La mujer del policía (caps. 1 a 3)
Él empezó a bombear. Al principio lento, casi como tanteando, probando sus límites. Después cada vez más salvaje, frenético. Cada embestida era un martillazo que hacía vibrar el cuerpo de Ana, que deformaba su culo con cada entrada y salida. Las nalgas se abrían y cerraban, las venas de la pelvis se marcaban con fuerza. Ella estab...