Nuestra primera noche
Le besé, le besé, le volví a besar. Me senté encima de él, de lo único que tenía ganas era de restregar mi coño contra su polla, de que me arrancara el pantalón y las bragas y me pusiera a cuatro patas. La tenía dura, muy dura, y me besaba como un loco. Me acariciaba la espalda. Me decía lo...