Una tarde de lujuria
Saqué el hielo de mi boca y lo sostuve con los labios, empecé a rozarle el hielo por los huevos y él al sentirlo pegó un salto, yo lo calmé y le dije que aguantase que le iba a gustar. Seguí pasándole el hielo por los huevos se encogían del frío a la vez que le pasaba el hielo también...