acabo de robar a su puta…

Y de cierta forma así era porque después de esto sinceramente se me antojaba mucho más este rico moreno…

Nos fuimos a la cama una vez más, pero obviamente no a dormir, porque el cachondeo no terminaba, era como una necesidad de sentir sus manos morbosas en mi cuerpo, no podía parar de querer ser usada, me besaba y manoseaba a la vez que me decía las mil y un formas en que me haría su puta.

No tardó demasiado en salir el sol, entre charlas metía mano, nos besábamos o llevaba mi diestra a tocarle y masturbar esa delicia entre sus piernas, mi desayuno lo tome montada en Gustavo, fue un sexo mas coherente pero con la misma intensidad en gemidos, escándalo, acariciaba mi cintura y mis tetas jadeando mientras yo gemía gozando de su verga bien adentro, moviendo mi cadera, en sonoros y placenteros sentones, estábamos en eso y prácticamente en nuestro clímax, cuando entro Diego a la habitación.

—Que hijo de puta —grito pero a pesar de eso no nos exaltamos, no pare de hacer lo mío— Yo quería desayunar primero….

Gustavo se empezó a reír y le hizo señas de que saliera de allí, yo me apreté las tetas mirando a Diego, Gustavo se giró para quedar sobre de mí, mostrando a su amigo la forma tan salvaje en que podía recibirle la verga, yo suplicaba más entre gemidos y mi macho me hizo explotar en un orgasmo delicioso, me dio mi lechita de desayuno, me mamo las tetas antes de salir de mí y después de la habitación, dejándome allí en la cama, como si nada sin una mirada atrás solo salió dejando la puerta entreabierta, aquello fue fantástico.

Pude escucharlos platicar cuando salí de la habitación después de darme una ducha, salí en bikini, Gustavo les decía que efectivamente me había usado toda la madrugada, que se habían perdido del show por ser unos ebrios, Diego expresaba un cierto disgusto por no haber sido incluido, y estaba ansioso por poder hacerme lo mismo, esa plática no cambió aún conmigo presente, de echo cuando termine mi jugo de naranja, Diego sin vergüenza alguna fue hasta mi ya que estaba sentada en un banco alto me giro y se metió entre mis piernas.

—¿Qué tal si ahora la pasas bien conmigo mmmh? —apretó mi cintura hacia él y de inmediato pase mis brazos por su cuello—

—No hace falta que lo preguntes amor… —sonreí sin perder de vista esos ojos rebosantes de lujuria— Úsame papi… —le susurré contra sus labios…

Diego no dudo en empezar aquella escena, con Gustavo como nuestro espectador VIP… La había pasado increíble por la madrugada pero lo que se venía no se quedaba atrás, después de todo estaba allí para ser el juguete de tres machos maduritos cogelones…

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