La alumna es mía
La acosté, saqué sus tetas del sostén y lo arrojé y eran hermosas, un tamaño perfecto, pezones claros, casi llegando a rosas. Imbuí mi cara entre las dos y respiré profundamente para olerlas, riquísimo, debido al calor habían sudado un poco y eso lo hacía más exquisito, comencé a chupar sus pezones mientras acercaba mi verga a...