La leyenda de dioses y mortales
En la esquina de la habitación, una lámpara emitía una luz suave y tenue. Él besó cada centímetro de su deseo, desde el ombligo hasta su vulva, sosteniendo sus piernas esbeltas en sus manos. Sus labios estaban abiertos como una flor, y aquel pequeño clítoris se llenó de sangre. Lo movió con la lengua, ella gimió y cerró los oj...