La puritana de la oficina (1)
Sus manos bajaron despacio por los brazos de ella, hasta llegar al escote. Con dedos torpes pero decididos, tomó el segundo botón de la blusa celeste y lo desabrochó sin pedir permiso. La tela se abrió más, dejando ver el inicio profundo del valle entre sus tetas altas y firmes. Aprovechó el movimiento para rozar con los pulgares la...