En sus brazos está mi paz (1)
Mi cuquita ya palpitaba de anticipación cuando su aliento caliente rozó mis pliegues por primera vez esa noche. Estaba boca arriba en la cama. Mis piernas abiertas, rodillas flexionadas, pies apoyados en la sábana, temblaban sutilmente por la mezcla de frío de la brisa nocturna y el calor que subía desde mi vientre. La luz tenue de l...