Experiencia límite en medio de la naturaleza
Luego se me montó misionero. Me abrazó, alcé las piernas y me dejé, era demasiado rico, me comí su tranca como una nena y mientras sentía que me llenaba el trasero le dije puras brutalidades, yo sollozaba y quise hacerlo como niña, gimiendo y quejándome... (“ay amor, que lindo, que exquisito, amorcito culéame soy tu puta, preci...