Un sábado solos en la oficina
Me dijiste que estabas protegida ya que no olvidabas la píldora diaria y ello provocó que mi orgasmo fuera ya incontenible te regué mientras tus gemidos me daban fe de que a ti te sucedía lo mismo, aparté las cosas de la mesa del jefe y te ayudé a tenderte, te abrí las piernas y mi boca se hizo dueña...