Silvia comienza su entrenamiento
Recibí una llamada Silvia muy preocupada y arrepentida de nuestros encuentros a espaldas de su esposo. Se sentía como una hipócrita al ir a su templo, vestirse recatadamente, sonreírle a su esposo y lo peor: “Reprimir sus deseos” porque le enseñaron que eran prohibidos. Para empeorar sus duda...